miércoles, mayo 16, 2012

YPF


Por sus guerras petroleras EEUU, por su posición en la geografía escolar y radical Europa, el mundo que ahí se mira es un mundo que incluye a China, Rusia, Irán, Sudáfrica, Medio Oriente, Japón, las raras Coreas, es un mundo distinto. A todos esos países, desde Argentina se exporta, pero por su geografía escolar y radical, no están presentes. Tanto como preanuncian los indicadores económicos. Jodiéndonos, una vez más, nuestro marxismo visceral.
¿A qué viene ésto?
La histeria que, yo creo que con sinceridad y deseos, se preanunció tras la expropiación de YPF, no ocurrió. España volvió a sus cosas. En los centros financieros mundiales no hubo ningún chas chás para nuestros sofisticados instrumentos financieros (soja con tecnología afanada, carnes de vaca, aceites, girasol, boludos de exportación, etc) y la Argentina de las 5.000 familias volvió a discutir las conferencias de prensa. Temón. Que, además, arrancó un lagrimón al boludo de Leuco, en el programa de La Máscara de Fernando, Bravo. Donde se denuncia que la mayor independiencia (fue un error de tipeto, pero les regalo la palabra a los liberales -en su mundo las cosas se piensan así: independencia pendenciara da independiencia) argentina en realidad esconde el objetivo de la entrega a la corona española. Me estoy riendo a las carcajadas, hasta mi vecina, la hija de puta que no puede estar más buena, me habrá escuchado. Pero sólo los muy verseados en historia entienden el chiste. Que, encima, es malísimo. ¿En qué estábamos?
Alfonsín hizo dos conferencias de prensa. No se privó de ser el papi de la democracia. Bueno, sigamos. No pasó nada. Los problemas con el dólar son anteriores a YPF y todo indica que la ecuación YPF; en las actuales condiciones (que hay que ver cuanto duran) sino resuelven sí alivian y mucho el problema de la balanza de pagos, putitos.
Y las petroleras se sentaron, mansitas, a conversar con el judío marxista, nuestro ídolo pop, Axel Kicilof, en la Comuna de Miami, Puerto Madero.
Básicamente, España tiene demasiados intereses en el país (y esto es una fuerte crítica al gobierno, pero sin eco) como para andar arriesgando aún más. Los problemas, políticos y económicos, tienen que ver con la capacidad para conducir la puja gremial, y el kirchnerismo, o sea, Cristina, aparece fuerte. De hecho, contra todos los pronósticos, está más complicado el frente gremial que el frente patronal. Hay que ver sino que el delincuente fiscal Hugo Biolcatti no puede torcer ni la voluntad de Scioli por actualizar la regresividad fiscal de la provincia de Buenos Aires.
Y los "industriales" lucen, también, mansos. Más que nada por que entendieron el juego. Con Cristina, no se jode. También lo entendieron los sindicatos, lo que le da más chances a Moyano. Todo está por verse.
Volvamos a YPF. La ANSES parió la AUH y las jubilaciones se pagan, son magras (sí, ya sé que antes y demases, pero mis amores, siguen siendo muy bajas) pero constantes, y eso, oh, sí, una cagada, pero es novedoso. A veces, crecen, durante unos meses, por encima de la inflación. Pero el marco de previsibilidad es importante, en un país que tantas veces se ha venido abajo.
La ANSES logró eso, y la estratégica AUH, con relativa prolijidad. Con indiscutible eficacia. Con gobernanza. Gracias a la más que estratégica estatización de las AFJP.
El punto es qué se puede hacer con la empresa más grande del país, YPF. El kirchnerismo tiene, en esa materia, credenciales. Pero primero había que calmar las aguas. Y seguramente hasta los más optimistas pensaban que esto iba a tardar más tiempo. No. Todo indica, que no. Un acontecimiento enorme es, parezco el de la guerra del golfo no ha ocurrido, un acontecimiento enorme es para nosotros todo aquello que no ocurrió.

