miércoles, febrero 15, 2012

Idiotas.

Expertos en minería, comparaciones internacionales de salarios de legisladores, ecología, indigenismo, la verdad, corazones, parecemos Suecia. Gracias a esta oposición. Que anda de vacaciones. La mayoría de las discusiones tienen que ver con la preexistencia de las provincias a la nación y la dicotomía puerto versos federalismo, pero si se parcializan y se discuten de manera técnica, uno se hace un enjuage de considerables pelotudeces que, a más tardar pasado mañana, olvida.
En los bosques de Palermo, me contaba Felipe estaba la casa de Rosas. Pero antes, seguramente, dado que el gran Rosas inició la campaña del desierto para aniquilar los indígenas, había, en los bosques (es muy cordobés eso de exagerar que un parque es un bosque, los cordobeces le llaman río a los arroyos y manantial de las sierras al agua de la canilla) de la República de Palermo, indígenas. ¿No es raro que no vengan a ocupar los bosques de Palermo y pedir la restitución de las tierras hasta, digamos, Recoleta? Tema que habría que debatir y que ameritaría un corte de la avenida Libertador durante algunos días, qué se yo, novecientos días por ejemplo, y seguramente, dado que se están contaminando los bosques de Palermo por el humo de los autos alrededor, sería esperable que los vecinos de Palermo, siempre indigenistas, ecológicos y verdaderos hijos de puta con los pobres del país, se sensibilicen y mientras dejan sus casas a los pueblos originarios, corten todos los accesos a la capital para que se dejen de emitir gases tóxicos que contaminan los bosques de Palermo. Y entonces sí, los jujeños, catamarqueños, chaqueños, riojanos, formoseños, sanjuaninos, en fin, los sectores más ricos y contaminantes del país, reflexionarán y dejarán este enorme genocidio ambiental que, como todos sabemos, especialmente este entrerriano repatriado por divorciadas resentidas, se llevó puesta la ciudad de Gualeguaychú, donde todos murieron y quedó una enorme funeraria donde antes había una ciudad, con carnaval y buenazos del campo como De Angelli.
La vida en Suecia es muy aburrida, pelotudos.
Hablemos de la distribución de la riqueza, después se toman un recreo y seguimos discutiendo esas huevadas que tantas lágrimas generan en los corazones de energías limpias de la República de Palermo. Hay que matarlos a todos. Los quiero.

lunes, febrero 13, 2012

Antes que sea tarde y no quede memoria.

Huyan las señoras, cuiden a los niños, ahí vienen los de La Cámpera!

[12 febrero 2012]
Instrucciones para pegarle a La Cámpora (1)
Por Lucas Carrasco
Diario Crónica 12-2-2012
En el peronismo es una tradición que cuando se está en desacuerdo con alguna decisión del líder (no sólo de los grandes líderes, sino incluso de los barriales, locales, de agrupaciones, de sindicatos), para preservar el liderazgo en cuestionamiento, se apela a que tomó esa decisión equivocada culpa “de su (mal) entorno”.
Hay ejemplos emblemáticos en la rica historia del peronismo.
En el ala, digamos, “de izquierda”, el descreimiento en los días anteriores a la Revolución Libertadora de John William Cooke, porque, sostenía,“Perón se comenzó a rodear de alcahuetes”, es uno. Pero siguió dentro del peronismo e incluso, tras el golpe y como delegado de Perón, tuvo un papel vital en “la resistencia”.

Cuando en los 70 los jóvenes peronistas estaban disconformes con, entre otras cosas, los nombramientos ministeriales del General, quisieron reunirse con él para “romper el cerco” que se cernía,supuestamente,sobre el viejo líder.Y que representaba su secretario privado, José López Rega,a quien Perón mandó, justamente, a recibir a la Juventud Peronista.

Por, si se quiere, “derecha” está el ejemplo del sindicalista Augusto Vandor, que intentó “un peronismo sin Perón” alegando, no sin un análisis político conciso, que el líder en el exilio recibía las noticias de la Argentina de manera ajena y, a veces,contaminada.

