jueves, mayo 31, 2012

Temporalidades







Los escándalos pasan. Significaba un escándalo las revelaciones de que Cirigliano estaba a cargo de los trenes. Lo sigue estando de la fabricación de los decodificadores. El estado no puede, todavía, hacerlos. Aún si estuviese -creo que no- entre sus metas. El kirchnerismo creó una empresa estatal de exploración del espacio. Y expropió YPF. Los recursos humanos, en estos casos, son escasos. Y huyen, en general, a trabajar (no a cobrar de) en el estado. Los "científicos" toda esa porquería de persona que se festeja cuando se "repatría" son, en general, personas muy chantas. El estado invirtió en ellos -los más pobres de este país, que son los que pagan impuestos, por eso, los judíos marxistas plantean, como en el aumento del monotributo, la igualdad: paga igual el que más tiene que el que menos. Lo que te digo, se viene el socialismo- que desinvierten al estado. Todo muy conmovedor. Repatriar científicos, esto es, no cobrarles la deuda, estatizar sus deudas privadas, trae, creen los políticos, brillo. Más allá de que son conscientes de que es una total chantada. Sigamos con los escándalos. Vino lo de Ciccone. El escándalo hace mella por que son todos "empresarios" que no producen nada, hacen loby en el estado, merodean las cajas, son básicamente, impresentables. Basta con no hacerse muchas ilusiones de semejante lumpenburguesariado. Haya, o no, cometido delitos. Se cobran a Rafecas por un juez impresentable. Y al Topo Righi por Natalio Ruiz, el hombrecito gris. Que, viendo lo que queda sin Righi y cómo le pegan -eso del promedio académico y sarasa- dan ganas de apoyarlo, a Natalio Ruiz. Nada de todo esto hace, en realidad, mella al gobierno que estatizó, nuevamente, YPF. Los que estábamos en esta vereda, además, quedamos, un poco, inoculados. Eso tiene sus pro y sus contras. La visita a Angola, para cualquiera con dos dedos de frente, crea un rechazo hacia el Grupo Clarín. Más, hacia Lanata. Que tuvo el tino de esconder, finalmente, la defensa de los derechos humanos del grupo terrorista UNITA financiado por la CIA. Un descalabro, alguien, a tiempo, les habrá avisado. Que eso es un mamarracho. Y entramos en el dólar, el dólar narco. La reedición de un clásico. Hay presiones devaluatorias, siempre presentes, en la oligarquía. Que, de pronto, ve actualizados los esquemas fiscales regresivos en algunas provincias de la Pampa Húmeda. O los esquemas fiscales un poco más progresivos, como el de Entre Ríos, o el de Buenos Aires. También hay una minicorrida, cuidadosa, de algunos bancos. Son los más cercanos al kirchnerismo. Han ganado fortunas (con fuertes críticas al gobierno). No serán sancionados. El sistema bancario no ha sido tocado. Permanece, como legado del kirchnerismo, ahora administrado por Mercedes Marcó del Pont, que es progresista. En los canales de cable. 
Probablemente lo del dólar narco dure poco, es impresentable. Necesario, para tapar el escándalo, con desnudo incluido, del QueremosPreguntar, mamita, qué manera de hacer el ridículo. 
Así, de la manera narrada, mira la realidad, un periodista. El promedio de los periodistas. Como superposiciones, con temporalidad lineal, de postales. Es una manera de analizar las cosas que no sirve para nada. Los políticos, los que tienen mayor olfato, miran la realidad, la analizan, desde sí mismos. Los mejores periodistas, también. Los más creíbles. Miran desde su "posicionamiento". Así miran, también, los empresarios. 
Cuentan sus apariciones e indisibilidades, en la escena pública, que no es, solamente, los medios de comunicación. Para los periodistas y para los militantes tontos la escena pública es solamente los medios de comunicación. Ahora, aderezado con la separación, banal, de buenos y malos. 
