miércoles, septiembre 07, 2011
Pablo Ferreyra.
Algún día, podría contar las alegrías que me ha dado este blog. Esta pizarra, interna, donde escribo, sacado, dolorido, eufórico, a las risotadas porque, yo a veces busco que no se note mucho, pero yo me cago de risa del mundo, de mí, mucho de mí. Soy un tipo afortunado. Tengo amigos que me quieren. Pablo, es uno. Y a mis amigos yo los peleo. Les hincho las pelotas. Les corto el teléfono. Doblo, dolorido, la esquina. Me voy hasta siempre. Saludo como señoritas de hijos naturales al mentiroso marinero, que se va, nieto de todos los puertos. Hasta nunca. Al estrecho donde ya no pueden cruzar ni barcos ni penas. Escribo todo, obsesivo. Hasta en servilletas de bares que ya no frecuento. Di besos buscando entre labios poemas, de chicas que se reían, drogadas, de mi cursilería. Vuelvo, cualquier mañana de sol y disculpas, con un chiste de lo que me queda de ternura. Pablo, es bueno. Es un buen tipo. Es un cuadro político. Para mí, y salvando las trincheras de la discordia política, decir "es un cuadro político" todavía tiene densidad literaria, todavía tiene vida, tiene alma. No es decir, carajo, cualquier cosa. Es sensible. Sabe entenderme cuando yo desbarranco, en las cloacas de la impotencia, de la amargura. Pablo es culto. Lee los libros de vanguardia. Me los cuenta. No sabe que yo después digo que los he leído. Hago charlas, por todo el país, como cuando tenía una amante en cada puerto y el alma, dolorida, por muchas calles que ya caminé, que espero el semáforo como una novedad, que me prendo un pucho, como si fuera el último. que compro, como recién, un par de medias. Casi nunca se los digo, a mis amigos, aunque yo no sé si intuyo o tengo la esperanza o el deseo que lo sepan: a mis amigos, a los de verdad, a mis amigos del dolor y la amargura, ¿qué era lo que casi nunca les digo? Me perdí.
Me llevó a no se dónde, entre mis mejores recuerdos, mi amistad con Pablo. Y la noche terrible, amarga, oscura, donde mataron a Mariano. Ese espesor cruza mi amistad. Ese agujero negro. Esa infinidad imbécil de la muerte que, más allá de condenas y expedientes, esa torpeza de la vida que es la muerte, ese pibe, que desde las fotos me recuerda lo violentamente tonto de la muerte, del final, del pibe que fui, ese pibe que mataron, cuando murió, un poco mataron, tanto de nosotros.
Yo estoy escribiendo esto después de viajar, haber dormido poco, tener los viejos problemas del asma que me vuelven. Pero quiero decir, ahí está Pablo, con la presidenta, la mamá de quien tanto se preocupó y peleó, el hijo de quien, y así, cuando podamos alejar esos dolores, cuando disputemos la historia, la concreta, como dicen en las academias LA PERSPECTIVA que es cuando mueran varios de nosotros en la cruel ruleta de la vida, cuando sigamos disputando el dolor de un pibe que recién empezaba esta locura desesperada de la vida, la puta madre. Pero disputemos contra los criminales. No entre los que fueron víctimas, como Pablo. Vos, hijo de re mil puta, vos Darío Gallo, cruzaste un límite. Vos. Basta. Ni pensar en esos forros. Hoy, no. Igual. Me cuesta escribir. Quise decir que alguna vez podré, bah, yo, ni siquiera sufrí lo que Pablo, pero puedo, podemos contar, en esa amargura que los sensibles vemos como obstinadamente gris de las cosas, con Pablo, nos cagamos de risa. Nos peleamos. Nos ayudamos. Nos boicoteamos. Nos abrazamos. O sea, nos hicimos amigos.
No puedo seguir escribiendo.
Quería decirte feliz cumpleaños, Pablo, ahora que estamos peleados y no me animo a llamarte. Yo solamente sé escribir. Feliz cumpleaños.
