miércoles, mayo 02, 2012

Está Reutemann, Barletta, Rossi, Binner, Obeid, Bonfatti, Bielsa, ésa es la dirigencia de Santa Fe: Norma Morandini, con esa cara de orto, si fuera santafesina ya sería gobernadora.




La leche en polvo, el pan, los fideos, el arroz, la polenta Y LAS VERDURAS; es decir, la dieta diaria de la mitad de la argentina, se van por las nubes. No hay en el gobierno sensibilidad sobre este tema. Básico, fundamental. Los grandes monopolios -los intocables, los monopolios que joden a la gente más pobre, como los privatizados de los servicios públicos y los de la alimentación, donde Polémico Moreno no juega a ver quién la tiene más larga- son la canaleta de la droga y el juego de la que hablaba el entonces presidente de la UCR como destino del dinero de la Asignación Universal por Hijo y las Jubilaciones Para Todos, las dos grandes medidas distributivas, legado del kirchnerismo la patrimonio cultural de los argentinos.
Incluso, la desaceleración de la inflación que se procura de manera ortodoxa, bajando el consumo (lo que no configura un ajuste como anunciaba, orgullosa, la derecha, con fuegos que ya se apagaron: bah, algo de ajuste hay, pero para España, los EEUU y los grandes consumidores locales, antes se les llamaba redistribución del ingreso, ja) llevó a estos precios hacia arriba, por el efecto de achicamiento de la curva de crecimiento del consumo en sectores de trabajadores que no están en la pirámida de la escala laboral (que no pagan Ganancias, digamos, el impuesto progresista que la CGT quiere sacar con argumentos a la derecha de su dial).
Éste tema, el precio de la canasta, no la del INDEC, sino la escueta canasta, más fácil de regular -la canasta promedio del INDEC abarca distintas clases sociales y geográficas, con lo cual, naturalmente, es más amplia, además por que se usa como indicador global estadístico del consumo para medir la pobreza y la indigencia-de los pocos productos y marcas que consumen, como alimento base, la mitad, ni más ni menos que la mitad de los argentinos; éste tema, es el que puede socavar no la imagen presidencial, que se compone de éste pero también de otros elementos más complejos, sino el entusiasmo por algunas medidas del gobierno, incluso en el porvenir. O sea, sino es por ética, por lo menos, que sea por oportunismo. Pero es un asunto grave y urgente.
En La Cámpora de Parque Patricios, un barrio del sur porteño, hacen compras comunitarias: ése es el camino para una militancia práctica, que dote de sentido la acción política y de sensibilidad, y que procure, a la vez que la satifscacción de un bien, la pedagogía sobre cómo resuelve, de manera cruel, el mercado, estas cosas.
Buenas noches. Putitos.


 

Milonga Paranormal





Me hizo reír esta canción, es genial. Conjunto Falopa. Milonga de muy bajo presupuesto. Yo jugaba, en una escuela que entonces quedaba en el campo, al juego de la copa. Cuando tenía 13 años, los años, o el año, en que empezaba a dejar de creer en dios. Sin darme cuenta. Después, como sucede con las fes, me olvidé. Hasta que un día, algunos años después, me di cuenta que ya no creía en dios. Cosas de la vida.

