
martes, agosto 04, 2009
chistes de velorios

Epa, epa, paremos la mano que todos están pateando el féretro. Y eso queda mal. Tranquilos, calma, que no todos los muertos están verdaderamente muertos. Esta es una película clase B, muy mala y berreta, de acuerdo. De ahí que los muertos que vos matáis gozan de buena salud, perejil.
Así que tranquilos, eh?
Según Reutemaaaan, de quién ni dudas caben que es un celebérrimo estadista de estado (vegetativo), “el peronismo es un terremoto”. Mmm, fea la metáfora. Demasiado maximalista y todos sabemos que Reutemaaaaaan es moderado, y bronceado. La moderación requiere temple, calma de espíritu, pero también una fina inteligencia para detectar los extremos inventados. Porque los extremos se inventan, chiqui. No queda otra. Son puestas en escena para disfrute de la platea, tan ávida de cotilleos y patadas en jurados de farándula pero en la política, chiqui, un ceremonial de mafia italiana. El poder es áspero. La política es tomar decisiones, defender intereses, favorecer a unos en desmedro de otros. Hasta el café que se toma en la Casa Rosada genera un adversario: la cafetería que quedó fuera de la licitación te vota en contra. La moderación es una pose, sofisticada en ciertos momentos del teleteatro político. Nada más, ni nada menos. El poder, ejercerlo, disfrutarlo, no llorarlo ni amargarse, es siempre más amargo que en la tele.
Acá no hay terremotos, porque la tierra jamás estuvo quieta. Acá hay una brutal inversión de los términos: el único presidente de los últimos 30 que arrancó su presidencia sin conversar con los gobernadores, sin invitarlos a los grandes actos, armándoles contras en cada provincia, hablando directo con los intendentes, negándose a recibir a la cúpula eclesiástica para estatal, a asistir a la rural y al tedéum católico militar, a ese se la están cobrando. Y era, de algún modo, inevitable. Acá no hay terremoto. Pasa que queda feo decir que los hijos se están peleando por la herencia de papá, porque papá está escuchando, postrado en la cama, convaleciente, pero no muerto. El peronismo siempre fue, en cierto sentido, una disputa por la herencia. Se sabe que algunos lo hicieron muerto a Perón antes de tiempo y se proclamaron herederos del curso inexorable de la historia, y otros, como López Rega, hacían gualichos para prolongarle la vida: no sólo masajearle la próstata, sino exorcismos sobre el cadáver.
La Patria Socialista y la Patria Peronista no fue la primera disputa por la herencia, el origen de todo este gran malentendido formidable es una disputa por el sentido: ya Cipriano Reyes escribió un libro sugestivo: Yo Hice el 17 de Octubre, se llamaba. El mariscal que cada peronista debe en sus genes contener conlleva una polémica sobre el sentido del peronismo. Antes se resolvió a los tiros. Dentro del sistema político todo, también. En buena medida gracias a Cafiero y Menem, tras la muerte de Perón, el movimiento por él creado se reencausó; se aceptó a sí mismo como partido, como parte. Tuvo que Alfonsín quitarle la virginidad, y la dictadura hacer mierda el estado de bienestar que simbólica y concretamente fundó el peronismo. Y procesar a Isabel, esa ingratitud de la historia que le quedaba grande hasta a la palabra Ingratitud, ni que hablar a la palabra Historia. No hay terremotos, de hecho, no pasa nada. Es lo normal en los partidos políticos, en las diversas coyunturas. La única novedad es que ahora la derecha, los acérrimos adversarios reales del imaginario peronista, juegan en su seno. Hay que escucharlo a Mariano Grondona, tan griego y con cara de boludo, estrujar las más perversas e inteligentes maniobras de operación simbólica: no son los zurdos infiltrados, compañero, los que joden la cosa; son los Macri y De Narvaez, el espectro de Álvaro Alzogaray que dejó, de puro terco nomás, la más inteligente lección para la derecha de este país.
Cuando Angeloz fue el candidato (forzado)de Alfonsín, cuando Duhalde lo fue (forzadamente) de Menem, cuando Alfonsín y Chacho Alvarez soplaron a De La Rúa, cuando Duhalde ayudó (forzadamente) a Kirchner, se estaba procediendo según los manuales de la práctica política real.
La sobreactuación de Busti, Schiaretti, Puerta, Romero, el columnista periodístico en las sombras Eduardo Duhalde; son las puestas en escena del próximo drama: con ustedes, el moderado. Si es que no se pudre todo. Si la cosa sigue así de tremendamente dramática y apocalíptica, pero mejor que normal para el estándar nacional; entonces, se viene el moderazo. Los balbuceos. La vocalidad restringida. Las editoriales melosas y profundamente tontas que suelen esgrimir Reutemaaaan y su espejo, Julio Cobos, otro celebérrimo actor que actúa como Mariano Martínez en las tiras de Suar: de sí mismo, y muchas gracias. No pidas más. Seguramente, en vivo y en directo, son así de aburridos, incultos y desapasionados como se muestran. Conservadores de puro haragán nomás, medidos de puro cagazo apenas, lúcidos para entender la flotación y necesidad de perdurar en la cima que requiere de una incalculable astucia diaria, digna de mención, sí, pues si una virtud sobresale de los dirigentes políticos de la A es su astucia.