El breve y rápido repaso viene a cuento de que, cada vez que se le pega desde los medios ultraantikirchneristas a La Cámpora, en realidad, el tiro es por elevación a Cristina. En general, desde esas usinas de la derecha se considera todo el proceso kirchnerista como una anomalía, como una excepción producto de “dos loquitos” y sostienen que cuando el kirchnerismo se termine volverá el “país normal”. Golpear a La Cámpora significa, tanto como golpear a todas las agrupaciones juveniles peronistas un tiro por elevación al potencial futuro de las ideas que encarnó Néstor y encarna la Presidenta.


Es Cristina una presidenta que tiene, además, la loca ocurrencia de renovar la política con cuadros frescos y darle lugar a los jóvenes.Dos enormes pecados en una Argentina que tiene tradición de marginar lo nuevo y apartar a la juventud.

Por eso es vital que los dirigentes, por lo menos, de La Cámpora, no se parezcan a los pibes de su generación en el relato ultra-antikirchnerista.

Entonces, para golpear a La Cámpora hay que decir que viven en Puerto Madero.

Lo cual les quita en el imaginario el desarrollo territorial en el país, les quita incidencia donde se juega el verdadero peronismo las barriadas populares, los sindicatos, las universidades públicas, las clases medias atadas al mercado interno y -de paso, convengamos-, suena violentamente cursi. Lástima que ese relato hegemónico es, diría Raymond Chandler,“ falso como la sonrisa de un camarero”. Lástima que ninguno de los dirigentes de La Cámpora viva en Puerto Madero.
Iván Heyn, economista muy querido por los militantes de las más variadas tendencias políticas (también incluye el afecto entrañable de este periodista) y fallecido recientemente, era presidente de la Corporación Puerto Madero, un ente gubernamental.
No vivía en Puerto Madero ni rodeado de lujos.

Pero acá entramos en un punto neurálgico: ¿deben los economistas de universidades públicas,militantes de corrientes populares, estudiosos de las doctrinas periféricas, con sueños revolucionarios, meterse en los sacrosantos altares de los más grandes empresarios? El caso vale para Mariano Recalde, para Axel Kicilof, para Santiago Alvarez, etcétera.

En el periodismo hay una vieja máxima, adjudicada a un editor de los años 70,que decía que la fórmula para hacer diarios era armar “la sección cultura con gente de izquierda, la sección economía con gente de derecha y la sección política con gente de centro”.Algo similar pasaba con ciertos gobiernos. Siempre y cuando las áreas claves para el poder económico estuvieran “atendidas por sus propios dueños”, esos jóvenes que no usan corbatas, leen libros raros y tienen ideas nuevas,bien podían refugiarse en lo social,en la cultura,o incluso,en un bloque minoritario de legisladores.Cristina trastocó esa lógica. Apeló a las ideas nuevas, aportó a la generación de una nueva cultura política e introdujo un ingrediente novedoso: la exigencia en el estudio, el saber, la capacidad y el trabajo.

La economía ya no es manejada por la “mano invisible del mercado”. Hay una lógica de formación de cuadros radicalmente distinta, incluso, a los años en los que se formó la Presidenta y,más aún, la mayoría de la principal dirigencia política. Es un aprendizaje de la sociedad, una maduración, que Cristina incentivó.


En los setenta, las grandes ideas revolucionarias subsumían la técnica; y la eficiencia era una palabra mal vista.

En los 90 fue exactamente al revés y el resultado fue catastrófico.
Se trata,en todo caso, de lograr un justo equilibrio entre medios y fines. Entre objetivos y herramientas.O, en lenguaje setentista, entre táctica y estrategia.

En los años 80, la Coordinadora (un grupo de vanguardia perteneciente al alfonsinismo, de destacados cuadros y multitudes movilizadas) y Franja Morada no estaban al frente de empresas técnicas que todavía eran públicas, en las áreas sensibles.

