jueves, octubre 06, 2011

20 senadores, 43 diputados, 600 intendentes y un líder


Roca

En el blog del Ingeniero, escribe Teodoro Boot: 

¿Justicia indígena o venganza porteña?

Por Teodoro Boot



Lo que puede estar claro, sin mayores esfuerzos intelectuales, es que entre los pueblos o naciones aborígenes y la incipiente oligarquía bonaerense, representada por Mitre mucho más que por Roca, no había ninguna posibilidad de entendimiento. Y esto estaba claro desde 1837, cuando en su obra magna Sarmientoexplicó, a sus contemporáneos y a las generaciones posteriores, que en nuestra América, los hombres se dividían en tres clases: salvajes, bárbaros y civilizados. Y así como en esa obra –Facundo– el padre del aula desarrolla su programa político y nos explica que es necesario civilizar a los bárbaros, aunque sea a palos, también nos dice que a los salvajes resulta imprescindible exterminarlos.

Facundo fue escrito y publicado en Chile, seis años antes de que a al coronel Segundo Roca se le ocurriera hacerle un hijo a la hermana menor de Marcos Paz. Es así, por decirlo de alguna manera, que resulta curioso que en el momento en que nuestros mestizos –a no olvidarlo, irremisiblemente mestizos– pueblos americanos se abocan a la impostergable conformación de sus estados nacionales, paso previo e indispensable de la unidad continental, cobren tanto énfasis y tengan tanta difusión discursos supuestamente indigenistas que en pos del necesario respeto y reivindicación de las diversas culturas que conforman nuestra común nacionalidad americana, sean a la vez funcionales a ideologías y políticas que en la práctica atentan contra esa nacionalidad. Y en consecuencia, contra las diferentes identidades étnicas y culturales que la conforman.

La “demonización de Roca –como dice su inopinado, sorprendente e incongruente defensor– parece ir en esa sintonía. ¿Qué sentido tiene el reclamo de eliminar la imagen y derribar las estatuas del creador del Estado nacional y artífice del triunfo del interior argentino sobre Buenos Aires? ¿Por ser el perpetrador de la fase final del genocidio indígena?

Pues bien, si ése el motivo, eliminemos su imagen y derribemos sus estatuas, pero sólo si antes eliminamos las imágenes y derribamos las estatuas de RivadaviaMitre y especialmente del autor intelectual y cimentador ideológico de la tragedia indígena:Domingo Faustino Sarmiento.

Y si no, no.



Acá, completo. 

Ése es el meollo del asunto, a lo que yo le agregaría otro matiz, o dos:

1) la imposibilidad del proyecto económico, social y cultural que pregonaban los caudillos federales.No se trata de la oposición (simple y ajena a la época) entre catolicismo y liberalismo, porque liberales eran todos. Y católicos, también. Ni, tampoco, una visión somnolienta de pobres contra ricos, porque sí había clases sociales, pero también clase dirigente.
El punto es que, el proyecto de los federales no podía triunfar por carecer de un puerto y una salida al mar, tanto por la ocupación indígena del sur -donde los pueblos originarios habían sido desplazados por otros indígenas- como por la situación de empate estratégico que se vivía con Buenos Aires, una vez derrotado (traicionado) Artigas y caído el Paraguay, y defeccionado (quizás por entender ésto) Urquiza.
Es ahí dónde el proyecto de Roca, cobra cuerpo.

2) La Nación no es un proyecto dado ni concluido, ahora bien, las expresiones anti nacionales, que surgen de una supuesta izquierda muy bobalicona y llena de slóganes (bien personificada en la diputada Cecilia Merchán) no por casualidad surgen en éstos momentos, aunque sus autores ni se den cuenta.