De la Rúa fue el campeón de la astucia política: representó, mirá que joda, la Tercera Vía en la argentina, disciplinó a todas las corporaciones que integraron su gabinete original; lástima que no haya querido gobernar. Quiso representar a todos, y una cosa es querer gobernar a todos, otra es representarlos a todos: una quimera imposible. Esa es la diferencia con el otro gran astuto, Carlos Menem: Menem era astuto, pero audaz, Menem quedará en el tiempo, se lo discutirá, apasionadamente, no le faltarán, jamás, defensores ni detractores. Aún con este final gagá y lastimoso que hace acordar a Frondizi. El gran estadista de la demagogia, en su mejor acepción, el hombre que siempre supo aparecer como diciendo estos son los últimos días de la víctima, yo. Estaba gagá y decía boludeces ya de anciano, y dio lamentables espectáculos televisivos, pero eso ya nadie lo recuerda: lo mismo pasará con este Menem de Gran Cuñado. De La Rúa, nada. Peor que Isabel Perón: a ésta última se le niega hasta la astucia para llegar a la historia, De La Rúa la tuvo y por eso cargará siempre con esa indefinible culpa que a todos nos genera mencionar su nombre, ese malestar en la cultura, ese trauma de que nosotros, los argentinos, lo hicimos. Ese comodín tan insulso que agrandará la figura de Menem, cuando tenga su entierro masivo. De La Rúa será olvidado. Es clínicamente saludable considerarlo un boludo, archivarlo en un cajón y pasar a otra cosa. Siempre es triste la verdad cuando no tiene remedio. Mejor olvidarla.
No hay terremoto. Están disputando la herencia, es natural: son ambiciosos, desagradecidos, astutos, son como Kichner, en ese sentido, no jodamos. Si hubiera terremoto en los próximos días, no será ya en el peronismo: será en el país, y no por la eventual interna peronista, sino por los reflejos corporativos de otros compañeros, como los de la AEA y la Mesa de Enlace. Que quieren crear la noción de que el quilombo será hijo del daño que haga Kirchner para no dar un paso al costado. Más allá de que el kirchnerismo sea una fuerza política legítima y con muchísimos apoyos. Incluido mi humilde apoyo, y el de toda mi soberbia, que vale por dos. En este escriba ya van tres apoyos; fijate, alikate. Pero no es voto en cadena, sino esquizofrenia. Esa impostura, ese estiramiento imposible, esa fachada, forzada, que somos el kirchnerismo.
Los momentos históricos se empeñan en cambiar, no tanto por los grandes actores, los grandes astutos, los grandes personajes que se adaptan a cualquier cosa. Los momentos históricos suelen cambiar, vaya paradoja, por la terquedad de los que quedan solos. Por la perseverancia de los que creen, por la fe de los que aguantan. Es contradictorio, pero así sucede. O eso creemos los que creemos en las Madres que se reunieron en 1.977. Los que esperaron 18 años un avión negro. Los que nunca creyeron que en Latinoamérica habían muerto, suicidados, los Salvadores Allende.
Así que a no patear los féretros, que queda feo.
Y a no taparse la nariz con asco, porque el olor a muerto claro que es feo, pero todos morimos. Y siempre es triste la verdad cuando no tiene remedio. Pero no deja de ser una modesta y dura verdad.
Izquierdómetro
Aún esquivando las simplificaciones, si el peronismo es esquivo como identidad asible conceptualmente, ni que hablar la izquierda.
Una categoría que, por mérito o demérito de los dirigentes autotitulados de izquierda, representa, con suerte, el 5 o 6 por ciento del padrón nacional. Con lo cual, habría que decirlo: la izquierda no tiene cabida en nuestro país.
Una vez, me acuerdo, un concejal uruguayo del partido comunista me dijo, en Rosario, que el problema de la izquierda argentina era el peronismo. Obvio, claro. Pero lo que sigue me hizo encender una luz de alarma. En Uruguay, dijo, la izquierda tiene un fuerte desarrollo, porque no tuvo fenómenos como el peronismo.
En ese entonces gobernaba Menem en la argentina, y yo tenía muchas esperanzas en el Frente Amplio Uruguayo, ni que hablar en el PT brasilero, ya no tengo tantas. Menos que menos con la izquierda uruguaya.
Uno de mis mejores amigos es el candidato eterno del Partido Comunista en Entre Ríos. Ahora es kirchnerista, pero hasta el 2006, no. Es decir, en los mejores momentos del kirchnerismo. El caso es que entonces era insoportable queriendo construir un Frente Amplio argentino. Si había un lugar en el que una imitación a la uruguaya, en aquellos años, no era posible (y hasta desquiciado) era Entre Ríos.
