lunes, noviembre 01, 2010
Un análisis más frío.
El proceso político se va reacomodando tras la sentida muerte de Néstor. Por ahora, las líneas gruesas que ordenaban los análisis no tienen grandes variantes:
1) El kirchnerismo sigue siendo la primer minoría electoral, a la vez que la primer minoría cultural, fuertemente cohesionada en torno de una narrativa propia, con claro liderazgo y capacidad de reinventarse (en parte por dominar la iniciativa política, en parte por la amalgama de variados sectores que logra hacer concurrir, donde se destacan, especialmente, los jóvenes)
2) La oposición se ordena en torno a un antikirchnerismo furibundo, donde predominan los radicales; y la imposibilidad de la liga de enojaditos del llamado -amablemente- "peronismo federal" por lograr un liderazgo articulador de los diversos caciques sin indios de la pampa húmeda. El debilitamiento del sojerismo como sujeto social populista de la derecha, implica el debilitamiento de las viudas de kirchner en el "peronismo federal". Los altos precios internacionales de la soja y la foto en sepia, llevaron a que se le encuentren más virtudes políticas a Balbín -a Balbín!- que a Das Neves, Solá y Carlos Pagni.
3) Se profundiza la tendencia al desconcierto por parte de la vanguardia opositora -la de las grandes y oscuras corporaciones con ejes en empresas de medios- ahora buscando una sutileza que el envenenamiento imposibilita. Si hasta Rosendo Fraga, el más sofisticado de los operadores de la derecha, derrapó.
A estos trazos gruesos, que una mirada no contaminada por el odio podían encontrar operando en la realidad antes del miércoles, se le agregan datos novedosos -la muerte de Néstor- y reforzamientos de procesos emergentes preexistentes:
1) La impronta juvenil del kirchnerismo, por caso. Quienes se sorprendieron de esto durante el velorio de Néstor, probablemente tenían preconstruída una visión prejuiciosa de elementos culturales que flotaban en el ambiente:
a) Cuando uno cree las boludeces que se dicen sobre los "blogueros K", se obnubila ante la posibilidad de pensar porqué muchos treintañeros -como yo- con un lejano pasado en la izquierda, sienten este entusiasmo. O porqué muchos resignifican la tradición simbólica del peronismo -fueron los autores de Un Día Peronista los que hicieron el afiche del Eternéstor- a un lenguaje de época, en cierto modo fundante de una época.
b) Si uno cree cualquier cosa sobre, por ejemplo, 678, difícilmente pueda comprender el impacto de la disputa con Clarín y por la ley de medios, en amplias franjas juveniles.
c) La repolitización que operó en la sociedad, por cuestiones meramente de edad (y de la primacía de la antipolítica durante el neoliberalismo), para muchos se asocia exclusivamente a Néstor y Cristina, aún cuando sea en contra o a favor.
d) Hay una agenda flotando -la ley de medios, el matrimonio gay, la legalización del aborto y la marihuana, el software libre, el alejamiento del estado con la iglesia, las demandas de pueblos originarios- que sólo la audacia del kirchnerismo puede y ha recogido.
e) Cuando se creen boludeces sobre Moyano -especialmente sobre sus hijos- se pasa de largo la construcción de la Juventud Sindical, nacida a partir de cuadros políticos muy sólidos y al calor del crecimiento del empleo y del empleo legalizado. La suma de prejuicios y mochilas históricas trasladadas así nomás, induce a no poder entender qué pasa por ahí: y es algo bastante grande lo que se viene.
2) La cohesión discursiva y simbólica que muestra el kirchnerismo. Ante cada gran problema el kirchnerismo respondió redoblando la apuesta y trazando un camino, no exento de las necesarias confrontaciones para llevarlo adelante. La irreparable pérdida de Néstor implicó,para una parte muy grande la sociedad, a la par que este dolor inmenso, la certeza de la continuidad.
Asunto que Nelson Castro con su chiste de "el ex presidente en funciones" jamás podrá comprender. No sólo por su limitación para entender conceptos complejos, sino porque el odio, en política, no es buen consejero.
3) Las elegantes invitaciones a que Cristina tire la toalla, junto a un reconocimiento de que hay populistas incurables que se parecen bastante a un ser humano más o menos racional, están configurando -además de un papelón inmenso, un ridículo del que, como dijera Perón, no se vuelve- el libreto para construir un discurso de acá a los próximos meses. El de un ala izquierda del kirchnerismo -donde está Moyano, D elía, Hebe de Bonafini- que imposibilita la reunificación del justicialismo, que posibilitaría contar con el caudal electoral de Marios Das Neves, que pelea codo a codo con la MST en las encuestas. Un 0,28%. Sumados ambos.
4) La mayor presencia estatal y el aumento de sus capacidades, es leída en toda sudamérica como un avance del "autoritarismo" por la derecha de herencia criminal. Nada nuevo. El breve paréntesis de 20 minutos para insultar a la presidenta, no modificó la táctica de las grandes empresas comunicacionales. La movilización espontánea de grandes multitudes, en todo el país, para expresar agradecimiento a Néstor y apoyo a Cristina, en cambio, sí operaron sobre el desánimo evidente de los militantes a sueldo de las grandes corporaciones. La perplejidad se puede ilustrar con un chiste negro: a las doce del mediodía del día miércoles, Pablo Sirvén contaba en su twitter qué cines abrían durante el feriado del censo. Buen tipo, no?
La muerte de Néstor no aplaca los ánimos y es comprensible, dado que lo que se combate bajo el lenguaje alambicado y hueco del dialoguismo consensual son las ideas, encarnadas en miles y miles de ciudadanos y colectivos intensos, que Néstor primero y Cristina después cristalizaron en políticas de estado democráticas plasmadas en las instituciones de la república. Pero, atención: mientras estaban estudiando la ley del matrimonio igualitario, Gerardo Morales llamó a la Presidenta para desearle feliz cumpleaños, y Cristina, pará, agarrate que esto es fuerte: no quiso atenderle el teléfono! Sin dudas, un golpe antidemocrático a las instituciones de la república, dios, cuánta confrontación, basta ya, crispada.
5) La serie de operaciones de prensa para encontrar dentro del kirchnerismo a la gran esperanza blanda y blanca, seguramente, por efecto del crecimiento del kirchnerismo, se acentúe. Y a la vez, pierda relevancia.
6) La discriminación -mezcla de fanatismo, racismo y clasismo- a la que somos sometidos los que apoyamos la defensa de los derechos humanos, el revertir del deterioro social, la ampliación de libertades y pluralidades, las paritarias y la organización gremial, el crecimiento de las herramientas estatales que equilibren al mercado, un horizonte de equidad social, la legitimidad de la organización popular; junto con las inevitables luchas políticas que estas banderas demandan, probablemente se debiliten un poco durante el correr de los próximos meses. En buena hora. La escenificación contundente de la despedida a Néstor, implicó también la visibilización de una parte de la sociedad -ni más ni menos que la primer minoría- sin los descalificativos que suelen acompañarla desde las empresas comunicacionales hegemónicas. Difícilmente ese relativo respeto se mantenga andando el tiempo, pero sus efectos sí serán en buena medida irreversibles.
7) El reciente triunfo de Dilma en Brasil y la concurrencia de los presidentes sudamericanos al velorio del primer secretario general de Unasur, desmienten los análisis que sostenían el fin de esta ola de gobiernos de izquierda, nacionales y populares, que sólo se dan, regionalmente, en esta parte del mundo. Las implicancias de este dato son enormes. Verdaderamente enormes.
8) El legado de Néstor es todo esto: él fue quien lideró un sector que en las contradicciones sociales más arriba expresadas, tuvo su parte en la disputa y hoy hace un balance, no acrítico ni exento de futuros, más que positivo.
Las grandes deudas de la democracia de ahora en más se lucharán con la cara de Néstor. El tipo más calumniado desde el retorno de la democracia. También el más querido. El más admirado.
No es poca cosa.
Más bien es una cosa inmensa.
Este país no es para tibios
From: natiwats@hotmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: N K
Date: Mon, 1 Nov 2010 05:38:06 +0000
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: N K
Date: Mon, 1 Nov 2010 05:38:06 +0000
Holaaa Lucas quiero compartir esto: es una situaciòn rara, termino de llegar de viaje y me encuentro el mismo dia esperando el censo con muuuuuuuucha tristeza y muchas làgrimas.
Muchas veces te escucho, leo y bla bla por ahi compatir con alguien lo que pasa es menos no?
Saludossss y me pregunto porque Lucas no empieza a organizar algo para poder armar esta corriente de gente independiente que quiere militar y no sabe lo que es ni por asomo??????????????'
Saludosssss
nati
“La muerte es un disparador para repensar la vida”
La última vez que escribí andaba en proceso de autoexilio, Alejarse, tomar distancia, mirarse hacia dentro detenidamente y quedarse ahí por largo tiempo.