martes, mayo 01, 2012

Gente del Pro



Hay gente mentirosa,
gente policía
gente de mierda,
gente del PRO

Me deben, los muchachos de la Dirección de Juventud de la municipalidad de Buenos Aires y Vicente López (blogueros rentados, de verdad, no como las chicanas con las que, no ellos ciertamente, que además, me conocen,  pero sí Clarín, me insultan a mí: nosotros no vamos con esa) haberles, allá lejos y hace tiempo, puesto, sin querer, claro, el nombre de su blog: votamos globos. Lo dije, comentando en la elección para intendente del puerto, donde ganó el ministro de turismo de las Provincias Unidas del Río De La Plata, Mauricio Macri. Votaron globos. Y entonces se viralizó en las redes sociales, mis 15 minutos de gloria, olvidados. Pero los muchachos del PRO, han decidido que los blogs de los semiletrados que ocupan secretarías municipales, no sirven para nada. Y que tienen que hacer algo más serio, o sea, tomarse en joda. Como hace el kirchnerismo. Pero, como ellos saben, no lo hacen de manera orgánica. Son tipos insensatos, como este humildísimo, jamás agrandado, nunca taxi, nunca menos, cronista, el Gran Lucas Carrasco, que se autocita y autoelogia, una especie de José Pablo Feinman pero sin mayores talentos. Es por ahí. Los jóvenes del PRO, además, son más perspicaces, son más bichos. Que esa camada de fumones bananas que encabeza el Hijo Bobo de Rozitchner.  Alto Zapallo, insoportable además. Con su filosofía de peluquería, qué banana. A ese chico seguro le pegaban mucho en la escuela.
Bien ahí, entonces, arrancan buscando provocarme, justo cuando yo estaba escribiendo sobre la derecha posmoderna. No me como tan fácil los amagues, pero la verdad, esto -el mundo virtual- está muy aburrido, no hay con quién debatir. Y Twitter es para gente como Mauricio, iletrado funcional. O los de Bailando por un Sueño, que no tienen nada para decir. Son 140 caracteres, sln consignas, son globos. Los debates, intelectuales, o sea, políticos, tienen que tener, necesariamente, otra densidad. Pero no esa cosa pesada y autocentrada de la academia, que además, y por suerte, no le importa a nadie. Les deseo la mejor de las suertes. Putitos.



La #DobleVida de @carrascolucas


Así como Batman, Superman, La Mujer Maravilla y Boudou, parece que todos los superheroes o twittstar tienen una doble vida.
De día, ejercen su personalidad más conservadora, tímida, cubierta de prejuicios y de limitaciones culturales que lo vuelven “uno más del montón”.
Pero de noche, cuando el sol cae para dar lugar a la sobrecargada iluminación de nuestra querida ciudad, es cuando se sacan sus máscaras y donde se muestran como realmente son.
Algunos lucha contra el mal, otros se visten con mallas ajustadas y otros tocan la guitarra mientras crean empresas con millonarios negocios con el estado.
Parece que nuestro amigo y habitué de este espacio @carrascolucas no es la excepción.
De día lo conocemos con su pintorésco personaje de twitter y abonado de 678, como militante seudo intelectual del movimiento kirchnerista.
Pero, cuando las luces bajan, otra es la historia.
Parece que el enigmático bloggero K fue visto en reiteradas ocasiones en el Starbucks que sirve de Bunker del PRO, ubicado en Florida y Rivadavia, probablemente asistiendo a alguna charla de formación política.
Quizás estaba investigando al enemigo. Quizás borra con la derecha lo que escribe con la izquierda. Nunca lo sabremos.
Mientras tanto, y ante la duda, le mandamos un fuerte abrazo NacyPro a nuestro amigo y compañero LUCAS CARRASCO! Dios lo tenga en la gloria