José Larralde





Shocklender

Hoy, en uno de los capítulos más ridículos de su historia, la historia de la corrupción, Oyarbide metió preso a los hermanos Shocklender, acusados de integrar una asociación ilícita. O sea, de paso, amenaza, nunca a las grandes constructoras -aliadas en esta estafa eterna al estado, aún al estado conducido por quienes hicieron más viviendas en toda la historia, y también, afanaron descaradamente- al gobierno, al poder ejecutivo, que se deja, claramente, amenazar. Ni una palabra sobre este tema. Nada. La realidad hace rato que no existe entre los bandos enfrentados de la Argentina, unas 5.000 familias que, de un lado y del otro, se benefician con esta situación ridícula.
Y uno tiene que ponerse de un lado o del otro, no hay alternativa. La historia se ha construido así. Yo me he quedado del lado de los que construyeron más viviendas en toda la historia, claro que choreando a lo loco. Y como no adhiero al relajamiento moral, los corrosivos silencios tácticos, bueno, naturalmente, no he ganado muchos amigos. Pero es importante pesar, en una balanza imaginaria, estos dos elementos. Que son ciertos. Los funcionarios del área de viviendas no habitan las casas -ciertamente muy dignas, con cosas novedosas como terrenos para ampliar, o márgenes y topes para las grandes constructoras- que construyen con la plata del estado, pero se han construido mansiones, nadie sabe con qué dinero, al lado del lumpenburguesariado que hicieron crecer, al punto que uno ya se confunde quién es quién. Dan, la verdad, asco. Han prostituido los sentidos de la militancia. Han llegado al colmo. Shocklender va preso, no por afanar (qué duda cabe, a esta altura, de lo mucho que ha robado) sino por ser el más débil. Hemos vuelto a una argentina de mierda. Shocklender vuelve a pagar el delito de haber matado a sus padres. Y lo sabe. Es más inteligente que esa prestigiosa runfla que se afana hasta el aire que respira. La que ahora depende de alimentar, en el circuito de la infamia, la extorsión de Oyarbide.
La corrupción no metió preso a Oyarbide, la corrupción metió preso al único corrupto que cometió un pecado inadmisible, en tiempos oscurísimos: matar a los padres.
Me da lástima Shocklender. Me da profunda lástima.
Porque, como el resto de la trama, todos los que van a salir impunes, le chupa un huevo todo este proceso. Si Shocklender estuviera nuevamente entre las bambalinas de los aplaudidores, no dudaría en romperme la cabeza a cadenazos. Aún así, me da lástima.

martes, mayo 15, 2012

La argentinidad al plato






El mercado de los alimentos en toda su extensión es el núcleo duro de la modalidad argentina de capitalismo. Siempre fue así. Aunque conoció épocas de mayor justicia social, principalmente, cuando intervenía el estado, cosa que ahora, muuuuuuuy tibiamente, está, apenititas, volviendo a hacer. De manera discutible.
Primero: no hay en todo el gobierno nacional (no se puede tomar en serio a la burocracia de tribunales ni la comparsa de las legislaturas cuando se habla de temas importantes, como los alimentos) una agencia encargada de los alimentos. Aunque, y sin saberlo, el 70% del estado ejecutivo se ocupa de garantizar, de manera conservadora, el mercado de los alimentos.
Vamos por partes.
La oligarquía, siempre con la ayuda estatal y, sobre todo, la protección estatal (acá juegan un factor fundamental, sí, la burocracia de tribunales y la comparsa legislativa. No desde ahora, desde siempre: quizás ahí radique su merecidísimo desprestigio) es la que maneja el mercado, por llamarle de algún modo, de los alimentos. Es la corporación monopólica más importante. Es el núcleo duro del capitalismo. Son los intocables. Se puede discutir todo, absolutamente (je) todo, menos, claro está, los alimentos. El mercado, por llamarle de algún modo, de los alimentos.
Entre las mentiras que, por llamarle de algún modo, expande la pampa húmeda, centro financiero del país, en torno a ésto es una especie de autocrítica sobre la falta de valor agregado de los productos, en esta etapa de Chicago, básicamente, granarios, y el consecuente algoritmo contrario de la necesidad de agregarle industria. Una dicotomía que vende, y mucho, en las universidades públicas. Pero que, sin dejar de reflejar cierta verdad, no alcanza ni por puta a explicar lo que sucede.
La dicotomía campo e industria esconde la consecución de la oligarquía diversificada en la financiarización del capital, tanto industrial como campero.
Ese mito, sin embargo, está muy arraigado y da origen a otro error, grotesco, conceptual: el lumpenburguesariado como, je, necesidad ontológica, imposibilidad primitiva.
En conjunto, el mercado de los alimentos es el mercado financiero (o sea, globalizado localmente) de la oligarquía diversificada. Esa oración, la anterior a este punto y seguido, es, si a alguien le importa, mi cosmovisión ideológica de las cosas. No es tan compleja, aunque lo parezca. Se trata de tres o cuatro categorías que derivan en una "visión del mundo", señora.
Y que ya no tengo ganas de explicar. Aunque, ahora que lo pienso, siempre giro sobre lo mismo. Sobre la importancia estratégica de golpear -o sea, visibilizar- ese núcleo estratégico del capitalismo argentino. Que tiene sus secuelas sociales, culturales, geográficas, productivas, económicas, antropológicas. Si bien se mira, es una pretenciosidad marxista, que de una tesis naufraga a una explicación totalizante. Bueno, es lo que hay, putitos.


