lunes, mayo 14, 2012

Este es el show





Por la pasión actoral de María Laura Santillán y su compañero de ruta (no me acuerdo el nombre) en el noticiero de Canal 13; el clima, digamos, artístico, sin repercusión jurídica que creó la ley de medios dejó a ese mismo informativo como un boletín de circulación interna, con nula relevancia política. Los noticieros en la televisión, a partir de la irrupción del cable, se han, además, debilitado como organizadores comerciales de la agenda pública. No cuentan. Como contaban antes, por lo menos. Deben analizarse desde la dramaturgia. Son, así, más divertidos. Aún, el profesionalizado noticiero del 7, que tiene el mandato -público- de la densidad conceptual. Pero, dado que todos se han formado en las universidades públicas (ésto es kirchnerismo) no escapan a la tendencia, teatrera, a sobreactuar. De todos modos, el noticiero del 13 siempre fue el mejor actuado. Claro que sobreactuado. Fuera de eso, por primera vez el Grupo Clarín decidió testear al aire el show de la falta de libertad de expresión. No sé si finalmente tuvo raiting. Que, además de las sospechas que sobrevuelan el único índice estadístico que está prohibido discutir en el país, tiene el áurea de la soberana estupidez comunicacional de sobredimensionar el alcance de la influencia. Sobreinterpretación de la matemática, muy común en las ciencias ocultas de la charlatanería. Toda ciencia debe prestigiarse con porcentajes, con la extorsión intelectual de la estadística. En eso, el kirchnerismo, al que se le discute, por supuesto, todos los índices menos que no tiene rating, no ha sido novedoso. Más teniendo en cuenta que la industria aumento un. Y el desempleo bajó tanto. Dividido cuatro, a la raíz cúbica del coseno. Todo muy aburrido. Pero legitimador. Nuestra vieja tradición de decir huevadas sociológicas se viste de etiqueta cuando tiene sus correspondientes operaciones aritméticas avanzadas (de cuarto grado).  La influencia está en otra parte. Los porcentajes, también, pertenecen al género, filosóficamente redituable, de las alegorías. Pero de las alegorías alienadas. Como si fueran la idea de la idea. Nuestro dios. 
Lanata le pone precisión, para que parezca que se bandea pero sin perder el juicio de la historia. Entonces un conjunto de perdedores bien remunerados con la galletita del ego hacen su pregunta. Como si ahí se jugara el mundo. Desde Alfredo Leuco hasta Fernando Bravo. Todo muy berreta. Muy de folletín. Muy, diría Sarlo, muy feo, che. 
Ya no importa banalizar. Caer bajo. Someterse al ridículo. Parecer un imbécil. ¿Qué es lo que importa, cuál búsqueda -¿derecho a qué se reclama?- ya ni hablar de un sujeto social, hay detrás de estos viejos derrotados que tienen, por primera vez en su vida de alcahuetes, la oportunidad de broncearse con Lanata, que ya no será el tipo prestigiado de otrora, pero carga en su haber y en su debe, lo que ellos no, qué se siente, eh? Debe ser un momento fundacional. Una sensación hermosa. Sentirse, por fin, legitimado. Entre las minorías intensas que han luchado en serio por derechos humanos, sociales y políticos que, a pesar de que los viejos derrotados están gordos y cansados, les quedan, todavía, muy grandes. Debe sentirse uno así. Muy conmovedor. Lástima la fugacidad. Ya no se trata de ética, de guita, de temas de abogados, de jugar, ya no se trata de nada. Es la fugacidad. Nadie te cree. Es todo muy imbécil. Es muy, perdón, pero es muy chanta. 
Conmovedoramente chanta, la cara, de oportunidad, de Fernado Bravo. Tan naif. Tan, perdón de nuevo, tan poca cosa. 
Los que conocen, cara a cara, a los que ya tienen, según ellos, las respuestas, de pronto, cambian el lugar de enunciación y, entonces, este año, no pueden preguntar. Bah, preguntaron. Con el peso de la historia saliendo por la boca de Fernando Bravo. Qué momento. Conmovedor. Debe ser un poco triste ir a disimular el lugar de enunciación. Que te pongan en el fondo, donde en puntitas de pie, tratás de salir en un plano torcido. A siete cabezas de luchadores sociales atrás de Fernando Bravo. Muy conmovedor. Sinceramente. Después te buscás en google, la sensación de llegar a Seprin, o a Perfil, que es el Seprin con derechos humanos; o a Tribuna de Periodistas, el Seprin con secundaria completa. Qué hermoso llegar a casa, besar la esposa y llamar a la vieja: mamá, lo logré. Estoy en Seprin. 
Y desde el geriátrico la señora muy mayor para acordarse le suplica que tenga cuidado. Ahora que se ha peleado con el presidente Videla. 
Todo muy conmovedor. 
Muy trucho. 
Perfectamente imbécil. 



