miércoles, agosto 19, 2009

Son todos ladrones


La frase me quedó rebotando.

¿Es el dinero, más aún, es el dinero obtenido de forma ilícita, el leit motiv de Todo el oficialismo? La mera pregunta rebela la simplicidad del enunciador y su escala de valores. Ni vale detenerse.

"Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde "sí ", entonces sabes que es corrupto"; la sentencia de Groucho Marz acaba el tema.

Hay otra cosa, anterior, más interesente. La necesidad, irrefrenable, la pulsión, de juntar al "kirchnerismo" en una totalidad; quizás como modo de destotalizarse; quizás.

A ver; no es casual; que los opositores más radicalizados, tengan una especie de obstinación loca por agrupar un conjunto variado y disperso que no coincide con quedar al lado de el conglomerado de opositores rabiosos. Para ellos, todo eso es "K"; en sus distintas graduaciones: ultras o críticos (bueno, son dos graduaciones, el pensamiento facilista es así de torpe).

¿Es la reacción a la política agonal, a la crispación que produce el oficialismo? Es un modo de ver las cosas, propia de esos opositores rabiosos.

Pero, supongamos que es así. ¿Qué tiene de malo?

En términos republicanos, nada. Las nociones republicanas no fueron creadas para evitar la crispación o la polarización; sino para encauzarla. Es decir, partían de la premisa de que el conflicto y los reagrupamientos se tornaban inevitables: se crearon los mecanismos para saldar esas diferencias; pero no atomizarlas ni extremarlas; reagruparlas en conjuntos mayores de modo de diluir las posiciones más radicalizadas que niegan el Otro; y a la par, dotarlas de mayor legitimidad.

Sin adversarios no hay instituciones. Ni república.

La polarización es un momento en esa relación adversarial. Un momento táctico.

No siemrpe es conveniente.

Ni para el kirchnerismo (como demuestra la práctica del oficialismo en la Cámara de Diputados, ciertos momentos consensuales optimizan los instrumentos de cara al objetivo a conseguir) ni para la oposición. O las oposiciones. Y los kirchnerismos.

No hay que hacerse muchos dramas.

El punto es entender cuándo no conviene y en qué temas polarizar; y cuándo sí.

En el campo opositor; cuando TNmbaum se autopromociona, al grito desencajado de señora gorda "son todos ladrones" se hace un favor interno a su carrera y a la empresa de la que es empleado (del mes); y le hace un inmenso favor al oficialismo.


martes, agosto 18, 2009

Re clara, eh!


En un mail titulado "Algo va quedando claro"; Raúl Degrossi narra sus certezas:





No hay que votarlo a Kirchner porque es el candidato de Duhalde y lo maneja la mujer

No hay que pagarle al Fondo porque esa plata hay que usarla para los pobres

No hay que dar planes Jefes y Jefas de Hogar porque eso es clientelismo

No hay que canjear la deuda con quita porque nos caemos del mundo

No hay que regular los precios y la economía porque eso ahuyenta la inversión extranjera

No hay que permitir que vengan de afuera a quedarse con el agua, los glaciares, el petróleo y los pibes de 13 años que juegan bien al fútbol

No hay que llamar a paritarias porque los aumentos de sueldos traen inflación

No hay que hacer obras públicas, porque es guita que va a parar a la caja de De Vido

No hay que cobrar retenciones, porque la plata nunca vuelve en obras al interior

No hay que votarla a Cristina, porque la maneja el marido

No hay que apoyarse en Moyano porque es estanciero

No hay que tirarse contra el campo, porque se enojan los estancieros

No hay que rodearse de los intendentes del Conurbano, porque son impresentables

No hay que armar la transversalidad con los progres, porque son todos unos forros gorilas