La alternativa al kirchnerismo



La derecha siempre tuvo dos vertientes: una conservadora, expresada en la trilogía del "gaucho, el milico y el cura" que habla de un mundo quieto, aplastado, de derechos y valores naturales corrompido por ideas ajenas al ser (a veces, nacional, depende del período histórico) como la igualdad, la solidaridad, la libertad. Esta derecha es clerical, culta, es cierto sentido, depositaria también de la tradición humanista. Esa derecha se expresa, por poner un ejemplo, en las editoriales cavernícolas del diario La Nación. Es una derecha resentida con la revolución francesa.
Hay otra derecha. Sugiero, para que se comprenda, la lectura de este boludo peligroso, Miguel Del Sel. Dados los papelones que está haciendo el encargado de negocios con el PRO en la familia Pinedo, Federico, su discurso de derecha conservadora -predicando homilías para no tener que reconocer los hijos que desparrama por ahí, ay, la ternura de los conservadores- no cala. Mauricio Macri es demasiado inculto, incapacitado de articular dos conceptos como para analizar su discurso. Distinto es el caso del ventrílocuo, Durán Barba, pero Miguel Del Sel, seguramente sin asesores, sino expresando su visión primitiva y sin estudios sobre el mundo, releva las claves de la derecha posmoderna.
La derecha posmoderna es, básicamente, conservadora en todos sus asuntos primarios, pero, según ellos se entienden "realista". La derecha posmoderna ve el mundo como algo absolutamente simple de comprender pero no en un orden natural sino a la simple vista. Y a diferencia de la derecha conservadora, no reniega de la ciencia, siempre y cuando no se meta con sus valores. Por ejemplo, para un imbécil como Miguel Del Sel, la realidad se explica desde el momento en que el observador (él y sólo él) "llega" a un punto de mira. Eso explica desde Recoleta -un barrio porteño- a Jujuy -una provincia- que vienen a ser, según su visión, los dos antagonismos de la argentina (no es racista Del Sel, simplemente es estúpido; violentamente estúpido) que por cierto no se propone superar en tanto en su mundito son antagonismos, sino, "mejorarle la vida a la gente". Esta derecha posmoderna sobrevuela las instituciones, no cree en la política, porque, a diferencia de los conservadores, los posmodernos no creen, digamos, en el hombre. Sí en sus estereotipos -los pobres son buenos y boludos, los ricos deberían ser solidarios, tonteras así- pero también en una especia de tábula rasa, distorsionada por la sociedad, corrompida, digamos.
La derecha posmoderna propone, como las viejas utopías que desconoce y que surgieron al calor de la revolución industrial, la abolición de los conflictos, esto es, de la política. Pero ya no por la superación social sino por la superación moral. Un credo que supieron cultivar cuanta dictadura católica -o sea, civil- hubo en la argentina. La derecha posmoderna es la oposición del futuro, pero entra en conflicto con la realidad, constantemente. Es el caso, claro, del radicalismo. Un partido sin brújula, sin identidad, sumergido, autoderrotado. Que ve cómo los "referentes" de la derecha posmoderna, Binner por un lado, para clases medias altas y Macri, por el otro, que agrega sectores populares, se llevan su identidad a ningún lado.
El kirchnerismo tiene también una dosis, eficaz, de derecha posmoderna. Es Haddad, o el vicepresidente. O los "gestores" de la Anses, o de la Afip. Son los dueños del sentido común. Mayormente incapaces de articular un discurso político, dicen giladas que escuchan en la televisión y hablan de la "gestión" en los mismos términos que alguien del PRO como Schiavi, ja. Hablando en serio. Hay un problema cultural a abordar.
La economía -aún todo lo que el kirchnerismo ha hecho en esta área, que, además de las medidas concretas, en el plano de lo simbólico es mucho (la primer mujer ministra de economía, los modales y ravioles de Axel Kicillof, el lugar NO CENTRAL para un ministro de economía, la separación de este cargo en temas financieros -el ministro propiamente- y obras públicas, inversiones y demás en el ministro de economía Julio De Vido, un presidente, como Néstor Kirchner, que inaugura la etapa que Cristina profundiza, donde los presidentes mandan, libreta en mano, gobiernan la economía; aún así: falta, corazones, sigamos) falta- sigue siendo un asunto de la derecha, culturalmente. ¿Puede, acaso, la Argentina, revertir la potencia cultural de la derecha posmoderna? No sé, pero lo intenta. Y sino, volvamos todos a nuestras casas, bah, yo ya estoy en casa, haciendo un puchero. La clave: licuar un repollo y comenzar la preparación con este licuado, lo hace más digestivo y le da mayor densidad. Y, además, hay que preparar mayonesa casera y mezclarla con un poco de mostaza (o separadas, pero eso si son varios los que comen).
La derecha posmoderna es la oposición transversal, es el único movimiento político, articulado con su ala conservadora, que puede bien venir de los dos grandes partidos nacionales, capacitada para ofrecer una alternancia "sin conflictos". Cuidado, corazones. Los quiero a todos. Sigo cocinando. Putitos.




lunes, abril 30, 2012

Reforma Fiscal.

