miércoles, mayo 04, 2011

Aprestos


La dinámica que va organizando el tablero electoral es la arquitectura legal sancionada con amplios consensos el año pasado. El emperramiento del abanico amorfo del Grupo A en desconocer la legalidad resultó un tiro en el pie de su discurso nuclear y por tanto un fiasco.
El peronismo de derecha que el gusta a los disidentes no pudo organizar una interna seria, más allá de las razonables dudas sobre su transparencia y de que, aún tomando como ciertos los números de votantes dados, no llegaban al piso mínimo de ,15% del padrón serio necesarios para competir en las presidenciales.
La más institucionalizada Unión Cívica Radical dio un vuelco y tras auto inflingirse todos los golpes posibles dio el último porrazo que consagró como candidato único a Afonsín. Detrás de un Frente Progresista con Macri y De Narváez..
Justamente Macri fue el último en poner la fecha de las elecciones de los 23 distritos electorales del país, pues hasta último momento y en nombre de la institucionalidad republicana estuvo cavilando sobre el decreto que más le convenía a sus intereses personales.
El relativo ordenamiento electoral de las fuerzas políticas en pugna no dice que no haya sorpresas de aquí al comienzo del calendario definitivo, ni tampoco –y esto es más importante- incide con mucho peso en el ánimo del grueso de los electores. Sí, en cambio, las modalidades de preparición y los aprestos, inciden en los actores vitales que lideran las campañas: cuadros medios, militantes, fiscales, empresarios que ponen plata, periodistas militantes como en el Grupo Clarín, candidatos a puestos territoriales de baja visibilidad pero alta eficacia, etc.
En ese mapa de líderes medios y de superficie, que son quienes se ponen adelante la campaña, cunde el desánimo en los aprestos cuando se trata de la derecha.
La no definición del candidato a intendente porteño del kirchnerismo posiciona a Cristina como la gran electora, a la par que incentiva al crecimiento militante de cada uno de los tres espacios en pugna.
El mapa en los cuadros medios, entre el kirchnerismo y la derecha, se distribuye de manera distinta. Los grados de entusiasmo y derrotismo sí que son distintos.
La auto derrota que presume la oposición libremercadista y neoliberal, proviene, en el fondo, de dejar librado el territorio simbólico de disputa a las corporaciones y el relato opositor a los escribas militantes de la AEA. Así, el llanto se hace eco de la falta de voluntad política, de las pocas ganas de encarnar un discurso ajeno y de la parafernalia incoherente donde todo vale con tal de horadar lo público.
En las corporaciones del poder de facto está fallando el área de recursos humanos, porque la lógica del periodismo militante ultra k tiene poco y nada que ver con el ordenamiento legal, institucional y republicano, en el que se dirime en última instancia la disputa ideológica. O dicho de otro modo: el problema es que las elecciones no las puede ganar Héctor Magnetto sino se presenta. Y si se presenta, tampoco.  

¿Y, Zaffaroni, hay que darle publicidad oficial a ésto?


Porro

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Reelección indefinida

Es raro que se cuestiones -supuestamente desde la constitucionalidad, pero es todo chamuyo: no es verdad, así de simple- la reelección indefinida de un intendente o de un gobernador. Es decir, de alguien que es votado por la soberanía popular. Indefinidamente si así se le canta a esa soberanía popular. Es raro que se cuestione eso y no, por ejemplo, el cargo vitalicio de Raúl Zafaroni, en la Corte Suprema de tribunales.
Cualquier juez de morondanga tiene el cargo vitalicio. Tiene que ser muy pero muy delincuente para que logren sacarlo del sillón donde se atornilló.
¿Primó en su selección la soberanía popular, la elección democrática, la mediación ciudadana del cálculo de su idoneidad? No, nada que ver.
Es tan vergonzosa nuestra Corte Suprema de tribunales en relación a la reelección eterna de sí mismos, cambiando los sacrosantísimos mandamientos constitucionales de ser necesario para beneficio de sí mismo, que sinceramente es difícil -a la luz, repito, de esta Corte Suprema de tribunales en la materia- el más mínimo cuestionamiento de José Luis Gioja.
En el enriquepintismo cualquier huevada que sirva para expresar la impolítica es bienvenida sin beneficio de inventario, más bien con engolada indignación "republicana" y su correspondiente filosofía de cotillón. Pero la reelección indefinida es algo que impera en los "países serios" que tanto gustan a este enriquepintismo, y en cambio, tener a Carlos Fayt de compañero inmaculadamente eterno, autoasignándose para la ocasión las reglas de juego -bajo el único imperativo de quedarse en el cargo- dando hasta escozor a un obispo -la figura inmediatamente comparable-no parece generar mayores conflictos "republicanos". Ni sesudos reportajes de prensa de los obispos "progresistas" de la Corte Suprema de tribunales.
Es raro.