¿Qué leo?






¿Cómo puede ser que haya tantas posibilidades y tan poco para leer? Los columnistas de los diarios aburren, son previsibles. Bueno, yo vivo de eso. Pero igual. Digamos la verdad, hace un tiempo que quedan pocos. Horacio Verbitsky, Mario Wainfeld, Sandra Russo, en Página 12, Carlos Pagni y Beatriz Sarlo en La Nación (bueno, Majul, obvio, siempre tendremos París y Majul), nada en Clarín, bah, a veces, Julio Blanck,  Alejandro Horowicz y Ernesto Tenembaumn en Tiempo Argelino, Edgardo Mocca en Debate, José Natanson en el Limón Diplomático (no está online) Andrés Malamud y María Esperanza Casullo en El Estadista, el blog de Jorge Asís, ¿y qué más? Poco y nada. Entre los blogs de por acá, la cosa viene aburrida. Como los conozco a muchos, sé que escriben poco por el descontento que campea. Después están los chupamedias, esos son más previsibles que Van Der Kooy (¿Se escribe así?) Pero, como no hay debates, ni ideas originales, en fin. Yo y mi humildad somos la excepción. A costa de tener cada vez menos amigos. Ja. Lo siento, pero la verdad, cada día me leen más, por acá. En otros lados donde escribo, la cosa está igual. No logro conmover ni a mi sobrina.
¿Qué mierda pasa?
Las tesis semanales de Fontevecchia y Tomás Abraham en Perfil. Mora y Araujo, una dupla que puede salirse del protocolo. Algo, rara vez, en Rebelión. No hay mucho. Bah, parece mucho. Leer todo eso es...dos horas durante dos días de la semana. Antes había, me parece, más. Yo leo, además, a los que tienen matices, sinuosidades, algo nuevo, no te digo siempre, pero alguna vez, para saber. Y leo online. La revista Debate no me la fumaría entera por un par de artículos, el Limón Diplomático, que además tiene un formato incómodo, menos. Bueno, de lo que todavía se puede leer entre los blogs está Mariano, de Yendo a Menos, el Pájaro Salinas, el blog tucumano Los Huevos y las Ideas y el de Aldo Jarma, el Ingeniero, Abel Fernández, Manolo, Omix, Fede Vazquez. Parece mucho, antes había cientos. Ahora también. Y van a estar puteándome por lo que digo: aburren, chicos, aburren mucho. Se ha perdido rebeldía. O sea, credibilidad. Está todo muy previsible, operativo, poco funcional a la derecha, ja. Si esto sigue así, probablemente, para fin de año, estalle una especie de parakirchnerismo no articulado (más ácido, más rebelde, más loco), que hoy se está insinuando, pero que insiste en la boludez de las redes sociales. Ahí donde todo ya está dicho, por que el medio no es estrictamente el mensaje, pero es su mellizo. Y de todos los que nombré (los links, se los debo) ninguno baja de los 30 años. Bah, creo que Mariano tiene por ahí. Vendrá lo nuevo a pasarnos por encima. Ojalá, por que me estoy aburriendo. Por que esto es, naturalmente, así. Pero. Nada, eso.
Una intuición: eso que vendrá será en formato, principalmente, escrito (es donde las ideas se pueden ambientar) pero no solamente. Hay un público que maneja otros códigos, esperando encontrar su nicho, su lugar en el mundo. Como nos pasó a nosotros. A los de antes de nosotros. Así.