Ahí estaba toda la vieja guardia radical, distribuida por cupos de la lógica interna.
Eran tiempos de retorno de la democracia y a muchos jóvenes de esa Coordinadora la sociedad argentina les debe que abrieran compuertas anquilosadas por años de tradición autoritaria.

Hay parecidos, hay diferencias, pero no son muy ocurrentes: las críticas a la Juventud Peronista de los 70 y a la Coordinadora Radical de los 80, hoy van contra La Cámpora. Pero, como entonces, no se los critica por lo que hacen mal. Se los cuestiona violentamente por lo que hacen bien. Es de suma importancia en estas Instrucciones para pegarle a La Cámpora, entender eso. Les pegan más por lo que hacen bien que por eventuales errores.

viernes, febrero 10, 2012

Crónica y Jazmín



Crónica publica hoy fotos que deberìan pertenecer a tribunales y todo el casero método de investigación. A Crónica, un policía o alguien del juzgado responsable de ese policía, le filtró (les vendió, hablemos claro) fotos injuriantes para la víctima, recientemente fallecida, sus familiares y amigos. Fotos de Jazmín De Grazia muerta.
Y trabajo en Crónica. Habitualemente a primer página impar después de la tapa -la más cara en términos publicitarios- lleva mi firma de una columna que nadie, previamente, controla (más que editar errores de tipeo y de espacios, cosas normales, pero que nunca jodieron la idea principal -auqivocada o no, es otra discusión- de quien firma). Pero, lo que hoy hizo Crónica, es una mierda. Una verdadera mierda. Y se trata de la nota de tapa, no de un filtrado de una nota menor en una sección menor. Sino de la idea más elaborada e institucionaliza que puede tener una edición en Papel. Una tapa que no sólo atenta contra la moral y las buenas costumbres, cosas pasadas si se quiere de moda, una tapa que es de malnacidos, sino que además, más allá de la baja calidad de personas de fotógrafos, periodistas y editores encargados de esa nota, más allá de los delitos cometidos por policías y empleados de jerarquía en tribunales, es una afrenta para el periodismo, una afrenta para quienes luchamos y apostamos por la democratización de los medios y una calumnia -delito derogado por la presidenta Cristina Kirchner a pedido de los periodistas y del CELS, pero que no invalida su pleno significado en el diccionario de la verguenza- para las personas de bien.
Lamento que la familia de Jazmín tenga que pasar por eso.
Lamento lo de Crónica, y más que lamento siento rabia. Algo de pena anticipada por lo que van a reprocharme. Pero esto es una verguenza. Y no quiero que mi firma, con las ideas políticas que los lectores de este blog conocen (soy del campo nacional y popular, defiendo a este gobierno, la mayoría, sobre todo en este último tiempo con el ascenso de La Cámpora, son mis amigos personales) se sienta parte cultural, de la misma familia, que esa infamia que acaba de hacer Crónica. El diario donde seguiré mandando mis columnas y se verá.
No voy a poner la tapa para ilustrar este post. Si lo que buscaban es "instalar" y vender el diario, cayendo moralmente tan bajo como Darío Gallo, conmigo no cuenten. Bah, sí, cuenten con mi total y completo repudio.
Una vida vale por sus ganas de vivir. No por la cruel desgracia de morirnos.

martes, febrero 07, 2012

Como vine yo me iré. Insoportable, como vine.