El caso es que los dirigentes de partidos minúsculos, cuasi familiares (el PC no entra tanto en esta categoría por su larga tradición) están convencidos de “ser” la izquierda. Hay, ahí, hasta un problema ontológico: difícilmente la izquierda sea esencialista, y por tanto se pueda “ser de izquierda” en vez de “estar a la izquierda”. La izquierda debería devenir, quizás lo único que pueda “ser” es devenir. Y por tanto, interminable discusión: siempre será inacabable, quiero decir.
El caso es que, puestos en perspectiva, cada cual en esos espacios dirá si, el PCR y el MST con la Mesa de Enlace están a la izquierda del Partido Comunista, que estuvo en las plazas de mayo en defensa del gobierno (el secretario general, o presidente, no sé cómo se llama el cargo del jefe, de la Fede, estaba hablando conmigo mientras Luis D elía, al lado, se peleaba con el boludísimo de “Gonzalito”, el banana de CQC, en determinado momento, este amigo de la Fede, cambia el tono y sin tomar distancia de mí, de la charla, empieza a cantar a los gritos la consigna que coreaban un pequeño grupo del PC: “reforma agraria, la puta que te parió”. Todo bien, pero confieso que me dio un poquito de vergüenza, como que algo no encajaba. Ojo, por ahí soy yo el que veo mal la película).
O de una pequeña escisión del PC de los años ochenta, que se llaman Congreso Extraordinario y estuvieron y creo que están en el gobierno; o del partido Obrero que lanzó una tercera consigna: algo así como ni con la Sociedad Rural ni con el kirchnerismo, una consiga tipo revista Barcelona (que se pregunta porqué los garcas que están con la Mesa de Enlace y Clarín y Techin no se ponen de acuerdo con los garcas que están con las mineras y petroleras: es un muy buen chiste, convengamos. Eso sí, expliquenle a Pino Solanas, o a su novia brasilera, que se trata de un chiste), pero la Barcelona está escrita por neuróticos y para neuróticos, y es en joda. Bueno, por ahí el partido obrero también es en joda, quién sabe.
Convengamos que da como un poco de vergüenza, para quienes nos sentimos de izquierda, decirse, en este país, de izquierda. A mí que me perdonen, pero esa del socialismo tradicionalista de llamarse “de centroizquierda” me parece una pelotudez, ni que hablar la palabra “progresismo” que remite a Chacho Alvarez o a Terragno conversando con Paolo Rocca. Na, eso no.
Creo que siempre el problema hay que enfocarlo desde el lado del sujeto. Pero esto es complicado: no porque de este modo es difícil ubicar conceptualmente a Rucci o a Vandor en la derecha, o a Barrionuevo, sino porque también, algunos nacionalismos autoritarios europeos tuvieron, por lo menos en su génesis, un fuerte componente obrero. El facismo italiano, en este aspecto, se destacó. Tanto el facismo como el nazismo tuvieron, originariamente, un ala izquierda. Me viene a la mente el libro Mi Lucha, de Hitler, cuando cuenta su dura vida como obrero. No quiero complicarla tanto, pero en síntesis, y como provocación de un tema complejísimo, hubo más obreros en el ascenso del Duce que en el de Mao y, en cierto sentido, en los soviets leninistas.
Así que enfocar el problema desde el sujeto no siempre soluciona el problema. O sí, pero entonces hay que considerar que en determinados momentos históricos, digamos en la primacía conceptual de la dictadura del proletariado, la izquierda tuvo un componente autoritario central, de lo que deriva que a mayor radicalidad mayor autoritarismo interno. Y las nociones de vanguardia, de revolucionario profesional, de conciencia, han llevado también a estas pequeñísimas formaciones que, según los casos, pueden estar en veredas contrarias con las mismas consignas. Qué se yo.
Hay un viejo libro, previo al gobierno de la Alianza, lleno de ese optimismo revolucionario que generaba el entonces Jefe de Gobierno Fernando De La Rúa, que se llama “La Izquierda en la Argentina”. Entrevista a distintos intelectuales (la asesora de Graciela Meijide, la patética Beatríz Sarlo, muy de moda en esos años, dice algo patético: “yo no conozco ningún trabajador”. Divina total, chiqui; esta califica para un almuerzo con Mirta) y ahí, Martín Caparrós dice algo que cito más o menos como me acuerdo: “no me gusta decir que soy de izquierda por todos los errores y horrores que a lo largo de la historia ha cometido la izquierda, pero me gusta decirme de izquierda ante todos los tibios y los adversarios de la izquierda”. Siempre me acuerdo de esa frase, a mí que me da vergüenza, decir, que me siento de izquierda. Y no por las carteras de Cristina, la minería en San Juan y otras contradicciones de primer orden, sino precisamente por quienes jamás aceptarían que yo me diga de izquierda. Y me gusta decirme de izquierda por todos esos que están convencidos que yo estoy a la izquierda, y también las carteras de Cristina, el gobernador Gioja y la solapa de Polémico Moreno.