Carta a Abal Medina

Esta es la declaración para pedir conferencias de prensa. 

A los comentaristas que dicen que no damos conferencias de prensa o que hablamos poco, les digo que no se preocupen. Si hablamos poco es porque estamos trabajando porque la política es eso: trabajar, esforzarse y gestionar todos los días para mejorar la vida de todos los argentinos.

Juan Manuel Abal Medina, Jefe de Gabinete
Señor Jefe de Gabinete de Ministros Juan Manuel Abal Medina:
Nos dirigimos a Ud. porque hace unos días le hemos escuchado afirmar: “A los comentaristas que dicen que no damos conferencias de prensa o que hablamos poco les digo que no se preocupen. Si hablamos poco es porque estamos trabajando, porque la política es eso: trabajar…” .
Frente a sus declaraciones es forzoso recordarle que, por ejemplo, desde el 1º de marzo, la Presidente de la Nación se dirigió a la ciudadanía en no menos de nueve oportunidades, incluídas las tres horas y media que empleó para dar inicio al período de sesiones parlamentarias. Nada nos hace pensar que, por eso, la Presidente no trabaja. Suponemos que lo hace. Y mucho. Sin embargo, en ninguna de esas ocasiones que, es cierto, pertenecen a un nuevo género al que no podemos llamar “conferencia de prensa”, se admitieron preguntas. Es la Presidente quien se dirige a la concurrencia. Las comunicaciones de la Jefa de Estado y, en líneas generales, las de la inmensa mayoría de sus funcionarios, son de vía única. Ignoramos, por lo tanto, si la Presidente y sus funcionarios escuchan.
Paralelamente, la lista de hechos de hostigamiento hacia la prensa es enorme. Solo basta recordar los “juicios éticos y populares” que Hebe de Bonafini -con presencia de funcionarios públicos como Néstor Busso- realizó en 2010 y 2012 contra varios colegas; la desgraciada reacción del Ministro del Interior Florencio Randazzo tras decir que los diarios La Nación y Clarín atentaban “contra la democracia y la calidad institucional”; las amenazas del empresario de medios ligado al Gobierno Sergio Szpolski, defensor acérrimo de la actual administración en su multimedios, contra otro colega por publicar un diálogo público;  y la acusación directa de “nazis” a otros dos periodstas por parte, ni más ni menos, de la Presidenta de la Nación. A todos estos hechos se les suma el uso del dinero y los medios públicos para sostener esta política de acoso que, como es evidente, excede los hechos puntuales para volverse sistema.
Los abajo firmantes, periodistas de distintos medios, edades, orígenes sociales, políticos  y culturales tenemos una obligación común: preguntar. Se nos ha enseñado en las escuelas, en las redacciones, en los textos que teorizan sobre los alcances de nuestra profesión que el compromiso del periodista es con la verdad y la verdad son los hechos; que la misión del periodista es indagar, cuestionar e informar a la opinión pública, frente a la que tanto ustedes, funcionarios, como  nosotros, gente  de prensa, somos responsables. La prensa es un instrumento de la República y un reaseguro para el control ciudadano de los actos del gobierno. Es así que los hombres de Estado están obligados a rendir cuentas y nosotros incurriríamos en mala praxis si no pidiéramos esa rendición. En razón de esa tensión saludable y democrática, por cierto, es que más allá de las falacias con que Ud. acaba de contestar las demandas de diálogo, seguiremos insistiendo en preguntar, ejerciendo nuestro derecho y exigiendo el cumplimiento de esa obligación.
No es sencillo ser un funcionario político. Está claro. Tampoco ser periodista es siempre fácil. No es agradable responder a preguntas incómodas. Lo imaginamos. Tampoco lo es formularlas, pero se trata, desde nuestro punto de vista, de un acto necesario. Hacemos votos porque en algún momento, mejor temprano que tarde y sin que eso los distraiga de sus  tareas, la Presidente, Usted y sus colegas del gobierno acepten ese intercambio como lo que, en esencia,  es: una carga pública.
Mientras tanto, frente a la imposibilidad de hacerlo en los escenarios habituales y, reiteramos,para no abdicar de nuestro derecho a recabar información, quienes suscribimos este texto le informamos que, de aquí en adelante, haya o no contestación, formularemos las preguntas que consideremos de interés a través de los medios que estén a nuestro alcance. Las que siguen son sólo algunas de ellas:

-¿Por qué razón los funcionarios del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no se vinculan con la prensa más allá de un grupo de periodistas amigos?
-Todos somos esclavos de la ley. Eso diferencia a los sistemas donde impera la justicia de aquellos que se apartan de la legalidad y de las conductas democráticas ¿Por qué el Gobierno desconoce los fallos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la publicidad oficial?
-¿Por qué se dejaron de brindar detalles de la distribución de la publicidad oficial, pese a que varias ONGs presentaron pedidos de acceso a la información pública, basándose en el Decreto 1172/03, que dictó Néstor Kirchner?
-Frente a las incontables declaraciones de enemistad y desagrado respecto de nuestra tarea, ¿qué rol cree su gobierno que debemos desempeñar los periodistas? ¿Por qué es letra muerta la Ley de Acceso a la Información?

Sin más, por ahora, lo saludan atte. 
Alejandro Alfie
Claudio Aliscioni
Norberto Angeletti
Carlos Ares
Alberto Armendáriz
Ricardo Alberto Arrúa
Marina Artusa
Eduardo Aulicino
Jorge Aulicino
María Laura Avignolo
Mariano Alonso Balmendia
Mónica Baumgratz
Ana Barón
Rodolfo Barros
Osvaldo Bazán
Gustavo Bazzan
Juan Bedoian
Federico Bedrune
Alejandro Bianchi       
Martín Bidegaray
Marcelo Bonelli
Julio Blanck
Javier Blanco
Guido Braslavsky
Fernando Bravo
Carlos Burgueño
Ricardo Cámara
Marcelo Cantelmi
Marcelo Cantón
José Alberto Capdevila
Laura Capriata
Nelson Castro
Luis Ceriotto
José Crettaz
Walter Curia
Sergio Danishewsky
José Antonio Díaz
Martín Di Natale
Luis Domenianni
Federico Domenianni
Georgina Elustondo
Florencia Etcheves
Daniel Fernández Canedo
Jorge Fernández Díaz
Marco Fernández Leyes
Silvia Fesquet
Carlos Gabetta
Pablo Gaggero
Alejandra Gallo
Héctor Gambini
Andrés Gauffin
Walter Giannoni
Bernardo Goncalvez Borrega
Florencia Grieco
María José Grillo
Carlos Guyot
Leonardo Hancevich
Silvina Heguy
Claudio Jacquelin
Daniel Juri
Ricardo Kirschbaum
Jorge Lanata
Juan Agustín Landaburu
Facundo Landivar
Abigail Lasalle
Román Lejtman
Alfredo Leuco
Gabriel Levinas
Daniel Leyba
Josefina Licitra
Rodrigo Lloret
Matías Longoni
José Ignacio López
Paula Lugones
Luis Majul
Silvina Márquez
Silvia Mercado
Leonardo Mindez
Federico Monjeau
Joaquín Morales Solá
Marcelo Moreno
Pablo Morosi
Daniel Muchnik
Oscar Muiño
Alberto Muney
Silvia Naishtat
Pedro Navarro
Gustavo Noriega
Mariano Obarrio
Alcadio Oña
Eugenio Paillet
Carlos Pagni
Marcelo Panozzo
Osvaldo Pepe
Silvia Pisani
Martín Pitton
María Elena Polack
Javier Porta Fouz
Rodolfo Pousá
Gerardo Puig
Quintín
Ceferino Reato
Ricardo Roa
Paula Rodríguez
Analía Roffo
Gastón Roitberg
Diego Rojas
Jorge Rosales
Magdalena Ruiz Guiñazú
Carlos Sacchetto
Matilde Sánchez
Gonzalo Sánchez
Adrián Sánchez Berger
Daniel Santoro
Beatriz Sarlo
Claudio Savoia
Laura Serra
Sergio Serrichio
Gustavo Sierra
Jorge Sluger
Eduardo Tagliaferro
Eliana Toro
Jorge Urien Berri
Dolores Valle
Eduardo Van der Kooy
Daniel Vecchiarelli
Susana Viau
Sylvina Walger
Miguel Wiñazki
Nicolás Wiñazki
Gerardo Young
Juan Carlos Zapiola

