Con un 10% no de adhesiones, sino del entusiasmo que genera Cristina Kirchner, con un 10%, Fernando de La Rúa completaba su mandato.
El amateurismo PRO se ve acá.
No le pasa a Binner y su gobierno radical.
Sí, a Macri y su novedoso gobierno atendido por sus propios dueños.
Todos se desmarcan, se despegan, ejercen el derechismo crítico, son todos librepensadores con una sola coincidencia: Macri es un genio. Y Macri es vulgar, escueto, inculto, rezongón. Sólo puede concitar la adhesión letrada de tipos de la talla de Abel Posse y Alejandro Rozitchner.
Pero, hoy, en el blog del funcionario macrista y ridículo testimonial, escribe una perorata para despegarse del hasta ayer funcionario estratégico -el área de educación, ni más ni menos- del gobierno que él integra.
Con una miserabilidad insoportable -dice que no puede ser ministro porque tiene 75 años y porque s ele suicidó un hijo, una basura de tipo- ejerce esa estupidez de incomprender cómo se gobierna.
Puede sonar atractivo este fascismo de asesores y ministros que opinan libremente en programas de cable rentados para la ocasión, y renuncian con la misma liviandad irresponsable, son rajados, traídos, llamados, desmentidos, mientras todos juntos hacen un papelón, suena atractivo, pero detrás de eso hay gente que sufre por estos jodidos hijos de puta.
Por esa sutilezas tan groseras, es que Aníbal Fernández lleva siete años de ministro en cargos críticos y los ñoquis como Rozitchner más tarde o más temprano dirán "estoy decepcionado" y pulularán por otras pampas ideológicas.
Todo muy pueril, muy torpe.
¿Vos creés que somos boludos, Rozitchner, y que vos no tenés nada que ver con Posse? Sí, creés eso. Allá vos. Ahora, no podés ser tan caradura e irresponsable de ni siquiera hacerte cargo del gobierno que integrás.
"Se le suicidó un hijo. No podés ser Ministro de Educación, es decir,
ocuparte de los chicos, de los nuevos de la sociedad, si no lograste
siquiera hacerle un lugar en el mundo a tu hijo".
Enterado de la renuncia de su ministro de educación -no antes- este cretino maricón salió a escribir esto. Si yo fuera Abel Posse, lo recontracagaría a piñas. Y que vaya a hacerle la denuncia a la policía del Fino Palacios.
Hay que tener cuidado con este miserable, detrás de la jerga tecnoempresarial, esconde los más bajos y oscuros sentimientos. Una basura.
Bueno, se acerca la festividad por la tortura de un tipo hace 2000 años y todos se ponen un poquito más buenos y más borrachos (qué sería que el mismísimo hijo de María y el Espíritu Santo -nunca entendí el rol del cornudo de José en toda esta historia- se reencarnara de vuelta y apareciera con su taparrabos en algún festejo bolichero de navidad: lo sacan a los bolzasos los patovicas) como corresponde al paganismo cristiano de los que son "creyentes, pero no practicantes". Nosotros, bah, yo, que soy "practicante, pero no creyente" no podía quedar atrás y decir algo que se me ocurre pero con la mejor onda. Con lucecitas de colores, burbujas y espíritu consumista, como cuaja.
Cuando fulanito o menganito quiere ser presidente, generalmente se propone, antes del fragor real de la campaña, de la coima a los empresarios de medios y la rosca con los futuros funcionarios se propone dos cosas que siempre salen mal, pero siempre se repiten: conformar un grupo de intelectuales prestigiosos y viajar por el exterior como estadista.
Macri, se ve, tenía las dos cosas planificadas, pero los escándalos le marcaron los tiempos: con el bufón de España, Juan Carlos (hay que tener ñoquis de esa envergadura, eh: qué país, España, qué país) y acá le salta el despelote de la forzada renuncia del Fino Palacios. No pudo mostrarle a Aznar, el derechista ideológico que arma la derecha más brutal en estas pampas fértiles yprogresistas, ni al compañero del socialismo del gran capital, el lobysta de Felipe González, no les pudo mostrar que él era la cara de un Piñeira chileno en la Argentina.
Ayer, cuando presentaba los 800 oficiales de la policía porteña, la renuncia de Posse le arruina esa fiesta cívica: por primera vez, los porteños iban a probar el amargo sabor de tener una policía provincial. La fiesta, otra vez, quedó empañada.
Es un clásico en la construcción de la imagen de "estadista" esa boludez: visitar el gran ñoqui de españa, algún funcionario de Francia, viaje inaugural a los Estados Unidos, en lo posible hincarse en la dictadura teocrática del Vaticano, y juntar un puñado de licenciados de la UBA para venderlo como planificador estratégico para los próximos siete mil trescientos cincuenta años de políticas de estado consistentes en todas las áreas, desde la CONEAU hasta la floristería de las plazas formoseñas.