Una categoría que, por mérito o demérito de los dirigentes autotitulados de izquierda, representa, con suerte, el 5 o 6 por ciento del padrón nacional. Con lo cual, habría que decirlo: la izquierda no tiene cabida en nuestro país.
Una vez, me acuerdo, un concejal uruguayo del partido comunista me dijo, en Rosario, que el problema de la izquierda argentina era el peronismo. Obvio, claro. Pero lo que sigue me hizo encender una luz de alarma. En Uruguay, dijo, la izquierda tiene un fuerte desarrollo, porque no tuvo fenómenos como el peronismo.
En ese entonces gobernaba Menem en la argentina, y yo tenía muchas esperanzas en el Frente Amplio Uruguayo, ni que hablar en el PT brasilero, ya no tengo tantas. Menos que menos con la izquierda uruguaya.
Uno de mis mejores amigos es el candidato eterno del Partido Comunista en Entre Ríos. Ahora es kirchnerista, pero hasta el 2006, no. Es decir, en los mejores momentos del kirchnerismo. El caso es que entonces era insoportable queriendo construir un Frente Amplio argentino. Si había un lugar en el que una imitación a la uruguaya, en aquellos años, no era posible (y hasta desquiciado) era Entre Ríos.
El caso es que los dirigentes de partidos minúsculos, cuasi familiares (el PC no entra tanto en esta categoría por su larga tradición) están convencidos de “ser” la izquierda. Hay, ahí, hasta un problema ontológico: difícilmente la izquierda sea esencialista, y por tanto se pueda “ser de izquierda” en vez de “estar a la izquierda”. La izquierda debería devenir, quizás lo único que pueda “ser” es devenir. Y por tanto, interminable discusión: siempre será inacabable, quiero decir.
El caso es que, puestos en perspectiva, cada cual en esos espacios dirá si, el PCR y el MST con la Mesa de Enlace están a la izquierda del Partido Comunista, que estuvo en las plazas de mayo en defensa del gobierno (el secretario general, o presidente, no sé cómo se llama el cargo del jefe, de la Fede, estaba hablando conmigo mientras Luis D elía, al lado, se peleaba con el boludísimo de “Gonzalito”, el banana de CQC, en determinado momento, este amigo de la Fede, cambia el tono y sin tomar distancia de mí, de la charla, empieza a cantar a los gritos la consigna que coreaban un pequeño grupo del PC: “reforma agraria, la puta que te parió”. Todo bien, pero confieso que me dio un poquito de vergüenza, como que algo no encajaba. Ojo, por ahí soy yo el que veo mal la película).
O de una pequeña escisión del PC de los años ochenta, que se llaman Congreso Extraordinario y estuvieron y creo que están en el gobierno; o del partido Obrero que lanzó una tercera consigna: algo así como ni con la Sociedad Rural ni con el kirchnerismo, una consiga tipo revista Barcelona (que se pregunta porqué los garcas que están con la Mesa de Enlace y Clarín y Techin no se ponen de acuerdo con los garcas que están con las mineras y petroleras: es un muy buen chiste, convengamos. Eso sí, expliquenle a Pino Solanas, o a su novia brasilera, que se trata de un chiste), pero la Barcelona está escrita por neuróticos y para neuróticos, y es en joda. Bueno, por ahí el partido obrero también es en joda, quién sabe.
Convengamos que da como un poco de vergüenza, para quienes nos sentimos de izquierda, decirse, en este país, de izquierda. A mí que me perdonen, pero esa del socialismo tradicionalista de llamarse “de centroizquierda” me parece una pelotudez, ni que hablar la palabra “progresismo” que remite a Chacho Alvarez o a Terragno conversando con Paolo Rocca. Na, eso no.
Creo que siempre el problema hay que enfocarlo desde el lado del sujeto. Pero esto es complicado: no porque de este modo es difícil ubicar conceptualmente a Rucci o a Vandor en la derecha, o a Barrionuevo, sino porque también, algunos nacionalismos autoritarios europeos tuvieron, por lo menos en su génesis, un fuerte componente obrero. El facismo italiano, en este aspecto, se destacó. Tanto el facismo como el nazismo tuvieron, originariamente, un ala izquierda. Me viene a la mente el libro Mi Lucha, de Hitler, cuando cuenta su dura vida como obrero. No quiero complicarla tanto, pero en síntesis, y como provocación de un tema complejísimo, hubo más obreros en el ascenso del Duce que en el de Mao y, en cierto sentido, en los soviets leninistas.
Así que enfocar el problema desde el sujeto no siempre soluciona el problema. O sí, pero entonces hay que considerar que en determinados momentos históricos, digamos en la primacía conceptual de la dictadura del proletariado, la izquierda tuvo un componente autoritario central, de lo que deriva que a mayor radicalidad mayor autoritarismo interno. Y las nociones de vanguardia, de revolucionario profesional, de conciencia, han llevado también a estas pequeñísimas formaciones que, según los casos, pueden estar en veredas contrarias con las mismas consignas. Qué se yo.