domingo, mayo 13, 2012

Marihuana: el mito idiota del progresismo





En la ya clásica sección "Haciendo Amigos" hoy: los que creen que en la legalización de la marihuana se juegan valores de carácter progresista.
Punto uno: estoy a favor de la legalización del consumo de marihuana, con ciertas restricciones, como las que se ponen sobre el capital para la venta de otras drogas, las actualmente legales. O sea, una legalización prescriptiva, como al que rige para el alcohol, los cigarrillos y las pastillas que venden clandestinamente los médicos y farmacéuticos y deberían llevar receta.
¿Porqué estoy a favor?
Por que no hay daño médico comprobado, excepto por su consumo en exceso (pero también si consumís cualquier cosa en exceso te hace mal) y porque, aunque lo hubiera, yo creo en la libertad personal, consagrada, además, legalmente en nuestra constitución. Bien liberal y de derecha mi pensamiento en este aspecto. Estoy a favor de la legalización y en contra de la izquierda, que ha perseguido históricamente su consumo. Un consumo que a mí, además, no me interesa.
En ciertos aspectos, soy de derecha. Por ejemplo en el respeto a los derechos humanos, tengo una concepción no materialista -en el sentido filosófico del término- y bueno, que me disculpe la izquierda, pero yo defiendo los derechos humanos. Y creo que la violación de éstos debe ser castigada, bah, penada, pero desde el mismo corpus de ideas. O sea, con estamentos burgueses. Con derecho de defensa. Garantías procesales. Estado de derecho, o sea, el estado de clase.
Y en relación al consumo, bastante naif, de la marihuana, lo mismo. Y ya sucederá. Hay un problema al interior de la clase capitalista, que genera el aislamiento legal de esta droga, y que, andando las cosas, se integrará al resto, creará asociaciones de intereses empresarios, se articulará con otras multinacionales de su mismo tipo, y descenderán los niveles de violencia que rodean a este comercio. Cuyos capitales nacieron en las periferias.  Y  la ilegalización les subió, de manera absurda, los costos de producción. Estos empresarios quedaron, entonces, aislados del resto de los empresarios. Hasta la época financiera, ésta que corre. Se integraron, de manera no formal -o sea, sólo como "blanqueo", blanquear es el destino de cierto estadio social: es ir al contador, éso es blanqueo, pero en términos penales hay otras particularidades en el blanqueo, pero el blanqueo es la integración del capital al circuito del capital, es ir al contador- a los corrillos financieros, del transporte, la comunicación. Y se integraron al sector más dinámico del capital, a nivel mundial, que no es el financiero, sino el capital militar. Son parte, activa, necesaria, dinamizadora del mercado de crímenes. La ilegalización de los empresarios de la marihuana -que, como el coliflor, la acelga, la cerveza, el tabaco, se pueden cultivar en tu casa: es medio pelotudo hacerlo, pero bueno, hay quienes ven en cosechar su propia marihuana una cosa progresista, no así con la acelga, no se entiende bien por qué- era, en cierto modo, natural. Y redundó en que venden en las metrópolis mil veces más caro, o sea, el grueso del capital, como con la soja, no queda en los terratenientes de la marihuana sino en los dealers, las patotas de las grandes capitales, y bue. Es el capitalismo.
El consumo de marihuana debe ser legal, por valores, que en esa área me parecen bien, de derecha, tan de derecha que corte suprema Argentina no dudaría ni dudará, cuando necesite un golpe publicitario para encubrir la defensa de alguna corporación corrupta, en declararla legal. Eso sí, como es la corte suprema, ese entramado de burócratas inmobiliarios, jamás pensará en términos de producción. En que Argentina se posicione como vanguardia de producción y valor agregado y demás. No, eso es demasiado sofisticado para un pensamiento liberal y de derecha. Ahí es cuando, fijate, vuelvo a los gloriosos textos marxistas.


