jueves, enero 26, 2012

Charles Gounod es el autor, además de Fausto, la ópera, inspirada en la primera parte del Fausto de Goethe, del Ave María, acá una versión en piano:

El Ave María está inspirado (es un modo, más bien un modelo de la crítica al decir, "está inspirado", no es una continuidad, no es una copia, no es un "cover" sino que "está inspirado en...") Clave bien temperado de Juan Sebastián Bach, más conocido en estas pampas de hlgazanes que cultivan, gracias a Les Luthiers como Johann Sebástian (el acento, para una correcta dicción, tiene que están en la primera A y no que en la segunda) Mastropiero.
De muy chiquito, había una novelita infantil, de tapas duras y dibujos, que contaba la vida de Bach, que leí, de chiquito, todavía me quedaba algo de sensibilidad, digamos. Y me asusté. Bah, no es asustarse la palabra, me conmoví, de su tristeza. Yo no entendía un carajo de preludios y fugas, pero sí de la vida errante. De las cosas simples. De la desolación. Desde entonces, me encanta, por esas cosas locas de las conexiones emocionales, su música. Porque sus padres, primero la mamá, cuando él tenía 9 años, después, al año, su papá, fallecieron. Yo escribía, a esa edad, una novelita -que pegaba con plasticola en una edición de papeles de cuaderno escolar, ilustrados, también por mí- que era una vulgar copia de Oliver Twist, la novela de Charles Dickens, ediciones Billiken, en tapas rojas. Venía aparte de la revista esa colección de clásicos -creo que ya muchas veces escribí sobre esto- y por eso yo la prefería, a Billiken, a la más nacional y popular Anteojito.


Pero es la música de Gounod, la elegida para la presentación del fenomenal programa"Alfred Hitchcock presenta"
Eva Row twiteó hace unos días uno de los capítulos (acá se pueden ver casi todos de la segunda temporada)



Yo fui educado en una cultura un poco gorila, por eso, en las viejas dicotomías nacionales yo leía la revista Billiken (de clara militancia radical) en vez de la Anteojito (de clara militancia peronista). Por suerte esas antinomias hoy están superadas y todos los gurisitos leen la revista Genios (de clara militancia por Clarín).
Hubo crueles enfrentamientos entre los niños pre reconciliación nacional por este tema. Muchos quedaron en el campo de batalla. Quizás, por las pasiones de la época, la tercera posición quedó un tanto relegada: los lectores de Condorito, que abogaban por quitar de la esfera nacional estatal el conflicto. En fin, con los años uno va entendiendo, pero entonces, así eran las cosas.

Corazón de Barco

Qué cosa. Tan tierna. Vista desde lejos. Está, el señor, barbudo, tirado en la vereda. Con otros linyeras. Tomando vino en caja. Plena madrugada. Al lado de colchones sucios, de chicos con mocos, de risotadas que esconden, como la noche cerrada, un montón de misterios. De contrarios. De enormidades que nadie quiere escuchar. Son más que pobres. Tienen el privilegio violento de vivir mirando la riqueza, el mundo del glamour, el barrio de Palermo. Pero viven en la calle.
Hay un distinto.
Miralo bien.
La barba descuidada. Ok. Pero no tiene ropa de marca. No le importa, notalo, cómo viste (o sea, tiene cuna, no tiene nada que explicar: elemental, querido Moreno). Mira desesperado, como con esperanzas. Viste de negro. Tiene los ojos verdes. El pelo enloquecido. Fuma mucho. Habla. No para de hablar. Nunca para. Es distinto. Cree que tiene derecho a hablar. A explicar. Y se sumerge desde una locura emocional incontrolable a silencios infinitos. Siente que el mundo le pagó de manera injusta. Se siente infinitamente defraudado. Podría enamorar muchas actrices con el vocablo ausencia. Tiene el peso de la muerte en los ojos. Tiene el gris de las veredas en las mejillas, el alerta policial en la mirada, las bibliotecas que pesan en los hombros, la torpeza en las manos de la clase media. Ese pibe no es un trapito. Es un impostor. Se nota a las leguas.