Anoté, palabras sueltas, en un papel, que arranqué, de una carpeta, hace un rato, sentado en una mesa, de un bar, en otro barrio. La cadencia pausa, tierna, paciente, de ahora. Madrugada. Pero algunas veces ando como loco y pateo la mesa de cualquier lugar y rompo todo y lo que esperaban de mí de pronto no está, se fue. Se fugó. En la prisa de las cosas. Entre los nervios de los días.
De los días enteros. De los días oscuros. De los días ajenos. 
Un pedazo de carne desgarrado en la mesa de los policías de la moral ayer estaba lleno de vida. Y hoy frío espera el veredicto ante la ansiedad de los buitres. Calculadores del mal comportamiento ajeno. Medidores de la pena. Sermones de ocasión. Avenidas lineales para salir corriendo. La noche entera. La noche oscura. La noche ajena.
Me hice con una mochila imaginaria al hombro para recorrer mi barrio. Mirar las esquinas. Buscar recuerdos. Reconocerme. Silbando al farol, estereotipado. Como si me mirara, en la tristeza insólita del asfalto, al espejo una mañana. Y no encontré nada. Más que a mí mismo. Horrorizado, quién sabe con qué. Capaz que, apenas, con esto que soy. Capaz. No sé. Aprendí a desconfiar de mis juicios más sesudos. Para abrirme a preguntas. Para abrirme de brazos. Desesperado. El acto de apenas mirarse al espejo. El espejo entero. El espejo oscuro. El espejo ajeno. 
Yo miré con precisión de orfebre cada uno de mis defectos. Me rompí la cabeza contra el puño de la culpa. Me eché la culpa. Confesé bajo amenazas, me confesé culpable mil y una vez en noches desesperadas, ante el juez turbio de este desgarro que guardo dentro del pecho. Yo lloré desconsoladamente sin motivo. Yo fui prisionero en los campos de la angustia. Yo me hice de nuevo. Yo les mentí. Yo me reí. Con la risa entera. Con la risa oscura. Con la risa ajena.
Y mientras eso pasaba un perro apenas silbaba al farol.
Los últimos náufragos en una isla pequeña se besaban, emocionados se tiraban en la arena a hacer el amor. No contaron las horas. La miseria del tiempo. Se sabían a salvo de la esperanza. Suben ahora a una palmera y sacan frutos que rompen contra las piedras. Con contundencia. La contundencia del hambre. La contundencia entera. La contundencia oscura. La contundencia ajena.
Hay un hombre de mediana edad y de mediana barba pegándole con furia mansa a las teclas. Detrás de esa ventana. Detrás de esa cortina. Apaga los teléfonos y enciende la esperanza. Tiene los ojos rojos. Tiene un cinturón gastado. Tiene un agujero en la zapatilla. Tiene un montón de olvidos. Olvidos enteros. Olvidos oscuros. Olvidos lejanos.
Se hace el boludo. Está, hay quien lo percibe, por estallar. Y mientras tanto. Se hace el boludo. El boludo entero. Yo le ayudaba a mi abuela a tejer los ovillos de lana que compraba a granel, era el niño ahí, sentado al lado del sillón hamaca en el patio, cuando venía en el cielo la oleada de golondrinas y el ovillo se hacía el ovillo entero. Para un pullover entero. Para un pullover oscuro. De un boludo lejano. Este mismo que ahora te escribe.

Hola


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 »  Edición Domingo 11.05.2003  »  Especial  »  Una década como íntimos enemigos



ELECCIONES 2003 | LA RELACION ENTRE MENEM Y KIRCHNER Una década como íntimos enemigos





Las tensiones entre los dos fueron una constante en la era menemista. La rebeldía del gobernador chocaba con las réplicas del ex presidente.






Ricardo Rios
Navegó estos días por los mares de Internet un mensaje con remitente menemista. Reproducía un artículo lejano, del 28 de diciembre del 94, con la visita del entonces presidente Menem, a la provincia de Santa Cruz, para la inauguración del aeropuerto de El Calafate.

Lo jugoso del recorte —no casualmente lo que al menemismo le importó resaltar—, es el recital de halagos que ese día brindó el gobernador Kirchner, por aquel tiempo cumpliendo su primer período en la provincia. "Un Presidente que escuchó a Santa Cruz", fue uno de los tantos cumplidos de Kirchner a Menem.

Se vio a un campo que con este ejercicio de memoria selectiva, el menemismo buscó resaltar las "contradicciones" entre lo que hizo y lo que ahora dice el santacruceño. Como sea, el episodio da pie para un repaso más amplio de las relaciones entre los dos rivales del ballottage; especialmente durante la década que gobernó Menem.