martes, septiembre 06, 2011
Aniversario, día de la primavera y, obvio, corazones, voy a hacer una fiesta! (la fiesta, claro, del amor: pero tranquilita, nada de andar todos amenazándose para levantar, no, sino, se desmadra la cosa, para cuidar la moral y las buenas costumbres llevamos a Majul con cara indignada, sino, se va todo a la mierda y termino matando a todos de verdad, tá, ojo)
21 DE SEPTIEMBRE DE 2010
Los voy a matar a todos
Hank escribe, en la fiesta de los Negros de Mierda, que hay algo más bajo que ser Alfredo Leuco, y es trabajar para Alfredo Leuco. Me hace reír, obvio. Hasta que supe, y esto es imperdonable, que Agustina, que está en el rincón, hablando con un gil, sí, que trabaja con Leuco. Ese, un gil. Voy a juntar gente, irme a la puerta de canal 26, hacerle un escrache. Si me la enamorás a Agustina, ay, dios
Voy a matar a todos. No va a quedar ninguno vivo. Este post servirá de prueba. Voy a entrar con una metralleta a ese programa. Voy a matar a todos. Agustina, por dios, sos la mina más linda del mundo, no podés, ok, te entiendo que no me des bola, por eso, porque sos la más linda del mundo, en ésa te banco, ahora bien, convengamos; con ese gil no. No y no. Necesito ayuda. Solidaridad. Ay, Agustina, querida. Si lo ven en la calle, es ese nabo que señala una pantalla gigante, y Leuco lo mira desconcertado, debe ser el hijo del gerente del canal, no sé, no importa, pero Agustinita, dejate de joder. Por dios. Voya matarlos a todos, lo juro.
la concha de la lora
Vuelvo a casa después de discutir con un tarado, mañana, capaz, me arrepiento. Y de exasperarme con Corazón, leyes de la vida, un ciego que seguro se hace el ciego, un pibe que me pide una moneda, otro al que le compro medias en una esquina de más oscura -la municipalidad, tiempo de elecciones, ya va a cambiar el foco- y la vecina que ahora está fea pero hace años me enloquecía (nunca me dio bola, quizás, porque nunca me la encaré: de todos modos, me miro al espejo, ya no tengo 17 años) y llevo un recado a la oficina de a la vuelta, pago el alquiler, apago el teléfono, planifico una cena, compro milanesas.
En mi casa volví a tener luz. Y el mismo silencio de siempre. El silencio que sólo tienen las cortinas. Mientras subía la escalera, se me había ocurrido, una idea, ni buena ni mala, una idea, pero para mí, es imporante tener una idea. Cuando llega. Un rayo, decía Marx, sobre un cielo sereno. Que se está haciendo de noche. Los vecinos salen en camiseta a la vereda. La tele fuerte en las ventanas. A los gurises les llega la hora triste en que las madres los sacan del fútbol en la plaza, a bañarse, hacer los deberes y dormir. Los niños odian dormir, como lo odiaba yo, pero se terminan durmiendo. Enseguida. Yo adoro, a mis 33 años, dormir, pero me cuesta. Entardía. Nunca estoy jugando en ninguna plaza. Y mi vieja está muy vieja para andar llamándome. O saltar de las hamacas. Ahora es un salto al vacío. La obsesión, siempre inconclusa, del tiempo. Esa modalidad funeraria de vivir. Y tenía una idea. Me pasa aveces. Tengo que escribir para costearme la vida, del modo en que elegí, del modo en que vivo. Poniendo, al horno, dos milanesas. No es, me cansa repetirlo, escribiendo acá. La puta madre. Tener que decir. Que repetir, harto. Estas cosas. La subestimación. La concha de la lora. Yo no debería dar ninguna explicación de nada.
Tenía una idea.
No iba a ningún diario, a nadie le interesaría.
Podía escribirla acá.
Pero se me fueron las ganas.
domingo, septiembre 04, 2011
sábado, septiembre 03, 2011
La Mirtha Legrand de la UBA (con nuestros impuestos)
Contesta Barragán:
La vida es sorprendente. Beatriz Sarlo para criticar a Randazzo y defender a Joaquín Morales Solá y a la gran prensa independiente argentina donde ella publica sus escritos breves y difunde sus análisis en proclamas sonoras tomó como caso testigo a Tinta Roja, un pequeñísimo programa que va de 13:00 a 14:00 en Radio Nacional con Cynthia Ottaviano, Thelma Luzzani, Mariana Moyano, la muy esporádica participación de Artemio López y la mía. Aunque eligió agarrársela con Ottaviano y conmigo.
Las críticas de la crítica literaria fueron básicamente las mismas que recibe 678 o cualquier medio simpatizante del gobierno: que nosotros mentimos cuando denunciamos operaciones de prensa porque la realidad es que La Nación y Clarín hacen todo bien. No me voy a extender en esto porque me voy a permitir ocuparme sólo de la parte que Sarlo me dedicó particularmente. No por mí, sino porque creo que implica una avanzada que va del plano de la discusión al de la impugnación.
Sarlo de manera resumida y muy prolija dio su definición sobre qué es Tinta Roja y quiénes lo hacen. Cuando llega mi turno Sarlo dice (y es sic) “…está Barragán haciendo sus chascarrillos habituales, o sea que hace doble turno, Barragán. Parece uno de esos inmigrantes de comienzos de siglo que trabajan las 24 horas haciendo lo mismo, porque hace doble turno con 678 a la noche.”