Conviene, quebrar, esa temporalidad lineal. Pensar, por ejemplo, el despliegue de YPF en la economía real, de acá a un año (cuando hay elecciones, que definen el rumbo institucional del país). O los efectos psicológicos en torno al ruido del dólar narco. El repliegue, natural, de las clases medias del país. El cierre que estos movimientos generan en el peronismo, que cuando huele ataques que no van a triunfar, corre en solidaridad con el ganador. Que es, y sigue siendo, Cristina. La debilidad, quizás momentánea, de la intelectualidad kirchnerista, que no puede decodificar, más que con planteos leninistas obreristas de dudosa eficacia práctica, lo que sucede en la CGT. El desconcierto en el mundo digital, que no sabe, para dónde ir. Más que los reflejos de luchar contra fantasmas, conscientes de la pérdida de tierra firme. La mayoría se manda a guardar, en realidad. En general, tanto en el kirchnerismo como en la oposición, se piensa que estamos en un intermedio de algo, que las cosas tienen que decantar, para un lado o para el otro. ¿Y si no fuera así? La economía no está creciendo como antes. El discurso económico es brutal, salvaje, primitivo. E incomprensible. Entonces la realidad queda reflejada como un diario timermaniano: la cultura de izquierda, la política de centro y la economía de derecha. Error. Pero, es lo que hay. El problema es que se da por sentado que las cosas tienen que ser así. En mundos paralelos, incomprensibles entre sí. Hay mucha resignación. 
Hay que quebrar esas temporalidades lineales. 
Registrar, por ejemplo, que la derecha está olvidando los paradigmas neoliberales y avanzando, progresivamente, a una visión más estatalista de las cosas. Que la crisis militar, que derivó en financiera, de occidente, nos está beneficiando y complicando a la vez. Que la crisis es todavía militar en oriente, especialmente, en Medio Oriente. Y que esto puede, sólo quizás, afectar el crecimiento de China. Y ahí, mis amores, sí estamos jodidos. Que el mercado interno, que se ha consolidado levemente, todavía tiene margen para crecer más. Que hay una nueva cultura política, que contempla a los medios de comunicación como lo que son, factores de poder. A todos los medios de comunicación. Que hay actores clásicos que están debilitados en la escena, principalmente, en la escena conservadora; como la Iglesia Vaticana, en crisis financiera (en nuestro país, su sucursal la mantiene el estado y optó, con inteligencia, en desituar la conducción suicida de Bergoglio), como la Sociedad Rural, como el Grupo Clarín. Que el estado por primera vez se muestra en áreas como la telefonía celular, con presencia regulatoria. ¿Cuántos votos de jóvenes trae al kirchnerismo, para graficarlo de manera comprensible, sancionar a Movistar? Esa es la diferencia de calidad del kirchnerismo con el resto de las corrientes políticas, les lleva varios cuerpos en leer la sociedad y sus estados de ánimo. Que, en el mundo digital, nosotros, somos leídos como presencia estatal. Con quienes se puede debatir. Más allá de que no sea así. Cuando la derecha más sacada nos putea -hoy contabilicé unos 500 en Twitter; no sé si es le promedio de todos los días, pero son muchos- hay un inmenso "centro", donde está, digamos, la gente común, que ve con simpatía que se pueda preguntar, razonar, putear, alegrar y debatir con kirchneristas. Aunque, de esos 500, unos 100 sean kirchneristas, contratados en el estado, luchando, valerosamente, por su planta permanente. Irrito, no sé porqué (sí sé por qué) a esos chicos. Hay que leer que el kirchnerismo es quien contiene las demandas populares. Desde los planteos de derecha, como subir el mínimo imponible de ganancias, hasta los de izquierda, como sancionar a Movistar. La complejidad de abordaje del kirchnerismo para la izquierda que quiere patearle el culo radica ahí: conserva su rebeldía, contiene las demandas opositoras, adquiere prestigio de rebelde, mientras que a derecha, les corre el arco y los va haciendo, de a poco, estatistas, los hace entrar en su juego. 
