El domingo a la noche fui al programa de radio de Marcela Pacheco. Sabía -porque me conozco- que esa colisión entre dos locos iba a terminar mal y fue efectivamente así.Un verdadero encanto, Marcela. Los que escucharon ese programa habrán escuchado una serie de gritos, chicanas, delirios, en fin, un encanto. En determinado momento me gritó -sí, literalmente, me gritó:
-¿Qué, vos no creés en la independencia del periodismo?
Respuesta (a los gritos): NO.
-¿Pero vos no creés en la libertad?
Respuesta: SÍ.
-¿Pero vos no creés en el libre pensamientoooooooooooooo?
Respuesta: NO!
Y traté de explicarle mi idea, pero no me dio bola. Ahora bien. Hay algo muy, pero muy raro en todo esto.
Es la caída en el desprestigio de la noción del saber colectivo. De la producción de saber colectivo. No es taaaaan complicado: los mecanismos de producción del discurso, en su género periodístico, son colectivos. Lo que no equivale a una asamblea de iguales, pero sí a relaciones de fuerza.
La producción del discurso periodístico está mediada por tecnologías, ideologías profesionales, disputas disciplinarias del campo científico, tensiones entre capital y trabajo, formación educativa, trabajadores manuales, correlaciones de fuerza, represiones sociales delimitando el terreno de lo posible, etc.
¿Por qué esta idea está en el banco de suplentes?
Yo, que al igual que este blog, que tiene teorías y explicaciones para TODO, tengo mi hipótesis. "Hipótesis", que palabra modesta.
Volviendo a Marcelita, antes de tirarme con una taza y mandarme a la puta que los parió (es mi ídola, en serio) me acusó como es de manual de ser un periodista militante. Cosa rara, porque yo nunca tomaría en serio a una agrupación que tuviera la desfachatez de incluirme en sus filas. Excepto Máximo. Hola Máximo. Cómo andas, todo bien? Bueno, sigo. El asunto es el corpus de ideas. Y si desde una perspectiva epistemológica -que es la disciplina científica que estudia el saber, cómo se sabe, cómo es que hacemos para saber y sí, yo también tengo una teoría contundente sobre epistemología- o más bien a pura intuición, corazón, la cosa es así: está de un lado, el Robinson Cruzoe solo, aislado, que resuelve el mundo, que es (incluso a la fuerza) independiente, y está lo colectivo, lo "militante", donde uno, lamentablemente, tampoco puede aislarse de las relaciones de fuerza concretas: va a una escuela de robinsones y hasta tiene (si tiene suerte) su propio Viernes, si no tiene suerte o talento, es el gorila del asunto. No son debates nuevos. Pero en estos tiempos, donde el saber que produce el discurso periodístico se masifica y politiza, saliendo de las cavernas de los Estudios Culturales para ganar la calle, entonces se redefine y más aún, se inserta en las particularidades nacionales, cruzándose, inapelable, en el debate sobre la ley de medios, Clarín, kirchnerismo, y eso.
El problema, de naturaleza política, es que en las actuales condiciones gana la farsa de que la profesionalización, la efectividad, la calidad, está del lado de Robinson.
Lanata es quien mejor encarna este cualunquismo del solitario herido por la Mentira Total. Suele repetir que "es información, ni de izquierda ni de derecha, información" como si la decisión de que un perro que caga en la vereda o el pasado de X periodista, adquiere el carácter de "noticia" no fuese una decisión cargadísima de cuestiones que exceden, y hasta de manera berreta, los mecanismos profesionales, legalizados incluso, del proceso de producción del discurso periodístico.
En fin.
Es mi idea.
Pero sino te gusta, tengo otra.