3) La comprensión de ese proceso político contemporáneo a Roca (o sea, la formación del estado nacional)  es clave para enfocar los problemas que tiene, por ejemplo, Rafael Correa en Ecuador, un hombre muy sólido y serio. Y para comprender, con algo de humor, los dilemas que enfrenta Evo Morales por seguir los delirios teóricos de su vicepresidente (en el Lemon Diplomachic hay una ilustrativa y delirante nota de él, que bien vale como contraste de la nota del poeta más lúcido y brillante de nuestra generación: Martín Rodríguez). 

miércoles, octubre 05, 2011

Doña Clotilde y sus dos maridos.





El realismo periférico vuelve, Doña Clotilde, con prestigio, porque tiene formato progresista. El realismo periférico, Doña Clotilde, estuvo muy de moda en los años 90. Decía "el relato" del realismo periférico, Doña Clotilde, una cosa así: se ha caído el bloque soviético (se cayó, además, Doña Clotilde, aunque usted no haya alcanzado a verlo, el Muro de Berlín. Sí, es una buena noticia, que demanda nuevos problemas. No, Doña Clotilde, no hay guerra entre las dos Alemanias: se unifican, quizás despacio -en relación a las expectativas- pero rápido, medido en tiempos largos. Por lo demás, las naciones de la ex URSS se subdividen candorosamente y las Coreas, reliquias de combinaciones temporales en el caleidoscopio de la modernidad, siguen divididas y al muy funcional para ambas pie del cañón) y China se hizo capitalista, el nuevo monstruo ya no es el comunismo sino el islam -asociado sin mediaciones al terrorismo, aunque es occidente, Doña Clotilde, quien más fomenta el terrorismo- y entonces, lo que queda, es el fin de las ideologías y el mundo unipolar. ¿Qué deben hacer los países del tercer mundo -llamados ahora emergentes, porque no queda, Doña Clotilde, ya segundo mundo- en el marco globalizador unipolar? Pues deben, como Don Ramón ante Doña Florinda (esa zorra), agachar la cabeza.
Ese realismo periférico pervive, básicamente, como el folclore según Borges: de tanto pasarlo en las radios. Insisten los grandes medios, un poco por esnobismo de clase, otro poco por intereses financieros cruzados, otro poco, bastante más, por reflejos menemistas. Se aproxima la consolidación de un cambio de clima que hará, acá en la argentina, que pueda evaluarse, con mayor rigurosidad, al menemismo. Doña Clotilde: el Grupo Clarín y el Grupo Hadad y Moneta y otros empresarios K, pueden, de pronto, acercarse a cierto revisionismo histórico, propio de la edad y la nostalgia: con Menem, dirán, no estábamos tan mal.
Claro que se trata de la consolidación de este neodesarrollismo, y de quienes queden afuera, en la lucha política, de los favores del estado. Lo que parirá, por antagonismo, una visión más benevolente con Menem. Porque con De La Rúa, ya nadie se le anima. Ni a reivindicarlo. Y mire que hizo favores a las distintas facciones del capital dominante, eh.
El realismo periférico de las radios es reemplazado por el consensuado popularmente criterio del gobierno: otra mirada en y sobre "el mundo", ese gran género literario, del que se ha apropiado el cine. Y cuando decimos El Cine, decimos, claro, Estados Unidos. El resto son versiones del cine de Estados Unidos. El problema es que "el mundo" ofrece un menú acotado a otro realismo periférico, que se queda, apenas, en el prólogo: Bircs, Doña Clotilde. Es de difícil pronunciación, y escrito lleva un Por Sus Siglas En Inglés que le da al escriba un cierto aire de viajado, de sabiondo, de galera.
¿Llevará la crisis internacional a moderar el entusiasmo Bircsmano? Quién sabe. Por lo pronto, la brasilinguería, tan en boga en las estudiantinas universitarias, generará, presumiblemente, sospechas. Es que ahora hasta la presentadora del clima dice que en Brasil hay sol mientras acá llueve a lo loco. La brasilinguería es la exageración de una tilinguería en decadencia: supo ser Francia, hasta no hace mucho, el faro que ilumine nuestro acceso al sabido, al mundo mundial, al cosmos de los buenos, oh, la vieja y perfumada Francia. Traía, el Lemon Diplomachic, un suplemento, sobre Francia y Argentina, desde distintas miradas disciplinarias, todas exageradas y pueriles, pero qué bien se sentía uno!
Ahora, la brasilinguería....bue, nos estamos emberretizando un poco, Doña Clotilde. El realismo periférico sobrevive, como las marchas de grandes proezas militares (inventadas, para inventar nuestro país), en las radios y las fechas patrias, y se le opone una periferia resignada, es lo que hay. Tampoco podemos hacer mucho.
Pero, Doña Clotilde, usted que ha viajado a través de la pantalla del televisor, por tantos mundos, tantos niños, usted que sabe: ¿no es acaso Guillermo Polémico Moreno, un tipo sensato a la hora de calibrar las relaciones de fuerza correctas, más allá del sensiblerío que rebuzna en las radios, sea añorando el realismo periférico, sea alabando el brasilinguerío? Me parece que sí. Y Timerman, Doña Clotilde, tiene una visión más precisa sobre los pesos y contrapesos de las distintas miradas que conviven sobre la política exterior, al interior del kirchnerismo, el único lugar válido para discutir seriamente. El resto mira en la tribuna, chilla o escribe cartitas de amor a las embajadas. Una miserable cohorte de pelotudos que no la ven ni pasar pero hablan de que estamos, Doña Clotilde, "aislados del mundo".
Como si acá no se siguiera viendo El Chavo del 8.
Con la misma nostalgia por el mundo que fue, que fuimos, cuando estuvimos, tan en contra. Con la revolución a la vuelta de la esquina. Diciendo un montón de imbecilidades sobre "el mundo". Y ahora, Doña Clotilde, agarrándonos con los jóvenes, que no entienden nada, como sí entendimos nosotros, la juventud maravillosa. Good Bye, Firmenich. 