Hablemos de economía. La reunión de nuestro Foro de Davos argentino, o sea el Consejo Nacional del Partido Justicialista, le restó poder a Scioli. Anunció que, si siguen jodiendo, vamos a las urnas. Ratificó, digamos, formalmente, el liderazgo de Cristina. La CGT quizás formalice la división que la persigue desde hace años. Las paritarias están teniendo un techo que, por un lado, gana a la inflación (que va a ser menor por las medidas judeomarxistas ortodoxas para desacelerar el consumo interno: señores, desacelerar, no planchar. Y el año que viene, hay elecciones. Es decir, se ordenan, de manera ortodoxa dentro de un esquema heterodoxo, aunque no se lo diga así, algunas variables, de manera de calentar motores para el año que viene. Decir que esto, como se preanunció, es un ajuste, es un disparate. Ajuste con YPF expropiada, aumentos salariales y expansión monetaria, ay Ciccone, ja, es una joda) y por el otro, disciplina y emite señales, sí que un poco fuleras, a los empresarios concentrados. Avanza, aunque tenue y perdiendo fuerza, el blanqueo laboral. Crece la masa que paga impuestos. Las medidas en torno al dólar legal y al dólar narco, tendrán, en el nicho de ilegales de clase media alta, su efecto, ay ricura!, progresivo. Y las medidas para controlar importaciones están, ya, teniendo efectos, quizás neutros en términos de crecimiento (frenan el crecimiento del comercio importador, sube el crecimiento del industrial sustituto) pero no así en términos de empleo, variable, mis amores, más estratégica. Quizás para el año que viene entremos en pleno empleo. Y argentina mantiene sus mercados primarios diversificados. La señal, hacia adentro del palacio conservador de Cancillería (cómo les debe doler que esté ahí Timmerman, es uno de esos gustos que, gracias al kirchnerismo, uno se puede dar en vida: un judío, de izquierda, ajeno a la diplomacia, pero culto y sofisticado en su mirada del mundo, ahí) que envió Cristina, al quitarles el comercio exterior y al viajar a Angola, necesita, con el tiempo -tiempos vaticanos, ahí, en esa mugre que es Cancillería- consolidarse. Pero va en una dirección, mamita, que da orgullo. 
Días atrás, el ex Ministro de Devaluación de Duhalde, hoy a cargo del sello de la UIA, escribió en Página 12 una nota que no leí. Una señal. De disciplinamiento de esas porquerías brutales que son nuestros ensambladores y vaciadores de empresa, que pasan por burguesía nacional. 
El capital extranjero está, también, disciplinado. Esos son factores que hablan de la economía. 
En cuanto a la política, el precio de los granos sigue firme. Avanzan las inversiones en la minería y se espera el petróleo. La inflación está siendo controlado, aunque es obvio que vamos a vivir con una alta inflación los próximos años. Mientras se pueda mantener en un 20% y con esta conducción política el país seguirá en buena senda. El tiempo juega a favor nuestro. Esa es el dato principal. Los imprevisibles, que hacen a la historia, se verán. No son predictibles por naturaleza. Pero, repitamos todos en voz alta, el tiempo, juega, señora, a favor nuestro.