Andaba deteniendo la respiración para poder saltar al vacío sin arrepentirme. Sin llorar o sin sufrir.
El último año de mi vida ha dado muchos giros.
Nací en un país del tercer mundo, en un barrio de clase media en una familia de campo, radicales por herencia, Crecí y aprendí en una escuela privada
Aprendí a través de mis amigos de extensas familias, a ser anónima. Aprendí a reírme del mote de cheta y superficial que abunda en mi entorno y a burlarme de lo que tenía.
Hoy me encontré llorando por alguien público por primera vez y totalmente desconsolada.
No soy militante, ni nada parecido.
Votè a NK por simple irreverencia, porque era la primera vez que votaba allá por 2003, durante mucho tiempo no me importó ni un poquito la política, me importaba viajar, recibirme, ser “políticamente correcta” con la familia, el novio y su familia, los amigos, los conocidos y el mundo del que uno se rodea. Hace varios años me encontré discutiendo temas de la realidad y de una manera bien plantada.
Perdí conocidos en ese camino, gané otros….
Tengo un enojo de mi familia que va en crecimiento… y no me importa.
Hay mucha gente que me conoce que dejó de compartir cosas que piensan porque conocen mi postura y eso si me duele.
Puedo entender la diferencia pero no voy a tolerar la estupidez!!!
Hoy entendí que no hay grises, que este país no es para tibios.
Eso sí, soy una soñadora incorregible, incontrolable. Construyo realidades, a pesar que a veces me cosen la boca con cabellos de muertos. Intento comprender el mundo, pero me cuesta alienarme a él, a sus lógicas extrañas, a sus intercambios racionales. Estudie derecho para entender, pero ahora no me sirve.
En este país del tercer mundo, como en otros iguales, había pautas para dejar de soñar. N K logró que esto cambie. En esta ciudad, acomplejada y pueblerina, parece que hemos perdido el mundo. Ayer leí los diario y busque respuestas, y solo encontré lugares para vender el alma.
No sé cuánta energía me quede, pero estoy dispuesta a empezar y seguir en esta militancia irracional. Una militancia que incomoda, que provoca, que cuestiona y no calla. Hoy, camine por esa larga vereda.
Hoy decidí irme a ese lugar, a ese viaje al centro de mi misma, y quedarme ahí, hasta que este segura. Hoy decidí estar en Plaza de Mayo.
Y a partir de eso quiero que este año sea de creatividad y de causas utópicas. Quiero arriesgarme, ensayar formulas distintas para no alienarme a una sociedad de trabajo especializado y estresante, conciliar trabajo con felicidad. Alguna vez un amigo me decía, que hay que trabajar de día, para vivir de noche. La noche como el momento para enrumbar esos sueños que nos mueven la vida. Trabajar en utopías si eso nos hace feliz, si con eso no defraudamos a nuestra propia autenticidad.
Quizás la crisis del sujeto pos moderno, es no poder dar un orden o sentido a todas las “formas de ser” o a nuestras “múltiples identidades”. El desafío es nuevo, pero si no lo intentamos, no ensayamos, siempre creeremos que estamos en el lugar incorrecto y haciendo lo que no nos gusta.
Néstor Kirchner era “autentico”, “inconsecuente”. Sin embargo, esos términos deben de repensarse, a la luz de que vivimos otro momento de la historia, y que del solo romanticismo no salen los poemarios, o los libros o las creaciones artísticas en general.
A meses de cumplir años, creo que octubre es un buen mes. Que el día 27 es cabalístico. Que quizás empezamos a ganar claridad en medio de tanta confusión. O tal vez nos sentimos menos confundidos porque nos hemos acostumbrado a ese estado. Porque nos hemos acostumbrado a nosotros mismos.
Debo prometerme muchas cosas. Algunas en secreto, otras para ser gritadas. No me gustan los números impares. No me gusta el número 27. Pero será mi número para adelante. 365 días al año para poder ir cambiando de piel, al igual que las serpientes.
Desde el 84
From: charito76@hotmail.com.ar
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Un país
Date: Mon, 1 Nov 2010 00:52:01 -0300
Lucas, este es el mail que le mandé esta noche a mi viejo, que vive en España. Y retomando la idea de que no estamos solos y no nos tenemos que callar, quise compartirla con quienes sé que van a entender.
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Un país
Date: Mon, 1 Nov 2010 00:52:01 -0300
Lucas, este es el mail que le mandé esta noche a mi viejo, que vive en España. Y retomando la idea de que no estamos solos y no nos tenemos que callar, quise compartirla con quienes sé que van a entender.
"Hola pa! Acá otra vez. Hay tantas cosas que quisiera contarte, pero si hablamos no voy a poder, porque me lleno de angustia. Entonces pensé en escribirte y contarte algunas cosas, para compartir algo de estos últimos días. La última vez que te escribí, el mismo miércoles, estaba repleta de angustia y todavía no entendía nada de lo que estaba pasando. Ahora sigo angustiada y me cuesta entender que esto haya tenido que pasar, pero los días que siguieron me fueron, y nos fueron, recomponiendo un poco. Y me hicieron dar cuenta de muchas cosas y sentir otras que nunca había sentido.
El jueves, viajando en colectivo al trabajo, estaba decidida a ir a la Plaza antes de ir a la oficina, para ver qué estaba pasando, con ansias y con temor, sobre todo, de comprobar que era cierto lo que había visto en la tele durante todo el día anterior. Ya en la 9 de julio el 86 se desviaba, así que me bajé y fui caminando por Avda de Mayo, a las 9 de la mañana, hacia la Plaza. La mañana era soleada y fresca, todavía, y había gente, aunque no tanta, caminando en la misma dirección. Caminaba por el centro de la avenida, y cada 50 metros había un pasacalles que la atravesaba: "Néstor con Perón, el pueblo con Cristina". Y sí, parecía que era cierto. Y lloraba, sin dejar de avanzar, con el pecho cargado de angustia y sin aire. A dos cuadras de la plaza comenzaba la cola de gente que esperaba por entrar a la Casa Rosada, mientras las puertas aun no se habían abierto. La fila era ordenada, y a la altura de Florida ingresaba a un cordón de vallas que la llevaba frente al Cabildo, sobre Hipólito Yrigoyen, hasta Defensa, donde una muralla dividía la plaza al medio y recibía en todo su ancho las flores y los carteles que la gente iba acercando. Me metí en la Plaza, la gente caminaba despacio, no se oía ningún motor, no había bocinas. Un silencio ensordecedor. Los móviles de los medios estaban esparcidos por todas partes, en guardia permanente. Algunas personas llevaban banderas, otras flameaban sobre la pirámide de la plaza. A su lado, todavía estaban pegados en el piso gran parte de los carteles que la gente había pegado la noche anterior. No sabía bien qué hacer, caminé alrededor de la pirámide, mirando a la gente que se acercaba, un poco perdida, como yo. Algunas personas se notaba que habían pasado la noche allí. Me quedé un rato, tomé aire y fui a la oficina, donde no pensaba quedarme más que lo absolutamente indispensable. Porque ahí no había pasado nada. Era un día como cualquier otro. Mi jefa me preguntó "¿Cómo estás?" y lo único que pude responderle, de todo lo que tenía para decirle, fue "Triste". Miré, y no encontré a nadie con quien pudiera intercambiar siquiera una mirada. Me hice un te, tomé una cafiaspirina para sacarme el dolor que me partía la cabeza desde que me había despertado, y me ocupé de algunas cosas del trabajo. Hablé con mamá x TE para contarle lo que había visto en la plaza, y para asegurarle que iba a volver, que ahora sí sabía que iba a entrar a la Casa Rosada a despedirlo, porque no podía estar en ningún otro lugar. Y lloramos juntas, a la distancia. A las 10:30, me fui para la plaza. Y lo que encontré me impresionó. La gente que había llegado en esa hora llenaba el lugar de bullicio, y de cánticos, y de gritos. Y la cola no se terminaba nunca. Avancé rápido, ansiosa por llegar al final, por Avenida de Mayo hasta Esmeralda, Suipacha, Pellegrini ... y daba la vuelta, y por Rivadavia aún había más gente, Suipacha otra vez, Esmeralda y Maipú!! Y encontré el final. La gente esperaba ordenada, algunos con chicos en los hombros, en grupos, otros solos, gente con flores en las manos, banderas, mirándonos a nosotros, que avanzábamos y los mirábamos a ellos. Y ahí sí, encontré tanta gente con quien intercambiar una mirada que no me alcanzaban los ojos. Ni bien me detuve al final de la fila tenía más y más gente a mis espaldas. Un grupo de muchachos comentaban que venían de Mar del Plata, adelante mío había un tipo solo, adelante tres chicos más chicos que yo, estudiantes, seguramente, discutiendo de política, y justo atrás mío, un señor que debía tener 75 años, solo. Hablé un par de veces x TE a la oficina, le conté a mi jefa a qué altura llegaba la cola y no lo podía creer. Me dijo que se había cancelado una reunión del trabajo, para que me quedara tranquila. Me sonreí. Nada me podía dejar tranquila. La cola avanzaba, y nadie se preguntaba cuánto tardaríamos. Nadie se quejaba. Todos estábamos donde queríamos estar. Y de a ratos surgía un aplauso, y todos aplaudíamos, y cada tanto alguien gritaba "Viva Néstor!", y todos gritábamos. A medida que el tiempo y la cola avanzaban, empezábamos a conversar entre nosotros, cómo nos habíamos enterado, qué iba a pasar, y por celular nos iban informando qué pasaba en la Casa Rosada. "Llegó Cristina", dijo uno, y todos aplaudíamos. Al doblar por la 9 de Julio, y luego por Avda de Mayo nos encontramos con que había un montón de gente que estaba llegando, con banderas de distintas agrupaciones, gente de los sindicatos, y todo se iba animando. La