No hay que recostarse en el PJ, porque es una estructura corrupta y viciada

No hay que aliarse con los radicales K, que son unos inútiles

No hay que pelearse con Cobos, que tiene buena imagen en la gente

No hay que estatizar las AFJP porque Boudu es del CEMA

No hay que subsidiar las tarifas, que el que consume más, pague más

No hay que aumentar las tarifas, el tarifazo es injusto, que sigan los subsidios

No hay que ser autoritarios, hay que dialogar

No hay que dialogar, es una trampa del gobierno

No hay que cambiar la ley de medios porque es una pelea del gobierno con Clarín

No hay que sacarle el negocio del fútbol a TyC porque Grondona es un mafioso

Por lo menos, lo que no hay que hacer está re claro ¿no?.
Raúl

¿Quién oculta información a quién?




La edición de hoy de clarín es impecable. Dos títulos (clik para agrandar) un cachito contradictorios.






Blógsfera argentina



El gráfico que se ve acá arriba (con un click se amplía) fue hecho por Elemaco. A través de un mecanismo probadamente complejo (es decir, que yo no entiendo) rastreó 500 blogs y sus enlaces de entrada y salida para organizar la composición y redes internas de la blósfera argentina.

Como se puede observar; la ubicación es a la vez un mapa claro de las coordenadas ideológicas de la sociedad toda: la mayoría de los abogados son tipos de izquierda venidos a menos, los economistas son de derecha y están allá arriba, la peronósfera (donde está inflitrado este blog neomarxista) a la derecha y los libertarios que hacen oír su voz contra la diKtadura ejemónica -con el eje en Mónica: aunque nosotros, partidarios de la diKtadura, desconozcamos quién es Mónica- al centro moderadamente a la izquierda.

Acá se puede leer el trabajo completo.

Los blogs mueren un cacho


Tras varios días de cuestionarme la razón de un descanso; que cansa más que, por ejemplo, tomarse, a secas, un descanso; hay tanto para leer...
El domingo, por ejemplo, me quedé con Los Perros de Riga y unas películas. Solamente Página 12 compré, porque lo hago por reflejo, desde hace décadas, nomás. Los ilegibles diarios sojeros de Entre Ríos y Santa Fe, ni ahí. Y el habitual La Nación, tampoco. Las noticias rojas de Crónica y el Popular, mi secreto encanto perverso, descansaron. Y Perfil, el diario que publica cualquier huevada, fue reemplazado por chistes de gallegos y una película francesa (igual de mala). Esta abstención ni siquiera fue dura; aunque sí me tuve que retorcer las manos imaginando el Clarín.
Ahora se me junta todo. Y hay mucho; hace rato que no hay mucho para leer: matices, risotadas, sorpresas; reacomodamientos. Aún para tipos que no son profundos pero leen mucho, como yo, la voz monocorde del escándalo; ese género de escritura en que se ha convertido el periodismo, ya me venía aburriendo. Ahora, de pronto, reaparece la diversidad. Por razones claras: volvió la política, la que nunca se fue, al terreno donde no estaba permitida. En el corazón financiero del la empresa que controla la Asociación Empresaria Argentina, apareció un estilete. La diversidad, a veces desencajada, trucha, vulgar; a veces más sorprendente, otras profunda, es una novedad desde hace más de tres o cuatro años.
Cuando vuelve la polémica, los blogs se achatan un poquito; pierden algo de necesidad.
Es una buena noticia.

Canadá es un país serio, no como acá, Capusotto!!

Andrés ha dejado un nuevo comentario en su entrada "En los países serios.":

Buenas Lucas,Super interesante el tema.


Lo vivo seguido por acá.


A veces es grotesco escuchar las cosas que muchos inmigrantes de países pobres dicen por aquí.