Hay un viejo libro, previo al gobierno de la Alianza, lleno de ese optimismo revolucionario que generaba el entonces Jefe de Gobierno Fernando De La Rúa, que se llama “La Izquierda en la Argentina”. Entrevista a distintos intelectuales (la asesora de Graciela Meijide, la patética Beatríz Sarlo, muy de moda en esos años, dice algo patético: “yo no conozco ningún trabajador”. Divina total, chiqui; esta califica para un almuerzo con Mirta) y ahí, Martín Caparrós dice algo que cito más o menos como me acuerdo: “no me gusta decir que soy de izquierda por todos los errores y horrores que a lo largo de la historia ha cometido la izquierda, pero me gusta decirme de izquierda ante todos los tibios y los adversarios de la izquierda”. Siempre me acuerdo de esa frase, a mí que me da vergüenza, decir, que me siento de izquierda. Y no por las carteras de Cristina, la minería en San Juan y otras contradicciones de primer orden, sino precisamente por quienes jamás aceptarían que yo me diga de izquierda. Y me gusta decirme de izquierda por todos esos que están convencidos que yo estoy a la izquierda, y también las carteras de Cristina, el gobernador Gioja y la solapa de Polémico Moreno.
Juventud,revuelta y delito
Las imágenes de un trabajador asesinado por un menor que pretendía robarle casi nada resultan insoportables desde una sensación compartida: solo un sociedad profundamente banalizada produce muertes banales o, si se quiere, solo los monstruos engendran monstruos.
El primer mecanismo defensivo es desconocer como hijos propios a esos adolescentes, victimas de frustraciones insondables y victimarios de cualquiera. Rápidamente se los ubica como ajenos, como hijos de otros, de una sociedad que no es la nuestra, de extraños mundos que apenas se rozan con el nuestro para someternos a una furia delictiva que viene de otra parte.
Entonces se pide cárcel, represión, disminución de la edad de imputabilidad. Se sabe, ninguna comunidad demanda con gritos y movilizaciones que sus propios hijos sean detenidos. Por eso lo esencial es desconocerlos, negarlos, considerarlos como errores genéticos o culturales, como fantasmas diabólicos que atravesaron un muro detrás del cual deben volver para no salir por otra puerta, para no salir más.
El segundo mecanismo muestra la pretensión de superar el tribalismo refugiándose en el discurso jurídico. La demanda de cárcel se mantiene, pero ahora se dice que los jóvenes deben ser sometidos a un juicio con todas las garantías, que no pueden quedar sometidos a los paternalismos de un juez.
Los más lúcidos aclaran de inmediato: la disminución de la edad de imputabilidad para que los jóvenes gocen de sus garantías constitucionales, no tiene relación con las causas del delito . Se explica lo obvio, la ley penal es escasamente pedagógica . La Razón Jurídica resulta operativa si se apoya en un consenso moral establecido, en un principio de autoridad reconocido, en la fuerza de la Ley, no la pequeña ley penal, sino la gran Ley de la cultura.
No importa que existan concepciones morales o penales en pugna. Muchas veces han actuado códigos opuestos, el oficial y el popular; de no ser así Robin Hood no había llegado a ser un héroe. Pero la ley popular jamás permitió robar a ancianos indefensos, violar mujeres o apropiarse de bienes comunitarios.
El discurso político vulgar pretende explicar el desfondamiento y la desaparición de las normas básicas, recurriendo al tema de la droga, la extrema pobreza o la existencia de jóvenes que no estudian ni trabajan.
Si bien estas son situación que merecen atención, los estudios empíricos demuestran que la mayoría de los jóvenes que delinquen no provienen de los sectores indigentes. También señalan que la gran mayoría no lo hace para consumir drogas.
La Universidad de Córdoba estudió todos los casos de jóvenes que pasaran por los tribunales cordobeses durante 2006 y 2007. Siete de cada diez robó para comprarse bienes que otorgarían prestigio, como celulares o ropa. El estudio comprueba que la mayoría provine de la “clase media baja”, es decir de hogares con ingresos de dos mil pesos. El 70% de los hechos no fueron violentos. De los que actuaron bajo efectos de estimulantes, la mayoría estaba alcoholizada y solo un 7% había consumido cocaína.
Pensar políticamente el problema supone reconocer su complejidad, exige recurrir a los conocimientos que nos aportan varias disciplinas y nos obliga a ser atentos escuchas de diversas visiones sobre el problema.
El último trabajo publicado por Julia Kristeva *, por ejemplo, nos recuerda la importancia de tener siempre en cuenta las viejas pistas halladas por Freud.