cola para entrar se iba mezclando con la de quienes acompañaban, y seguíamos avanzando. Al llegar a Esmeralda ya era una multitud y nos íbamos dando cuenta de que ingresar al vallado de la cola que antes tenía un ancho de 2 personas no iba a ser tarea fácil. Pero estábamos entusiasmados. Y "cuidábamos nuestro lugar" entre nosotros. Pero claro, éramos tantos, y todos queríamos entrar, y la valla ya no era la de dos horas atrás. Mucho forcejeo, estruje, aplastamiento, como una marea, íbamos a un lado y a otro. Ya hacía calor y el sol no nos daba tregua. Pero "entramos en el vallado", que era nuestra primera meta. Y ahí cambiaba un poco el ambiente, porque a los "sueltos" que veníamos de la fila se habían sumado un montón de personas que venían con sus agrupaciones, y todos cantábamos, y nos sonreíamos de las bromas que asomaban entre el murmullo. Nuestra música: "Andate Cobos la puta que te parió, andate Cobos la puta que te parió", "Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina, qué kilombo se va a armar", "Néstor no se murió, Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo, la puta madre que lo parió". Y la espera la fuimos matizando con nuestras historias, ante algún micrófono que se acercaba, y a veces entre nosotros. Así, un señor contaba que él había crecido en una cárcel, que nunca había tenido una oportunidad y que con el gobierno de Kirchner había conseguido trabajo por primera vez en su vida. Y otra señora contaba que gracias a su gobierno y al de Cristina comía todos los días y tenía la jubilación que nunca pensó que iba a tener. Y charlabas con uno y con otro y lo que había parecido una pesadilla se convertía en un sueño hermoso, que era encontrar no sólo a gente que pensaba más o menos como uno, sino a gente en quien las ideas de Kirchner se habían hecho carne, trabajo, alimento, educación, salud, respeto, dignidad. Era darse cuenta de que uno no estaba equivocado, si alguna duda hubiera cabido. En la espera me encontré con un compañero de trabajo, del otro lado de la valla, que me dio ánimo para aguantar, me preguntó si quería algo de comer. Luego pasó una amiga, y charlamos a través de las vallas, cuando todavía me faltaba mucho para entrar. "Llegó Evo", comentaba alguien. "Llegó Correa", otro. El sol ya caía y estábamos cada vez más cerca. Y la algarabía, casi imperceptiblemente, iba mermando. Atravesamos la muralla que dividía la plaza, y como cuando esperás para entrar en el campo de un estadio cuando vas a un recital, teníamos tanto espacio por delante que te sobraba el aire. Pero delante nuestro no había un escenario. Estaba la casa rosada, en su rosa brillante bajo los últimos rayos de sol, y las banderas, los carteles, las flores que desde el día anterior la gente había ido colocando en la reja que la rodea. La fila se iba haciendo finita, y finalmente entramos. Un mar de flores alfombraba los jardines secos delante de la Casa Rosada, y el pecho se me estrujó. Mientras avanzábamos, en silencio, nos escoltaban las coronas de otros países, de sindicatos, de partidos políticos. El Salón de los Patriotas Latinoamericanos me pareció tan chico, lleno de gente, no pude ni mirar los cuadros que lo vestían. Me di cuenta entonces de que aquello no había sido una pesadilla. Era un golpe al cuerpo. Pero llorar delante de ella se me hizo caprichoso y egoísta y me contuve, pero cuando le di la espalda y escuché a los que entraban cantar la marcha peronista no aguanté más. Salí de la Casa Rosada a las 7 de la tarde. Había entrado cansada, pero salí sin sentir el cuerpo. Solo sentía el alma. Se escuchaba el rugir de la gente del otro lado del vallado y de a poco recuperabas el aliento.
El viernes volví a ir temprano a la plaza. El día era gris, gris plomizo, como panza de burro, y la plaza había cambiado. Aún había gente esperando para entrar a la Rosada. Me acerqué a la valla y otra vez era la misma sensación. No había consuelo, era volver a vivir todo una y otra vez y lo único que quería era estar en esa plaza. Me quedé viendo las imágenes que se proyectaban en una gran pantalla, a un costado de la Plaza, sobre Rivadavia, con un montón de gente. Eran las 9 de la mañana. Ese lugar, esa plaza, que veo todos los días desde hace 10 años y donde tantas veces había marchado - por las Pascuas, por la memoria y por la 125 - era de pronto un lugar que no conocía. Un lugar de pertenencia, pensé. En la pantalla se veía cómo seguía entrando la gente, saludaban - en ese momento a Alicia - lloraban, cantaban. Y lo mismo sucedía en la plaza, frente a esa pantalla, y del otro lado de la plaza, entre quienes esperaban para entrar, sobre Yrigoyen, y del otro lado de la valla, entre quienes salían de la Casa Rosada. Unos aplaudían, otros cantaban, otros entonaba el himno. Y al rato de estar ahí, la vimos a Cristina volver al Salón. Y volvíamos a cantar. Algunos, "somos de la gloriosa juventud peronista, somos los herederos de Perón y de Evita, a pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido ... ". Algunos tenían 20 años, otros 60. Había gente con traje, gente con sus ropas de trabajo. Fui rápido a la oficina para avisar que volvía a irme y encontré tan poca gente que me alegró. No era un día más en la oficina, por lo que fuera, era un día distinto. Luego de unos mates, volví a la plaza, esta vez con dos compañeras de la oficina. Y volví a sorprenderme. Eran dos compañeras con las que nunca habíamos hablado de política ni de nada cercano, y nos encontramos que compartíamos un montón de ideas, no ideas profundas, de la militancia ni de la dogmática, sino ideas sobre el país en el que habíamos vivido hasta 2003 y el país en el que vivíamos ahora. Estuvimos un rato en la plaza. Nos enteramos de que se habían cerrado las puertas de la Casa Rosada, y lo único que restaba era esperar el cortejo fúnebre. Nos fuimos caminando por Alem, hasta Viamonte. Llovía. Por momentos mucho, por momentos aflojaba. Esperamos charlando, viendo cómo se iba acercando gente, alguna que venía de la plaza, otra de las oficinas. Algunos venían a curiosear, otros se veían en el lugar en el que querían estar, otros, consternados. "Ya salieron de la Casa Rosada, están tocando la Marcha Fúnebre", me avisó mamá por teléfono. Luego era la de San Lorenzo. A la altura de Viamonte predominaba el murmullo, pero desde la Casa Rosada provenía un rugir que a último momento hizo que me separara de mis compañeras para acercarme al lugar donde podía gritar con los demás. "Es un lío, la gente se amontona sobre el coche, no pueden avanzar, tené cuidado". Y lo que se venía era algo increíble. Se sentía la sirena del coche de bomberos, delante del cortejo, las bocinas de las motos, los gritos de la gente, las banderas que avanzaban, a todo lo ancho de la avenida, y un montón de pibes que corrían a los costados del cortejo, gritando, cantando, aplaudiendo, acompañando. Y sin pensarlo, sin haberlo decidido, creo, estaba corriendo con ellos. "Me voy para allá", alcancé a gritarle a una de mis compañeras. Y supe, a los pocos metros, que no iba a parar hasta Aeroparque, porque no iba a encontrar un solo momento en el que pudiera decir "hasta acá llegué". Me asusté un poco, porque no sabía si iba a llegar, pero no estaba sola, y con un optimismo en mí que hasta entonces no conocía, "sentí" que si lo íbamos a hacer, era porque podíamos. Corrimos por Alem hasta Córdoba, y la gente estaba en todas partes, aplaudiendo, saludando, haciendo la "V", con flores, banderas, asomados a las ventanas. Seguíamos por Córdoba, arriba, hasta 9 de Julio, y no dejaba de haber gente nunca. Gritar en los recoletos bares de Córdoba y Florida "Che gorila ché gorila" fue de las experiencias más catárticas que viví estos días. Las calles eran nuestras. Y de pronto, al frenar el trote para recuperar la respiración, me daba cuenta de lo que estaba haciendo, de por qué estaba ahí con tanta gente igual de enfervorizada, y otra vez estallaba el llanto. Pero había que seguir, y corrí tanto como no recordaba haberlo hecho en mi vida. En la 9 de julio éramos un montón corriendo, no ya a la par del cortejo, sino adelante, con banderas y pancartas y el cortejo rugiendo a nuestras espaldas, llevándonos por delante la lluvia, como si quisiéramos cortar el viento y abrir paso a este hombre que se nos estaba yendo. Finalmente los coches nos sobrepasaron y seguimos a pie, por Avenida Libertador. Llovía, y llovió toda la tarde. Caminamos esparcidos, pasando por la Facultad de Derecho, Canal Siete, hasta Salguero, y finalmente llegamos a aeroparque. Algunos volvían. "Ya se fue", nos avisaron. Todo había terminado. Me senté donde pude. Charlé con un pibe, solo, que había corrido conmigo en el Centro, con su mochila a cuestas. Nos lamentamos por haberlo perdido y mirando el cielo inclemente emprendí la vuelta. Volví sola. Todos parecían haberse esfumado. Otra vez sola. Habíamos sido tantos. Pero viajando en el 67 pensé que muchos de los que habíamos estado en la plaza, de los que se habían asomado x las ventanas o habían corrido conmigo, habíamos estado callados, porque pensábamos que estábamos solos. Y permaneciendo callados, permanecimos solos. Pensar que en ese colectivo tal vez habría varios "callados", me reconfortó. Pero luego, en el 34, me encontré con el pibe de aeroparque, y dejamos de estar solos otra vez. Charlamos todo el viaje, y volvíamos a coincidir. "Ellos no se callan porque son soberbios, creen que son dueños de la verdad y que todos piensan como ellos. Y nosotros nos callamos y nos llenamos de bronca". No nos tenemos que callar más.