Comparto algunos diálogos:

1) Un amigo uruguayo va al médico por un problema en la columna. Pasa 7 horas esperando que lo atiendan y el médico lo despacha en menos de 10 minutos, dándole para tomar 8 pastillas de un analgésico que cuesta... CAD 200! (o CAD 100 con cobertura de medicamentos suplementaria)
El tipo sale furioso de la clínica, lanzando improperios contra lo que se tuvo que aguantar, entre varias cosas haber perdido el día de trabajo. Hasta que en un momento escupe el "esto ya parece Uruguay!". Yo le menciono que así siempre fue Canadá, que el sistema de salud deja bastante que desear, que no lo vemos porque sólo vamos al médico cuando hay una urgencia.
Él responde con la frase comodín "pero este es un país serio..." como si cosas así no deberían pasar simplemente porque es un país económicamente desarrollado.


2) Discusión en la casa de una pareja amiga (furibundamente anti K)
Él dice "Estos delincuentes cambian las fechas de las elecciones para cuando quieren y lanzan ese esperpento de las candidaturas testimoniales!".
Yo les comento que Macri adelantó las legislativas para el mismo día, que lo que vale para Macri o Binner también tiene que valer para los K, lo mismo la candidatura de Michetti respecto a la de Scioli.
Ahí el diálogo cambia abruptamente a "Acá en Canadá los políticos respetan las leyes".

Yo les recuerdo que el actual primer ministro Harper cambió abruptamente la fecha de las elecciones federales para octubre 2008 porque se le venía la noche con la crisis económica y no quería pagar los platos rotos en abril 2009, con el agravante que el mismo Harper, conservador respetuoso de la "transparencia", había hecho aprobar una ley de elecciones en periodos fijos (la constitución canadiense permite al PM disolver el parlamento y llamar a nuevas elecciones).
O sea, el tipo violó el espítiru de la ley que él mismo había hecho aprobar para mostrarse como más "pulcro" que sus opositores (quienes hacían y deshacían parlamentos), todo para beneficio personal. Luego mencioné que ese es un mal "nacional", porque un opositor, el PM provincial de Quebec, Charest, hizo lo mismo pero 2 meses más tarde, en diciembre 2008 para las elecciones provinciales.
Esta persona me mira y me dice "Sí, pero Canadá es un país serio". En ese momento la conversación pasa a otro tema, porque es evidente que la fijación a la imágen de lo que Canadá "debe ser" por ser catalogado como país serio impide discutir con cierta racionalidad.


Lo triste es que muchos prejuicios basados en que "acá se respetan las reglas" da lugar a muchos abusos, estafas y robos a gente que por ignorancia piensa que se puede bajar la guardia porque "acá te respetan".



Saludos,Andrés

Clarin

Nota 1

Nota 2

Nota 3

lunes, agosto 17, 2009

En los países serios.

Será en todos los países, será un signo de los tiempos, será algo natural en países jóvenes? ¿Porqué esa ansiedad por compararse con “otros países del mundo”? A ver: el provincianismo, me parece insoportable. El particularismo, en su versión de ontología conservadora o en su modalidad posmoderna; también.

Cierto situasionismo puede ser entusiasmante; es más, hasta necesario. Cierta perspectiva, sobretodo regional, inevitable. Ciertos estudios, fundamentalmente en contraste del tercer y primer mundo, iluminadores.

Pongamos un ejemplo; rápido, medio azaroso: ¿es justo predicar la ecología de sentido común mirando a los Estados Unidos y no, por ejemplo, a los Tigres Asiáticos? A mí no me parece justo.

Ahora bien, cualquier tipo con cierta curiosidad elemental entiende que “el mundo” es diversidad. Que cualquier tema, discutido a partir de “lo que pasa en el mundo”, es un poco naif. “Lo que pasa en el mundo” para los superpoderes, los derechos aduaneros, la política de estupefacientes, la construcción en pilotes, nunca es una sola cosa. Y cada interés, sea ideológico o material, tendrá de sobra abundantes ejemplos de su visión local ya realizada “en el mundo”.