En leguas se mide la distancia en los campos entrerrianos. 
Tomé, días atrás, demasiadas cervezas con mis entrañables amigos Patucho y Zambayonny e hice lo que venía planeando: pasé una noche en la calle, con los que viven en la calle, cerca de casa. Quería vivir y probar algunas cosas de las que perdí contacto. Soy la Victoria Ocampo sin el talento pero con sus mejores vanidades, y qué.
Me siento profundamente culpable, durante la madrugada, de haber perdido el norte de la vida, la razón de la sensibilidad, detrás de este camino estúpido del egocentrismo.  Pido disculpas a los que, hoy en la calle, durante esta noche de estrellas eternas y soledad finita, jamás van a leerme. A ellos. Ojalá esté a la altura de las cosas que creí y por las que luché. Ojalá.

miércoles, enero 25, 2012

Bochini


Estaban el Beto Alonso, Alzamendi y Francescoli en River y, durante el mundial 86 cuando tomé conciencia de que eran uruguayos los dos últimos, estuve a punto de hacerme de independiente. Por Bochini.
Se trataba de una delicada decisión, que iba contra las decisiones familiares y contra el delicado equilibrio entre mis hermanos. Pasé momentos complicados, de crisis espiritual, vocacional, ideológica, como las crisis que debe haber tenido Juan Pablo Schiavi cuando pasó del PRO al PROgresismo (lo superó bastante bien igual, se lo ve relajado, digamos) pero finalmente, no me hice de Independiente. Ni de River. Ni Uruguayo.
El fútbol es ese programa de televisión donde unos pendejos con problemas de lenguaje ganan millones sin tributar, mostrando las abismales desigualdades sociales de un mundo capitalista. Los intelectuales fueron tentados por la culpa adoptar la demagogia de hacer como que. Y los periodistas (los intelectuales orgánicos) ponen el club de fútbol de "los personajes" como constitutivos de una identidad. Nada más pelotudo, por cierto. Probablemente en apenas un siglo en los estudios sobre comunicación, al abordar este tiempo que transcurre, llame la atención la ampulosidad y estupidez de esta época, donde los periodistas ponían como un dato importante el club de fútbol, o sea el programa de televisión que miraba, un presidente de la Nación. Los culturalistas lo verán como parte del pan y circo de la época, del feroz capitalismo que, también, transcurre. Los estructuralistas lo verán como pan y circo, necesariedad constitutiva del estadio del feroz capitalismo al que asistimos.
Hay un clivaje ya viejo entre intelectuales de élite e intelectuales populares, pero es atentos a ese pecado histórico que hoy las élites gozan del fútbol. Como el folclore que de tanto pasarlo en la radio nos termina gustando, el fútbol de tanto repetirlo se mete en las entrañas.
Me gusta el fútbol, porque es la infancia.
Como las carreras de burros de los tangos de la década del 40. Pero apenas si he pisado -también en la infancia y de colados, por una parte del alambrado, en Paraná, que estaba roto- un hipódromo.
Es Alzamendi, es Maradona, es Lalo en Argentinos Juniors, es Francescoli , es Gorozito, es Bochini, es Paz, es Higuita, es Valderrama, es Milton Melgar, Latorre y Batistuta.
Hoy, no miro mucha tele. Me aburre. Es que me estoy haciendo viejo, con esta soledad tan concurrida. 

lunes, enero 23, 2012

The Wire

En la edición de enero del Limón Diplomático, José Natanson (el nuevo y brillante director, que lo tornó legible y desajustado entonces el sobrenombre de Limón Diplomático, pero bue, la costumbre) menciona esta serie yanqui, The Wire, como ejemplo de la vida de los sectores marginados de los Estados Unidos. Como lo que Natanson escriba es algo que me interesa, busqué la serie. Acabo de ver 12 capítulos de corrido, a lo largo de pocos días. Y ya empecé con la segunda temporada. Una especie de adicción me agarró.
La sutilidad del guión, el tratamiento de temas como las drogas (la estupidez de la guerra de las drogas, la violencia que engendra, la corrupción policial, la marginalidad y su inteligente círculo vicioso) o la homosexualidad (desde la naturalidad en ciertos círculos sociales hasta el más común del decálogo despectivo) y los problemas raciales, sin visiones complacientes, idiotizantes, que sorprenden en una serie yanqui. Demasiado profunda. Demasiado buena. Los juegos de poder -que los yanquis desde la cultura popuar confunden con la política- no tienen tampoco una visión negativa obtusa, sino que explican el funcionamiento de las cosas. Y los personajes están tan bien narrados que, a pesar de que choca un poco al principio algunas actuaciones malísimas (se contrató gente de la ciudad donde todo transcurre, Baltimore, sin experiencia en actuación) y otras de gran calidad, un buen guión, una fotografía aceptable, televisiva, pero un buen guión, salva las papas y, en algunos caso como en éste, eleva las cosas.
Mario Vargas Llosa, desde su sensibilidad y también, claro, desde sus posiciones políticas conservadoras, traza un panorama de la serie muy certero. Y cuenta:

Los dos autores de The Wire, el ex periodista David Simon y el ex policía Ed Burns, trabajaron muchos años en el mundo que describe la serie. El primero de ellos dice que la concibieron como una novela filmada, y, también, que la mayor influencia que ambos reconocen es la de la tragedia griega, pues, en su historia, también la suerte de los individuos está fijada desde antes de nacer, por "unos dioses indiferentes" contra los que es inútil rebelarse.

Hay otra cosa llamativa, además de la sutileza tipo Kurt Wallander para quebrar la cadena de significantes del policial clásico, ya gastado, de las series yanquis en general y es la polifonía, usando los recursos visuales y estéticos disponibles, que narran historias dentro de la historia que además de trazar el recorrido emocional de los personajes, señalan una mirada sociológica, un cariz antropológico y una cosmovisión, con fuerza subjetiva, que aún dentro de múltiples cosmovisiones no pierde una unidad de sentido con la ilusión totalizante y remite, también, a las mejores tradiciones literarias norteamericanas. Y del cine. De los años de oro. 

domingo, enero 22, 2012

Adolescencias






Del blog  Minitas y Té de Menta de Lucía

Popurri de tortillas

Estoy atravesando un momento en donde no se que pensar, que sentir
No se como decirle a mis viejos ciertas cosas
Tantas cosas tengo guardadas, tanto tengo para decir
Todas las dudas, las preguntas que no puedo hacer
Porque en mi casa de colores, esta todo prohibido
Todo bajo llave, y ochenta candados.

En mi escuela todo es viejo y derruido
La gente tiene la impresion de que me las se todas, de lo que supone tendria que saber
La gente no tiene idea de todos mis conflictos internos
Les vengo a hablar de liberarse, y ni yo me libere en primer lugar
Todo lo viejo, que agarra como a las raices de un arbol
Pibes de 15, 16, 17, 18, que te hablan de lo correcto y lo incorrecto
De las reglas de la moral
Que estupidez
De la bandera, las buenas costumbres, la corrección
loco ¡Van a tener tiempo para ser muy correctos!
Sean libres mientras puedan, no se dejen enmarañar por las estupideces de los adultos
Hagan quilombo, rompan todo, tomen colegios, corten calles, puteen, griten, hagan de todo
Dejense llevar por los impulsos
Y lo peor es que yo digo todo esto, pero no les puedo decir nada a mis viejos
Me da miedo
porque conosco la hipocrecia, la conosco.