miércoles, mayo 30, 2012

No, si Majul no es más papanata por que hay muchos feriados


Un Estado policial y sin periodistas

Luis Majul Periodista
Para sostener los pilares del modelo el Gobierno impulsa un Estado ‘policial’ que atenta contra las libertades personales y el derecho a informarse con la verdad (Declaración de Periodistas Presos por la Ley Antiterrorista). Esto significa que la presidenta Cristina Fernández ya no seduce como antes, y que necesita cada vez más instrumentos de control para disciplinar a los argentinos que empiezan a desconfiar del bienestar económico y los datos que difunden los organismos oficiales (sí, al que desconfía de su bienestar, cadena perpetua).
Parece una afirmación retórica o abstracta (no, más bien boluda), pero todos los días surgen nuevas evidencias de esa hipótesis (y más presos por desconfiar). La última medida policial implica que desde mañana, cualquier argentino que quiera viajar al exterior a través de una agencia de viajes y obtener dólares para hacerlo, debe cumplir una serie de requisitos y (uh), al final, esperar el veredicto del ‘Gran Hermano’ de la AFIP o la Secretaría de Comercio Interior de Moreno (conmovedor).
El mecanismo es parecido al que el Gobierno impuso para autorizar la compra de dólares al precio oficial: no hay una norma escrita; no existe un criterio para todos (sí, pasa lo mismo que con las condenas judiciales, no son para todos; sino, en general, para los que delinquen: qué injusticia!). Es decir: a los ciudadanos solo les queda ‘rezar‘ para que los guardianes del modelo les otorguen la gracia de hacer con su dinero lo que mejor les parezca (no hay libertad de fuga, digamos).
Y como si esto fuera poco, los voceros del modelo, igual que hacían los jerarcas de la última dictadura militar (y Hitler), manipulan los hechos y le cambian de nombre a las cosas (¿eso hacían en la dictadura? Bravo, eh). De esta manera, el senador nacional Aníbal Fernández sostiene, sin ponerse colorado, que nadie está impedido de comprar dólares si demuestra que lo está haciendo de manera lícita. Y Beatriz Paglieri, mano derecha de Moreno, le enmienda la plana al periodista militante Eduardo Anguita y le exige que no hable de fuga de dólares porque, de esa manera, le está haciendo daño al país (Videla, un poroto al lado de esto).
Descuento que no es necesario demostrar aquí que casi nadie puede comprar dólares al precio oficial y que la fuga de capitales que se viene registrando desde 2007 hasta ahora, incluidas las dos últimas semanas, es un hecho incontrastable (descontá, pero fijate si el Gran Hermano te lo toma a cuenta de Ganancias). Pero lo que más me preocupa (¿además de la dictadura militar y el estado policial?) es que la dosis de mentira, autoritarismo y prepotencia oficial es cada vez más alta, y necesita todos los días de mayor coerción para que la realidad no termine quitándole a la Presidenta el apoyo popular con el que ganó las últimas elecciones.
Es cierto que el mercado de cambios donde se negocia el dólar ‘blue‘ es demasiado pequeño y todavía su precio no se está usando como referencia en la mayoría de las áreas de la economía. Pero también es verdad que el dato se haber superado los seis pesos debería ser interpretado, también, como una señal de que una parte de los argentinos no creen en la palabra de la jefa de Estado.
Y quien haya escuchado y visto a Cristina Fernández durante su último discurso, el viernes pasado, en Bariloche, se habrá preguntado, de manera legítima, la haya votado o no, si no resulta por lo menos inquietante la mezcolanza de ingredientes que hizo para defender su gestión. Desde la anécdota de un amigo de la familia que años atrás compró dólares a $ 4,80 porque temía que se fuera a 10 pesos hasta el embrollo en el que terminó mezclando el 25 de mayo de 1810 con las luchas libertarias de los habitantes de Angola.
El uso de la autorreferencia y de las anécdotas personales son un buen instrumento para mantener la atención frente a un auditorio dispuesto a aplaudir casi cualquier intervención, pero cuando se abusa del recurso puede colocar orador al borde del ridículo (sí, Majul, sí, se nota). Defender la gestión es legítimo y hasta necesario, pero comparar a cada una de las decisiones que se tomaron desde 2003 con la Revolución de Mayo parece, por lo menos, tirado de los pelos (claro, hay que compararlo con la dictadura militar, eso no es tirado de los pelos).
Pensé por un momento (no seas autorreferencial) que el impulso de mezclarlo todo había sido una decisión personal de la jefa de Estado, pero al otro día, en el entretiempo de Rosario Central versus Ríver me di cuenta (no cuentes anécdotas personales) de que había sido planeado y premeditado por los jefes de marketing político del gobierno (oh, el estado policial al final era....el maketing!), quienes relacionaron la gesta de Mayo con la expropiación de YPF, la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, la activación de los juicios por delitos de lesa humanidad y otra seria de iniciativas que Ella había mencionado en su discurso como al pasar (¿como al pasar? ¿No era que que se abusaba del recurso?).
Cuando escucho (autoreferencial) los argumentos de uno y otro lado para explicar la disparada del dólar paralelo no puedo dejar de recordar que todo comenzó a fines de 2007, cuando el Gobierno decidió mentir sobre el aumento del costo de vida, intervenir el Indec y montar una enorme simulación que cada vez necesita de más ‘correctivos‘ para sostenerse en el tiempo. ¿Cuál será la próxima medida, si la demanda de dólares y la inflación siguen creciendo como lo vienen haciendo durante las últimas semanas? ¿A qué herramienta recurrirá la administración, si la desaceleración económica se transforma en recesión y el mal humor de los argentinos empieza a crecer, como le sucedió a Carlos Menem durante su último mandato? (Menem no podía faltar)
En las palabras de la propia Presidenta se pueden encontrar algunas pistas (van a fusilar a Liniers, acordate). Ella sugirió que si durante la semana de Mayo hubiera estado husmeando un periodista ‘de investigación‘ como los que existen ahora en la Argentina seguramente habría divulgado datos que habrían hecho fracasar la revolución (¿dijo eso?). Además del anacronismo y de extrapolación continua y antojadiza de los hechos históricos (claro, lo de Videla), es evidente que Ella prefiere, como los líderes autoritarios y poco apegados a las formas democráticas (viste), un mundo sin periodistas críticos. Un grupo de militantes que la siga aplaudiendo y no la obligue a “declarar contra sí misma (si será este Presidenta...no quiere declarar contra sí misma! Mierda que era brava la dictadora!)”.