¿Cómo hacer una reforma fiscal sofisticada, de caracter progresista, sin revertir la cúpula empresaria, desnacionalizada?
La pregunta se recontextualiza con la increíble reestatización de YPF (donde ya casi nadie, incluido yo, que a quién le importa, pero bueno, a mí, y es mi blog; creía que iba a expropiarse, a esta altura del partido) y cuando todo indica que la Cohorte Suprema va a resolver el expediente que viene salvando para Héctor Magnetto. Es, Clarín, una de las principales empresas nacionales concentradas. La "desinversión" (el desarme de monopolios y oligopolios, que nada tienen que ver con los contenidos: no es porque "Clarín miente", que eventualmente puede ser, sino por una norma democratizadora que debe cumplir Clarín, Cristóbal López, Haddad, etc, en el aspecto de la propiedad de medios de comunicación en el espacio público radioeléctrico) se espera, quede en nuevas manos de capitales nacionales. Pero a nadie escapa que los puntales de la AEA -asociación empresaria argentina, por sus siglas en Inglés- es decir, la oligarquía sojera, Techint y Clarín, aglutinan diversas empresas, entremezcladas muchas veces, que representan, en conjunto, los intereses concentrados y, para usar una categoría vieja de fácil comprensión, antinacionales.
Nos topamos acá con el problema de la tesis -yo ya dije que no creo en ella, pero nadie se conmovió mucho que digamos- "de la burguesía nacional" que, en el plano de lo disponible, califica a los rapaces actuales como faltos de voluntad y escenifica la emergencia de otros rapaces más débiles. En esta coordenada ideológica -nunca oculta, siempre especificada y, de un tiempo a esta parte, especialmente por Cristina, conceptualizada (pero yo insisto, la creo errada)- tienen que leerse la mayoría de las decisiones de impacto político como la venta de medios de Haddad a Cristóbal López o la política que por decisión gubernamental aplicaba Schiavi en los transportes, la misma que ahora aplica un oscuro funcionario en la misma área que Schiavi. Pero, también, la estatización de YPF cuando la  misma tesis -que explica a Ezequenazi y, aunque más oculto, también a Brito- falló en su aplicación. Es decir, en eso, el kirchnerismo no se hace muchas ilusiones y propone al estado como el reemplazante natural en esas áreas dónde el lumpenburguesariado -o burguesía nacional- fracasa. Es decir, un Frondizi del año 30, un pinedismo con justicia social, peronismo clásico. Claro que, en tiempos globales, lo que se suple, en parte, con el espíritu regionalizador.
El IVA sigue estando en el 21% y, simplemente, desapareció de la agenda política. El impuesto a la herencia sigue sin reimplantarse, una barbaridad, sin dudas. Las mineras siguen pagando pocos impuestos y brillan, gritan por su ausencia la falta de pagos de impuestos personales. Y, además, los impuestos a los deciles del medio, siguen siendo bajísimos. Por ejemplo, el Impuesto a las Ganancias, es muy bajo. Que em perdone Moyano y esos empresarios que hicieron guita sólo y porque gracias al estado: muchachos gordos, al estado hay que financiarlo. Para que se entienda: las madres que viven de la Asignación Universal por Hijo pagan, de mínimo, 21% de impuestos al consumo. Una barbaridad.  Eso, señores, está mal. Lisa y llanamente, mal. Ninguna de las políticas implementadas sobre alquileres se puso en práctica o fracaso. La especulación financiera en nuestro país -que es la soja, luego la vivienda, siempre la tierra y nunca la Bolsa- tiene de rehenes, directamente, a la gente más pobre, a los trabajadores, a los humildes. La misma política de viviendas populares, una enormidad que realizó el kirchnerismo (superando la política de viviendas de Perón, o sea, las de toda la historia) y que, como ocurrió en sectores por fuera del impacto y producción de los medios de comunicación, se entiende y sabe muy poco. Algún día -iba a poner "cuando tenga tiempo" jaja, días atrás me llamaron de una revista para la que escribí, como trabajo y me dijeron, quejosos "pero queríamos que escribas como en tu blog" y bueno- podría contar la cantidad de anécdotas que sé, que vi, que viví sobre esta política de viviendas. Pero, putitos, esa misma política tuvo que frenarse, en buena medida porque no se afectaron los oligopolios de la provisión de insumos de la construcicón, en otro aparte porque la misma política de empleo e industrialización restó impulso a las cooperativas, pero, básicamente, porque los gobiernos provinciales no avanzaron ni amagaron con acotar la financiarización de la tierra. Luis D Elía ocupó un cargo estratégico, porque Néstor Kirchner, se ve, conocía el paño de las viviendas. Me han contado que al recorrer Santa Cruz uno entiende porqué. No conozco. Pero, si uno siguiera hilando estos temas, cobra ahí dimensión profunda, cercana a la gente, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Están, ahora, disponibles, los instrumentos. Un paso gigante. Pero que, necesariamente, requiere de la fuerza política necesaria para llevarlo adelante. Y de la instalación, previamente, de estos temas en agenda. Ninguna pavada.