ohhhhhhhhhhhhhh


Es raro.



Es curioso, bah. Queda medio choto empezar una oración con "es curioso". Nadie anda -yo no, por lo menos;  y soy tan ególatra que si yo no, entonces nadie- diciendo por la vida "oh, que curioso" si encuentra, por ejemplo, a una prostituta atada debajo de la cama o el perro ahorcado contra los cables de alta tensión, no, tampoco si piensa "oh, qué curioso; El Hijo De alfonsín terminó siendo un verdadero crápula inescrupuloso" no, no es así la cosa. Pero, decime si no es verdaderamente curioso el efecto ordenador del escenario político las internas primarias que, como es norma, fueron denostadas por las derecha mediático-política, y sus principales voceros (que ahora reclaman renovación política, sin renovarse ellos). Hasta el punto que la derecha quedó medio nada. Casi la mitad del tiempo que tenía la derecha para hacer campaña, se la pasó siguiendo las directivas de las corporaciones de medios concentrados, a la tumba, a la misma tumba que fueron a parar derechito el 14 de agosto.
Entre las boletas únicas-que el estadista soviético de Santa Fe no sabe a quién le mandó de manera directa a imprimir   -pero no duda en calificar el paraíso terrenal y el show de showlender, la mitad del tiempo de la campaña, hacia la nada. La mitad del tiempo gastado en histerias inconducentes.
El estado nacional financia la publicidad televisiva y radial de los partidos políticos. Sino ya habrían tirado la toalla. Pero eso también sirvió para movilizar un poco los monotributos diversos de la derecha, en desacople al coro sumiso de esa escribanía del decir que llevó a un callejón sin salida a los reaccionarios.
Pero lo curioso, lo verdaderamente curioso, es que esa misma conducción colegiada -la del Grupo Clarín- mientras los seguía conduciendo de las narices al abismo, los insultada, los trataba, a los fragmentos del Grupo Aea, como verdaderos pelotudos. Pidiendo la gran Tamborini-Mosca.
¿No es mucho?
¿No es verdaderamente curioso?
¿Qué opinan las escuálidas militantes del peronismo conservador, del radicalismo, del socialismo estanciero; de esto; no es verdaderamente curioso?