Siempre fracasa, el asunto. Y sino, la gente de a pie, suele tener la mala leche de no compartir la euforia de los micrclimas de campaña. Fea la actitud, eh.
No hay caso, señores, ya lo dijo el compañero Otto Vargas, si la cosa no funciona, para qué cambiar nosotros: hay que cambiar de pueblo.
En fin. ¿Cómo vamos con la unidad del centroizquierda? ¿El compañero Lozano no se pone celoso en Navidad, porque sólo se recuerda a Cristo y no a su encarnación, eh, que viene a ser, justamente, él?
1. “Yo simplemente dije lo que pienso, no tuve intenciones de ofender a
nadie, pero si le tengo que pedir disculpas a Zulma Lobato, no tengo ningún
problema.” (Hugo Moyano, sobre sus
declaraciones comparando al vicepresidente Cobos con el personaje mediático)
2. “Las palabras de Moyano estuvieron completamente fuera de lugar, Zulma
será lo que será pero no se merece que la comparen con semejante personaje.” (Anabella Ascar, conductora de Crónica
TV, sobre las declaraciones del líder cegetista)
3. “Yo al contrario que Moyano, creo que este señor o señora Lobato sus
condiciones debe tener, por algo tengo entendido que lo o la convocó Nito
Artaza -que es un hombre que sabe mucho del tema- para actuar en su
espectáculo.” (Julio Cobos)
4. “Este desprecio de la presidenta por el Congreso al no convocar a
extraordinarias y dejarlo cerrado hasta marzo no me deja más remedio que ir a
hacer temporada de verano en Mar del Plata.” (Nito Artaza, senador nacional por Corrientes y Esmeralda)
5. “Estos fallos reconfortan y alientan la esperanza de un futuro mejor
para la Argentina,
sabiendo que hay en la justicia un refugio seguro contra los atropellos del
régimen.” (Elisa Carrió, sobre los
pronunciamientos judiciales contra la ley de medios)
6. “Este fallo demuestra que el régimen entró en su etapa final de
descomposición, cooptando jueces y vaciando de sentido a las instituciones, por
lo que el colapso del poder es inminente y se avecinan días negros para la República.” (Elisa Carrió, sobre el fallo de
Oyarbide sobreseyendo a los Kirchner en la causa por enriquecimiento ilícito)
7. “Es verdad, para que negarlo, tenemos nuestras diferencias sobre la
convocatoria a una nueva protesta del sector, nosotros queremos hacerla por el
tema de la carne y el trigo, Alfredo insiste con lo de la lechería y Biolcatti
piensa que hay que pedir guillotina para todos, pero hablando se entiende la
gente.” (Mario Llambías, dirigente
de CRA, sobre las disidencias en la
Mesa de Enlace)
8. “¡Qué barbaridad esto, es verdad que yo dije ya en el 2003 que se
venía el zurdaje y que a lo mejor se me fue la mano en el último almuerzo, pero
jamás me hubiera imaginado esto, y menos de Daniel!” (Mirtha Legrand, comentando el asesoramiento del ex dirigente
montonero Mario Montoto al gobernador Scioli en materia de seguridad)
9. “Lo del gobernador Scioli es poco serio, con todos los problemas que
tenemos en la provincia, ¿a ustedes les parece bien que nos digan “lo de la
inseguridad, que lo arregle Montoto”, eh?” (Juan Carlos Blumberg, sobre el mismo tema)
10. “Lamentablemente el tiempo me dio la razón: los sobrevivientes del
experimento troscoleninista, de las bandas armadas de la utópica revolución
socialguevarista, vuelven con persistencia gramsciana a buscar el poder, o por
lo menos jugosos dineros como proveedores del Estado, y nada menos que de
elementos vinculados a nuestra seguridad.” (Abel Posse, sobre el mismo asunto, en otra columna de La Nación)
11. “Como se nota que Duhalde era bañero eh, le gusta quedarse al borde de
la pileta y ver como se tiran los demás, atento por si se ahogan.” (Carlos Reutemann, sobre la presión del
ex presidente para el lanzamiento de su candidatura presidencial)
12. “Uno con que se la metan en el recontramedio del culo, el otro que no
le va a sacar la cola a la jeringa, esto más que peronismo disidente es
fijación anal.” (Agustín Rossi,
sobre los dichos de Reutemann y Duhalde en relación a las candidaturas
presidenciales)
13. “¿Así que Morales me quería ver vestido a rayas?, esperá que voy a
buscar la camiseta de Rácing y me la pongo ji,ji.” (Néstor Kirchner, sobre su sobreseimiento en la causa por
enriquecimiento ilícito)
14. “La verdad es que esta polémica con Majul me hizo pensar y yo estaba