Perfume de un asesino



 Quizás se trate de la mejor novela policial que haya leído en mis 34 años, y confieso que he leído obsesivamente estas cosas. Acá la película, que quise volver a ver, pero está en un insoportable español doblado, pateé la computadora y a la mierda. Pero si alguno no la vio, acá está.


YPF



 Una película que, a fines didácticos, puede servir. No es, oh, la película y las actuaciones y demases, bueno, está hecha como está hecha, qué se yo. Pero por ahí los más pendejos pueden tener un retrato -sí que vívido, fiel, he ahí el mérito- de cómo fueron los años 90, esta película, si en algo se destaca, es en eso. En la descripción de un clima

domingo, abril 29, 2012

Máximo Kirchner



El sábado estaba preparando unos puntos para la charla en la Feria del Libro, sobre Castelli y Monteagudo, una personalidad, fascinante. Presidencia decidió dedicar, en su stand, ese día a Castelli -el anterior a Rodolfo Kusch (algo que me sorprendió gratamente) y el domingo a Leopoldo Marechal- y por esas cosas de la vida o de Franco Vitali, terminé hablando de eso, tirando mis tesis corrosivas sobre la falta de articulación entre el ala jacobina de Mayo y las montoneras y los caudillos federales y el chauvinismo provincial que hicieron tanto por derrotar el proyecto nacional popular de la época; como rasgos con potencia para habalr del proyecto político kirchnerista y sus desafíos actuales, muy actuales. Entonces, la nota editorial que escribo los domingos en Crónica la hice más rápido. No la han subido aún a la web, me da cosa subirla yo porque yo vivo de esas notas, los derechos de autor, en la web, también deberían pertenecerles, algo así. Igual, no importa tanto, me parece, ahora explico el punto. Bueno. El caso es que terminé borrando dos párrafos donde hablaba de lo que consideraba una novedad del acto de Cristina en Velez, la presencia, con otro despliegue, de Máximo. En un acto político y ocupando un rol poilítico, no familiar. Después lo borré, porque pensé que quizás era mejor que hablen, previsiblemente, otros, en contra. Yo soy parte del mismo grupo político y de la misma generación, pero sin canas. Sino quedándome pelado, que es peor. Convengamos.
Acá hay una nota mejor de Martín Granovski en Pág12.
Máximo estaba atrás del Cuervo Larroque, en el palco, todo un dato. Implicaba un manejo de los tiempos, que ha decidido él y evidentemente Cristina, claro. Una cosa: en las transmisiones de Canal 7,  a cargo de Carlitos Figueroa, a quién, como ahora se ve, desde la derecha, al pedo subestimaron y ahora tienen que comerse el garrón de su despliegue profesional, mostraba, quizás como pocas veces, banderas de Kolina, del Evita, de la CTA, de distintas agrupaciones. Carlitos es de La Cámpora y encargado de cultura. O sea, no es un cuadro menor de la organización. Cristina, también, nombró a varios. Y es que, a mi nunca modesto juicio, se buscaba, de este modo, equilibrar el dato, que no pasó desapercibido y previsiblemente entusiasmó a los militantes de La Cámpora de la presencia, desde otro lugar gestual y simbólico, de Máximo.