Sarlo de manera resumida y muy prolija dio su definición sobre qué es Tinta Roja y quiénes lo hacen. Cuando llega mi turno Sarlo dice (y es sic) “…está Barragán haciendo sus chascarrillos habituales, o sea que hace doble turno, Barragán. Parece uno de esos inmigrantes de comienzos de siglo que trabajan las 24 horas haciendo lo mismo, porque hace doble turno con 678 a la noche.”
INMIGRANTE DOBLE TURNO
Gonzalo llegó de España alrededor del año 1933, era mi abuelo Gonzalo González, (porque mi nombre legal es Carlos Adolfo González Barragán, pero por esos misterios desde primer grado todo el mundo decidió llamarme sencillamente Barragán, el de mi madre, descartando el resto). Gonzalo venía de Préjano, un pueblito de montaña en el centro de la Rioja española. Había trabajado en las minas de carbón desde los 11 años, porque el tamaño de los niños era el ideal para pasar por aquellos túneles estrechos y profundos que dejaban pesadillas de por vida a sus sobrevivientes. Fue un inmigrante de principios de siglo que apenas llegó se fue a Balcarce a la cosecha de papas; me contó más de un vez -más de varias, como hacen los viejos- que la cosa consistía en colgarse una bolsa a la cintura, agacharse y escarbar el suelo para depositar las papas en la bolsa. Llenar la bolsa y descargarla en un carretón, y anotar la carga porque cada una sumaba los centavos que se convertirían en los pocos pesos que eran la paga del inmigrante. Mi abuelo Gonzalo debió haber trabajado doble turno en aquellos tiempos. Supongo eso porque a pesar de haber sido un pibe de 16 años él recordaba muy bien cómo le dolía todo el cuerpo cuando llegaba la noche y se iba a dormir en alguna tienda de campaña, o debajo de las grandes y altas carretas que transportaban la riqueza de la tierra.
Gonzalo llegó de España alrededor del año 1933, era mi abuelo Gonzalo González, (porque mi nombre legal es Carlos Adolfo González Barragán, pero por esos misterios desde primer grado todo el mundo decidió llamarme sencillamente Barragán, el de mi madre, descartando el resto). Gonzalo venía de Préjano, un pueblito de montaña en el centro de la Rioja española. Había trabajado en las minas de carbón desde los 11 años, porque el tamaño de los niños era el ideal para pasar por aquellos túneles estrechos y profundos que dejaban pesadillas de por vida a sus sobrevivientes. Fue un inmigrante de principios de siglo que apenas llegó se fue a Balcarce a la cosecha de papas; me contó más de un vez -más de varias, como hacen los viejos- que la cosa consistía en colgarse una bolsa a la cintura, agacharse y escarbar el suelo para depositar las papas en la bolsa. Llenar la bolsa y descargarla en un carretón, y anotar la carga porque cada una sumaba los centavos que se convertirían en los pocos pesos que eran la paga del inmigrante. Mi abuelo Gonzalo debió haber trabajado doble turno en aquellos tiempos. Supongo eso porque a pesar de haber sido un pibe de 16 años él recordaba muy bien cómo le dolía todo el cuerpo cuando llegaba la noche y se iba a dormir en alguna tienda de campaña, o debajo de las grandes y altas carretas que transportaban la riqueza de la tierra.
Esperar que pase algo.
Omar, cuenta del cumpleaños de su hijo:
Cumpleaños Nª 21 de mi hijo, desocupado, padre de un bebé hermoso.
Su esposa (mi nuera) y su hermana y hermano, su hermana ocupada en una cooperativa (casi un plan, aunque hay que valorar el esfuerzo), soltera sin hijo, con su novio, licenciado en relaciones publicas, no encuentra laburo estable a pesar del titulo, está vendiendo chucherías en la calle.
El hermano de ella y su esposa, planes y changa, un hijo; áspero el panorama por que a las dos familias no les alcanza ni para ellos, menos si se agregan mas bocas, aunque un hermano mio en medio de la malaria solía repetir que donde apenas comen 5, siete se cagan de hambre pero solidariamente.
Franquito es un tema aparte, sin padre la madre lo crió a los tumbos, pero el se la arregla para salir adelante, es el pintón del grupo, eso ayuda, si sale a vender vende, pero nada de estable hay en sus trabajos, el horizonte que tiene este chico que quiero como a un hijo es el mismo que puede tener cualquier miope (como el que escribe estas lineas)
Y asi hasta completar la veintena de chicos de aprox 20 años que estaban en casa ayer
¿que hago?, ¿que hacen?, espero?, esperan? que esperan?
Sigue acá.
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