equivocado, la reflexión correcta sería que hoy en día, cualquier pelotudo
escribe un libro.” (José Pablo Feinmann)
15. “Las declaraciones de este señor Valenzuela estuvieron completamente
fuera de lugar, la Argentina
es un país donde reina la más absoluta seguridad jurídica para invertir, y si
uno ve afectado sus intereses por la prepotencia estatal, nunca le van a faltar
un diputado amigo que vaya a los tribunales para defenderlos, ni una jueza
dispuesta a hacer lugar a sus reclamos.” (Daniel
Vila)
16. “¡Yo les voy a dar a éstos ley de medios y cláusula de desinversión,
no saben con quien se metieron, tráiganme esa servilleta que está ahí, la que
tiene escrita una lista con nombres!” (Héctor
Magnetto)
17. “Se avecinan días difíciles para los Kirchner, y nuevas derrotas en
los estrados judiciales: otro juez estaría a punto a fallar a favor de la
señora de Noble, declarando –en consonancia con la época del año- que los hijos
son suyos, por obra y gracia del Espíritu Santo.” (Joaquín Morales Solá)
18. “A nosotros nos alegra sobremanera esta nueva condena a los genocidas,
y más en este caso que un ex juez federal de la dictadura va a terminar en la
cárcel, así hay uno menos que pueda fallar a favor de Clarín.” (Hebe de Bonafini, sobre la sentencia en
los juicios por delitos de lesa humanidad en Santa Fe)
19. “Esto se lo quiero dedicar a Elisa Carrió, para que vea que en
definitiva sale barato mantener la dignidad y la palabra, con una semana menos
de vacaciones en Punta del Este le alcanzaba.” (Luis D’Elía, sobre su condena a pagar una multa por haber vinculado
a Eduardo Duhalde con el narcotráfico)
20. “La verdad que este caso era complicado pero yo estaba tranquilo, lo
que me hubiera preocupado bastante era si me tocaba analizar la declaración
jurada de Carrió.” (Alfredo Peralta,
director de los peritos contables de la Corte Suprema que intervinieron
en la causa por enriquecimiento ilícito de los Kirchner)
21. “Yo me tomé la libertad de traducir los dichos de Reutemann en
relación a su candidatura, porque si uno los tiene que tomar al pie de la letra
hay que andar con cuidado, porque puede haber chicos cerca y después repiten lo
que le escuchan decir a los grandes.” (Gerónimo
Venegas, sobre sus declaraciones en relación al futuro político del senador
santafesino)
22. “No es que yo esquive el debate con Gioja por el tema de la minería,
al contrario estoy preparado para desenmascarar el escándalo de sus negociados,
lo que sucede es que justo ese día hay un especial de fin de año de Hora Clave,
y no le puedo fallar a Mariano.” (Pino
Solanas, sobre su debate televisivo con el gobernador de San Juan)
23. “Yo espero ansioso que el debate se concrete, para poder decirle
algunas cosas cara a cara a Pino Solanas, como por ejemplo que sus películas
son un verdadero bodrio.” (José Luis Gioja,
gobernador de San Juan)
24. “¿No llamó Magdalena para salir al aire hoy todavía?, porque tengo un
día muy complicado y no me vendrían mal unas puteaditas para sacarme la mufa.”
(Aníbal Fernández)
martes, diciembre 22, 2009
La renuncia de Posse, por los elementos que son públicos hasta acá, no tienen tanto que ver con fascismo manifiesto de sus escritos -convenientemente minimizados por la gran prensa- sino con su generoso paseo por los canales de cable, marcando agenda al PRO y a Macri.
Si esto es así, el próximo ministro no jugará solo, y no paseará por los programas del cable donde posse podía hablar al pedo sin que le repregunten mucho. Tendrá un perfil bajo.
El problema es que Posse, y Macri con su desginación, puso en el tapete de la agenda porteña a la educación. Grave error, pero, bueno. Ya está.
El otro enorme daño que Posse le causó al macrismo es enturbiar más la relación de éste con el peronismo que le gusta a los disidentes.
Y mostrar la soledad de Duhalde. Que salió convenientemente a bancar, en notable soledad, a Posse, a través de la ama de casa y senadora, Hilda Duhalde. Esposa del hombre que acaba de ganar 6000 pesos en una querella a Luis D Elía, que a diferencia Elisa Carrió, no se retractó de sus insultos a Duhalde (aunque tampoco pudo probar la gravísima acusación).
Ya Duhalde había ungido como presidenta de bloque del peronismo de derecha a la ex kirchnerista Graciela Camaño, lo que bastó para que la esposa de Barrionuevo no presida nada.