Es domingo a la noche, todavía me duelen las piernas, de tanto estar parada, correr y caminar. Y los brazos, de aplaudir en alto y alentar. Pero me siento mejor. Estando en la plaza y corriendo por las calles del microcentro que tantas veces caminé, tragando lluvia y lágrimas hasta Aeroparque, terminé de darme cuenta de que no estaba sola. Eso me ayuda a dormir. Y me di cuenta, también, de que, como nunca, durante estos días pude dejar de lado mi eterno cinismo y esa maldita costumbre de encontrarle siempre el pelo al huevo, y me rendí ante un sentimiento compartido en lo que imagino es lo más cercano a la fe que me va a pasar nunca en la vida. Nunca, desde que volvimos en el 84 - yo con 8 años -, me había sentido parte: parte de un montón de gente que comparte sueños y parte de algo hermoso, y que no conocía, que es un país en el que quiero vivir.
El jueves, viajando en colectivo al trabajo, estaba decidida a ir a la Plaza antes de ir a la oficina, para ver qué estaba pasando, con ansias y con temor, sobre todo, de comprobar que era cierto lo que había visto en la tele durante todo el día anterior. Ya en la 9 de julio el 86 se desviaba, así que me bajé y fui caminando por Avda de Mayo, a las 9 de la mañana, hacia la Plaza. La mañana era soleada y fresca, todavía, y había gente, aunque no tanta, caminando en la misma dirección. Caminaba por el centro de la avenida, y cada 50 metros había un pasacalles que la atravesaba: "Néstor con Perón, el pueblo con Cristina". Y sí, parecía que era cierto. Y lloraba, sin dejar de avanzar, con el pecho cargado de angustia y sin aire. A dos cuadras de la plaza comenzaba la cola de gente que esperaba por entrar a la Casa Rosada, mientras las puertas aun no se habían abierto. La fila era ordenada, y a la altura de Florida ingresaba a un cordón de vallas que la llevaba frente al Cabildo, sobre Hipólito Yrigoyen, hasta Defensa, donde una muralla dividía la plaza al medio y recibía en todo su ancho las flores y los carteles que la gente iba acercando. Me metí en la Plaza, la gente caminaba despacio, no se oía ningún motor, no había bocinas. Un silencio ensordecedor. Los móviles de los medios estaban esparcidos por todas partes, en guardia permanente. Algunas personas llevaban banderas, otras flameaban sobre la pirámide de la plaza. A su lado, todavía estaban pegados en el piso gran parte de los carteles que la gente había pegado la noche anterior. No sabía bien qué hacer, caminé alrededor de la pirámide, mirando a la gente que se acercaba, un poco perdida, como yo. Algunas personas se notaba que habían pasado la noche allí. Me quedé un rato, tomé aire y fui a la oficina, donde no pensaba quedarme más que lo absolutamente indispensable. Porque ahí no había pasado nada. Era un día como cualquier otro. Mi jefa me preguntó "¿Cómo estás?" y lo único que pude responderle, de todo lo que tenía para decirle, fue "Triste". Miré, y no encontré a nadie con quien pudiera intercambiar siquiera una mirada. Me hice un te, tomé una cafiaspirina para sacarme el dolor que me partía la cabeza desde que me había despertado, y me ocupé de algunas cosas del trabajo. Hablé con mamá x TE para contarle lo que había visto en la plaza, y para asegurarle que iba a volver, que ahora sí sabía que iba a entrar a la Casa Rosada a despedirlo, porque no podía estar en ningún otro lugar. Y lloramos juntas, a la distancia. A las 10:30, me fui para la plaza. Y lo que encontré me impresionó. La gente que había llegado en esa hora llenaba el lugar de bullicio, y de cánticos, y de gritos. Y la cola no se terminaba nunca. Avancé rápido, ansiosa por llegar al final, por Avenida de Mayo hasta Esmeralda, Suipacha, Pellegrini ... y daba la vuelta, y por Rivadavia aún había más gente, Suipacha otra vez, Esmeralda y Maipú!! Y encontré el final. La gente esperaba ordenada, algunos con chicos en los hombros, en grupos, otros solos, gente con flores en las manos, banderas, mirándonos a nosotros, que avanzábamos y los mirábamos a ellos. Y ahí sí, encontré tanta gente con quien intercambiar una mirada que no me alcanzaban los ojos. Ni bien me detuve al final de la fila tenía más y más gente a mis espaldas. Un grupo de muchachos comentaban que venían de Mar del Plata, adelante mío había un tipo solo, adelante tres chicos más chicos que yo, estudiantes, seguramente, discutiendo de política, y justo atrás mío, un señor que debía tener 75 años, solo. Hablé un par de veces x TE a la oficina, le conté a mi jefa a qué altura llegaba la cola y no lo podía creer. Me dijo que se había cancelado una reunión del trabajo, para que me quedara tranquila. Me sonreí. Nada me podía dejar tranquila. La cola avanzaba, y nadie se preguntaba cuánto tardaríamos. Nadie se quejaba. Todos estábamos donde queríamos estar. Y de a ratos surgía un aplauso, y todos aplaudíamos, y cada tanto alguien gritaba "Viva Néstor!", y todos gritábamos. A medida que el tiempo y la cola avanzaban, empezábamos a conversar entre nosotros, cómo nos habíamos enterado, qué iba a pasar, y por celular nos iban informando qué pasaba en la Casa Rosada. "Llegó Cristina", dijo uno, y todos aplaudíamos. Al doblar por la 9 de Julio, y luego por Avda de Mayo nos encontramos con que había un montón de gente que estaba llegando, con banderas de distintas agrupaciones, gente de los sindicatos, y todo se iba animando. La cola para entrar se iba mezclando con la de quienes acompañaban, y seguíamos avanzando. Al llegar a Esmeralda ya era una multitud y nos íbamos dando cuenta de que ingresar al vallado de la cola que antes tenía un ancho de 2 personas no iba a ser tarea fácil. Pero estábamos entusiasmados. Y "cuidábamos nuestro lugar" entre nosotros. Pero claro, éramos tantos, y todos queríamos entrar, y la valla ya no era la de dos horas atrás. Mucho forcejeo, estruje, aplastamiento, como una marea, íbamos a un lado y a otro. Ya hacía calor y el sol no nos daba tregua. Pero "entramos en el vallado", que era nuestra primera meta. Y ahí cambiaba un poco el ambiente, porque a los "sueltos" que veníamos de la fila se habían sumado un montón de personas que venían con sus agrupaciones, y todos cantábamos, y nos sonreíamos de las bromas que asomaban entre el murmullo. Nuestra música: "Andate Cobos la puta que te parió, andate Cobos la puta que te parió", "Che gorila, che gorila, no te lo decimos más, si la tocan a Cristina, qué kilombo se va a armar", "Néstor no se murió, Néstor no se murió, Néstor vive en el pueblo, la puta madre que lo parió". Y la espera la fuimos matizando con nuestras historias, ante algún micrófono que se acercaba, y a veces entre nosotros. Así, un señor contaba que él había crecido en una cárcel, que nunca había tenido una oportunidad y que con el gobierno de Kirchner había conseguido trabajo por primera vez en su vida. Y otra señora contaba que gracias a su gobierno y al de Cristina comía todos los días y tenía la jubilación que nunca pensó que iba a tener. Y charlabas con uno y con otro y lo que había parecido una pesadilla se convertía en un sueño hermoso, que era encontrar no sólo a gente que pensaba más o menos como uno, sino a gente en quien las ideas de Kirchner se habían hecho carne, trabajo, alimento, educación, salud, respeto, dignidad. Era darse cuenta de que uno no estaba equivocado, si alguna duda hubiera cabido. En la espera me encontré con un compañero de trabajo, del otro lado de la valla, que me dio ánimo para aguantar, me preguntó si quería algo de comer. Luego pasó una amiga, y charlamos a través de las vallas, cuando todavía me faltaba mucho para entrar. "Llegó Evo", comentaba alguien. "Llegó Correa", otro. El sol ya caía y estábamos cada vez más cerca. Y la algarabía, casi imperceptiblemente, iba mermando. Atravesamos la muralla que dividía la plaza, y como cuando esperás para entrar en el campo de un estadio cuando vas a un recital, teníamos tanto espacio por delante que te sobraba el aire. Pero delante nuestro no había un escenario. Estaba la casa rosada, en su rosa brillante bajo los últimos rayos de sol, y las banderas, los carteles, las flores que desde el día anterior la gente había ido colocando en la reja que la rodea. La fila se iba haciendo finita, y finalmente entramos. Un mar de flores alfombraba los jardines secos delante de la Casa Rosada, y el pecho se me estrujó. Mientras avanzábamos, en silencio, nos escoltaban las coronas de otros países, de sindicatos, de partidos políticos. El Salón de los Patriotas Latinoamericanos me pareció tan chico, lleno de gente, no pude ni mirar los cuadros que lo vestían. Me di cuenta entonces de que aquello no había sido una pesadilla. Era un golpe al cuerpo. Pero llorar delante de ella se me hizo caprichoso y egoísta y me contuve, pero cuando le di la espalda y escuché a los que entraban cantar la marcha peronista no aguanté más. Salí de la Casa Rosada a las 7 de la tarde. Había entrado cansada, pero salí sin sentir el cuerpo. Solo sentía el alma. Se escuchaba el rugir de la gente del otro lado del vallado y de a poco recuperabas el aliento.