martes, mayo 29, 2012

Contra Máximo Kirchner


Que el hijo de un presidente puede llegar a ser una figura política con peso propio no está inscripto en el destino, ni suele ser frecuente, más bien, se trata de excepciones. Pero, bien mirada la cosa, es bastante natural. Por que, en cualquier país y cualquier circunstancia histórica, presidir una nación es el resultado final de un largo proceso de aprendizaje, constancia, y requiere, además de una vocación política, la persistencia y la inversión de horas y días y años. Ese es el clima familiar es contagioso.
El hijo del expresidente Raúl Alfonsín es quien hoy lidera el principal partido de oposición, la Unión Cívica Radical, claro que sin su visión socialdemócrata, sino con un perfil conservador y de derecha, que lo aparta del mejor legado republicano. El principal gobernador opositor, Mauricio Macri, es nieto de un dirigente político Italia, de ideología fascista, que quiso, al igual que su nieto con Argentina, presidir su país y no pudo.  Incluso, siendo amables, puede decirse que fue la vocación política la que se llevó a su padre Franco a acercarse a los gobiernos –las dictaduras militares, para ser más exactos- y así construir una gran empresa. La familia Macri, descontando que mandan  espiarse entre ellos, es el ejemplo argentino de la familia Bush, pero fracasados. Los Bush, padre e hijo, lograron presidir Estados Unidos, ambos con un proyecto reaccionario, corrupto y de derecha.
En nuestra historia nacional hay más de un ejemplo.
 Está el caso del hijo homónimo del dos veces presidente Julio Argentino Roca que fue gobernador de Còrdoba y vicepresidente de la Naciòn, aunque técnicamente, habría que decir vicedictador. 
Máximo Kirchner es otra vez la tapa de la revista Noticias para calumniarlo junto a su familia. Ya ni siquiera importa qué se dijo esta vez. 
En las diversas ideologías y corrientes políticas hay ejemplos que explican el miedo del grupo Clarín, que a través de su hijo bobo, la editorial Perfil, dicen barbaridades con Máximo Kirchner, tanto para psicopatear a la presidenta (es probable, no es seguro pero sí probable, que ellos se crean sus propias mentiras, y hay que recordar que la revista Noticias, del Grupo Perfil, sacó varios informes delirantes declarando loca a Cristina) como por el temor a que este proyecto tenga, en el tiempo, continuidad. Hilando más fino, atacar, como hace Noticias y previsiblemente hará el Grupo Clarín, a Cristina y a Máximo implica también golpear a la juventud que los sigue, por que de esa manera golpean sobre la línea de flotación d la vigencia del ideario peronista, democrático y progresista.
De paso, hacer el suficiente ruido para correr el eje que le interesa a la gente: la concesión de los ferrocarriles, hasta hace poco en manos del grupo Cirigliano, de una conducta vergonzosa; del manejo de las variable económicas, los anuncios sociales, los avances tecnológicos, etc; en suma, de la acción del gobierno.
Por eso, atacar a Máximo Kirchner, que, milita políticamente, pero con la suficiente sutilidad de no exponerse de manera que puede ser carne para los cuervos que jamás pierden oportunidad de bajarle el precio a Cristina, pero a la vez milita con la suficiente fortaleza de liderar un conjunto amlio de jóvenes; es un objetivo de importancia para las enojadas usinas comunicacionales de la derecha.
No se trata de cuestiones biológicas, que naturalmente tienen su peso, sino de atacar al gobierno, a la presidenta y fundamentalmente al conjunto de ideas que defienden un país integrado, socialmente justo, más equitativo y democrático.
La cantidad de ejemplos mencionados de dirigentes políticos, con un sesgo a la derecha mayormente, adrede, contiene una clave de comprensión:
¿Dónde, acaso, puede encontrarse, material “periodístico” que se parezca a la basura inmunda que le arroja la revista Noticias a la familia Kirchner? Es una apuesta, lector. Busque un ejemplo comparable de cloaca periodística como la de Noticias contra la familia Kirchner que se refiera con ese grado de violencia contra Alfonsín, Bush, Roca o, ni pensarlo, Macri. 