La naturaleza es sabia

 Por Mario Wainfeld
“La naturaleza es sabia”, pontificó Hugo Cettour, ministro de Salud de Entre Ríos, para justificar su decisión de no intervenir en el terrible caso del embarazo de una nena de once años. El cronista es partidario de moderar la adjetivación sobre personas, pero el criterio no es extensivo a frases-comportamientos de funcionarios públicos. Las palabras, o más vale, la conducta del funcionario son indignas, impiadosas y necias. La naturaleza (a menudo también la sociedad) tiene una tendencia al darwinismo, que la acción humana (las políticas públicas especialmente) aspira a anular o atenuar. La eventual cesárea, el tratamiento psicológico a la menor, la virtual entrega en adopción no son creaciones de la Madre Natura, sino de los seres humanos. La monogamia, las restricciones a la promiscuidad, las diversas formas de cuidado sexual no están inscriptas en el mundo natural y, se supone, Cettour ha de estar a su favor. También, se confía, será partidario de las vacunas, de la asepsia hospitalaria, de la anestesia o los antibióticos entre tantas interferencias de la civilización en el devenir natural.
El deplorable ministro, que es médico y fue director de hospital, sanatea para no mandar al frente a su cosmovisión, que en este caso desampara a la chica, en aras de la posición confesional (filo integrista) de las autoridades.
También es criticable el estridente silencio del usualmente poco visible ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur. Un pseudofederalismo, que afortunadamente el Gobierno no practica como costumbre, pretende ser excusa, sin conseguirlo.
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El juez supremo Eugenio Raúl Zaffaroni, en una recomendable columna publicada en Página/12, explica que el delito de aborto está despenalizado en los hechos. Son contadísimos los casos que llegan a los tribunales. Hay (glosa el cronista) una suerte de derogación tácita en los hechos, “desuetudo” se la apoda en jerga. El fracaso de la regla legal da cuenta de su anacronismo.
La aplicación del artículo del Código Penal que autoriza, como excepción, abortos se dificulta por la floja redacción de la norma. Aun poniendo entre paréntesis el ya impostergable debate parlamentario sobre la despenalización del aborto, el Congreso debería ponerse las pilas y clarificar ese artículo, en consonancia con la interpretación y la jurisprudencia no confesional, que son mayoritarias. La mayoría que logró el Frente para la Victoria en las elecciones le impone el deber de emprolijar la legislación con tono progresivo, algo que está a su alcance y que interpela a su responsabilidad social.
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Un fallo del Superior Tribunal (ST) de Chubut, en otra historia de aborto no punible, está a estudio de la Corte Suprema, desde hace bastante más de un año. Sus Señorías son magnánimas con sus propios plazos, pero están próximas a decidir. La sentencia que abordarán autorizó el aborto de una adolescente violada por su padrastro. Hay algunas contingencias diferentes a lo sucedido en Entre Ríos, las similitudes son mayores: la pobreza extrema, la carencia de capital cultural y redes de la familia, una desprotección que se acentúa y que jamás roza a otros estratos sociales. La Corte escoge, en asuntos que conmocionan a la opinión pública, casos cuyas características refuercen el mensaje de sus sentencias. En este juicio hay una historia repetida, un problema social extendido, con una resolución ejemplar.
El expediente recorrió todos los despachos, la mayoría respectiva se irá formando. En nuestro sistema legal el fallo no es coercitivo para otros tribunales u otros litigantes. A despecho de esas restricciones, urge una señal de la Corte (que es mucho más seria y progresista que la media de los jueces argentinos) como referencia, como prueba de que los poderes del Estado no se lavan las manos.
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Ni Cettour ni los irresponsables médicos que desatendieron a la menor son los primeros profesionales que burlan su responsabilidad. El fallo del ST de Chubut cuestiona procederes semejantes. “El cumplimiento de las normas jurídicas es un deber del profesional (de la salud) y su incumplimiento es susceptible de sanción legal”, puntualizó, agregando que “los casos de abortos no punibles son uno de los tantos componentes del servicio de salud”. Servicio negado a la menor, pobre, mujer y violada, revictimizada por las instituciones.
Las campanas doblan por los médicos, también por el Poder Judicial. El ST de Chubut dejó constancia de que había graves deficiencias técnicas en los recursos que le elevaron el expediente. En ocasiones tales, los magistrados pueden declarar “desierto” el recurso por carencias de los profesionales. No lo hicieron porque privilegiaron su deber de hacerse cargo, de atender a un asunto de gravedad institucional: el sentido del deber prevaleció sobre el ritualismo forense. El juez de Entre Ríos Raúl Tomaselli dio un ejemplo clavado en contrario. Una gambetita ritual y se eximió de comprometerse.
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Jueces y funcionarios como Tomaselli y Cettour sobreabundan. El derivado –como escribió la magistrada y jurista Aída Kemelmajer de Carlucci– es que el sistema “penaliza la pobreza y no la interrupción del embarazo”.
La destacable cobertura de este diario y en especial las notas de la colega Mariana Carbajal lo remarcaron. El cronista, desde su ángulo, añade un granito de arena. Lo que está en juego no es la naturaleza sino el apego a la ley, flojita pero vigente. También el proceder correcto de los profesionales de la salud. Y, en un sentido más amplio, la política o la presencia estatal, herramientas que (bien blandidas) mitigan las de- sigualdades y tutelan a los que menos tienen.
En este caso, chocante a carta cabal, hablamos de una criatura de once años y las palabras empiezan a sobrar.

Ehhhh mulooooOOOOOO


sábado, enero 21, 2012

Es cortés y muy galante, educado por demás







Un debate necesario

Por Diana Kordon y Lucila Edelmán  | Para LA NACION

La irrupción de Plataforma en el debate social y cultural, los cientos de nuevas adhesiones en pocos días muestran que su aparición responde a una necesidad social. La heterogeneidad de sus firmantes, con las obvias dificultades que puede generar, implica, simultáneamente, una enorme riqueza y un desafío. La construcción de un "nosotros" conllevará necesariamente trabajo y polémica de ideas.