El viernes volví a ir temprano a la plaza. El día era gris, gris plomizo, como panza de burro, y la plaza había cambiado. Aún había gente esperando para entrar a la Rosada. Me acerqué a la valla y otra vez era la misma sensación. No había consuelo, era volver a vivir todo una y otra vez y lo único que quería era estar en esa plaza. Me quedé viendo las imágenes que se proyectaban en una gran pantalla, a un costado de la Plaza, sobre Rivadavia, con un montón de gente. Eran las 9 de la mañana. Ese lugar, esa plaza, que veo todos los días desde hace 10 años y donde tantas veces había marchado - por las Pascuas, por la memoria y por la 125 - era de pronto un lugar que no conocía. Un lugar de pertenencia, pensé. En la pantalla se veía cómo seguía entrando la gente, saludaban - en ese momento a Alicia - lloraban, cantaban. Y lo mismo sucedía en la plaza, frente a esa pantalla, y del otro lado de la plaza, entre quienes esperaban para entrar, sobre Yrigoyen, y del otro lado de la valla, entre quienes salían de la Casa Rosada. Unos aplaudían, otros cantaban, otros entonaba el himno. Y al rato de estar ahí, la vimos a Cristina volver al Salón. Y volvíamos a cantar. Algunos, "somos de la gloriosa juventud peronista, somos los herederos de Perón y de Evita, a pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido ... ". Algunos tenían 20 años, otros 60. Había gente con traje, gente con sus ropas de trabajo. Fui rápido a la oficina para avisar que volvía a irme y encontré tan poca gente que me alegró. No era un día más en la oficina, por lo que fuera, era un día distinto. Luego de unos mates, volví a la plaza, esta vez con dos compañeras de la oficina. Y volví a sorprenderme. Eran dos compañeras con las que nunca habíamos hablado de política ni de nada cercano, y nos encontramos que compartíamos un montón de ideas, no ideas profundas, de la militancia ni de la dogmática, sino ideas sobre el país en el que habíamos vivido hasta 2003 y el país en el que vivíamos ahora. Estuvimos un rato en la plaza. Nos enteramos de que se habían cerrado las puertas de la Casa Rosada, y lo único que restaba era esperar el cortejo fúnebre. Nos fuimos caminando por Alem, hasta Viamonte. Llovía. Por momentos mucho, por momentos aflojaba. Esperamos charlando, viendo cómo se iba acercando gente, alguna que venía de la plaza, otra de las oficinas. Algunos venían a curiosear, otros se veían en el lugar en el que querían estar, otros, consternados. "Ya salieron de la Casa Rosada, están tocando la Marcha Fúnebre", me avisó mamá por teléfono. Luego era la de San Lorenzo. A la altura de Viamonte predominaba el murmullo, pero desde la Casa Rosada provenía un rugir que a último momento hizo que me separara de mis compañeras para acercarme al lugar donde podía gritar con los demás. "Es un lío, la gente se amontona sobre el coche, no pueden avanzar, tené cuidado". Y lo que se venía era algo increíble. Se sentía la sirena del coche de bomberos, delante del cortejo, las bocinas de las motos, los gritos de la gente, las banderas que avanzaban, a todo lo ancho de la avenida, y un montón de pibes que corrían a los costados del cortejo, gritando, cantando, aplaudiendo, acompañando. Y sin pensarlo, sin haberlo decidido, creo, estaba corriendo con ellos. "Me voy para allá", alcancé a gritarle a una de mis compañeras. Y supe, a los pocos metros, que no iba a parar hasta Aeroparque, porque no iba a encontrar un solo momento en el que pudiera decir "hasta acá llegué". Me asusté un poco, porque no sabía si iba a llegar, pero no estaba sola, y con un optimismo en mí que hasta entonces no conocía, "sentí" que si lo íbamos a hacer, era porque podíamos. Corrimos por Alem hasta Córdoba, y la gente estaba en todas partes, aplaudiendo, saludando, haciendo la "V", con flores, banderas, asomados a las ventanas. Seguíamos por Córdoba, arriba, hasta 9 de Julio, y no dejaba de haber gente nunca. Gritar en los recoletos bares de Córdoba y Florida "Che gorila ché gorila" fue de las experiencias más catárticas que viví estos días. Las calles eran nuestras. Y de pronto, al frenar el trote para recuperar la respiración, me daba cuenta de lo que estaba haciendo, de por qué estaba ahí con tanta gente igual de enfervorizada, y otra vez estallaba el llanto. Pero había que seguir, y corrí tanto como no recordaba haberlo hecho en mi vida. En la 9 de julio éramos un montón corriendo, no ya a la par del cortejo, sino adelante, con banderas y pancartas y el cortejo rugiendo a nuestras espaldas, llevándonos por delante la lluvia, como si quisiéramos cortar el viento y abrir paso a este hombre que se nos estaba yendo. Finalmente los coches nos sobrepasaron y seguimos a pie, por Avenida Libertador. Llovía, y llovió toda la tarde. Caminamos esparcidos, pasando por la Facultad de Derecho, Canal Siete, hasta Salguero, y finalmente llegamos a aeroparque. Algunos volvían. "Ya se fue", nos avisaron. Todo había terminado. Me senté donde pude. Charlé con un pibe, solo, que había corrido conmigo en el Centro, con su mochila a cuestas. Nos lamentamos por haberlo perdido y mirando el cielo inclemente emprendí la vuelta. Volví sola. Todos parecían haberse esfumado. Otra vez sola. Habíamos sido tantos. Pero viajando en el 67 pensé que muchos de los que habíamos estado en la plaza, de los que se habían asomado x las ventanas o habían corrido conmigo, habíamos estado callados, porque pensábamos que estábamos solos. Y permaneciendo callados, permanecimos solos. Pensar que en ese colectivo tal vez habría varios "callados", me reconfortó. Pero luego, en el 34, me encontré con el pibe de aeroparque, y dejamos de estar solos otra vez. Charlamos todo el viaje, y volvíamos a coincidir. "Ellos no se callan porque son soberbios, creen que son dueños de la verdad y que todos piensan como ellos. Y nosotros nos callamos y nos llenamos de bronca". No nos tenemos que callar más.