Publicado en Crónica, en la edición impresa.



Donde se demuestra que no es todo color de rosa en el oficio de robinsón.







 

Los diarios porteños, Página 12 más que nada, que era el que me importaba, llegaban a Paraná más tarde. A eso de las 11 de la mañana, pocas veces. Generalmente, entre las 12 y las 13hs, es decir, cuando los kioscos de diarios, ya cerraban. En Paraná la vida laboral es desde las 7 hasta las 13hs, ahí están abiertos los bancos, las oficinas estatales y no hay, de todos modos, mucho más. Bah, sí, árboles, muchos árboles. Los comercios, cierran. Vuelven, tras la siesta, a abrir. Los domingos, el día de mayor venta de periódicos, abren desde la mañana hasta el mediodía y a la tarde no. O sea que, desde mi casa, si Página 12 no había llegado antes de las 13 hs, me iba hasta la terminal de ómnibus, una cosa para albergar colectivos, cuadrada y fea, concesionada a un lumpenburgués con negocios, también, en la construcción y prestamista, a través, cuándo no, de una asociación medio rara, tipo sindicato amarillo, de municipales. Ese kiosco, el de diarios de la terminal, acaba de cerrar. 
La proletarización de sectores no vinculados al orden capitalista es un proceso estudiado por las carreras de historia, sociología, economía y en algunos casos, cuando reciben una educación seria como la estatal, por los periodistas; entre otras carreras. Es decir, algo más o menos sabido, en algunos, sí que restringidos, círculos. Se trata, en general, del proceso de formación del capitalismo, superpuesto a la existencia, todavía entonces (entre los siglos 12 a 15, pero con mayor intensidad desde el siglo 16 hasta bien entrado el 19) de las distintas variantes de economía y sociedad feudal. 
Son pocos, sin embargo, los actuales estudios institucionales, es decir, desde la academia o los lugares de investigación, sobre el nuevo proceso de proletarización en que el capital está arrojando a pequeñas burguesías industriales y principalmente, comerciales y de servicios. Al tiempo que se redefine el concepto del trabajo, se aumenta la tasa de explotación y plusvalía y se modifican radicalmente las cosmovisiones de trabajadores, grandes gerentes y patrones en lo relativo al trabajo pero con extensiones sobre la vida cotidiana de alto impacto. 
En Paraná, recientemente, cerró el local que vendía en la terminal diarios y revistas y esto, por supuesto, no le mueve a nadie un pelo. Desconozco la razón por la que cerró, pero es previsible. Todos conocemos casos así: no pudieron  pagar el alquiler, por que la caída de las ventas de las publicaciones baratas en papel, a contramano del crecimiento económico, del mercado interno y del poder adquisitivo de las clases sociales que leen, no alcanza para cubrir siquiera, ya, los costos. 
¿Es ésto separable del proceso, cada vez más intenso, de financiarización de los alimentos?
Pues, nadie lo piensa, así que debe ser separado. Del mismo modo que el aumento de la injerencia estatal -del estado bobo- en el financiamiento de los diarios, que no en vano son cada vez más incultos y estúpidos; es un proceso que, lejos de ser aislado, obstruye el razonamiento sobre el mundo que se está viniendo. Que proletariza, horror de los horrores, a las capas medias. Presuponer que esto no va a tener significados políticos, o que no los tiene ya, es una tontera magistral. 
Lo mismo que con los locales de bajos costos de venta de papeles con noticias sucedió durante un tiempo de transición con el alquiler de cassettes de videos, con las salas de cine, con las casas de revelado fotográfico, con las disquerías y sucede, lenta pero inexorablemente, con las librerías. Suplantadas por la revolución del capital en el área de las tecnologías y diseños comunicacionales. Aunque el término revolución no sea exacto técnicamente, lo correcto sería hablar de mutación veloz, pues esta mutación veloz deja en el terreno de la imaginación la noción estratégica que las principales características del desenvolvimiento del capital están presentes, sobre todo, su capacidad para organizar la sociedad de manera desigual y su tendencia intrínseca a la concentración y creación de monopolios. El término revolución sí se aplica en el sentido degradado con que lo usan los publicistas, ése lugar donde resiste la cloaca del lenguaje idiota. 
El estado, sencillamente, renuncia al abordaje de esta esfera del capitalismo -la de su mutación veloz en el campo comunicacional- acompañado, además, por un clima de época que endiosa esta mutación veloz y pide que quede en una esfera privada, no monopólica, pero sí privada aunque se trate de una interjección entre la esfera privada y la pública, algo parecido a la conciencia de los derechos en torno a los medios de comunicación, como si las promesas libertarias del liberalismo pudieran cumplirse: no, no se puede, por que son lamentablemente falsas. Se trata de naturalizar la libertad como desigualdad social necesaria, y en ésto, el capital se ha demostrado más creativo que cualquier otra forma de organización social a lo largo de la historia, a través de la destrucción creativa de las fuerzas de producción, siempre dentro de la esfera de dominio del capital por sobre el trabajo. Incluso, cuando la dimensión del ocio ya no se distingue, en las vanguardias del capitalismo de mutación veloz, de las esferas estrictamente de producción. Entonces es que el capitalismo de esta pendiente histórica se ha consolidado. Aún cuando muestre signos de crisis recurrentes y cíclicas. 
No se trata de abolir los sueños de una democratización igualitaria que sitúe a la libertad como requisito de igualdad social, como sostuvieron, sin éxito, las formas socialistas del siglo pasado. Sino de pensar las alternativas posibles en la medida en que contrarrestar los "efectos secundarios" de esta mutación veloz, como hacen actualmente y pidiendo disculpas los balbuceantes estados de bienestar, no signifiquen, como hoy, el fortalecimiento de esta etapa del capital bajo la extorsión de que quedarán excluidos quienes no se suban a la nueva ola de cambios. Tiene que haber una tercera alternativa.   