Como la mayoría de las personas informadas también me preguntaba sobre sus silencios públicos. Pero, desde el lugar de quien sabe de su activismo político. De sus horas de trabajo. Es una familia que respira política y los amigos de Máximo son así, militantes, 25 horas detrás de un objetivo político, y con pocos o ningún hobby, casi poco humanos, digamos, más que el fútbol o la lectura por fuera de la política o la economía. Quizás yo confiaba más en el manejo de los tiempos, en la paciencia y la calibración de los humores, confiaba más en su lectura y olfato. Entre otras cosas, porque yo le vengo errando -cualquier lector puede dar fe de eso- en mis vaticinios. Pero también porque he escuchado cosas que me sonaron imposibles y al cabo de un tiempo, se realizan. Y he visto, también, cómo, por poner un solo ejemplo, Patucho, a ido evolucionando en un dirigente más organizado y capacitado y en crecimiento. Y así los que, conociéndolos de hace muchos años, integran los cargos de responsabilidad de la organización.
La presencia de Máximo terminé dejándola en ese artículo sin desarrollar, diciendo, éste es, junto con la ausencia física y presencia simbólica fuerte de Néstor Kirchner, el dato principal del acto, por fuera de todos los componentes estratégicos del mensaje de Cristina (asunto del que ya se ha escrito en todos lados) porque preveía que ésa iba a ser la lectura mayoritaria y para dejar que otros hablen. No resultó tan así. Pensé que le iban a tirar con todas las municiones desde Clarín.
Es que, en el plano semiótico, no escapa -como los ravioles y la coca, tomada dle pico por Axel Kicillof o los modales y vestimenta y maneras del Cuervo- que el mounstruo que pintan que es Máximo escapa a esos gestos de humildad, de militancia, códigos que los que hemos andado, reconocemos enseguida. Que no tienen cualquier dirigente. A mí me chupan un huevo los grandotes que dicen "soy nuevo en la política", eso no es un valor sino tenés 20 años, es falta de compromiso. Me cae bien la gente curtida, la que no se la cree tanto, la que sabe modular, con perspicacia, el angostito límite entre la humildad, el ser uno más y la capacidad y por ende responsabilidad de liderar, que implica, además, dar la tranquilidad de que se tiene la suficiente ambición. Eso mostró Máximo. Eso es lo que un conjunto de gente imaginaba sobre él, sin tener las herramientas prácticas para contrastar el dibujo de infant terrible pero contradictoriamente bobo que pintaban desde las usinas mediáticas de la derecha sobre él.
Llegó, creo, el día.
Regularán los tiempos, dosificarán las apariciones, pero está aconteciendo lo obvio: un dirigente político que no tiene nada que esconder, ni tampoco que demostrar, pero que está en el lugar, a la vez, donde tiene que dotar de la centralidad -que gana por sí misma- la presidenta, en un contexto cultural de desigualdad apabullante de emisores, donde los monopolios necesitan, para bajarle el precio a Cristina, rehacer la teoría del doble comando, hecha trizas por la realidad, siempre empeñada -si será forra, che, la realidad- en dejar en orsai a tanto pelotudo histérico que dictamina el inminente final del kirchnerismo.
Ahí está su continuidad y profundización, tiene el pelo largo, usa remeras militantes. El kirchnerismo va a seguir aún después de que el Rey Juan Carlos consiga cazar un elefante.