Mentir




Que me he peleado con éste, que me enojé con aquel. Hace frío, tengo una estufa. Ya es un ritual que cuando vuelvo a casa me pide un pucho el que cuida autos en la puerta. Temblando, esta noche. Del frío. Tiene una campera, la mirada loca, me sonríe con complicidad. De qué seremos cómplices, la puta madre. ¿De no afeitarnos, de las ojeras, de estar tirados en el cordón de la vida? Cuando busco que me quieran me torno trágico. Sol me dijo que nos vemos en preescolar. Ya ni engatusar puedo. Este viejo adversario despide a un amigo, le digo a mi parte crápula antes de apagar la luz del velador. Mentiroso. Que Andajazi -qué se yo cómo se escribe, va una hache por ahí- me tira bombas con una soberbia resentida, que otro día con la frente baja en el trabajo, que me cuesta decirle a los pibes del barrio que no me va tan bien. Mentira. Qué sería si no me hubiera metido en el charco, en la chacota, en el barro de la política. Más infeliz, sería. O sino tuviera esta cosa disoluta, discontinua. ¿Estaría pescando en la isla Maciel o sería médico como Henry Carbó? Vamos, mentira. Que me voy a Paraná, que hablo con mi vieja, que paseo por la inmobiliaria para pagar el alquiler, que se viene el invierno, que otra noche más, que nos hacemos más grandes, que nunca quise esto, que de paso ligo un palazo en un libro sobre un crimen doloroso, se me ríen y yo me quedo callado, que hay muchas cosas que no cuento, mentira!, que Beatriz Sarlo al pasar -en un libro brillante, en el que no coincido, con esfuerzo, en casi poco- me maltrata, que la vida sigue, que mi tiempo se acaba, que la almohada dura, que un vaso de agua, que ay querida, es cierto, te llamé y me dio verguenza, que no metí ningún gol, que me he peleado con éste, que me enojé con aquel, que tu pelo rojo, que mando señales o escribo sin pensar, mentiroso. A veces los días son así. Un capricho de las cosas. Me agarro el cachete con la palma de la mano. Miro la ventana. Pongo cara de profundo. Y pienso en corpiños y daiquiris, barriletes adultos. Mentiroso. Que me he peleado con éste, que me enojé con aquel. Las heridas de la infancia son una sucesión que a lo sumo festeja cumpleaños. Con velitas. Y actores de reparto. Que hacen de escribano. Mi vieja me reta por los impuestos que me olvido, porque me cortan la luz, porque soy un colgado, porque tengo la camisa sucia. Los árboles, paraísos de flores lilas, siguen pálidos, en las calles donde empezó todo. ¿Y adónde llegó? La melancolía es solamente ser respetuoso con las ex novias. Que ya me olvidaron. Que me he peleado con éste, que me enojé con aquel. Nos vemos en preescolar, corazón. Ya ni engañar puedo, mentiroso. Me gasté los cartuchos del engaño en mí mismo. Cuando vivía en Rosario mi papá dejaba tirados los libros con tapas negras y fotos negras en la solapa negra. Cortázar me miraba y me asustaba. Pasaban marchas por el monumento a la bandera. Yo miraba por el balcón y me asustaba. Chiquitito. Tenían las barbas de mi papá, de Cortázar, de los que marchaban, todo eso me asustaba. Dónde están los pibes que se asusten de mi rabia, eh. Porqué no me quedé ahí. Con esos miedos protegidos. Ahora pago con el monotributo un seguro que no vale ni de cerca lo de esos días enormes de la infancia. Ya fue. Que me he peleado con éste, que me enojé con aquel. Que me voy a dormir. Los números en esa tela en la que se hacían las rodilleras de los jeans, los números en la camiseta blanca que mi abuela nos cosía; yo jugaba de 10. Y era el capitán. Algunos ya están muertos, otros andan desperdiciados por la vida, yo nunca los narré. Y en todo caso a nadie le importa. De todos los mundos que busqué no quedó ninguno. Bah, quedó esto. Mentiroso. Cuerina! Así se llamaba la tela. Se llama. Debe seguir existiendo esa tela. Aunque no existan más los pases y los goles, los caños y los arcos hechos con remeras. Las madres en los pórticos llamándonos a comer, mañana hay escuela, las tareas, los cuadernos rivadavia. Las crueles derrotas por goleada. No se parecían en nada a esta pequeña sucesión de imbecilidades. Yo me paro, confiado, frente a una audiencia. Agarro micrófonos, hablo de esto y aquello. La puta madre. Que me he peleado con éste, que me enojé con aquel. Cadencia musical de estas noches. Se viene el invierno. Se va algo. No sé qué es. Pero algo se va.
Ya fue. Mentira.
Me voy a dormir.
Puede que tengan razón los que me ponen fecha de vencimiento. Laboral. Social. Aunque seguramente después de esa fecha tenga la obstinación de seguir viviendo. Y rompiendo las pelotas. Me pide el flaco que cuida autos en la puerta si le doy unos pesos para el vino. Me siento en el cordón de la vereda un rato. Los taxis pasan. Los colectivos pasan. Los autos, con parejas felices, pasan. Si lo pensás bien, todo pasa. Incluso esta tristeza. Y esta cursilería. De fines de otoño. Y estas ganas forzadas de sentirse un miserable. Pasa.