Otro daño que Posse causó a Macri es que con su ida vuelve al Macrigate a los primeros planos. Se dirá, por ejemplo, ahora que estoy escuchando a TNmbaum en el programa que salva Zloto, que en la obsesión por derribar a Kirchner estas cosas pasan inadvertidas. Sí, y no. No es tan simple ni lineal.
Porque, en primer lugar, Posse se va por marcarle estúpidamente la cancha a Macri, no porque sea fascista, eso es un asunto menor, para macri, para Gabriela, para la gente que "hace".
Pero no se va porque Aníbal Ibarra haga duros discursos, eh.O Pino Solanas, que denunció que la de Abel Posse es "una decisión errada". Durísimo. La capitalización de la caída de Posse no va al haber del kirchnerismo ni del progresismo ni del gagaísmo.Si alguien capitaliza esta situación es el radicalismo, que se propone, con su partido alquilado a las corporaciones, como el equilibrio entre el oficialismo nacional -que es el gatopardismo crispador, diría el maratónico consensual- y los excesos del otro demonio, el peronismo o el filo peronismo.
Una decisión correcta, la de los radicales.
Con un inconveniente. Y es Cobos.
El hombre de la buena imagen, del chamuyo torpe y despolitizador, de la sutileza para defender causas horribles, la contracara de la brutalidad de Abel Posse.
El problema es que Cobos ha traicionado a todos, y no despierta ningún entusiasmo entre los que ayer lo echaron de por vida de la UCR y hoy lo ungen como módico salvador de listas sábanas. Y el kirchnerismo se lo quiere comer.
Pero, correctamente, Néstor Kirchner se pelea con rivales más grandes, ninguneando a Cobos.
Se me hace que crece subterráneamente una crisis de representatividad, y una crisis al interior del peronismo. En esa crisis al interior del peronismo, una crisis identitaria, los mejores parados, hoy, son los Kirchner: sólo porque disciplinaron su tropa, tienen un líder, el manejo de los resortes estatales principales y todavía el manejo de la agenda.
Pero, disminuído, aferrado a lo propio, a la defensiva.
Un escenario complejo, impensable el 29 de junio.
Ah, y hoy Macri presentó su nueva policía. Je.
Eso sí, nada de esto es importante, el gran debate es la "unidad del centroizquierda"
Con soltura preguntábamos en una recientef encuets cuánto creían los lectores de este blog que duraría Abel Posse. El 81% se inclinó por la opción de "menos de 6 meses". Acaba de renunciar.
Intenté dejar planteadas en otras líneas
algunas ideas sobre las experiencias de gestión opositoras más relevantes de la
política argentina actual: la de Mauricio Macri y el PRO en la ciudad de Buenos
Aires, y la de Hermes Binner y el Frente Progresista (hegemonizado en buena
medida por el socialismo) en la provincia de Santa Fe.
Señalé lo que advertía como diferencias y
(sobre todo) semejanzas en sus estilos de construcción y gestión política, y
mencioné en líneas generales las dificultades que ambos atraviesan al tener que
gestionar, aspecto éste sobre el que particularmente se podría abundar, y otros
con mayor conocimiento de causa podrían hacerlo, sin dudas.
Pero haciendo hincapié en las semejanzas
apuntadas, resulta interesante pensar en que medida esos métodos de
construcción política -y su traslación a la gestión de gobierno- pueden ser
útiles para analizar el fenómeno del posicionamiento de Cobos como
presidenciable en el 2011 con nítida ventaja en las encuestas, y las
dificultades que un eventual gobierno suyo podría afrontar
Tanto Binner como Macri tienen
responsabilidades institucionales concretas en un nivel inferior a la
administración del Estado nacional, y con diferencias de complejidad entre sí,
partiendo de los escasos 200
kilómetros cuadrados en los que el hombre del PRO debe
gestionar, a una provincia extensa con diversidades regionales, como la que le
toca administrar al socialista.
Sin embargo en ambos casos hay un “salto”
hacia niveles mayores de exigencia en el cumplimiento de responsabilidades (de
las empresas familiares y el club de fútbol a la ciudad en un caso, de la
ciudad a la provincia en el otro), y su desempeño en ese trance, a mitad del
mandato que ganaron en las urnas, abre cuanto menos interrogantes sobre la
consistencia de sus aspiraciones presidenciales (más admitidas en público en el
caso de Macri), aun sin necesidad de arrojarles al rostro (sobre todo a Binner)
el estigma de De la Rúa.
Máxima cuando en la gestión del Estado nacional,
son también infinitamente mayores en tamaño y complejidad los factores de poder
que hay que enfrentar, y los obstáculos políticos que esa gestión debe vencer
para desarrollarse.