martes, octubre 04, 2011

La crisis internacional




Sí, Doña Clotilde, es cierto. El mundo está convulsionado. Pero, también, cómo contarle, Doña Clotilde, el mundo, cuando yo era chiquito y usted ya vieja -si es que, como creía cuando yo era chiquito, usted siempre fue vieja- era distinto. Los países remotos -con el tiempo sabría que pertenecían al bloque soviético- eran salvados por MacGyver o Brigada A; la vecindad del Chavo del 8 era el mundo entero.
Las noticias sobre el mundo, sobre el globo, viajaban con la lentitud de los 80 días de Julio Verne, China era un lugar prohibido, África un continente dolido. Las cosas no han cambiado mucho. China sigue siendo un lugar prohibido, pero reino global del libre mercado, paradojas, aún gobierna el partido comunista y tampoco ahora hay elecciones, África sigue dolido y las guerras imperiales ahora tienen rostros -sospechosos- de ritos musulmanes, el mundo es algo más chico, todavía dan los capítulos de El Chavo (los mismos, de hecho, creo que la mayoría de los chicos de Paraná no saben que usted, Doña Clotilde, ha muerto). El mundo socialista se cayó. Resucitaron las etnias, las religiones, o sea, las guerras civiles y los genocidios, el iluminismo, las promesas de la modernidad, ahora, se han vuelto utopías. Pero también ha avanzado el lugar de la mujer, también se come, se alimenta, cada vez más gente y cada vez más gente consume y vive más, aunque las desigualdades sociales crecen, Doña Clotilde, también se ha secularizado la vida cultural, se han debilitado las causas ideológicas de los genocidios -no los genocidios, ay, si supieras quién es el Premio Nobel de la Paz, te reirías- y tenemos muchísima, pero muchísima información. Entonces, todo lo que ocurre, es narrado, contado, por grandes multimedios (un poco como era antes, pero han cambiado un poco las tecnologías) al instante. Hay algo que los economistas llaman "financiarización de la economía" y provoca desbarajustes y crisis cíclicas en el capitalismo. Como siempre. Pero no hay, hoy, ningún cuestionamiento serio al capitalismo. Cosas que pasan, Doña Clotilde. Ahora cada crisis augura el fin del mundo. Hay cierto oscurantismo, reflejo de esa secularización, que se traslada al catatrosfismo financiero. Crisis, crisis, crisis. Una gran crisis. Ganas de crisis. Un mundo enloquecido. Como siempre, Doña Clotilde. Pero ahora sabemos más. Aunque desconfiamos menos. De las fuentes de información.
Usted se reiría, Doña Clotilde, si viera este panorama seco y distanciado que le cuento. Acá, uno pasa por boludo si no pone rasgos graves al hablar de lo terrible que está el mundo hoy. El mundo está terrible, Doña Clotilde, como siempre, pero ahora sabemos más. O creemos que sabemos.

Crecer




Escribe Nati: 


Supongo que de chiquita debo haber querido ser maestra o doctora, pero nunca fueron ganas tan fuertes como para mantenerse hasta hoy o que realmente las recuerde. Hubo una época que iba mucho al dentista y me dieron ganas locas de arreglarle los dientes a las personas. Debo haber tenido ocho años. Ese envión me habrá durado ese mismo número pero en meses. Cuando empecé la secundaria y arranqué a dejarme ser en papeles y escribir, sentí que tenía ganas de eso. De hacer algo relacionado con la comunicación, con transmitir ideas y opiniones. Me aseguré toda la secundaria que eso quería, me afirmé sobre qué carrera iba a estudiar y en qué universidad.
Estaba realmente convencida, hasta que llega el momento en el que todas esas ganas, y sueños, y expectativas de a poco van dejando de ser proyectos a futuro y se acercan al presente. De repente me tengo que inscribir. De repente tengo que decidirlo ya. De repente hay que convertir ese "me gustaría" en un "me gusta". ¿De qué te gustaría trabajar cuando seas grande? me dicen algunos. Nadie entiende que me es imposible verme grande. Que no quiero ser adulta, no quiero que pase el tiempo, nada relacionado con ser "grande" me parece lindo, por ende no tengo ganas de verme en la adultez de ninguna forma. De la mejor forma que me imagino de grande es siendo chica.
No me siento preparada con 17 años como para saber lo que quiero hacer el resto de mi vida. Algunos me dicen que no me lo tome tan trágico, sin embargo para mí es así. No tengo miedo a "perder un año", tengo miedo a que pase un año, dos, tres, y yo seguir con esta misma incertidumbre, estas mismas ganas de seguir sin tomar un papel, de quedarme saltando la soga en el punto en el que se dividen mil millones de caminos.
Me pasé el último año diciendome que estaba segura de algo que en realidad no. Evitando investigar para no tener que aceptar que tengo que realmente plantearme qué quiero aprender, de qué quiero trabajar y para qué tengo facilidad. 