Uau! Un poco exagerado en los pronósticos, pero bue, ojalá. Me acuerdo cuando otros intelectuales de derecha como éstos armaron un grupo crispado contra Carta Abierta, duró poco. Estaba Marcos Aguinis. Era, como Plataforma 2002, un grupo armado también por La Nación. Duró nada. Pero cómo lo inflaron. Y acá pasa un poco lo mismo.
La contraseña es reivindicar el debate, decir un montón de pelotudeces sin el menor asidero teórico real: a disputa es pública, claro, porque en los ámbitos donde se encuentran los que dicen esas tonteras (por eso las dicen, porque conviven en ámbitos) no hay posibilidad de debate sino de distintos puntos de vista; como en La Nación y Página 12, la universidad privada de la UBA o en publicaciones académicas que, para que puedan convivir distintos puntos de vista, se requiere -ya que no está la lógica empresaria de Página 12 o La Nación- de un editor fuertemente autoritario y que los intelectuales no se junten. Un intelectual es un recibido en alguna carrera de universidad privada (Di Tella, TEA, Palermo, UBA) que tiene algún acceso a la prensa y es en la prensa donde te dan el título de intelectual. Son demasiado soberbios para decir "no, disculpe, yo soy licenciado en filosofía, nada más" y, ya que hablamos de soberbia y vanidad, un intelectual es aquel que nunca se burla de su soberbia y de su vanidad. Yo, no califico. No jodan.
Ese párrafo (no dan ganas, seamos sinceros, de seguir leyendo algo taaaaaaannnn pretencioso) salió publicado en La Nación. 
Pero bueno, sigamos (ahora viene una sesión de psicoanálisis):


Ante el efecto impositivo del discurso oficial, una enunciación colectiva genera un espacio apuntalador de la subjetividad. Nos sustrae del efecto opresivo de ser colocados antinómicamente como funcionales a la "derecha reaccionaria" cuando queremos expresar nuestras profundas diferencias con la política del Gobierno.
El relato parte de una premisa sobre la que no acepta discusión: estamos ante la realización de una profunda transformación social. Definido así este nuevo país que se está gestando, los actores sociales pasan a ser ubicados según se posicionen "a favor" o "en contra" del gobierno "nacional y popular". La épica de las grandes transformaciones que se estarían produciendo en la Argentina cae con peso acusatorio sobre las voces disidentes. Nos referimos en este caso a la disidencia de quienes, no teniendo ninguna identificación con los poderes dominantes, sólo reconocen compromiso con las necesidades materiales, sociales y culturales de nuestro pueblo.
Está, se entiende, se sienten mal, tienen un malestar. Por ahí Cristina debería crear (para seguir oprimiendo) el Ministerio del Psicoanálisis para gente así. Pero es de suma importancia este párrafo siguiente:

Por nuestra parte, consideramos que una transformación social es producto de determinados hechos instituyentes que conmueven y modifican el orden de lo instituido.

La frase llena de cursilería de la academia francesa, por más vueltas y vueltas que le des, no dice un carajo. Es una operación matemática berreta, de CBC, de Franja Morada: "por nuestra parte" (el enunciador, serían los seguidores de Beatriz Sarlo y Gargarita: por no hablar de política y de colectivos, ya sabemos que a los intelectuales de Plataforma 2002 no les gusta, cuando sacan el 2% con Carrió, hablar de colectivo y de política) dicen que "una transformación social" o sea, ¿qué?, no sé, puede ser cualquier cosa, pero dale, resulta que la transformación social se da cuando "determinados hechos" (o sea, hay hechos y son determinantes, esto es premarxista, y la cursilería de la academia francesa de los años neoliberales se fue al carajo: ahora es, precisamente, lo contrario) esos hechos determinados son "instituyentes" (con lo cual hay "transformación social" cuando un "hecho" lo determina, pero ese hecho tiene carácter "instituyente" o sea que está fuera del hecho y fuera de la transformación social...esto ya es pre Marco Polo) y resulta que "conmueven" (¡a quién?) y modifican el orden de lo instituido, o sea, transforman socialmente. Genial. Bueno, ahora hablemos en serio. ¿Cuál es el punto, corazones?