La constatación parte de estos dos ejemplos
concretos porque son los que hay a mano, pero tengo la presunción que no
hubiera variado mucho si se la aplicase -en igualdad de circunstancias- a otras
estrellas del firmamento opositor como Elisa Carrió o Pino Solanas; y ni que
decir que en buena medida son trasladables a Cobos, cuya última experiencia de
gobierno en Mendoza no le permitió influir en el electorado para evitar la
derrota de su candidato a gobernador, a manos de un candidato peronista, y no
de los mejores.
Y es que a falta de ejemplos concretos de
gestión (por eso los de Binner y Macri son sumamente útiles e interesantes para
el análisis), lo que prevalece es la lectura de la lógica de construcción
política de la oposición al kirchnerismo (con alguna honrosa excepción como
Sabbatella), que se impone más allá de las diferencias de matices que puedan
existir en el discurso, diferencias que por otra parte sería necio desconocer.
Esa lógica de construcción abreva en una
especie de realismo mágico que asigna virtudes milagrosas al diálogo y el
consenso disipadores de la crispación, y en la ambigüedad discursiva de “los
tres o cuatro grandes temas en los que todos nos tenemos que poner de acuerdo”,
con la probable excepción de Pino Solanas y su preocupación por los recursos
naturales estratégicos de Palermo y Recoleta.
Ese discurso negador de la política (que es
por esencia y definición, conflicto) es absolutamente funcional al poder real y
concreto en la Argentina,
pero además augura previsibles problemas a la hora de pretender replicarlo en
la gestión de gobierno.
Que lo digan sino Binner y Macri, que han
debido dejar de lado con frecuencia exquisiteces institucionales que reclaman
al kirchnerismo (y que pertenecen a sus convicciones íntimas más en el primer
caso que en el segundo), ante necesidades concretas de la gestión, que son a su
vez fruto de la misma precariedad institucional que padecemos y que ha
permitido desarrollar lógicas de poder (económico y mediático) trastocadas,
desarrolladas por poderes fácticos que gozan de la enorme ventaja de no estar
sometidos en su vigencia, a la ,mutante voluntad del electorado.
Poderes que además se han beneficiado
históricamente de esas precariedades mientras reclaman el fortalecimiento de
las instituciones; y -para no remontarse a tantos ejemplos de nuestra historia
que vienen a la memoria- ver el cásting de jueces disponibles de que están
echando mano por estos días el grupo Clarín y su ¿competidor? Vila-Manzano para
obstruir la aplicación de la ley de medios.
En el caso de Binner por ejemplo, el fracaso
de sus intentos por imponer una tibia reforma impositiva en Santa Fe (menos
audaz incluso que la encarada por Scioli en Buenos Aires), ante la oposición
frontal de todas las expresiones corporativas del capital y buena parte del
peronismo (centralmente, la conducida por Reutemann), no es sino la
consecuencia previsible de un discurso y una práctica previos, que no supieron
preservar para la política un lugar de autonomía, y si no recordar su rol
durante los momentos más álgidos del conflicto agropecuario de 2008.
El intento cerril de preservación de ese
lugar de autonomía de la política, incluso con hosquedades y torpezas
comunicativas y de gestión, ha sido el sello de fábrica del kirchnerismo desde
el 2003, y es justamente el origen de la “crispación” de la que habla a diario el
complejo mediático para descalificarlo, y disciplinar por carácter transitivo
-con bastante éxito hasta ahora, habrá que decir- al conjunto de la clase
política.
En módico ejemplo, le sucedió a Macri con el
sermón personalizado de Bergoglio ante su posición sobre el matrimonio gay
(rápidamente asimilado, como lo demuestra la designación de Posse) y al propio
Binner, cuando el socialismo decidió apoyar en el Congreso la ley de medios: ni
siquiera los matices de su posición en ese entonces le ahorraron palazos
editoriales.
Esa lógica política entraña no solo el riesgo
de la pérdida de autonomía de la política ante las corporaciones, sino que,
aplicada a la gestión, consagra el poder de agenda y -sobre todo- de veto de
éstas, con lo cual empobrece los contornos de la democracia y, en una
perspectiva de futuro, no disuelve los conflictos para tranquilidad de los
lectores de Clarín o La Nación,
sino entraña el riesgo cierto de exacerbarlos.
¿Y qué pasa con Cobos en tanto?
Pasa que expresa como nadie esa lógica de
construcción política, y exhibe como proyecto político la vuelta a la
gobernabilidad tradicional que conoció la Argentina antes del advenimiento del
kirchnerismo, reclutando para eso con obsesión y constancia los apoyos
-públicos y privados- de los que detentan el poder real, aun al precio de
sobreactuar su adopción de la agenda corporativa como programa propio.
Conocedor de los límites de ese dispositivo,
ha obtenido en la empresa el inestimable apoyo de Duhalde, quien propone el
prospecto poco atrayente para el peronismo y su natural apetito de poder, de
aceptar un inevitable triunfo radical en las elecciones del 2011 para apoyar
desde el llano, sobre la base de los famosos “tres o cuatro puntos”, que a su
vez no es menester ser demasiado perspicaz para advertir que encierran en sí el
germen de la discordia social futura.
