jueves, junio 18, 2009

Chinos y buzones

Tendremos que exportar carne y trigo por la políticas erradas del matrimonio presidencial.

Por nuestro corresponsal en Shangai



¿No fue el modelo de valorización financiera de Martínez de Hoz lo que llevó a que la oligarquía disminuya el stok de cabezas de ganado durante la dictadura militar?


¿No es la ampliación de la frontera agropecuaria, junto con el avance de tecnológico y financiero en torno a la soja, lo que disminuye un bien finito como la tierra para desarrollar inversiones ganaderas que tienen una tasa de retorno demasiado normal para este capitalismo periférico, y no las rentas superiories que devuelve la soja?


¿No son los avances tecnológicos y financieros en torno a los fertilizantes y la siembre directa lo que vuelve innecesaria la rotación de cultivos, para la obtención de una renta abultada con un solamente un grano?


¿Ese grano no lo definen las multinacionales del rubro, a escala global, que son las que operan a partir del mayor valor agregado del conocimiento? ¿Ese grano no de lo definen los mercados financieros internacionales?


¿Qué es este cuento chino de los Don Zoila y la Matilde que nos quieren contar las patronales de los empresarios beneficiados por factores muy ajenos a su competencia?


Me tienen las pelotas un poco llenas, la verdad. Que mi amigo Nacho, del PCR, crea cuentos chinos, vaya y pase. Quizás la salida política a esta variable del peronismo que gobierna sea una revolución maoísta (yo tengo algunas que otras dudas), pero que personas que son bien de derechas, sin mayores preguntas existenciales, sigan inventando cuentos chinos es mucho. Posta.


Entre mi amigo Nacho que quiere un retorno a Mao, y la derecha del cuento chino que nos quiere vender que vivimos en un capitalismo estatista de partido único y autoritario, yo sé quién ganará la interna opositora y mostrará las verdaderas fauces. Y se quién se engaña con que habrá que pagar menos impuestos a las ganancias cuando resolvamos el Tema de la minería, y quiénes nos quieren vender, sin más y sin autoengaños, buzones grandes como una casa. Buzones chinos, que son tan grandes que si querés podés meter un chancho adentro. Y le das de comer carne o trigo, pero te sale más barato alimentarlo con soja. Al Chancho.

Y al buzón.


Ahora se retracta

Teniente General Marcelo Hadad, candidato del Partido PPR de Seineldín


Al lado de los peronistas de derecha, radicales, socialistas y el PRO, De Angelli hizo su arenga republicana, democrática, federal, tierna.

Meses atrás, el rapaz oportunismo de todos estos dirigentes, jamás hubieran osado cuestionar a estas recalcitrantes bestias de ultraderecha del "campo". Ahora, las cosas se aclaran (incluso entre los blanquitos) pero, aún así, arrastrados y humillados, los opositores se dejan mandar por sus jefes, las patronales, que van por todo. Que les dictan el discurso, que les dicen qué tienen que hacer y decir. Una verguenza, para la historia. Aún cuándo, prolijamente, en Informe Digital eliminen las brutalidades más extremas de De Angelli, conceptualmente, el discurso que establecen los patrones, desde el 11 de marzo del año pasado hasta ahora, es de una sinceridad que hubiera ruborizado a Uriburru, a Patrón Costas y a la más rancia y torpe oligarquía. Son de cuarta, de cuarta. Resulta que "su padre" le enseñó a arriar a los peones como vacas, y que ahora hay que solamente indicarles que voten y elijan, eso sí, en la interna opositora: porque si no los rajan del laburo. De cuarta, de cuarta. No te retractés, callate la boca; que cada vez que hablás la empeorás. La "prensa progresista" ya nos abe qué hacer para defenderte, dales una mano: callate la boca.

éL debate

No tengo nada para decir, ni me importa.
A lo sumo, me preocupa un poco que se tome tan en serio la parodia de la escribanía del ejecutivo, en formato Los Simpsons. Más allá de que, dos destacados estadistas independientes de las patronales, intelectuales lúcidos y superadores de la dinámica de pobreza de inteligibilidad de la media del periodismo, conduzcan tamaño evento magno.
Aunque sigo sin saber el nombre verdadero de este cuadro troskista que es Gustavo Silvestre.
De Marcelo Bonelli, en cambio, sabemos más: un tipo que dejó las prebendas de la militancia social en los movimientos populares, para sacrificarse en el Altar de mantener a la gente informada de lo que pasa.
Y nadie hace nada

Eva, visitalo en la oficina

De la Cámara de Diputados de la Nación, el 11 de diciembre.
Que ya estamos cerca del 20%.