Es domingo a la noche, todavía me duelen las piernas, de tanto estar parada, correr y caminar. Y los brazos, de aplaudir en alto y alentar. Pero me siento mejor. Estando en la plaza y corriendo por las calles del microcentro que tantas veces caminé, tragando lluvia y lágrimas hasta Aeroparque, terminé de darme cuenta de que no estaba sola. Eso me ayuda a dormir. Y me di cuenta, también, de que, como nunca, durante estos días pude dejar de lado mi eterno cinismo y esa maldita costumbre de encontrarle siempre el pelo al huevo, y me rendí ante un sentimiento compartido en lo que imagino es lo más cercano a la fe que me va a pasar nunca en la vida. Nunca, desde que volvimos en el 84 - yo con 8 años -, me había sentido parte: parte de un montón de gente que comparte sueños y parte de algo hermoso, y que no conocía, que es un país en el que quiero vivir.
Te acordás cuando viniste y charlamos la última vez, en Agosto, y discutíamos sobre quién nos gustaba más de los dos? Será Cristina 2011 nomás. Como tiene que ser"
domingo, octubre 31, 2010
Así y ahora
From: nazaretiribarren@hotmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Sobre la muerte de Néstor
Date: Mon, 1 Nov 2010 02:50:37 +0000
Gracias por ser el vehículo de nuestros pensamientos
Nazaret
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Sobre la muerte de Néstor
Date: Mon, 1 Nov 2010 02:50:37 +0000
Gracias por ser el vehículo de nuestros pensamientos
Nazaret
Tristeza…hacía
mucho que no lloraba tanto y eso que no me consideraba un soldado de esta
causa, pero sí me considero una joven militante no de un partido político pero
sí de la vida. Trabajé muchos años en la administración pública y estuve muy
cerca de la política como para odiarla pero me apasiona, me moviliza, me gusta.
A pesar de ello no he tenido la suerte de haber trabajado por y para ideales
que me representaran así que, muchas veces, he sufrido mi trabajo, aunque
administrativo, bajo una bandera que no era la mía. El problema más grave fue
que, hasta hace poco, no sabía que tenía una. Tenía ideas claras, convicciones,
creencias y valores fuertes pero los sentía lejos de cualquier representación
política.
Ahí conocí y empecé
a vivir la presidencia de Néstor Kirchner y, aunque no lo voté, me alegré por
el solo hecho de haber podido derrotar a Menem, sólo por eso, en el 2003, fui
feliz. Durante mi adolescencia fui la típica estudiante de Sociales de la UBA , “zurdita”, sin saber bien
que era eso, opositora a todos los grandes partidos, me pasé varias elecciones
votando al Partido Humanista y a, mi última gran decepción, Pino Solanas. Nunca
dejé de votar pero nunca había sentido que alguien que piense parecido, o como
yo en muchas cosas, podría ganar una elección.
Luego empecé a crecer, a madurar, a ver los grises del poder, a saber que no se
puede pretender muchas de las reivindicaciones de izquierda que otrora
proclamé, a entender que hay concesiones que son necesarias si hay un proyecto
superador, que madurar entender que la política no es blanco y negro, que la
vida no es blanco y negro sino que está llena de matices y, fue entonces que
empecé a mirar con otros ojos a los Kirchner. Si bien, para mí prejuiciosa
mirada inicial, eran igual a todos había algo en sus formas que me
atrapaba…algo de su irreverencia permanente me chocaba pero me movilizaba y
otra vez las elecciones del 2006 y yo no me animé, todavía, a jugarme por
Cristina…pero confieso que, a partir de ahí, empezó un proceso personal de
acercamiento al oficialismo que se terminó de plasmar durante el conflicto del
campo y que devino, hoy, en mi más absoluto respeto y apoyo. No es quizás el
momento de enumerar las razones o medidas que impulsaron mi acercamiento pero
algunas son imprescindibles de mencionar, la nacionalización de Aguas
Argentinas y Aerolíneas, la re estatización de los fondos de las AFJP, la
política de Derechos Humanos, el respeto por organizaciones como Madres y
Abuelas de Plaza de Mayo, la
Reforma de la Corte
Suprema , la Ley
de Medios Audiovisuales, la Asignación Universal por hijo, la ley de
movilidad jubilatoria, la ley de Matrimonio Igualitario, la reivindicación de
los pueblos originarios, la prescindencia del FMI y otros organismos
extranjeros de usura, el acercamiento a todos los pueblos latinoamericanos, el
fortalecimiento del MERCOSUR, la creación de la UNASUR sentirme, por
primera vez en mi vida, parte de algo más grande que mi familia.
Recuerdo que,
recién en las legislativas del 2009 puse, por primera vez, también, mi voto a
Cristina y no les puedo explicar el amargo sabor de la “derrota”, de no poder
festejar una vez que alguien, a quien había apoyado, había ganado. Fue un día
gris. Pero duró poco porque pareciera que, desde allí, todo se duplicó, el
esfuerzo y trabajo del gobierno y mis ansias de que ese proyecto siguiera
adelante. Y siguió y con más fuerza pero, por otro lado, con una feroz
oposición que, debo decir, fue el elemento que, con más virulencia, me llevó
hacia las huestes del “oficialismo”.
Esto fue lo que me terminó de convencer del lado del que quería estar y, más
definitivamente, del que no. Creo que estamos en uno de esos momentos
históricos en los que no se puede ser tibio, siento que hay que pararse de un
lado o de otro sí o sí y dejar claro y bancarse esa elección. La verdad que,
mirando a los costados no me parece una elección muy difícil, si tengo que
elegir entre Menem, Duhalde, Sanz, , Chiche Duhalde, Cobos, Solá, Macri, De
Narváez, Rodríguez Saà, Romero, Busti, Puerta, Reuteman y siguen los nombres o,
a Cristina, Mariotto, Aval Medina, Fernández, Filmus, Heller, Pichetto, Rossi,
me quedo con estos últimos, lejos, porque
puedo ver hacia donde se dirigen, que modelo de país quieren construir y
lo comparto, me gusta. De los otros sólo viví y veo canalladas, oposición
irresponsable, falta de respeto y subestimación del pueblo, falta de ideas y de
proyecto. Además, en los años que tengo, los primeros sólo lograron, a mi
generación y a mi, alejarnos de la política y, estos últimos, me hicieron
volver a amarla y a verla como el instrumento transformador que es.
Por todas estas
cosas es que hoy siento una profunda tristeza, un enorme sentimiento de
injusticia y la sensación de que esto no puede terminar así y ahora. Quiero
tener la posibilidad de votar al proyecto que tardé en apoyar y por el cual
tardé en mancharme…hizo falta este tremendo golpe para darme cuenta de que este
es mi lugar, al lado de las personas que fueron o sintieron ir a la plaza hoy,
cuidando la espalda de una presidenta que me representa y que quiero siga
creciendo y construyendo desde el dolor y su enorme capacidad de trabajo. Así
me sentí hoy y escribí estas líneas porque sentí que tenía que decir algo o
reventaba y como no soy militante, ni nada parecido no sabía como plasmarlo. Soy
una simple ciudadana, ama de casa, mamá de dos hijas, de un barrio “bien” y de
una posición económica cómoda que necesita dejar en claro, hoy más que nunca,
de que lado está.
Nazaret Iribarren
DNI 24024550
Cambiando
From: mariayacobe@hotmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Justo ahora y para siempre
Date: Sun, 31 Oct 2010 20:38:36 -0300
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Justo ahora y para siempre
Date: Sun, 31 Oct 2010 20:38:36 -0300
31 de octubre de 2010
La tapa del Página de hoy reproduce palabras de Cristina : “No vamos a cambiar justo ahora”. Y si, tiene razón, lo que no sabe ella es que justo ahora, en estos últimos días, somos muchos los que estamos cambiando.
Estoy cambiando yo, que con 52 años nunca, pero nunca, lloré por la muerte de ningún político, y nunca pero nunca me imaginé que se podía llorar por eso.
Está cambiando mi hijo mayor que, recién ahora , a los 22 años empieza a defender este modelos y le para el carro a un profesor de la universidad que comenta que vió violencia en la gente que lo fue a despedir a Kirchner.
Está cambiando mi hijo menor, que tiene 15 y empezó este año a militar en el centro de estudiantes de su escuela, que se quiere tragar la historia de una, que pregunta, que lee, que quiere saber, que me acompañó el jueves a la plaza para no sentirnos tan solos, tan desamparados..
“No vamos a cambiar justo ahora”. Vos no Cristina. Nosotros, nuestros hijos, estamos cambiando justo ahora y para siempre.
Un abrazo.
María
Néstor y Kirchner
Date: Sun, 31 Oct 2010 21:54:08 -0300
Subject: Por qué esta mueca siniestra de la suerte
From: logarantizo@gmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Por qué esta mueca siniestra de la suerte
From: logarantizo@gmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Hola Lucas, soy un lector silencioso de tu blog. Te paso lo que por necesidad catártica escribí el miércoles al mediodía, desde las tripas. Hoy tengo más esperanzas que temores.
un abrazo grande
Javier F. Rodríguez
¿Por qué esta mueca siniestra de la suerte?