Ese discurso “balbinista”·del bañero de Lomas
enaltece su figura en la consideración mediática (cuyos dueños agradecen además
generosos favores pasados), en la misma medida que le dificulta hacer pie en la
interna peronista; en espejo con la convicción de Kirchner de dar pelea a la
estrella en ascenso de Cleto (aun ante la perspectiva cierta de una derrota),
probablemente con más esperanza de evitar un mayor deterioro del gobierno de
Cristina en el tramo final de su mandato, que de lograr un triunfo que hoy
parece improbable; pero claro, es política, y todo es posible.
Lo que no queda del todo claro es si Cobos (y
los adherentes que las encuestas demostrarían que hoy tiene su candidatura),
alcanzan a percibir que, lo que hoy es causa de su éxito, mañana puede serlo de
su caída, y no me refiero al cumplimiento íntegro de un eventual mandato
presidencial suyo.
Y es que sucede que quien gobierne la Argentina a partir del
2011, deberá lidiar con la nueva gobernabilidad instaurada por el kirchnerismo,
que implica no solo las presiones de los factores tradicionales de poder por
recuperar posiciones perdidas o mantener las conquistadas, sino todo un
conjunto de realizaciones que configuran (por decirlo en palabras de
Sabbatella) un nuevo “piso” de derechos, cuyo desconocimiento o retaceo en el
futuro, será sin dudas el origen de nuevas conflictividades protagonizadas por
actores bien concretos.
Pensar si no en los movimientos sociales,
cuyo rol estos años ha oscilado entre la participación en la estructura del
gobierno y la protesta sistemática tolerada sin ejercer la represión estatal
como repuesta, así como en los beneficiarios de las jubilaciones extendidas, y
de todos los jubilados que gozan de movilidad por ley en sus haberes.
Ni que hablar de los grupos sociales
beneficiados por la asignación universal a la niñez, o los trabajadores
formales -y las organizaciones que los representan, sin distingos en este plano
entre la CGT y la CTA-, que pudieron conocer
los beneficios concretos de la dinámica de negociación colectiva, y otros
colectivos menos numerosos, pero no menos activos, como los organismos de
derechos humanos y los que bregaron durante años por una nueva ley de medios;
sectores todos que vieron concretados en este período político, aspiraciones de
larga data.
Esos sectores expresan hoy -en buena medida
por la escasa voluntad del propio kirchnerismo de organizarlos y movilizarlos
políticamente- un nivel de adhesión más o menos pasiva al proceso iniciado en
el 2003, que puede perfectamente transformarse mañana en resistencia activa a
todo intento de avanzar sobre lo logrado desde entonces.
En la medida en que esos colectivos preceden
y trascienden al kirchnerismo y su metodología de construcción política -quizás
volver sobre ella sea la opción que medite Kirchner para enfrentar la vuelta al
llano-, no es ni siquiera una condición necesaria que depongan los recelos que
entre sí tienen y actúen en conjunto, para dificultar la plena aplicación del
programa de las corporaciones, aun legitimado por el poder del Estado y el voto
popular.
Y frente a eso, la represión -que excita las
imaginaciones de algunos ávidos lectores de las columnas de Posse- es una
respuesta sólo viable a muy corto plazo, que encierra el riesgo cierto de
retroalimentar el proceso de conflictividad social, con imprevisibles (o no
tanto) consecuencias.
Y entonces sí será válido traer a la memoria
el ejemplo de De La Rúa,
sólo que será tarde, y seguramente más doloroso.
Pasada la euforia por la victoria del grupo A en la Cámara de Diputados, los
actores del sistema político argentino enfilan sus cañones hacia las
presidenciales del 2011, que seguramente serán elecciones distintas a las
legislativas de éste año, porque lo que se juega entonces es nada menos que la
responsabilidad de gobernar el país.
Los propios electores en buena medida son
concientes de la diferencia, y por esa razón muchas veces no reproducen el
sentido de su voto, de una a otra elección.
Más allá del descontento social que pueda
extenderse por determinados sectores con los Kirchner y su estilo político, y
de los números que hoy arrojen las encuestas de opinión, lo cierto es que
llegado el momento de elegir presidente, no pocos se preguntan si los
potenciales candidatos tendrán antecedentes y capacidades efectivas para
gestionar.
Salvo, claro está, que muchos
anti-kirchneristas furiosos reconozcan en su fuero íntimo que las cosas en el
país no están tan desastrosas como dicen, y de ese modo concluyan en que
cualquiera (hasta un nabo fehacientemente comprobado como tal por ellos mismos)
puede gobernar la Argentina,
sin importar de donde venga, con tal que no sean los K.