¿Y quién puede reemplazarlo en la siesta santafesina de la radio, che?

Ya sé, una idea. Una tal....Roxana Itatí Latorre, que va a andar con muuuuucho tiempo disponible desde el 11 de diciembre.

miércoles, junio 17, 2009

Un día en la vida sin huida


A veces, de verdad, me da miedo doblar la esquina. A la noche. En una esquina cerrada. Pienso, con terror, que voy a encontrarme con alguien que conozco y no quiero ver. Nadie específico, alguien, qué se yo, no tiene rostro, tiene varios, no tiene razones profundas ni, acaso, valederas. Está ahí. No es una sombra. Es un miedo.
Así que espero que todos se vayan de la oficina para salir, caminar a las apuradas -sonreír si llueve y hace frío y las calles, resbaladizas, están vacías- y llegar a la parada. Un viaje ideal es un asiento, que funcionen las luces. Para después de cruzar el túnel poder seguir leyendo. Una novela de tapas blandas, una novela negra. O un informe económico, o un libro de historia.
Las tres cuadras en el barrio Candioti, estar en mi casa. Acostarme, leer, hasta que se haga de día.
Esperar la siesta, al otro día, para hacer el trayecto contrario. Cerrar las ventanas. El gas; regar las plantas; mirar la heladera.
Hoy estaba en la terminal de Santa Fe y me quedé pensando, frente a la puerta de vidrio.
Un día, hace mucho, pero mucho de verdad, narraba la pelea de una familia, las capas sutiles y nubladas de las discusiones familiares, desde la mirada de un gato debajo de la mesa. Solamente veía los zapatos y escuchaba las voces. El gato que contaba.
En eso pensaba y una colegiala amable me dijo: señor, la puerta no es corrediza. Y empujó la puerta. Ya lo sabía, conozco esa puerta. Solamente me detuve a pensar algo ya viejo. No le contesté nada, seguí pensado: la puta madre, ahora soy un señor. Un hombre mayor.
Que tiene miedo, a veces, y otras está sacado. Putea al viento, se arranca los pelos y mira por la ventana, el día que empieza puede ser igual que ayer.
Siendo, o no, un señor; el día va a ser como siempre. Y aunque, a las risas, con Eliézer, me acordaba que no en vano me las arreglé 31 años para no trabajar, supongo que nadie puede estar contento con ser solamente esto. En este lugar. En este momento. O en todos los momentos y lugares.
Supongo, y sé que me equivoco, que todas las caras que cruzo en la peatonal son de gente que también planifica la huida, que también sueña con mar abierto, con puertos lejanos. Que también sabe que adonde vaya seguirá siendo la misma; pero obcecada sueña, pergeña, insiste. Supongo, y sé que me equivoco, que es así.
Un día habrá un hospital. Una cama, un velador. Ya nada más para contar. Un día todo se va a acabar, se irá a la mierda, al olvido. La terquedad de estos dedos, que machacaron teclados. Las camas que me abrigaron y las que me olvidaron. La furia, y la prisa. Esa urgencia imposible por quedarse sentado a planificar la huida.
Supongo, y sé que me equivoco; que todas las gentes se sientan a la ventana del Viejo Paraná y miran, por calle Rivadavia, en el vidrio del bar, la película de cómo será el gran, inmenso, potente y magnífico robo sin testigos ni heridos a la sucursal del Banco Nación. Supongo que todos, si están en sus cabales, sueñan con robar un banco. Con esa plata meterse en los bares más remotos de Portugal, besar una camarera y después, escondido en el baño, prender un cigarrillo y preguntarse qué será de todos los oficinistas que, boludos como nadie, se quedaron a consumirse la vida en oficinas sin ventanas, con aportes previsionales y sueños destituyentes contra el jefe inmediato, esa vida pequeña, marchita, equivocada. Esa vida que llevó adelante mi abuela, mi vieja, su hijo. Esa vida que, hasta quién sabe cuándo, todavía llevo.