(Adhesiones y comentarios en conferenciadeprensa9@gmail.com)





Poemas de oficina




Es necesario volver a la crítica de lo estatal. A una teoría del estado. Ha retornado. O amaga retornar. Pero como con sospechas. Como cualquier expresidiario. Viene de cometer el crimen de existir. Pero ya pagó ante la sociedad. Oh, los noventa! Y no es un fenómeno argentino. Aunque la modalidad argentina -el kircherismo, no única pero sí y de lejos, principalmente- tenga entre sus particularidades una intensidad que opera como dificultad para mirar los fenómenos comunes en la región y, prestando más atención, en el mundo. La política no es solamente lo estatal. Pero no hay política sin estado, aunque sí puede haber estado sin política. Y, el estado, probablemente sea un estadio en el derrotero de la especie humana, no lo sabremos nunca, pero cualquier forma de organización social debería contar con la posibilidad de la política, o sea, de su autoconciencia. Mierda. Últimamente estoy escribiendo demasiado rebuscado. Quizás, porque tengo menos tiempo, estoy escribiendo otras cosas. Y además tengo que trabajar. Y así, sucesivamente. Explicar las cosas que uno piensa de una manera, no sé si más fácil, pero por lo menos no tan acotada a los convencionalistos académicos lleva, a veces, más tiempo. Lentifica el proceso de escribir mientras se piensa.
El formato del retorno de la política, básicamente, una coartada para esquivarnos culpas, dificulta, en sus magnicidios inaugurales, la comprensión de las rupturas y continuidades. Pero también dota de entusiasmo a la tarea de la hora, ja, la tarea de la hora, frase izquierdista, setentista, cuando el estado, de tanto que nadie lo discutía en su misma razón de ser, estaba construyendo los cimientos de su propia autodestrucción. El estado es, en el fondo, un tigre de papel. También.