Vistes, corazón.

martes, mayo 03, 2011

Oh, bama!

Llegué a la Casa Blanca el día que se había decidido comunicar la muerte de Osama Bin Laden. Entré convocado por Barack Obama quien, tras leer que yo era el ideólogo detrás del gobierno de Néstor Kirchner, quiso mantener una conversación conmigo. Obama en el fondo del salón, mirando al verde parque de la White House. Su secretaria me deposita, el Negro saca a sus asesores, quiere una reunión conmigo a solas. Estoy – él lo sabe – enfadado.

- No puede ser, máster – le digo. Eras nuestra esperanza progresista en los EEUU.

- Imagino que ya no lo soy más – me contesta, sin darse vuelta para mirarme.

- Claro que no. Violaste la soberanía de un país, mandaste a matar un tipo – le pongo cara de decepción.

- Sí. Supongo que esa bandera ya no me pertenece.

- La del progresismo. Claro que no. Es sólo nuestra.

- La de la pureza, decía yo – se da vuelta, me desafía con la mirada y ríe irónicamente.

- No, no se trata de pureza, no me corrás con esa. Mandaste a matar un tipo y eso es un límite.

- Ajá, un límite. ¿Entonces qué hago?

- Lo atrapás y le hacés un juicio.

- Sí. Está bien que pienses eso. Aprovechá que vos podés.

- ¿Y vos no? Sos el Presidente de los Estados Unidos. Podés pensar y hacerlo – le grito.

- Sí. Y Papá Noel es un señor gordo que anda en un trineo volador – baja la mirada y juega con una lapicera. La cosa es más complicada que escribir en un blog. El derecho internacional no existe, hermano. El mundo es un lugar anárquico.

groso

Groso, Barak Osama. A pesar de la monumental crisis financiera -solucionada, precariamente, socializando las pérdidas mundialmente y privatizando imperialmente los subsidios gananciales- el Nobel de la Paz está, según diversas encuestas, a sólo 2.000 asesinatos de obtener su reelección. La economía de la alianza occidental confirma el equilibrio del mundo. La crisis de credibilidad en que fue sumido el Fondo Monetario Internacional por Sudamérica se compensa con las lucrativas matanzas en África y Medio Oriente. Claro que quién sabe para dónde pueden disparar los movimientos democratistas, entonces, el golpe quirúrgico, poco republicano, del asesinato selectivo. Del hijo de Kadafi y del relacionista público, jefe de campaña de Obama, el compañero Bin Laden.
El punto de equilibrio es la fragilidad del estado de bienestar europeo, con un parche en el ojo y una bandera con una calavera. Los huesos de la unión europea no crujen, están sólidamente embalsamados. Haciendo equilibrio.