Kristeva vuelve a decir que el adolescente es alguien con una profunda necesidad de creer. Realmente cree en la existencia del objeto del deseo, está convencido de que debe existir el Objeto Ideal. La unión entre el yo y el objeto, acompañado de la certeza de que se deben superar los entornos insatisfactorios, lanza al adolescente a la construcción de una variante idealizada, paradisíaca, donde es posible la satisfacción absoluta.
La adolescencia escapa de la infancia en el momento en que el sujeto se convence de que hay otro ideal para él, ya se trate de la pareja, del ideal profesional, religioso, político o ideológico.
Allí la sociedad, no existiendo ningún rito de iniciación, debería poner a disposición del joven los modelos, los relatos fundamentales, los sistemas ideológicos, los dispositivos de pensamiento o las religiones. El joven debe construir un programa narrativo donde su existencia imaginada le posibilite un recorrido sintáctico transitable para que pueda pasar de ser un sujeto virtualizado a uno actualizado.
Esto nos permite interrogarnos acerca de lo que sucede si el discurso dominante, semánticamente enflaquecido, establece como prohibición excluyente la de fracasar en las tres relaciones virtuosas: relación con el dinero, relación con el sexo y relación con el éxito económico y social .
¿Qué sucede si el paraíso buscado se seculariza en un espectáculo comercial que ,como señal de felicidad y salvación ,apenas ofrece objetos de consumo ? ¿Qué sucede cuándo se oculta que la felicidad no existe sino al precio de una revuelta estética, política, científica o amorosa?
El 1° de Mayo un festival de rock punk, organizado por jóvenes anarquistas, fue duramente reprimido en la ciudad de Buenos Aires. Naturalmente se produjeron daños en comercios de la zonas. Entrevistados por canales de “noticias”, muchos de los vecinos sólo emitían descalificaciones y agravios hacia los jóvenes.
El mundo de esos adultos, incapaz de alentar la imaginación de otros mundos posibles, convocando al desprecio y a la represión a los que intentan cambiar el que tenemos, temeroso hasta el pánico de cualquier síntoma de revuelta, ese mundo fabrica desesperación, frustración, anorexia y delito.
* “Esa Increíble Necesidad de Creer”, Roma, 2006; Buenos Aires, 2009, Ed. Paidós.
Federico
Patria o Muerte: Hasta el mediodía siempre

No sé qué opinará Fernando, pero la cosa ya no es la misma. Tengo los hombros cansados, habrá que grabar de tarde para que no me entusiasme demasiado. Igual, ojo, vengo algo baqueteado. Más avinagrado y cínico, ponele. Pero también medio podrido. Con menos pelos en la lengua y en la cabeza, con más panza.
Sinceramente, no me gustaría estar en el lugar de mis adversarios.
Mi abuela tiene razón cuando habla, despectivamente, de los resentidos sociales. Pero, pobre, mi gran abuela, jamás se imaginó tener un nieto así. Y tiene, encima, varios. Resentidos sociales, les llama.
En fin, ya vamos preparando el blog nuevo con Fernando, aunque seguiremos cada cual con el suyo, más personal, por supuesto.
Y ninguna corbata.
Pero, bue, ya estamos en la etapa de la resistencia, la pelea por esas locas cosmovisiones tendrá más lugar en el periodismo que en los escritorios. Y para que lo sepas: odio, profundamente, ese periodismo banal, de dos campanitas, tilingo, suprahumano. Tengo un mail genial de Mario Wainfield contándome su visión personal del periodismo. Me inspira más.
Se viene una nueva etapa, qué se le va a hacer. Luces y maquillaje. Yo no la elegí.
Voy a tener que trabajar.
Pero resentido, enojado por esa injusticia.
Hijos de su madre.
Eso sí, tengo mis principios: de ningún modo y bajo ninguna circunstancia, cipayos entregadores, me harán levantar antes de las doce del mediodía. Las doce. Es mi última concesión.
Y prometo divertirme.
Hasta quizás me amigo con Diego F.
Grandes valores del tango

Entonces salgo de la ducha, pensando en almorzar, acostarme y dormir hasta dentro de quince días. Me miro en el espejo, me reconcilio, casi que me quiero, y levanto un brazo y el cepillo de dientes se cae al piso y no puedo mover el brazo: un dolor me trepa por toda la columna, me sorprende, me deja quieto, paralizado. Todas las descripciones obvias, digamos, pero vividas de verdad, en vivo y en directo, en mi espaldita, en mis pobres hombros de duro trabajador, en mi sensibilidad exquisita, en mi refinamiento intelectual, en la extensión maravillosa que soy, en suma, toda esta humilde humanidad, húmeda tras la ducha, se ve sacudida por un dolor insoportable que apenas si me alcanza para tirarme en la cama y gritar, urgente, exigir, inmediatamente, la presencia de mi mamá. (No había resultado muy machote, al final, para semejante ego: cosas que suceden, viste vos, pero mejor no se lo cuentes a nadie).