Un modo de posicionarse internamente es mentar ciertos países y ciertas épocas, del pasado o del futuro (ambos son, sin inventario del rigor, construcciones simbólicas). Lo hacen los neoliberales, los conservadores, los izquierdistas, los liberales, los nacional populares. Es legítimo; está claro. En ciertos casos, es alienante; en otros, abre la imaginación. En otros casos, opera como chicana: la más común, afín a ciertos creadores de campañas electorales, es endilgar “chavismo”. O bien, “imperialismo”. Existe el chavismo y existe el imperialismo, y existen también los intereses nacionales; muy frecuentemente asociados a los intereses estatales de cada nación. Y cada nación tiene, cada vez más, intereses que superan, se diseminan o se pierden en los márgenes acotados del estado de cada nación. Pero ese es otro tema. O no: quizás un reflejo, o una causa; de esta ansiedad por “lo que pasa en el mundo”.

A mí me sorprende, de verdad. Entiendo que debatir de este modo tiene un indudable interés de clase. Entiendo que hay clases sociales que odiarían verse en donde algunos creemos que deben mirarse, en sus intereses, accionar y comportamiento: en Bolivia, en Sudáfrica, en la región Vasca. Entiendo que algunos crean que hay que vernos en Venezuela, en Brasil y China en el mejor de los casos, en Rusia en otros.

Pero siempre hay un “algo” que no agota el problema, que quizás, apenas, lo ilumina, y no más. Sin embargo, supongo que hay que estar muy metido en los debates de “otros países” –como si alguien pudiera agotar la nómina, como si cualquier selección no implica a priori un sesgo ideológico que a su vez condiciona la mirada sobre ese país y ni que hablar sobre lo que de nuestro país se quiere decir- para conocer si sucede en otros lados; si esto es aplicable a naciones que fueron colonias, a naciones con guerras civiles sin cicatrizar, puertocéntricas por un lado y productoras por el otro; o bien si se debe a la raíz latina, hispánica, católica; o al tercer mundo; o a los términos de intercambio; o a la teoría de la dependencia o a un patrón latinoamericano; en fin; no sé. Quizás suceda en todos lados. Quizás, no.