Cómo me duele y se ahonda mi herida
Hasta el 2003 fui un peronista testimonial, primero por herencia, después por convicción teórica y emocional. Con Néstor llegó la verdad: la realidad. La constatación práctica. Por eso lo quiero. Por eso me duele. Mucho.
Sonó el teléfono, diez y algo, me levanté apurado por si era algo del censo, no sé qué pensé, tampoco pensé tanto. Era mi viejo. ¿Estabas durmiendo? No, sí, más o menos. Una mala noticia: murió Kirchner. Mi viejo lo llamaba así. A mi me gustaba, me gusta, decirle Néstor. No. Siempre se niegan esos momentos, es lo que primero queremos hacer: negarlo. No puede ser, pensé o dije. Lo qué sí dije es No lo puedo creer, aunque lo estaba creyendo. El aire cambió, oprimía mi pecho y me costaba respirar. Mi viejo me contaba cómo se había enterado y que Canal 7 no decía nada, pero Crónica sí. Que el aire cambió no fue una sensación mía, algo pesado cruzó desde la cocina hasta la habitación y preocupó a Isa, la tuve en seguida a mi lado, preguntando qué pasó. Murió Néstor Kirchner. También ella lo negó y el llanto la arrastró de nuevo a la cama.
Cómo duele. Algunos festejaron, leo que se escucharon bocinazos, intentos de cacerolazos. Que se vayan a la mierda. No me importa. Me importan los que hoy están como yo: tristes y asustados. Porque no saben qué va a pasar, porque temen un retroceso destructor. Es el peor día de mi vida, Javi, no lo puedo creer, me escribe Viole. Y no tenemos consuelo. Nos duele mucho. Nos dimos cuenta cuánto lo queríamos. Ya lo sabíamos, hoy lo confirmamos.
¡Cómo duele la puta madre! Y nos duele a muchos. Nos duele el amor, el amor que le tenemos. Un amor que trasciende lo político, porque él nos devolvió las ganas, las ganas de quedarnos, de pensar que se podía, que no estábamos equivocados, que iba a costar, pero que se podía. Las ganas de ser parte, de formar parte. Fuera del descreimiento y del desprestigio de la política que nos encajaron por tantos años. Nos duele por amor a Néstor, seguro, pero nos duele por la patria. Por eso duele tanto.
A mi viejo le creí, y hasta se lo creí a Clarín, pero somos muchos los que no queremos creerlo. Por que la verdad, que dios nos haga esto, no nos parece.
Cómo me duele y se ahonda mi herida
Hasta el 2003 fui un peronista testimonial, primero por herencia, después por convicción teórica y emocional. Con Néstor llegó la verdad: la realidad. La constatación práctica. Por eso lo quiero. Por eso me duele. Mucho.
Sonó el teléfono, diez y algo, me levanté apurado por si era algo del censo, no sé qué pensé, tampoco pensé tanto. Era mi viejo. ¿Estabas durmiendo? No, sí, más o menos. Una mala noticia: murió Kirchner. Mi viejo lo llamaba así. A mi me gustaba, me gusta, decirle Néstor. No. Siempre se niegan esos momentos, es lo que primero queremos hacer: negarlo. No puede ser, pensé o dije. Lo qué sí dije es No lo puedo creer, aunque lo estaba creyendo. El aire cambió, oprimía mi pecho y me costaba respirar. Mi viejo me contaba cómo se había enterado y que Canal 7 no decía nada, pero Crónica sí. Que el aire cambió no fue una sensación mía, algo pesado cruzó desde la cocina hasta la habitación y preocupó a Isa, la tuve en seguida a mi lado, preguntando qué pasó. Murió Néstor Kirchner. También ella lo negó y el llanto la arrastró de nuevo a la cama.
Cómo duele. Algunos festejaron, leo que se escucharon bocinazos, intentos de cacerolazos. Que se vayan a la mierda. No me importa. Me importan los que hoy están como yo: tristes y asustados. Porque no saben qué va a pasar, porque temen un retroceso destructor. Es el peor día de mi vida, Javi, no lo puedo creer, me escribe Viole. Y no tenemos consuelo. Nos duele mucho. Nos dimos cuenta cuánto lo queríamos. Ya lo sabíamos, hoy lo confirmamos.
¡Cómo duele la puta madre! Y nos duele a muchos. Nos duele el amor, el amor que le tenemos. Un amor que trasciende lo político, porque él nos devolvió las ganas, las ganas de quedarnos, de pensar que se podía, que no estábamos equivocados, que iba a costar, pero que se podía. Las ganas de ser parte, de formar parte. Fuera del descreimiento y del desprestigio de la política que nos encajaron por tantos años. Nos duele por amor a Néstor, seguro, pero nos duele por la patria. Por eso duele tanto.
A mi viejo le creí, y hasta se lo creí a Clarín, pero somos muchos los que no queremos creerlo. Por que la verdad, que dios nos haga esto, no nos parece.
Un dibujo
From: karinadcc@hotmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Gracias
Date: Sun, 31 Oct 2010 22:41:13 -0300
Lucas,
Como estás? Pregunta molesta si las hay...
Me tome la libertad de escribirte no solo para agradecerte por todo lo que nos ayudas al publicar las cartas en tu blog, que de hecho son la REALIDAD que muchos medios no quiere mostrar.
Yo soy de esas que ama la politica pero siempre estuve en el lugar equivocado a los 18 me afilie al radicalismo por herencia, pero nunca me senti identificada . Desde hace un par de años me enamore del gobierno, y hoy orgullosamente puedo decir que soy LA MIERDA OFICIALISTA.
Hace tres dias que no paro de llorar...mi esposo ( tambien mierda oficialista ) es más fuerte y supo ver antes que yo, que con la participacion de los jovenes, todo lo que nos espera es ALGO MEJOR...
No pude ir a la rosada. Mi hija estuvo con fiebre y se me hizo dificil ir personalmente a decirle gracias. No soy muy creyente asi que no le prendi velitas ni nada de eso...
No lo conoci personalmente, pero cuando me entere de la noticia, volvi a sentir lo mismo que el dia que murio mi viejo...un vacio enorme y una bronca terrible...
En fin, este dibujo que te envio lo hizo mi esposo, es un pequeño homenaje de parte nuestra para el hombre que nos cambio la vida y la de millones de argentinos y argentinas...
" Gracias Nestor, de parte mia, de mi esposo y de mi hija " - Gracias Lucas, un beso
Karina Caro
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Gracias
Date: Sun, 31 Oct 2010 22:41:13 -0300
Lucas,
Como estás? Pregunta molesta si las hay...
Me tome la libertad de escribirte no solo para agradecerte por todo lo que nos ayudas al publicar las cartas en tu blog, que de hecho son la REALIDAD que muchos medios no quiere mostrar.
Yo soy de esas que ama la politica pero siempre estuve en el lugar equivocado a los 18 me afilie al radicalismo por herencia, pero nunca me senti identificada . Desde hace un par de años me enamore del gobierno, y hoy orgullosamente puedo decir que soy LA MIERDA OFICIALISTA.
Hace tres dias que no paro de llorar...mi esposo ( tambien mierda oficialista ) es más fuerte y supo ver antes que yo, que con la participacion de los jovenes, todo lo que nos espera es ALGO MEJOR...
No pude ir a la rosada. Mi hija estuvo con fiebre y se me hizo dificil ir personalmente a decirle gracias. No soy muy creyente asi que no le prendi velitas ni nada de eso...
No lo conoci personalmente, pero cuando me entere de la noticia, volvi a sentir lo mismo que el dia que murio mi viejo...un vacio enorme y una bronca terrible...
En fin, este dibujo que te envio lo hizo mi esposo, es un pequeño homenaje de parte nuestra para el hombre que nos cambio la vida y la de millones de argentinos y argentinas...
" Gracias Nestor, de parte mia, de mi esposo y de mi hija " - Gracias Lucas, un beso
Karina Caro
a dos de los cincuenta
From: patoszul@hotmail.com
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Yo también...
Date: Sat, 30 Oct 2010 21:07:19 -0300
La verdad es que iba a comentar uno de tus post y después otro... y después otro. Así que en lugar de eso decidí como tantos, escribir, escribirte, escribirles.
Me sentí identificada en sentimientos, reflexiones, historias de vida... Yo también tuve una mamá gorila y tengo un marido peronista... Yo también estuve en la plaza, apretujada con mi familia, cantando el himno a los gritos y compartiendo un dolor-alegría colectivos... yo también... tantas cosas...