Y ahí, entonces, me quedé. Mirando el techo, la mancha de humedad, una vida vivida esperando que algún acontecimiento grande, imprevisto, arrollador, se presente. Esperando, en vano, que alguien sepa, ponele mis vecinos, que soy, sin más, genial, superior, por lo menos, al muchacho que paga las expensas, hace la cola para pagar los impuestos, lee en el diario qué es la vida de los productores de forraje, esas cosas.
Nada.
Un vecino, independiente, autónomo, que se marchita, eso nada más. Grandecito para madrugar tanto, todavía un pendejo para tantas pretensiones. Qué vida de mierda. Ahora que lo pienso, con el cuello duro, no he sido una celebridad televisiva, no me destaqué en el fútbol, no pude superar la prosa inigualable de mi mejor adversario (que, encima, lo estoy leyendo y realmente es muy bueno y, odio confesarlo, pero el Síndrome de Rasputín es una gran novela de Ricardo Romero) ni pude, siquiera, ser elegido delegado de curso durante la secundaria. Si me tocara morir, apenas, mi dios, apenas tengo una tarjeta de crédito (a punto de ser cancelada) y un par de secretos y un trabajo de mierda: no he desplegado mis mayores encantos, todavía, por muchos bares, no he sacudido la cristiana conciencia de mi pobre madre ni he logrado, sabelo, nada de lo cual sentirme orgulloso. ¿No habrá, alguna fulana por ahí, que me reclame la paternidad de un pibe y qué, sigamos, ahora esté jugando en el sub 20 o sepa por terceros que su padre abandónico es en el fondo y si se le da la oportunidad, uno como esos héroes de las películas? ¿Habrá en esta tierra alguien que me quiera, una valija con tres millones de dólares debajo de un puente para que yo la encuentre, un poco de emoción en algún lado, un cacho de gloria, algo que me saque esta cara avinagrada, esta insolencia tristemente pequeña, esta vanidad sin respaldo? Mi dios, las cosas que uno piensa cuando está a punto de llegar al reino de los cielos. Pará, es sólo un dolor de espaldas: quizás, más que un examen de conciencia, tan drástico y pomposo, la situación amerite un ibuprofeno. Y a otra cosa, mariposa, a volar por las flores y consumir el polen de las metáforas más vulgares ya escritas por Andrés Calamaro, que al fin y al cabo, todos, los que están afuera disfrutando de sus espaldas puras, calladas, bronceadas, esa gente, fijate, también tiene una vida de mierda, son socialistas liberales, pagan sus impuestos, miran la televisión, sueñan con cosas grandes, se escabullen los domingos, pinchan a sus hijos con sus frustraciones, hacen testamentos, pagan al médico, se mueren, se lloran, se casan, se traicionan, todo eso. También suman un montón de problemas menores, cotidianamente, para tener la sensación fresca de resolverlos y que, así, ves, la vida, pasa como si no pasara. Ahgh qué alivio, terminé de pagar la heladera, uh, qué bien: no me vio el zorro hablando con el celular, vaya: qué sorpresa, sacamos treinta pesos en la quiniela y che, no sé si te conté: mi hija se recibió, antes de suicidarse, de odontóloga. Qué lindo sería levantarse un día y tener vocación de odontólogo. Mi dios, este dolor me hace delirar, pensar boludeces: si pudiera, ay si pudiera, sabrían todos, a ver: que se levante el mundo y me aplauda, ¿qué mérito podría tener, mientras espero que pase el dolor y trato de dormir y no llamo, por algo de orgullo en esta castigada espalda, a mi mamá? ¿Se puede vivir, en serio lo digo, sin ser famoso? ¿Qué sentido tiene? Podría sacar la escopeta y tirarle a los que pasen por el balcón, podría amenazar con una bomba, por Alá o por Bergoglio o porque Carlitos Balá nunca mencionó mi chupete en su chupetómetro, pero sería lo mismo, sería nada, sería jugar al maldito siendo ya un poco grande para esa boludez, vamos, querido, estás por recibirte de boludo y ahora te vas a hacer el más malo de todos. Dejate de joder, acostate a dormir. Ya se te va a pasar. Vas a comer una pizza con doble zeta y ponele una cerveza una sola zeta una sola cerveza que el mundo se desparrama con tus amigos un sábado a la noche, te vas a olvidar de todo, tendrás esas emociones chiquitas, delgadas, y tendrás, de cuando en vez, algún resfrío, un dolor de cabeza, cáncer de pulmón sino fumás menos, saldrás a caminar, engordarás, adelgazarás, cobrarás un sueldo, quizás, porqué no, un aguinaldo: una vida llena de emociones y aventuras como siempre soñaste, uau, las chicas que te amaron deben estar arrepentidas, los amigos a los que les debés plata deben estar pensando que quizás se equivocaron, bien, bien, una vida, célebre, inolvidable, no has sido prófugo ni has naufragado en islas rutilantes, puede ser que al final no se de el trío con las caribeñas, quién sabe: acaso pases sin figurar en los próximos libros de historia, pero lo sabés bien, lo que importa, muchachos, es el presente, este presente inmenso, tirado en la cama, pensando en la tarjeta de crédito, en mejorar el celular, en escribir un post lleno de copas y putas y viajes alocados en cruceros locos, mientras tomás, con agua tibia, un ibuprofeno y apagás el teléfono y tratás y no podés dormir y sabés que, en algún lugar, en algún rincón, antes de apagar la luz, has molestado lo suficiente para que por lo menos una persona piense en vos antes de acostarse y, con suerte, dormir. Será un comisario de barrio, será una ya mujer casada, será un profesor borracho, o será, nomás, tu mamá, pero alguien siempre hay, en algún lugar, en alguna parte. Mientras seguís y siguen, todos, y qué.