La oligarquía explicada a los niños

 Admirable síntesis del pensamiento racista, cruel y vulgar de la oligarquía. Editorial de La Nación, nunca menos. Un resúmen completo, bien escrito y didáctico:

 

Aplaudamos al campo argentino

 
The New York Times es un diario de cuño "progresista". Eso no le impide ser uno de los medios más influyentes y prestigiosos en el mundo. En una edición reciente, crucificó al país de manera cruel, pero incontestable: al referirse al empellón dado por el Gobierno a los españoles de YPF, comentó que la capacidad de los argentinos para cometer errores es insuperable.
Véase que no calificó al kirchnerismo, calificó a los argentinos por la acción del gobierno que han elegido. E hizo bien. Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen y los reflejan. La Argentina no ha hecho más que descender peldaños en la relación comparativa con los otros países del mundo desde hace bastante más de medio siglo. Y, sin embargo, parece más propensa, en su melancólico aislamiento universal, a echar las culpas de sus males sobre otras espaldas, antes que sobre la irracionalidad de los propios actos: el populismo irresponsable; la demagogia vociferante; la desaprensión por la inseguridad jurídica y física; la pérdida alarmante de la vieja cultura del trabajo -que generó, entre otras, la grandiosa inmigración europea-, y de la austera y rigurosa educación popular predicada con obsesión por Sarmiento y Avellaneda.
Con sólo la voluntad de revertir la tendencia hacia la disolución a la que han llevado al país tales perversiones, podría plasmarse un plan sano de gobierno. En vez de eso, amplias mayorías se aferran a la supuesta sabiduría de falsos íconos intelectuales, consagran sin chistar la superioridad atribuida por una anacrónica superstición a diletantes de café y a "pensadores" que enjuagan frustraciones individuales en la hostilidad contra instituciones políticas, económicas, culturales, religiosas y militares establecidas desde antiguo, o contrabandean delirios marxistas del pasado en emprendimientos que ocultan, bajo monsergas nacionalistas, el mismo objetivo de destruir las libertades conquistadas desde la Ilustración.
Como lo que importa son los conceptos más que los propaladores de mitos falsos, habrá que detenerse una vez más en el daño mundial ocasionado a los argentinos por la forma en que el país se apoderó de las inversiones españolas en YPF. Pero habrá que hacerlo con el presagio de que eso puede ser un anticipo de más avances sobre la propiedad privada.
La incompetencia intelectual y moral apañada en las estructuras estériles del Estado aspira, como si fuera poco, a medrar aún más de lo que lo hace con los logros de la producción rural argentina. No hay un solo sector de la economía argentina contemporánea que haya dado más pruebas de responsabilidad, de visión empresaria, de apego a la innovación y de capacidad creativa que la suma de los productores, de los industriales asociados a ellos y de los profesionales e investigadores aplicados a cuestiones agrícolas y ganaderas.
Esa constelación estuvo preparada, después de largos períodos de desasosiego, para cosechar la retribución merecida cuando los términos del intercambio giraron a nuestro favor en la economía mundial a comienzos de este siglo, hasta alcanzar valores desconocidos desde hacía una centuria. Esa constelación aportó con esfuerzo y talento los recursos -muchas veces malgastados- sin los cuales los últimos dos gobiernos no habrían podido llevar a la Argentina a la vorágine consumista que comienza a demostrar su agotamiento.
El campo ha duplicado el número de tierras cultivadas y ha cuadriplicado la productividad agrícola. Ha mejorado la genética de las carnes y contribuido a contar con una industria que penetra en mercados exigentes del mundo. Ha incorporado la tecnología más avanzada para la producción y, si no lo ha hecho aún en la medida en que lo hacen otros países, es porque en la aventura del arribismo y el arrebato se ignora que los derechos de propiedad intelectual deben pagarse a quienes han invertido en investigaciones sin las cuales no habría progreso.
Los gastos del campo en fertilización y todo tipo de nutrientes y en combatir las plagas de la naturaleza -aparte de las más onerosas de la política- son enormes. Y podrían serlo más aún, si la política fiscal del Estado suscitara esas inversiones, en lugar de desalentarlas y castigar a cultivos que resultan, como el maíz y el trigo, fundamentales para la rotación y la sustentabilidad productivas.
Los argentinos debemos levantar una vez más las manos para aplaudir al campo que, además de alimentar, se ha convertido en poco tiempo en el tercer exportador mundial de combustibles, con la generación de esa riqueza energética con que multiplica ahora, para un modernísimo y nuevo destino, los recursos renovables fecundados desde sus extrañas. Hacerlo será justicia..