Y la retrospectiva dice que la de ellos fue, en verdad, una relación dominada por las tensiones y una desconfianza mutua. De entrada, a fines del 91, Kirchner se plantó como un díscolo del PJ que nunca encajaría en la que él decía la "casta menemista". Menem le haría sentir el rigor a esa rebeldía que llegaba del sur.

Hubo un punto sí sobre el que nunca se cruzaron reproches y que los tuvo siempre del mismo lado: la vocación de ambos por la reelección. Uno para perpetuarse en la Nación y el otro en la provincia.

A Menem le dio mala espina cuando asumió Kirchner en Santa Cruz. Le inquietaba que proviniera de la "tendencia" peronista y que por esa matriz ideológica pudiera correr por izquierda a su modelo de "economía popular de mercado".

Pero no fue hasta julio del 92 cuando estalló el primero de una larga serie de cortocircuitos. Por entonces, Kirchner acusó al canciller Di Tella de "entreguista e improvisado", por el acuerdo logrado con Chile por la zona de Hielos Continentales y el arbitraje por Laguna del Desierto.

Su cercanía a José Luis Manzano y su admiración —diluida con los años— por Cavallo, no le impidieron a Kirchner, en el 93, negarse a firmar el pacto fiscal que impulsaba la Nación. Ante eso, no le tembló la mano a Menem para recortarle a Santa Cruz fondos de coparticipación.

Después de impulsar su propia reelección, Kirchner apoyó la de Menem y se puso a favor del Pacto de Olivos. Pero igual se cruzó feo con Alberto Kohan, cuando éste planteó "abrir" la discusión que ya habían acordado Menem y Alfonsín: "Esto nos quita seriedad frente a la sociedad", acusó Kirchner.

Como convencional en Santa Fe dio motivos para que Menem se irritara con él: elogió a Chacho Alvarez, protagonizó duelos bravísimos con su ahora aliado Jorge Yoma y lamentó que el ucedeísta Alberto Albamonte hablara "en nombre del PJ".

La relación llegó a uno de sus picos de espesor cuando Kirchner decidió "bajarse" de la delegación que acompañó a Menem a un visita a Canadá; en represalia por los recortes a Santa Cruz y los "premios" a La Rioja. "Algunos deben terminar con sus exigencias", bramó Menem.

La tensión bajaría a fines del 94, cuando el ex presidente prometió la condición de zona franca para Santa Cruz. Tiempo después, derogaría Menem el decreto respectivo para supuestamente castigar la posición de Kirchner por los Hielos Continentales, contraria a la del Gobierno. Por obvias razones de supervivencia Kirchner jugaba al equilibrio para que Santa Cruz —con él adentro— no fuera condenada al ostracismo. Lo logró desacelerando cada tanto su pelea con Menem y valiéndose de los recursos de una provincia que le evitaban peregrinar por fondos nacionales.

Los acercamientos de Kirchner a los ex PJ José María Bordón y Gustavo Beliz (debía buscar afuera lo que en su partido no encontraba) lo llevaron a decir, en el 96, que el trío Corach-Kohan-Eduardo Menem "tienen prácticas similares a las de López Rega". Menem se crispó: "Para gobernar bien hay que comenzar por gobernar la lengua". En el 97 volvieron a chocar, cuando Menem dejó plantado a Kirchner, a sabiendas de que en Santa Cruz lo esperaba una acto de repudio de los petroleros.

Kirchner, que ya se sentía presidenciable, no esperó mucho su revancha: en octubre del 97, culpó a Menem por el triunfal debut de la Alianza. Y de paso exaltaría "la ratificación del pueblo de Santa Cruz" a su esposa Cristina luego de que en el Senado la separaran del bloque del PJ.

Se aproximaba el fin de Menem en el poder y Kirchner, que se declararía feliz con la fórmula Duhalde-Palito, sorprendió en febrero del 98: "Apoyaremos la chance de que Menem tenga su re-reelección". Pero fue una adhesión envenenada: "Siempre que antes haya una consulta popular, en la que yo voy a votar que no".


Lágrimas rubias.