lunes, agosto 03, 2009
teoría del Derrame

Muy lindo que, por primera vez en tanto tiempo, las ráfagas del huracán de la crisis internacional no nos hayan, hasta ahora, derribado. Una multicausalidad de factores (no todos méritos del Gobierno, sí que muchos) nos llevaron a este raro escenario de relativa fortaleza interna -en comparación vertical con nuestra historia inmediata, en comparación horizontal con los países regionales-.
Esa situaicón económica se combina con dos datos: la voracidad de la mansa vaca lechera que vive de la teta del estado cuando la vaca está flaca y del mercado cuando engorda; y el derechazo que insunfla los ánimos de corporaciones muy patriotas como AEA, ADEPA, UIA, CEA, SRA y MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores, junto al campo y por la patria trasnacionalizada, como el patriotismo de Techin).
La inminencia de una crisis política y la falta de acuerdos en el conglomerado de la centroderecha es lo que frena, por ahora, intentos de embestida final contra el gobierno.
De este cóctel, queda claro que no existen condiciones políticas, culturales, económicas ni astrológicas para políticas expansivas que superen las limitaciones que ya hace un tiempo han mostrado las desplegadas por el neodesarrollismo no sólo nacional, sino sudamericano. Dicho en criollo: el casi 10% de desempleados, el 25% de pobres, el casi 10% de pobres indigentes, están recontrajodidos.
Sólo los ayudará Monseñor Aguer, Hugo Biolcatti y el PCR; pero como la experiencia histórica indica que estas entidades que operan en las sombras no son muy -que digamos- de fiar para estos sectores, hay que decirlo con todas las letras: tamos jodidos.
Recontra jodidos.
Echesele la culpa a quien quiera, pero más allá de los distintos voluntarismos, acá hay limitaciones estructurales que operan por izquierda y por derecha, por arriba y por abajo, y tienen que ver con el poder (y lamentablemente, cierto opaco prestigio) de las corporaciones, y con una inmensa, inmensa derrota cultural que lleva, por lo menos, 30 años.
Si no superamos el estadio de absoluta minoría cultural, más allá del circunstancial clivaje del kirchnerismo, entonces, señores patriotas, amas de casa, tamos jodidos. Muy jodidos.
Nos queda, solamente, la teoría del derrame. De lágrimas.
Esa situaicón económica se combina con dos datos: la voracidad de la mansa vaca lechera que vive de la teta del estado cuando la vaca está flaca y del mercado cuando engorda; y el derechazo que insunfla los ánimos de corporaciones muy patriotas como AEA, ADEPA, UIA, CEA, SRA y MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores, junto al campo y por la patria trasnacionalizada, como el patriotismo de Techin).
La inminencia de una crisis política y la falta de acuerdos en el conglomerado de la centroderecha es lo que frena, por ahora, intentos de embestida final contra el gobierno.
De este cóctel, queda claro que no existen condiciones políticas, culturales, económicas ni astrológicas para políticas expansivas que superen las limitaciones que ya hace un tiempo han mostrado las desplegadas por el neodesarrollismo no sólo nacional, sino sudamericano. Dicho en criollo: el casi 10% de desempleados, el 25% de pobres, el casi 10% de pobres indigentes, están recontrajodidos.
Sólo los ayudará Monseñor Aguer, Hugo Biolcatti y el PCR; pero como la experiencia histórica indica que estas entidades que operan en las sombras no son muy -que digamos- de fiar para estos sectores, hay que decirlo con todas las letras: tamos jodidos.
Recontra jodidos.
Echesele la culpa a quien quiera, pero más allá de los distintos voluntarismos, acá hay limitaciones estructurales que operan por izquierda y por derecha, por arriba y por abajo, y tienen que ver con el poder (y lamentablemente, cierto opaco prestigio) de las corporaciones, y con una inmensa, inmensa derrota cultural que lleva, por lo menos, 30 años.
Si no superamos el estadio de absoluta minoría cultural, más allá del circunstancial clivaje del kirchnerismo, entonces, señores patriotas, amas de casa, tamos jodidos. Muy jodidos.
Nos queda, solamente, la teoría del derrame. De lágrimas.
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