lunes, mayo 14, 2012

La Pimpinela




Entre las versiones -en la hegemonía conceptual que redime a la comunicación a un asunto entre privados figura que sobre los movimientos empresariales no hay necesidad social de informarlos- que circulan sobre la posible compra por parte de Cristóbal López de los medios de Daniel Haddad, figura la posibilidad de obturar la candidatura presidencial de Scioli por la agrupación La Pimpinela. Dado que el fascista K Daniel Haddad, por supuesto, está más inclinado a la tilinguería cultural de Daniel Scioli y más si el gobernador bonaerense llegara a volver al estado administrado por sus propios dueños.
Revela, así, también, la estrategia acotada del líder de La Pimpinela. Claro que hay que ver si es cierto ese rumor. Yo le daría cierta entidad, pero la verdad, desconozco los movimientos de palacio, y cómo están los humores con López, un representante del lumperburguesariado.
La Pimpinela no tiene, por ahora, muchas posibilidades de crecer en el territorio, ni siquiera en la provincia de Buenos Aires. El peronólogo no le calza a Scioli, que es capaz de interpretar varios personajes pero como galán de la tele (actuando siempre de sí mismo, más allá de quién o de qué vaya la tira) y, de todos lodos, y de todos modos, el peronólogo es un indisimulable indicador de derrota. La ortodoxia peronista es un lujo de quien fue pasado a planta permanente. Los amagues de diferenciarse que con suerte distinta intentaron varios gobernadores antes de la expropiación de YPF quedaron en orsai por, justamente, la expropiación de YPF. Y el peronismo de la derrota (el que en vez de recitales de la Bersuit hace charlas-debate de nostalgia calendaria) hoy está vacante, hasta el punto que el kirchnerismo a veces no tiene a quién echarle la culpa de las cosas; pero no parece un lugar muy tentador para ocupar.
El verdadero contrapunto (y razón de ser de La Pimpinela al interior del kirchnerismo) es con Macri, porque La Pimpinela, la agrupación de Scioli, ocupa, simbólicamente, el mismo espacio menemista que La Gorra, la agrupación de Mauricio, que es Macri. La única diferencia es que La Pimpinela, contrariamente a La Gorra, no es una agrupación de iletrados. Hay pruebas en Sadaic de esta afirmación, eh. Y los mecanismos financieros para destinar dinero vía municipios y la crisis presupuestaria que afrontan las provincias dado el imperante sistema regresivo que practican (actualizar el sistema regresivo, incluso, motivó la patoteada de Biolcatti, líder de La Campop) configuran un marco que, si se adosan la contraposición de los tiempos institucionales y las histerias corporativas, da como resultado que La Pimpinela sólo puede avanzar con recitales de casino. Ahí donde brillan Cacho Castaña, los Pimpinela y la serie de cantantes serra limadas de los años ochenta que ven en Scioli la oportunidad de redimirse. Los cantantes de casino nunca se van pero viven cantando sobre su vuelta. Parece el marco natural de crecimiento de La Pimpinela. Claro que el problema es que el negocio del juego está, como se sabe, bastante dividido. Pero es para evitar la cartelización.
Que La Pimpinela y La Gorra se sigan disputando los cantantes de casino es lo que irrita las histerias corporativas que señalan que deben unirse contra La Cámpora. Basta, entonces, que La Cámpora administre las dosis de pelea entre La Pimpinela y La Gorra para seguir conduciéndolos, entre zanahorias y chas chás en la colita (no es cuestión de gastar pólvora si alcanzan las balas de sebita) mientras se organiza el cuadro que de estatura para avanzar con la reforma que institucionalice el constitucionalismo social. Y sus liderazgos. Como Cristina, que es Kirchner.
Oportunidad para que también La Gorra avance en la institucionalización del constitucionalismo policial. Y sus liderazgos. Como Macri, que es Mauricio.
Oportunidad para que también La Pimpinela institucionalice su  constitucionalismo de cantantes de casino. Y sus liderazgos. Que es María Marta Serra Lima, la que siempre está volviendo. Con sus Cinco Latinos. O el borracho evangelista centroamericano, cuyo nombre, de verdad, no recuerdo. Pero que trasciende la argentina toda. Es un cantante de casino de Las Vegas. Otro nivel. Mucho más copado. Ludmila Gurchenko, la que se cambia el apellido para esquivar su parentezco con Tomás Abraham -lo que hubiera derivado en la posibilidad de que yo termine siendo pariente de Tomás, para alegría suya. Y mía- los otros días, cuando estábamos planeando por trigésima novena vez nuestra boda, me habló de una luna de miel en Las Vegas. A mí me parece, sinceramente, muy ochentoso. El imperio de lo grasa es hoy Miami. De todos modos después me peleé. La boda tendrá que esperar. Pero se concretará, lo juro. El día que Scioli sea presidente.