jueves, mayo 10, 2012

Tensiones II: Cuentas Claras


El retorno de la política, como enunciado, contiene las claves interpretativas de un ciclo inaugural, que disculpa a los participantes llanos del festival idiota de la década del 90 y, a  su vez, incorpora significado, más que nuevas generaciones, al núcleo fundante del kirchnerismo que es la clausura de la impunidad por los delitos de lesa humanidad.
Estructura un marco de comprensión que dota de peso a esa práctica breve de la participaciòn simbólica en algo más vasto, la participación con liviandad en algo pesado, inflado por la dramaticidad de los hechos. Operaciones legítimas que legitiman desmesuras, autonarran tribialidades, embanderan generaciones prohibidas y con el juego de los símbolos desjerarquizan cualquier jerarquía individual de valores y metas. Acá nadie es boludo, convengamos.
Pero no hay práctica política que pueda salirse de estos dispositivos técnicos y su eficacia reside en acorralar a la derecha a los lugares de la nostalgia y a la izquierda a su lenta autodestrucción, lo que, económicamente vuelve cíclicamente en defensa de su propia existencia un paso más a su propia autodestrucción. Jamás, en esas condiciones, logrará proponer una agenda propia. Dado que ni siquiera, todavía, comprende lo que les pasó y seguirá pasando.
La derecha queda acorralada en la nostalgia por la contundencia de la memoria, por no decir, no querer decir, que el cierre de la herida abierta por la impunidad fue traumático y, a mediano plazo (en éstos plazos, los días de hoy) suicida.
La izquierda por no reconocer ese mismo cierre simbólico como el comienzo de una etapa, que incluso, podía tenerlos en la feria inaugural.
Quedó, el kirchnerismo, como autorepresentación, parado, solo, en el escenario político. Por la persistencia, igual que en las viejas formaciones de izquierda pero con vocación de masas, la persistencia de su liderazgo. Y de su enunciado. Y de sus narraciones. ¿Y si eso, ese suelo, se estuviera horadando? ¿Si requiriera un service? Quién sabe, entonces, cuál olfato predominará: si el instinto de supervivencia o el de adaptación.
Tres movimientos en el tablero político:
1) La decisión de defender a Boudou, aún cuando no hay explicaciones claras, bajo argumentos tremendistas que corren, peligrosamente, los límites de las cosas simbólicas. Cuidado, quizás no pase, ahora, a mayores, pero esos movimientos tienen siempre el riesgo inherente de que estallan en las cabezas que se obligaron a aceptar cualquier cosa. Pero el punto no es Boudou, cuya suerte polìtica sólo importa en el Palacio. El punto es la tragedia de Once. La rapidez para el procesamiento, las rutas inválidas, los archivos rotos, los residuos de una tecnología cuyo fin tienta a frenarse a pensar.

2) La recuperación de la clase política, herida, como clase -en el sentido sociológico de subclase de la clase dirigente, subproducto de élites- hasta muy entrado el proceso kirchnerista, quizás hasta hace meses, implica el retorno de la lucha por lo pequeño. Y cierto estancamiento en la eficacia de las consignas inaugurales.

3) La continuidad de sentido, como radicalización de la mismidad, al interior del nuevo dispositivo kirchnerista, más puro, gradualizado de "lo viejo" a límites arriesgados. Yo por supuesto acompaño con entusiasmo ese desplazamiento, que además, había, en mi mente, aspirado. Pero no por eso hay que dejar de señalar la apuesta audaz, que como todo, puede salir mal. El acto del kirchnerismo radicalizado, en Vélez, mostró su fortaleza, la recuperación de la iniciativa, las ganas del porvenir, su vitalidad como novedad viejísima. También sus límites a la reflexión y la crítica, las estrecheces de precisiones, pero un diálogo intergeneracional que promete, que recurre, a su explicación, al uso de lenguajes viejos, pero que tampoco acotan lo que se expresa en potencia.


Los quiero a todos. Putitos.