En ese sentido una mirada al mapa político
nacional revela que, si bien la oposición gobierna en diferentes distritos del
país, solo lo hace en dos de los verdaderamente grandes por su cantidad de
habitantes e importancia relativa, desde un punto de vista que permita medir
capacidades de gestionar: Santa Fe y la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires.
Sería complejo incluir a Córdoba (con su
gobernador) sin más en el rótulo de “gobernada por la oposición”, menos aun en
la medida que, al crezcer la dependencia financiera de su administración de los
acuerdos con el gobierno nacional, se verá forzado a correrse de ese lugar.
Ambos distritos (Santa Fe y la CABA) están gobernados por
dos presidenciables (Binner y Macri), que provienen de diferentes culturas y
tradiciones políticas, y que podría decirse que representan a las dos
vertientes mayoritarias de la oposición al kirchnerismo: los republicanos
institucionalistas encarnados por el pan-radicalismo y sus aliados más cercanos
como el socialismo, y la derecha (aun en su versión new age) más ramplonamente
heredera del menemismo, y con vínculos aceitados con buena parte del denominado
“peronismo disidente”.
Cabe preguntarse entonces, a los fines
indicados, como les está yendo en sus gestiones, y más allá de la suerte que
ambos (Macri y Binner) tengan en el 2011, porque se puede presumir que, con
todas sus diferencias, tienen al menos algo en común: son parte de la
construcción (más mediática que política) “oposición”, y seguramente y más allá
de sus intenciones, aportarán electores al candidato que hoy miman las encuestas,
es decir el versátil vicepresidente opositor, sea en una primera vuelta
integrando formalmente una alianza (en el caso de Binner), o en un eventual
ballotage sumando fuerzas para frenar a la bestia kirchnerista, en el de Macri
y su electorado (esto último suponiendo que él mismo compita finalmente en la
primera vuelta).
Ambos (Hermes y Mauricio) llegaron al
gobierno en el 2007, después de haber fracasado en la elección anterior (2003),
vencido uno por el ballotage y el otro por la ley de lemas; pero las
circunstancias en que lo hicieron, fueron bien diferentes.
Binner, un político tradicional apoyado en
los dilatados antecedentes de gestión del socialismo en la intendencia de
Rosario, y sobre la plataforma del Frente Progresista Cívico y Social, una
construcción electoral más similar a las clásicas alianzas de partidos, con el
concurso decisivo del radicalismo y su estructura desarrollada
territorialmente, y el aporte menor de otros partidos como el ARI (antes de
partirse en el SI y la
Coalición Cívica) y la Democracia Progresista.
Macri, un empresario exitoso debutante en la
política, sustentado en los éxitos deportivos de Boca y en la permanencia de un
cliché cultural del menemismo (en realidad un clásico del discurso de la
derecha argentina): la eficiencia de la empresa privada incorporada a la
gestión pública, como superación de la burocracia estatal; con una estructura
de soporte de gestión donde tenían un lugar protagónico los gerentes
trasladados de las oficinas del grupo SOCMA al gobierno, y residuos de lo peor
del peronismo y radicalismo metropolitanos como mano de obra dúctil para la
rosca legislativa.
Binner logró destronar del gobierno de la
provincia al peronismo tras 24 años (desde la vuelta a la democracia) y Macri
hizo lo propio con el progresismo que gobernaba Buenos Aires desde que
alcanzara su estatuto de Ciudad Autónoma; y ambos vieron fortalecidas sus
chances electorales por la capitalización políticas de catástrofes resonantes,
que horadaron a los gobiernos de turno: Cromagnon en el caso de Macri, las
inundaciones de 2003 y 2007 en el de Binner que, justo es decirlo, no hizo una
utilización tan obscena de la desgracia como el hombre del PRO.
Hasta aquí las diferencias entre ambos, pero
veremos que también tienen semejanzas, más de las que muchos de los que los
votaron -y ellos mismos-, desearían admitir.
Como no podía ser de este modo en estos
tiempos que corren (el kirchnerismo parece ser en esto la excepción a la
regla), en ambos casos la escenificación mediática y comunicacional tienen un
rol protagónico en la construcción política, y como diré luego, en el estilo de
gestión.
Hay en los dos un generoso despliegue de
aparato publicitario, con eslógans (incluso similares: “Va a estar bueno Buenos
Aires”, “Vienen buenos tiempos”) que prometían/auguraban (que ponga el elector
lo que le sugirieran en cada caso) un futuro venturoso, donde los problemas se
resolverían sin conflictos, por la mera apelación al diálogo y a deponer (esto
más acentuado en el caso de Macri) las parcializaciones ideológicas, “que no
ayudan a resolver los problemas de la gente”.