Ah!

Mariano T. ha dejado un nuevo comentario en su entrada "¿De Angelli tampoco representa al campo?":

No es así, hay que juntar las libretas, y encerrarlos en un galpón con guardia.

Me parece que se están dando cuenta


En 20 minutos, me llaman de Radio América, me voy unos pasos para atrás, y le digo a Gerardo Fernández: sacalos, me parece que se están dando cuenta!!!


-No, eran de Radio América, che. Querían saber si lo voy a votar a Pino Solanas.

¿De Angelli tampoco representa al campo?



Sentado a la mesa, entre Hugo Biolcati, Mario Llambías y Carlos Garetto,de Coninagro, Alfredo tomó el micrófono: “Yo sé que esto a mucha gente por ahí no le gusta”, y ahí no más lo dijo: “En el campo hay que juntar a todos los empleados en las estancias, subirlos a la camioneta y decirles claramente a quién hay que votar si no quieren fundirse”.

Tres o cuatro grandes temas


Soy de los que creen que los argentinos, si nos unimos, tenemos mucho para dar. Una tierra rica, gente buena, grandes talentos.

El problema es que los argentinos nos peleamos entre nosotros. Por política. El gran mal nacional. Si tuviésemos los políticos de Australia, de Canadá, de Sinaloa, esto no pasaría.

Yo siempre digo que los argentinos debemos juntarnos, en torno a tres o cuatro grandes temas. Consensuar, dialogar, mirar hacia el futuro -y no hacia atrás, con media justicia- y pensar políticas para el largo plazo.

Tres o cuatro grandes temas, propuestas para un diálogo fructífero, pero atacando los problemas de la gente de raíz:

-La falta de monedas.

-El clima de crispación.

-Los polémicos directores de la Anses en las empresas privadas.

Cosas simples, que hagan a la vida concreta de la gente. No chamuyos ni las peleas de siempre entre políticos. Que cada cual tenga la ideología que quiera, pero eso sí; pongámosnos de acuerdo en tres puntos básicos: 1) Terminemos con que el Congreso sea una Escribanía; 2) que vuelvan las conferencias de prensa de los presidentes; 3) no puede haber polémicos directores de la Anses en empresas privadas.

Todos juntos, argentinos y argentinas, y del conurbano también, porqué no, en una gran reconciliación nacional. Porque el que mata tiene que morir, más allá de que yo soy católico y estoy en contra de la pena de muerte.

Porque nadie hace nada, lo sabemos. Todos los días pasa algo y nadie hace nada. PEeeeeROOOO QUE NADIE HACE NADA DESDE HACE CUARENTaaaaaaaa AÑOS ME PARECE como un poco mucho, Conu, posta. Tres años, ponele. Seis, si sos tremendista. No sé, desde que la gente del interior que había votado por Cristina le perdió la confianza al gobierno, porque no cumplió sus promesas electorales de mayor institucionalidad, sanear el riachuelo y no meter directores de la Anses en empresas privadas.

Dicho con onda, positiva, pum para arriba y acostumbrándonos al país que viene, donde más allá de ideologías, o en tu caso que sos del Conurbano, más allá del color de la piel, de la educación y el glamour que tenemos la buena y simple gente del campo como yo, creo que los ciudadanos y ciudadanas de este país (y también, porqué no, nuestros hermanos latinoamericanos del Conurbano) y todos los habitantes europeos de buena fe que quieran venir a este suelo, debemos acostumbrarnos al país que viene, de diálogo entre dirigentes de diversos partidos y procedencias. Por un federalismo en serio, que incluya a Chicago y Sinaloa, es decir, a los sectores productivos. Posta.

Pero, te repito, cuarenta años, me parece una guasada.

Propia del Conurbano, donde está lleno de intendeeennnntes que tienen a la gente prisionera de rehén de un plan social y te matan y nadia hace y la gente está harta y re podrida de estos montoneros que quieren revancha y espíritu revanchista y la puta madre que los re mil parió. Me sacan de quicio, mirá.