Grandes corporaciones mineras, petroleras, cerealeras, telefónicas, así como el sector financiero, han recibido y reciben privilegios de este gobierno. El oro, cuyo método de extracción contamina los glaciares de la cordillera, paga sólo un 3% de derecho de exportación. La propia ley de glaciares, primero vetada, luego resancionada, sigue sin aplicarse. La prórroga de los contratos con grandes petroleras nos ata las manos por décadas. Se aplica el impuesto a las ganancias a los asalariados, verdadero impuesto al trabajo, mientras no es gravada la renta financiera. Esto no es "lo que falta": son sólo algunos ejemplos de una política coherente.
Se parte de la premisa de que este gobierno no criminaliza la protesta social. Nos preguntamos: ¿tenemos un déficit en nuestra percepción o la realidad contradice esa afirmación?; ¿qué nos pueden decir de esto dirigentes obreros y sociales a quienes no les alcanza el tiempo para correr de juzgado en juzgado por la cantidad de causas penales que tienen abiertas?; ¿cómo fundamentan los diputados oficialistas su negativa a votar los diferentes proyectos presentados para dejar sin efecto la judicialización de las protestas que se viene desarrollando desde la época del menemismo?; ¿qué lectura merece la utilización de patotas en lo que se ha dado en llamar tercerización de la represión o la acción directa de la policía y las fuerzas de seguridad en ocasión de situaciones de conflicto social?; ¿qué significado tiene el silencio de la Presidenta, quien al realizar una teleconferencia con el gobernador Insfrán, inmediatamente después de la violenta represión en Formosa en la que fueron asesinados dos miembros de pueblos originarios, no hizo ninguna mención de este hecho?
Lo que marca un punto de inflexión insoslayable es el incremento sustantivo de asesinados en ocasión de reclamos colectivos en defensa de derechos básicos. Su número concentrado en el último período señala una direccionalidad alarmante.
Adjudicar estos hechos a políticas regionales o criticarlos sin un análisis de las condiciones que los posibilitan y teniendo siempre especial cuidado en eludir la responsabilidad y en no afectar el buen nombre del Ejecutivo nacional, en nada ayuda a sacudir el peso de la impunidad.
La ley antiterrorista, sancionada vertiginosamente y votada por diputados y senadores a libro cerrado, en una actitud para muchos de ellos contradictoria con su propia historia, constituye un verdadero analizador social y no una anomalía. Además de su obvia aplicación contra la protesta social, seguramente podrían ser considerados "terroristas", por ejemplo, ahorristas que reclamen la devolución de sus depósitos o periodistas que informen sobre índices de inflación. ¿No basta la experiencia de la aplicación de estas leyes en otras partes del mundo? Los mapuches chilenos son juzgados por leyes equivalentes.
Estos y otros temas que caracterizan el actual período, abierto en 2001, sí eran una asignatura pendiente en un debate cultural que hoy empieza a desplegarse activamente en la escena pública. Lo celebramos.
© La Nacion
Kordon y Edelman son psiquiatras-psicoanalistas, Zangaro es dramaturga.
Las tres son miembros del grupo Plataform
Ah, ok. Sencillo. Es tooooooooooooooooooooodddddddddddddddddooooooooooo eso, sin argumentos, sin línea política, un conjunto de recortes periodísticos "de denuncia" pero bien escritos, no majuleados. Está bien. Muy lindo todo. Buenas noches.
¿Debatir qué?
Naaaaaa, seamos serios. Es importante que Plataforma 2002 diga este conjunto de lugares comunes de a derecha con un lenguaje de elite, en esta guerra de licenciados que, sin dudas, será festejada por los moralistas, augurando que asistimos a un nuevo tiempo y bla, bla, bla.
El hecho instituyente que conmueve el orden social constituido....andá, ponele un sujeto, corazón, a la oración y a la política.
Qué tal Moyano, qué tal Carrió, qué tal Magnetto, qué tal Techint: son tan impresentables que los licenciados tienen que esconderlos en las oraciones de SU agenda (pobrecitos, se sienten oprimidos porque "el relato" identifica, organiza, debate política y con actores serios de poder, no licenciados con malestares que responden a las vaguedades de las sombras: vamos, chicos, hagan terapia y mejores, después militen, en cualquier partido político, y tomen posiciones y tengan un programa y una línea política