Apelan en forma permanente y sistemática a
las campañas mediáticas para difundir su gestión y sus iniciativas de gobierno,
haciendo de eso un eje fundamental de su política, llegando al extremo de crear
una estética propia, con nuevos símbolos que se reproducen hasta el cansancio
en la publicidad oficial en los medios, y en el espacio público.
Ambos cumplen puntillosamente y al pie de la
letra con todos los rituales que las buenas maneras exigen en política: asistir
a la exposición de la
Sociedad Rural en Palermo, visitar Expoagro, participar del
Tedéum el 25 de Mayo o el 9 de Julio, disertar en los coloquios de IDEA o de la Fundación Libertad,
brindar con frecuencia conferencias de prensa o concurrir con asiduidad a los
programas de Joaquín, Nelson o Mariano.
En todas esas ocasiones su discurso (con los
matices propios de su distinta formación ideológica) es cuidadosamente
estudiado para no trascender nunca los límites que esa misma corrección
preestablece, repitiendo con disciplina los lugares comunes que el verdadero
poder exige, como profesión de fe.
Los dos aseguraron, a lo largo de su camino
hacia el poder, contar con un plan de gobierno perfectamente elaborado para las
diferentes áreas, y con equipos técnicos altamente capacitados para llevarlo a
cabo desde el primer día de gestión.
Transcurrida la mitad de sus mandatos, no se
visualizan progresos de gestión o cambios trascendentes a partir de ella, han
tenido que admitir que no podrá cumplir algunas de sus promesas electorales y
hay desencanto -incluso entre sus propios votantes- en ambos casos.
Mas aun, en el desarrollo de la gestión tanto
Binner como Macri han tropezado con inconvenientes que pueden resultar
sorprendentes si se repasa el contexto en que deben gobernar, comparado con
otros que tienen la misma responsabilidad.
En el caso de Macri, protagoniza torpezas,
improvisaciones e inconvenientes por doquier para resolver problemas que pueden
ser complejos (como el tránsito), pero que no dejan por eso de ser de escala
municipal; porque aunque quede herido el orgullo porteño, hay que decir que es,
en sustancia, un intendente.
De una ciudad grande y compleja sí, pero con
recursos infinitamente superiores a los de La Matanza o cualquier otro
municipio poblado del conurbano bonaerense, o incluso de ciudades importantes
del interior como Córdoba o Rosario.
En el de Binner, a los problemas comunes a
cualquier administración provincial contemporánea (seguridad, salud, educación)
se sumaron graves y crecientes dificultades financieras que ensombrecen más el
panorama de gestión de una provincia que, como todas, puede tener estrecheces
en ese plano, pero no es Formosa o La
Rioja ni mucho menos; y a su vez esas dificultades -que pueden
en un punto tener origen en causas exógenas a su gobierno- parecen en buena
medida generadas desde la propia gestión socialista.
Tanto uno como otro, frente a las
dificultades que la gestión plantea, han apelado a un recurso clásico de la
política: desplazar responsabilidades buscando culpables, y que mejor que
hacerlo con el gobierno nacional que ofrece a esos fines (generosidad de
cobertura mediática mediante), un blanco fácil; haciendo hincapié Macri en el
tema de la inseguridad y el traspaso de la policía, y Binner en las relaciones
fiscales entre la Nación
y la provincia, y la coparticipación federal y los temas conexos.
Pero esa lógica, como es sabido, resulta más
útil en el proceso de acumulación política para llegar al poder (los casos de
Cobos y Pino Solanas son un claro ejemplo), que en la gestión misma, donde los
tiempos son otros, y la volatilidad del humor social los acelera (en especial
en las clases medias donde tanto Binner como Macri han reclutado amplios
apoyos), consumiendo el capital político acumulado con igual o mayor velocidad
que aquélla con la que se lo consiguió.
Mas aun cuando los temas señalados -elegidos
como leit motiv por ambos para desplazar el ojo de los problemas hacia el
kirchnerismo- son de complejísima resolución política porque involucran
intereses contrapuestos y no sólo de sus distritos con el Estado nacional, sino
con el conjunto de las provincias.
Cuando se gestiona, señalar que existen dificultades no basta, porque
precisamente para eso se llega al punto de gobernar: para enfrentarlas y
resolverlas, demostrando que se tiene capacidad para hacerlo.
Todo eso sin olvidar que ambos expresaron en su momento y lugar, una
voluntad de cambio del electorado que no se habría manifestado si esas
dificultades u otras de similar envergadura no hubiesen existido, o si los
responsables del gobierno de Santa Fe o de la ciudad de Buenos Aires, hubieran
demostrado poder lidiar con ellas.
Queda bastante por profundizar a partir de
estas reflexiones, y también por decir que vinculación tienen con el fenómeno
Cobos, y un eventual gobierno de la oposición a partir del 2011.