Acá completo.


lunes, octubre 03, 2011

¿Y si no hay crisis?



POLITICA // POR LUCAS CARRASCO

La crisis de los partidos

El sistema de partidos políticos de acuerdo a un consenso unánime (que sortea incluso los clivajes que arrecian la coyuntura) se encuentra en un estado de crisis.

Ese consenso unánime de la crisis sistémica de los partidos políticos de alguna manera trae cierto alivio al pensar que se trata de un fenómeno pasajero, lo cual explicaría por qué nadie se interroga sobre la duración de la crisis y si en realidad no se trata de una crisis definitiva, esto es, de asistir al fin de los partidos políticos tal y como los conocimos. 


Ninguna mirada histórica pueda dar por cierto que los partidos políticos en nuestro país fueron alguna vez sólidos pilares institucionales. Podrán haber tenido mayor vigor, mayor frescura, mayor participación y credibilidad, pero ninguna escuela doctrinaria podría encontrar el "tipo ideal" de partidos políticos reflejado en ningún período histórico nacional.

No sólo por la dramática apuesta de la derecha y los intereses oligárquicos a diversas formas de fraude, exclusión y luego acuerdos con el Partido Militar, sino también por ciertas peculiaridades movimientistas que conoció tanto el radicalismo originario como el peronismo de mediados del siglo pasado. Estos movimientos no fueron excepciones nacionales, sino que se propagaron en la región y fueron también expresiones sensatas en la modalidad de afrontar cada tiempo histórico. 

El primer punto es que los intereses políticos que expresan los partidos políticos -intereses económicos, materiales, culturales, simbólicos, sociales, legales, etc- seguirán existiendo aún cuando se expresen de modo endeble en el sistema de partidos. 

Esos intereses se expresan a pesar de que la institucionalidad no castiga las deficiencias organizativas de los partidos y en algunos casos-como en el caso de los bloques legislativos- las alienta. La reforma política que indican las PASO (Primarias Abiertas y Obligatorias) propende a fortalecer los partidos políticos, pero fundamentalmente en el acceso a los puestos estatales electos.

La vuelta de Felipe Solá a la peste macabra del oficialismo va en la misma dirección que la huida al parnaso republicano de Victoria Donda, más allá de diferencias en calidades, desaires y repelencias; fundamentalmente porque sobran incentivos institucionales para el transfuguismo y el nonotributismo parlamentario y sobran códigos disciplinarios reales para fortalecer las instituciones partidarias. 

La pregunta pertinente es si la sanción de leyes, mayor firmeza para cumplirlas y demás voluntarismos tendrían efectividad cuando la misma población no castiga estas inconductas anti republicanas. El problema es de naturaleza filosófica y hace al entramado complejo de la representación política. Cualquier posición que se tenga sobre la preeminencia de las leyes sobre las conductas sociales o su paradigma inverso -para citar extremos discernibles- no ahorra el interrogante de fondo sobre otros dos extremos: la plena soberanía expresada en el voto, o la firmeza de las leyes que lo regulan por encima incluso de la voluntad popular. 

La isla de la fantasía; pero sin el enano Duhalde