Estoy a dos de los cincuenta, mi infancia la viví con reuniones del partido en mi casa, mis viejos militaban en el pc, milité tímidamente en mi secundaria en dictadura y con la vuelta a la democracia me alinee con los organismos de DDHH. En mi casa la política siempre fue un tema de conversación y mi casa de la adolescencia fue refugio y estación de salida a compañeros argentinos, uruguayos y chilenos que estaban en la "clandestinidad".
Siempre me reconocí como independiente, lo voté a NK sin demasiada convicción, quién diría?! quién diría que en lugar de nuevas decepciones me daría tantas, pero tantas sorpresas, valga la redundancia, sorpresas que me sorprenderían?
Si hay una vereda y otra, digamos que yo estaba abajo y de a poco me fui acercando para una de ellas, y me quedé ahí al lado del cordón, y como les pasó a muchos de un saltito me subí a la vereda con la 125 y no solo eso, al tiempito nomás empecé a los gritos con mis pensamientos y mis convicciones, a no perder oportunidad de "bajar línea" en dónde sea y con quién sea...
En casa no se padecieron grandes carencias económicas, a fines de los ´90 dejamos de hablar de la realidad con mi marido porque veíamos como se hacía carne la desesperanza en nuestros hijos. La realidad nos golpeó con la "inseguridad" perdimos en hechos violentos primero a mi suegro y años después a mi mamá.
Por estos días mi marido llora, mi hijo mayor me espía para ver si necesito consuelo, mi hija del medio me pregunta cuándo voy a dejar de putear y mi hija menor me repite "ma, estoy triste", ella que desde hace mucho se autodefine como "Kristinista" y que lo primero que dijo cuando le dí la noticia fue " pobre Cristi..."
Mi historia de vida habla de una juventud que se recordará por la represión, la tortura, la muerte, la desaparición y el silencio, a la de hoy la recordaremos siempre por la participación y el compromiso. Los pibes de hoy, mis propios hijos, no paran de sorprenderme, por momentos con un poco de envidia y ahora fundamentalmente con un tremendo agradecimiento porque me llenan de esperanza y energía.
Nestor que nos ha dejado medio huérfanos, tecleando en el aire palabras que intentan transmitir el amor y la bronca, las miradas de la realidad y las miradas al interior, las compañías y la solidaridad, la pasión y la compasión, el dolor y la alegría, la alegría que jamás, jamás! no van a quitar y fundamentalmente LA ESPERANZA!!!
Se no fue uno de los imprescindibles, pero nos dejó muy claro cuál es el carro que tenemos que seguir empujando, y que por estos días vemos cuántos somos los dispuestos a ponerle el cuerpo. Acá hay una flaca que hace rato está al pie del cañón.
A mi todavía me sorprende vivir en un país con está política de DDHH y de inclusión social. En lo personal siento que recuperé la dignidad, una dignidad que me es posible cuando el camino es la igualdad, el trabajo digno , el respeto por los derechos humanos PARA TOD@S. Yo he recuperado con gran placer el amor por mi país.
Yo agradezco a todos el sentimiento compartido que libera y contiene. Gracias a tod@s
Patricia
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Subject: Yo también...
Date: Sat, 30 Oct 2010 21:07:19 -0300
La verdad es que iba a comentar uno de tus post y después otro... y después otro. Así que en lugar de eso decidí como tantos, escribir, escribirte, escribirles.
Me sentí identificada en sentimientos, reflexiones, historias de vida... Yo también tuve una mamá gorila y tengo un marido peronista... Yo también estuve en la plaza, apretujada con mi familia, cantando el himno a los gritos y compartiendo un dolor-alegría colectivos... yo también... tantas cosas...
Estoy a dos de los cincuenta, mi infancia la viví con reuniones del partido en mi casa, mis viejos militaban en el pc, milité tímidamente en mi secundaria en dictadura y con la vuelta a la democracia me alinee con los organismos de DDHH. En mi casa la política siempre fue un tema de conversación y mi casa de la adolescencia fue refugio y estación de salida a compañeros argentinos, uruguayos y chilenos que estaban en la "clandestinidad".
Siempre me reconocí como independiente, lo voté a NK sin demasiada convicción, quién diría?! quién diría que en lugar de nuevas decepciones me daría tantas, pero tantas sorpresas, valga la redundancia, sorpresas que me sorprenderían?
Si hay una vereda y otra, digamos que yo estaba abajo y de a poco me fui acercando para una de ellas, y me quedé ahí al lado del cordón, y como les pasó a muchos de un saltito me subí a la vereda con la 125 y no solo eso, al tiempito nomás empecé a los gritos con mis pensamientos y mis convicciones, a no perder oportunidad de "bajar línea" en dónde sea y con quién sea...
En casa no se padecieron grandes carencias económicas, a fines de los ´90 dejamos de hablar de la realidad con mi marido porque veíamos como se hacía carne la desesperanza en nuestros hijos. La realidad nos golpeó con la "inseguridad" perdimos en hechos violentos primero a mi suegro y años después a mi mamá.
Por estos días mi marido llora, mi hijo mayor me espía para ver si necesito consuelo, mi hija del medio me pregunta cuándo voy a dejar de putear y mi hija menor me repite "ma, estoy triste", ella que desde hace mucho se autodefine como "Kristinista" y que lo primero que dijo cuando le dí la noticia fue " pobre Cristi..."
Mi historia de vida habla de una juventud que se recordará por la represión, la tortura, la muerte, la desaparición y el silencio, a la de hoy la recordaremos siempre por la participación y el compromiso. Los pibes de hoy, mis propios hijos, no paran de sorprenderme, por momentos con un poco de envidia y ahora fundamentalmente con un tremendo agradecimiento porque me llenan de esperanza y energía.
Nestor que nos ha dejado medio huérfanos, tecleando en el aire palabras que intentan transmitir el amor y la bronca, las miradas de la realidad y las miradas al interior, las compañías y la solidaridad, la pasión y la compasión, el dolor y la alegría, la alegría que jamás, jamás! no van a quitar y fundamentalmente LA ESPERANZA!!!
Se no fue uno de los imprescindibles, pero nos dejó muy claro cuál es el carro que tenemos que seguir empujando, y que por estos días vemos cuántos somos los dispuestos a ponerle el cuerpo. Acá hay una flaca que hace rato está al pie del cañón.
A mi todavía me sorprende vivir en un país con está política de DDHH y de inclusión social. En lo personal siento que recuperé la dignidad, una dignidad que me es posible cuando el camino es la igualdad, el trabajo digno , el respeto por los derechos humanos PARA TOD@S. Yo he recuperado con gran placer el amor por mi país.
Yo agradezco a todos el sentimiento compartido que libera y contiene. Gracias a tod@s
Patricia
Como muchos
From: julianlucero@gmail.com
Date: Sat, 30 Oct 2010 21:45:48 -0200
Subject: Como Muchos
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Lucas:
Date: Sat, 30 Oct 2010 21:45:48 -0200
Subject: Como Muchos
To: lucas-carrasco@hotmail.com
Lucas:
Me tomo el atrevimiento de mandarte esto.
Saludos
Julián
Como Muchos
Hace bastante que no escribo nada, por lo general me expreso mejor con la palabra hablada, y además me da mucha bronca que otros lo hagan mejor que yo, sin embargo, como muchos en estos días, sentí la necesidad de volver a volcar algunas líneas sobre el papel (o el monitor, en este caso).
Como muchos, el 27 de octubre de 2010 será un día del que nunca me voy a olvidar, como a muchos me despertó un llamado “Se murió Kirchner” dijo la voz del otro lado de la línea. La primera sensación fue la de miedo “¿Y ahora que?”, el estar medio dormido y la sorpresa me limito la capacidad de análisis, “¿Nos vamos a la mierda?”, fue la segunda pregunta/reflexión.
La mañana transcurrió entre la tele y la radio y twitter, escuchando llantos auténticos (como el de Hebe) y palabras vacías como las de Cobos, De la Rúa y otros despreciables personajes.
Como muchos, sentimos la necesidad de ir a la Plaza y hacia allá partimos, temprano, donde las sensaciones empezaron a cambiar.
El vació no se lleno, pero se empezó a sentirse menos vacío, empezamos a vernos, a reconocernos (si se me permiten los lugares comunes) y sentirnos que no estábamos tan solos.
Como muchos, empezamos a notar, que somos muchos.
Porque la sensación era esa “somos muchos y acá estamos”, somos muchos y no les creemos cuando desde los medios concentrados nos dicen lo que nos dicen.
Como muchos empecé a darme cuenta que no estoy tan solo cuando discuto y me re-caliento defendiendo este gobierno/modelo.
Como muchos de mi generación (tengo 33 años), nunca me imagine llorar a un político, era algo que me quedaba lejos, en los libros y en los testimonios de aquellos que lloraron a Evita y Perón.
Como muchos, porque insisto SOMOS MUCHOS, siento que ahora… es a todo o nada.
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