La Pimpinela




Entre las versiones -en la hegemonía conceptual que redime a la comunicación a un asunto entre privados figura que sobre los movimientos empresariales no hay necesidad social de informarlos- que circulan sobre la posible compra por parte de Cristóbal López de los medios de Daniel Haddad, figura la posibilidad de obturar la candidatura presidencial de Scioli por la agrupación La Pimpinela. Dado que el fascista K Daniel Haddad, por supuesto, está más inclinado a la tilinguería cultural de Daniel Scioli y más si el gobernador bonaerense llegara a volver al estado administrado por sus propios dueños.
Revela, así, también, la estrategia acotada del líder de La Pimpinela. Claro que hay que ver si es cierto ese rumor. Yo le daría cierta entidad, pero la verdad, desconozco los movimientos de palacio, y cómo están los humores con López, un representante del lumperburguesariado.
La Pimpinela no tiene, por ahora, muchas posibilidades de crecer en el territorio, ni siquiera en la provincia de Buenos Aires. El peronólogo no le calza a Scioli, que es capaz de interpretar varios personajes pero como galán de la tele (actuando siempre de sí mismo, más allá de quién o de qué vaya la tira) y, de todos lodos, y de todos modos, el peronólogo es un indisimulable indicador de derrota. La ortodoxia peronista es un lujo de quien fue pasado a planta permanente. Los amagues de diferenciarse que con suerte distinta intentaron varios gobernadores antes de la expropiación de YPF quedaron en orsai por, justamente, la expropiación de YPF. Y el peronismo de la derrota (el que en vez de recitales de la Bersuit hace charlas-debate de nostalgia calendaria) hoy está vacante, hasta el punto que el kirchnerismo a veces no tiene a quién echarle la culpa de las cosas; pero no parece un lugar muy tentador para ocupar.
El verdadero contrapunto (y razón de ser de La Pimpinela al interior del kirchnerismo) es con Macri, porque La Pimpinela, la agrupación de Scioli, ocupa, simbólicamente, el mismo espacio menemista que La Gorra, la agrupación de Mauricio, que es Macri. La única diferencia es que La Pimpinela, contrariamente a La Gorra, no es una agrupación de iletrados. Hay pruebas en Sadaic de esta afirmación, eh. Y los mecanismos financieros para destinar dinero vía municipios y la crisis presupuestaria que afrontan las provincias dado el imperante sistema regresivo que practican (actualizar el sistema regresivo, incluso, motivó la patoteada de Biolcatti, el prestigioso delincuente) configuran un marco que, si se adosan la contraposición de los tiempos institucionales y las histerias corporativas, da como resultado que La Pimpinela sólo puede avanzar con recitales de casino. Ahí donde brillan Cacho Castaña, los Pimpinela y la serie de cantantes serra limadas de los años ochenta que ven en Scioli la oportunidad de redimirse. Los cantantes de casino nunca se van pero viven cantando sobre su vuelta. Parece el marco natural de crecimiento de La Pimpinela. Claro que el problema es que el negocio del juego está, como se sabe, bastante dividido. Pero es para evitar la cartelización.
Que La Pimpinela y La Gorra se sigan disputando los cantantes de casino es lo que irrita las histerias corporativas que señalan que deben unirse contra La Cámpora. Basta, entonces, que La Cámpora administre las dosis de pelea entre La Pimpinela y La Gorra para seguir conduciéndolos, entre zanahorias y chas chás en la colita (no es cuestión de gastar pólvora si alcanzan las balas de sebita) mientras se organiza el cuadro que de estatura para avanzar con la reforma que institucionalice el constitucionalismo social. Y sus liderazgos. Como Cristina, que es Kirchner.
Oportunidad para que también La Gorra avance en la institucionalización del constitucionalismo policial. Y sus liderazgos. Como Macri, que es Mauricio.
Oportunidad para que también La Pimpinela institucionalice su  constitucionalismo de cantantes de casino. Y sus liderazgos. Que es María Marta Serra Lima, la que siempre está volviendo. Con sus Cinco Latinos. O el borracho evangelista centroamericano, cuyo nombre, de verdad, no recuerdo. Pero que trasciende la argentina toda. Es un cantante de casino de Las Vegas. Otro nivel. Mucho más copado. Ludmila Gurchenko, la que se cambia el apellido para esquivar su parentezco con Tomás Abraham -lo que hubiera derivado en la posibilidad de que yo termine siendo pariente de Tomás, para alegría suya. Y mía- los otros días, cuando estábamos planeando por trigésima novena vez nuestra boda, me habló de una luna de miel en Las Vegas. A mí me parece, sinceramente, muy ochentoso. El imperio de lo grasa es hoy Miami. De todos modos después me peleé. La boda tendrá que esperar. Pero se concretará, lo juro. El día que Scioli sea presidente.