Con Ustedes, el boludo de Majul

Uso y abuso de Malvinas e YPF

Por Luis Majul | LA NACION

Además del fuerte impacto que causó en el país y en el mundo el audaz spot del jugador del seleccionado nacional de hockey entrenando en "suelo argentino" para competir en los Juegos Olímpicos de Inglaterra (al mundo le chupa un huevo la invasión de Afganistán, Libia, Irak, la guerra civil en Nigeria, la crisis Europea, las protestas en China, no, está en la cosa grosa: un spot) , hay otra mirada sobre el asunto que no se debería pasar por alto (demasiado hay que saltar para eso, ilústrenos, capo). Se trata de una perspectiva más profunda y grave que la pasajera anécdota del video (que conmovió al mundo). Es la sospecha de que la herramienta publicitaria está siendo utilizada con la intención de "malvinizar" la agenda local y obtener un rédito político rápido que dure por lo menos hasta las legislativas del año que viene (con razón los yanquis perdieron en Irak). Es, también, el temor de que "la marca" Malvinas esté siendo manipulada, igual que la de YPF (o los atentados de Atocha, te ayudo Majul, porque sos muy pelotudo), como un recurso emocional, capaz de poner a la mayoría de los argentinos de un solo lado .Del mismo lado del Gobierno, y enfrente del "pirata inglés", del "vaciador español" o de cualquier otro enemigo (que se choree un pedazo de argentina o que funda la principal empresa, siempre en la boludez el gobierno!).
No creo que valga la pena discutir ahora sobre la calidad estética de la pieza (¿por?) y su evidente efectividad (ah, por eso). De hecho, he comprobado (je) que el aviso puso la piel de gallina a muchos de quienes lo vieron, independientemente de lo que piensan sobre la Presidenta (periodismo psicológico). Por otra parte, no hay dudas de que Martín Mercado, el director creativo de la filial argentina de Young & Rubicam es muy bueno (ah). Tampoco hay dudas de que el objetivo de provocar una gran polémica en el país y en el resto del "mundo occidental" está ampliamente satisfecho. En todo caso, el problema político y de fondo es que, tanto el aviso como su difusión por parte de la Presidencia de la Nación (e incluso el argumento que utilizó para defenderlo Cristina Fernández) muestran "el vuelo corto" de toda la movida (problema de fondo...). Y no sólo eso. También desnuda una fantasía propia de los argentinos: la certeza de que con una sola y breve buena idea, una acción más o menos alocada o un buen golpe de suerte, podemos transformarnos en un país del Primer Mundo, ganar el próximo Mundial de fútbol que se realizará en Brasil e incluso recuperar las Malvinas antes de que Cristina finalice su mandato (¿?). Para que se entienda (a ver...): la receta inversa que usaron la mayoría de los países del mundo para salir de la crisis, crecer y desarrollarse de manera constante y equilibrada (bueno, pero la Agencia Souto difunde un corto opuesto, qué se yo...).
Porque el spot grabado en las islas demuestra, como sostiene Ella, que en la Argentina se hace muy buena publicidad (ah). Igual que la irrupción de la embajadora Alicia Castro en la conferencia que ofrecía el canciller de Gran Bretaña evidencia que los recursos de nuestra diplomacia no son los más tradicionales del mundo (sí, Gran Bretaña suele invadir y apelar al novedoso colonialismo. Bueno, también la trata de esclavos, el asesinato de musulmanes, la corrupción en África, en fin). Pero además refleja algo más preocupante (más todavía!): que esta administración gobierna sobre la base de golpes de efecto, de jugaditas para la tribuna que no producen ningún cambio real y sí demasiado ruido (ah, entonces era verso lo de la falta de libertad de expresión?); pensando en la encuesta de mañana y no en el país que deberíamos dejarles a nuestros hijos (sí, en vez de poner la Asignación Universal por Hijo habría que ponerle publicidad oficial).