sábado, agosto 15, 2009

La pobreza

La actitud caritativa puede o no ser una característica asociada a la religión católica. Pero es indudable que es el puente conector para que los factores de poder y los enclaves del conservadurismo encaren la cuestión de la pobreza en nuestro país.
La cúpula eclesiástica que responde a la única dictadura europea, jamás ha elaborado propuestas consistentes para afrontar la desigualdad social, los costos (y beneficios) políticos que tal afronte necesariamente conlleva. Porque la inequidad y la desigualdad remiten a la contratara de la pobreza; que es la escandalosa riqueza. Por el contrario, ayer y hoy han apoyado a sectores políticos que promueven valores que consideran superiores a la inequidad social. El modelo político que procuran los septuagenarios secretarios de estado católicos se basa en un conservadurismo cultural; liberalismo económico y subordinación política a un modelo corporativo autoritario. En ese esquema de máxima, que hoy por suerte parece imposible, hay distintos grados de apoyos y bendiciones; pero en general, el clientelismo eclesiástico elige cuadros políticos de la mayoría de los grandes partidos para hacer entrismo.
De todos modos, sus tesis de la caridad, que bien entendida (por ellos) significa que otros pongan la guita que ellos reparten; aunque ellos no hayan sido elegidos para tal fin y a su vez subordinando este fin al punterismo religioso y al sostenimiento de su poder basado en el cotilleo de salón; a la espalda de la sociedad y ciertamente de la tan de moda institucionalidad republicana; esas tesis de caridad son las que permiten que la Sociedad Rural, el diario La Nación y la Asociación Empresaria Argentina rueguen un milagro gubernamental para “terminar con la pobreza”. Las asignaciones “universales”; que cuando son puestas en práctica son repudiadas (el caso de los subsidios de tarifas, de planes sociales, etc; muestran tácticamente las limitaciones políticas reales de esas urgentes medidas) operan del mismo modo que una confesión: lavan las culpas y permiten seguir pecando.
En tanto la riqueza escandalosa no es puesta en el tapete, y para alegría de la derecha, la supuesta izquierda formalista está dispuesta a apoyar este escándalo en tanto no se respeten las formas y modales para la transferencia de renta; o bien es puesta en términos de imposibles o de correr siempre el arco; se puede garantizar que la pobreza los escandalizará hasta que lleguen al gobierno; y logren duplicarla.
¿Qué es lo que hizo persistir a un tercio de los argentinos bajo la línea de pobreza durante los años del crecimiento a tasas asiáticas? La inflación, por un lado. Que no es culpa del Indec, aunque la manipulación la agrave: es culpa y causa de quienes se benefician con la inflación. Los grandes beneficiarios de la inflación hoy son recibidos como dialoguistas en pos de una nueva república, así de triste. Son auspiciantes de programas políticos donde se los trata de un modo galante. Son quienes reclaman seguridad jurídica y los que la hacen mierda, son quienes procuran “mayor institucionalidad” entendida esta como que se respete que ellos mandan; son quienes, beneficiarios de la inflación, en el fondo están contentos con la ineficacia de Guillermo Polémico Moreno; sólo quieren ponerles límites al poder político. No sólo la escalada de precios diferenciales (los aumentos que impactan sorbe los más pobres, como los de los alimentos) que coincide con la intervención al Indec pone un techo a la reacticación de zonas del mercado sumergidas bajo la línea de pobreza, sino que además pone un techo a las aspiraciones de una clase trabajadores todavía en relativo crecimiento y a una clase media baja informal que está pendiendo de un hilo.
Podrán quedar viejas y descolocadas las viejas tesis de que el estado es un estado de clase, pero cobrar un bono indexado por Cer aún con el Indec como está es mejor que cobrar un plan social cuyo monto está congelado desde que Duhalde le hizo una quita del 25% en el año 2002.
Los empleos en negro acompañaron y superaron durante los primeros años del kirchnerismo, tras un piso bajísimo, la inflación; pero jamás lograron consolidarse como un salario digno y serio.
¿Es sólo el estado, el gobierno el responsable de esta situación? Hay quienes creen que sí, hay quienes creemos que no. Que no solamente.
El alto crecimiento y la persistencia de un núcleo de pobreza, más allá de los “inempleables” y pobres extructurales, se explican por la persistencia de la escandalosa riqueza. Esa que ostentan en la Asociación Empresaria Argentina, en la Mesa de Enlace y en el despliegue de nuevos ricos que llegan a Puerto Madero. Esa que expresa la goteante pero constante fuga de capitales.
Las distintas asociaciones de bancos; los concesionarios de servicios o favores públicos, los menos vistosos beneficiarios de exenciones fiscales; los ya recompuestos lobbys de la construcción en manos de empresas diversificadas, los que se benefician de un dólar caro y de la inflación; son los responsables de la pobreza. Si un gobierno siempre débil fue acusado de hegemónico; si ese gobierno albergó por primera vez en muchos años cuadros políticos que sostengan que el problema es la inequidad, y fue atacado con dureza por la derecha, entonces el panorama que a mediano plazo no espera no es para derrochar alegría porque la Sociedad Rural, la cúpula católica, el diario la Nación y la Asociación Empresaria Argentina quieren “terminar con la pobreza”. Quieren terminar con los pobres. Ya han querido hacerlo en otras etapas de la argentina. A punta de pistola.
Los mismos que predicaban hasta hace dos años el voto calificado –o votos dividido entre gente como uno y descerebrados negritos del interior- los mismos que nos consideran un zoológico, rehenes de la irracionalidad y la dádiva; presos del clientelismo y la incapacidad; de pronto, andan preocupados. Dicen que ya no existen las derechas y las izquierdas. Dicen que hay que terminar con la pobreza.
Es para preocuparse en serio.