Más allá del instantáneo "orgullo patriótico" que provocan el corto y la intervención de Castro es obvio que ninguno de los dos gestos sirve para nada (¿tan obvio? Sirve para que vos escribas esta boludez, no es poco, Majul, nos divierte a todos). Al contrario (naa, te queremos). Alejan a los países de cualquier posibilidad de entendimiento (sí, los países se ofenden si les expropiás empresas privatizadas o le pedís que te devuelvan territorios, es cierto). En la misma senda del golpe bajo, hace unos meses un ex alto funcionario del Ministerio de Economía que ahora ocupa una banca en el Congreso me explicó cuál era, a su criterio, el verdadero objetivo de la política económica implementada por el Gobierno. Se atrevió a revelar la fórmula en virtud de los muchos años de conocimiento mutuo. Usó un lenguaje sencillo y directo: "Nosotros, a los habitantes del conurbano y las provincias, les devolvimos la posibilidad de comer el asadito del fin de semana y de ver fútbol casi todos los días. A esto no hay con qué darle. Ese es y será el verdadero modelo, hasta que la economía aguante" (hacete un libro con esa revelación).
Por fortuna, esa visión cortoplacista y ramplona no parece corresponderse con las primeras señales del nuevo gerente general de YPF, Miguel Galuccio. El hombre fuerte de la ahora petrolera estatal hizo, hasta el momento, casi todo bien (foo, Majul, PERO LO IMPORTANTE ES EL SPOT que revela la naturaleza asadera -con el parquet- del gobierno; expropiar YPF es nada). Habló con trabajadores de YPF en Comodoro Rivadavia y les prometió que a partir de ahora habrá comunicación fluida y abierta con todo el personal. Enseguida, anunció que en los próximos cien días presentará el Plan Maestro para recuperar la capacidad de exploración y explotación, atraer inversores y marchar hacia el autoabastecimiento. Mandó a decir a cientos de periodistas de la Argentina y de los principales medios del mundo, con muy buenos modales, que primero se va a dedicar a trabajar y que recién cuando tenga en claro dónde está parado empezará a comunicarse en privado o en público para dar la información precisa y no generar falsas expectativas (te prometieron guita, Majul).
Los que sí están provocando expectativas desmesuradas son los habituales voceros del Gobierno, quienes ya le pusieron "el Mago", y los medios oficiales y paraoficiales, que lo muestran y lo venden como si Galuccio hubiera nacido dentro de un pozo de petróleo. La gran pregunta por responder es si este ingeniero nacido en Entre Ríos será capaz de imponer su profesionalismo o si será absorbido por el sistema político que lidera la propia Presidenta (o sea, si le vas a dar guita o no a Majul). Todavía recuerdo la última conferencia de prensa que ofreció Cristina Fernández en la quinta de Olivos. La había concedido después de insistentes pedidos del entonces flamante jefe de Gabinete, Sergio Massa. Massa tenía la convicción de que podía lograr una mejor comunicación del Gobierno con los medios y el público. Parecía que, en efecto, el cambio iba a suceder. Sin embargo, la ilusión se empezó a desvanecer cuando el propio Néstor Kirchner y algunos de sus compañeros de Gabinete le empezaron a poner al actual intendente de Tigre piedras en el camino. Decían que iba demasiado rápido. Que se notaba su desmedida ambición. Que si su plan de apertura se coronaba con éxito, no tardaría en transformarse en un competidor de cuidado para Néstor y Cristina (Él y Ella, Majul). Massa fue eyectado del círculo presidencial porque el Gobierno puso primero como objetivo el triunfo en las elecciones siguientes y no la mejora de la calidad institucional que había prometido Ella (ahí ta) antes de asumir.
Si Galuccio es lo que parece (o sea...) y la Presidenta lo deja trabajar, será un signo de que algo está cambiando (en tu billetera). Pero si el próximo aviso sobre YPF sale antes del Plan Maestro (y no en tus medios), será la señal de que se viene más de lo mismo: el uso y abuso de la argentinidad para perpetuarse en el poder, como lo intentó, con las consecuencias conocidas, el general de la dictadura Leopoldo Fortunato Galtieri (y Hitler, Majul, Hitler también dejó de entregar millones de pesos a salames como vos).



miércoles, mayo 09, 2012

El día de la bestia



Tendría que buscar los links, pero soy muy vago. Hoy Obama anunció que apoya el casamiento gay. El socialismo francés lo tiene en su programa. España va discutiendo eso. Cosas que rigen en Argentina. La zoncera de que, de acuerdo al espejo "del primer mundo", que tanto gusta a la ideología portuaria, a mí me chupa un huevo. Sí, en cambio, me llama la atención que eso debilite la tesis, que he adoptado (oh) de la relación entre derechos de tercera generación y sociedad industrializadas.
Es decir, la relación dura entre, uy, estructura y superestructura. Una tesis que, quitándole determinismo y dramatismo, me parece, aún válida. Tanto como la cuestión de las clases sociales. Así que, para emparchar (tomalo con pinzas, claro) puede pensarse en la heterogeneidad de clases que conforman el kirchnerismo...Pero no, también me parece una boludez.
Bueno, falló la teoría, no yo, que soy perfecto.
La concha de la lora.


¿Quién es el centro del mundo? Ok. ¿Y porqué, entonces, Julio Verne no habló de mí? Porque yo no había nacido. Eso prueba que el centro de la tierra, soy yo.

La presidenta invitó, además de a los figurones -siempre predispuestos- de cohorte suprema, a dirigentes de la derecha para una comisión de análisis de las reformas al código penal y civil, una comisión que escenifica que, excepto la sociedad civil, en estos temas, nadie de la casta dirigente corre por izquierda a la presidenta. Por eso los invitó, supongo. Pero también porque lo de YPF creó la destrucción, ya palmaria, del Grupo A, esto es, la unidad a cualquier costo institucional para derrotar el kirchnerismo y, fundamentalmente, quebró la unidad de concepción y conducción en manos de Clarín.
La presidenta trata de insistir por ese camino, porque en el teatro de arena, le conviene de cara a las elecciones del año que viene, donde se renovarán los legisladores del 2009, el año en que menos votos sacó el kirchnerismo desde el 2005. Esto es, la posibilidad latente de reformar la constitución (¿entrará ahí el tema del aborto y de la legalización de las drogas? Si es así, la reelección entra, además, caminando triunfal) cuya sola posibilidad disciplina a los peronistas y, dicho sea de paso, a la oportunista cohorte suprema.
Esto desespera al Grupo Clarín, que tiene que inventar al zapallo de Macri cualidades que evidentemente no posee. Pero es la jugada, de manual, que le queda. Con los descontentos internos que esto puede traerle y con el riesgo de ahondar la brecha con el resto de la derecha, que quedará, definitivamente, a manos de Cristina y de su propia creatividad, o sea, a manos de Cristina solamente. Bien, presidenta. Ya sabíamos que sin Doble Comando no tenía cómo arreglárselas, je.
El escenario queda tan claro: Cristina con la iniciativa, acorralada la derecha más estúpida, diseminado el poder político de Clarín, fragmentado el de las corporaciones y, al pie, la derecha progresista, experimentando cómo zafar de la alternativa de hierro: otro fracaso electoral estrepitoso o correr a manos de Macri, como subordinado de ese zapallo que, como saben todos, jamás pasará de ser un intendente mediocre. Esa derecha progresista puede, en cambio, optar por la alternativa que le ofrece Cristina: compartir un poquito de gloria. Eso le hace bien al sistema institucional. A la salud de la república. Era hora que suceda. Habrá que ver si se profundiza. Mientras tanto, en este soberano aburrimiento que nos trae a nosotros ganar así de fácil, hay que gobernar. La cosa marcha. Va encaminada. Falta. Cuánto qué falta. Y ojalá hubiera mayor sensibilidad hacia los sectores más humildes. Pero sigue siendo el gobierno con mayor sensibilidad que yo, en vida, haya conocido.
El aislamiento de la derecha radicalizada, de la conducción de Clarín, implica también la necesidad de revisar las categorías de actuación. Me parece que, si uno mira con detenimiento el escenario político, o sea, lo que hace Cristina, va en esa dirección. Relación, enfriada, pero no frontalmente en contra, con todo aquel que se aleje de los brazos de Clarín. Sea sindicalista, empresario, gobernador o legislador. El mensaje, está calando. La conducción es firme. La cosa está clara.
Sólo nos queda romper las pelotas para ponerle un cacho de movimiento. Pero está bien, el activo del kirchnerismo se ha aburguesado un poco, quiere descansar. Ya peleó mucho. Son viejitos que no estaban para estos trotes esas colegialas quisquillosas, y bue. Los quiero a todos. Ya se armará algún quilombo y volverá la alegría de la lucha. Y sino, lean éste blog, que cada dos días, me las arreglo para que me puteen de todas las corrientes políticas, menos del sector del PRO no escolarizado, por razones obvias. Hagan como las 22 mil almas cristianas que entraron ayer. Porque además les refriego las visitas. La mitad que Perfil. Porque soy el mejor. Porque tengo esta humildad tan cotizada en el mercado de las sinceridades. Porque soy puto. Porque todos ustedes son putísimos. Porque estoy aburrido. Porque no tengo más teléfono, sino lo bardeo a Reibel o a Patucho, que siempre me responden. Los otros no me dan más bola. Como la pendeja de acá enfrente que ahora me saluda, pero cuando no está el papá, porque dice que el papá me adora. Viejo sorete, de haber sabido que leías ésto, querido futuro suegro, qué tipo pintón, elegante, y esa inteligencia superior, te digo, se te nota, eh, yo te miraba y decía: este joven adulto es un genio. Mi querido vecino: creo que en el fondo, te parecés a mí.


martes, mayo 08, 2012

Porcentajes de cinismo

La gente, mientras tanto, junta cartones.
 Siempre se puede acudir al expediente de los porcentajes. Que es, la manera elegante, de negarse la realidad. La del que junta cartones. Negarle hasta la existencia. El que junta cartones tendrá sus maneras, terapéuticas -seguramente condenables por razones culturales, legales, médicas o de cualquier variable del cinismo maternal: lo hacemos por tu bien- de negarse que, los que estamos del otro lado, sacando la basura, le queremos ayudar. Maldito descreído.
La gente, mientras tanto, junta cartones.
Y botellas. Y restos de comida. Los grados, variables, de nuestro apartheid, con derechos humanos. Porque falta tanto, mi negrito, disculpá que no hayas sido prioridad. Nuestros funcionarios están muy ocupados en la guerra santa, junto a un conjunto cada vez más reducido de alcahuetes que les vigilan las mentiras (se les llama militantes), y no va que se nos pasó. Pero, estamos luchando para mejorar tu situación. ¿O acaso lo que a vos no te jode es el 0,91% pero antes era del 1,04%? Vos tenés que creernos, o acaso no te diste cuenta que retornó la política. Y la esperanza. Es todo muy emocionante. En la argentina igualitaria, vos pagás el mismo porcentaje de impuestos que yo, o un poco más, sentite incluido. Qué grosos son los judíos marxistas. Pará, negro de mierda, no me digas judío marxista que me ofendo.
Y mientras tanto, la gente junta cartones. En la puerta de mi casa. En la tuya. En la de todos, los incluidos. En las casas nuevas que se compran los luchadores sociales. Llevamos 9 años mejorándole la vida -bah, yo, no, nuestro héroes anónimamente publicitados- a los cartoneros, pero tampoco les vamos a arrancar su vocación. De vivir en la miseria. En la exclusión social. Somo parte de la izquierda respetuosa. De la Justicia Social, pero del mañana. Estamos avanzando. Deberían esperarnos, unos 20 años más. O 9 años.
Y mientras tanto, seguí juntando cartones.
Y no molestes.
Estamos haciendo el modelo con inclusión social.

 

Tensiones



El imaginario profundo que constituye la nacionalidad ha resucitado, en su formato, complejo, mezcla de conservatismo y aspiraciones irredentas, irrealizadas, de los sectores populares. En rigor siempre renace, pero lo hace en la modalidad de resucitar.  Con ingredientes de la ideología new age -indigenismo, ecologismo, brasilismo, estupideces sobre el porro y derechos de tercera generación, como si nos pudiéramos dar el lujo de pensar posindustrialmente- que le agregan las clases medias altas, cuya ideología es el puerto. Hay una hegemonía -en el sentido gramsciano del término, no en el sentido pavote que se aplica- de lo nacional que impregna las zonas más significativas de nuestra vida en sociedad. No es un nacionalismo xenófobo, sí racista pero en el sentido clasista en que siempre lo fue. Corporativamente clasista en su sentido integrador, nacional popular. Donde hoy habitan, también, elementos iconográficos del nacionalismo revolucionario.
Es en este telón de fondo donde se encienden las alarmas: porque las viejas categorías, de cuando todo esto salió mal, vuelven, inconscientemente, a flotar en la atmósfera. Sea por lo que sucede en la CGT, o, aunque se diga menos, porque el país lo preside una mujer, viuda. El peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.
Siempre, excepto que se haya sido de la UCEDE y hoy del ala radicalizada K, ahí donde no habita la memoria juzgadora, donde no se tramitan los expedientes de la querella, excluidos ellos, más que nada por necesitarse ser siempre, a los cincuentayalgo, ser joven, ja, vieja artimaña para una vieja estrategia integradora del conservadurismo popular, pero bueno; siempre, la formación política de la juventud es determinante en el devenir de la vida. Durante la juventud, esa forma de organizarse el mundo, después, se repite, más compleja, más sofisticada, a lo largo de la vida. Incluso para denostar esa misma formación de juvenilla. Pero, en la actualidad, hay dos generaciones interrumpidas en su formación. La de los setenta, interrumpida por la dictadura militar, ese espacio vacío en la memoria de los siempre valientes, nunca taxi y nunca menos. Y la de los ochenta, interrumpida por la culpa, otro espacio en blanco, renglón de la mentira, nuestro favorito por sus dosis de complejidad, la década posterior, la neoliberal. Que se extiende hasta el 2001. El alfonsinismo, con sus estrategia inaugurales -manera simbólica de clausurar culpas, del modo equivalente en que el kirchnerismo otorgó a la clase dirigente la coartada para clausurar culpas noventistas- y la juvenilla setentista. Con la subsiguiente represión, que ocluyó el debate sobre las oscuridades de esa juventud maravillosa.
El problema es que las especificidades nacionales, por su carácter traumático, ciegan el punto de retorno de las condiciones de posibilidad de la emergencia de estos imaginarios nacionales. Que por izquierda, en Sudamérica, o por derecha, en Europa, reflejan la crisis militar en la que estos mismos imaginarios sumergieron al eje anglosajón que domina, liderado por EEUU, al mundo. Eje donde está, debilitado culturalmente, Japón.
Y las compuertas que esta situación abrió para mirar de otro modo a China. La dictadura del Capital. En nombre de Marx.
Todas las luces de alerta se han apagado. Para bailar el candombe de lo nacional y popular. Lleve donde nos lleve.
Estos debates, setentistas, ochentosos, hoy no pueden darse. En nombre de la eficacia. Categoría propia de lo más terrible de la naturaleza humana. Ni hace falta remitir a los estantes congelados de nuestro pasado. Escribo demasiado. Tengo cierta adicción. Ahora que parece que nada queda por decir. Ante la amarga espera del último escandalito de cotillón, de folletín, cuanto más berreta, mejor.
Todo pasa, decía Grondona. El bueno.
Y tenía, amargamente, razón.


Puchero




La cocina robocopetera -los putitos de Palermo, ésos que usan platos cuadrados y rúcula hasta en el café- ha revalorizado el puchero, básicamente, porque en el país de las Milanesas Para Todas, y Todos, el puchero, de popular, pasó a ser carísimo. Infinitamente más que las milanesas, ya prohibitivas, para la argentina sumergida. Más o menos una mitad de la población. Que, para algarabía de hagiófrafos porcentajeados, antes, sí, estaban peor. Es cierto. Ajá. Pero siguen puchereando. Aún sin puchero.
La cocina robocopetera tiene, además, la noble misión de quedar bien con los turistas, así que le han enseñado a la negra boliviana cómo parecerse un argentino en la cocina así al holandés se le puede comer la billetera. Para eso, las comidas nacionales y populares, básicamente las que nunca comieron los putitos de Palermo, las comidas de pobres, de trabajadores, de migrantes e inmigrantes, hoy que son prohibitivas, cómo no, y encima, los extranjeros las consideraron -son un poco grasas en el mundo o en el Europa, que son la misma cosa, aunque Miami quede en EEUU- símbolo de la patria, hoy esas comidas florecen por Palermo, tierra de enormes recursos naturales, como el agua, que todos sabemos a esta altura (mi metro y medio) vale más que el oro.
Los pobres -esos boludos que sólo te favean lo que entienden- siempre fueron mansamente queridos en la argentina utópica, la del gaucho, el milico y el cura. País que produce demagogia para 300 millones de personas. Granero del mundo. Crisol de razas, europeas. Como el aceite de oliva, la ensalada rusa, el puchero ha recuperado terreno. Incluso, sus derivados despectivos -los verbos pucherear, por caso- han caído en desuso. Y en las villas y en los barrios ya no hay esos apodos, tan comunes otrora: puchero.
Se asiste a la recuperación del puchero y de las salsas y guisos. Por la dictadura de la nutrición. Los cambios de paradigma. La vida zen. La debilidad, en esferas macro, del positivismo, lógico.


Los embutidos, sofisticada manera de conservar la carne que tenía el gauchaje, mientras que la oligarquía, nunca menos, cargaba las vacas -sí, vivas, como los dinosaurios, Susana- arriba del barco. Destino a las Europas. Donde un argentino, "rico como argentino", jamás puchereaba. Los tiempos de gloria en la narrativa conservadora. Narrativa de embutido. Los embutidos son parte, hoy, del puchero top.
El caldo se adjunta. Se fabrican utensillos para que el puchero sea desgustado de a una persona. Subviertiendo la tradición.
Mayonesa "casera". En rigor, casereada para la ocasión.
Verduras varias.
Sin importar la estación. Tiempo de verduras congeladas.
No hay, en el gobierno nacional y popular, sensibilidad sobre el tema.
Aunque haya pasado el huracán menemista del pescado crudo. O la pizza. Con el champán. Huracanes que, naturalmente, dejan secuelas. Que con sensibilidad renovada -pucherando, los que pueden- se hará cargo el macrismo.
¿Será, el puchero, patrimonio del modelo municipal y antipopular del PRO?
La pregunta, que hoy carece de sentido, se comprenderá en breve.
Y se responderá en el devenir, culinario, de la mesa de los argentinos.