Perros de la noche










Así se llama una novela de Enrique Medina (llevada al cine, con guión de Medina), nombrado el Paria, un par de post atrás. Pero también viene a cuento para mencionar a Eduardo Perrone. Manolo, me chicanea, hábilmente, con eso. De manera de desembocar en los provincianos porteñizados. Inteligente, Manolo. El más hábil de los blogueros. Por que sabe a quién le habla. Y de qué. Y sabe leer. No se gasta en escribir como escribimos los periodistas, ocupa ese tiempo en estudiar (en los periodistas, eso no se consigue. Aunque parezca lo contrario) y buscar el rumbo de adónde va la cosa. Me pasé buena parte de la noche leyendo lo que encontré, y ese post de Manolo es un buen punto de partida, sobre Perrone. No lo conocía. Bah, sí, pero, no. Leí una vez, una frase, suya. La recuerdo. No podría citarla por que era un párrafo. Y malcitaría. Y fue hace muchísimos años. Pero, siempre, hasta esta noche, creí que la chica que lo colgó en un placard había confundido el nombre y había escrito mal Raúl Perrone. No, era, nomás, Eduardo Perrone. Tenía yo unos 18, o 19 años. Vivía en una casa de Almagro, con un par de chicos, que iban y venían, al edificio de Sociales, en la UBA. Y eran noches bravas. Muy bravas. Y concurridas. De todas partes, todas las noches, caía, alguno. Por tren. Trayendo novedades. Y cocinábamos tallarines. Y guisos. Para muchos. Después estaba, invariablemente, la música. A todo volúmen. Y la noche se deshacía en promesas y tedio y amistades, duraderas y de las otras, las fugaces. Leía, en esos días, las novelas de los escritores beats. Al cine, en otro plano, le entré por Henry Miller. Vladimir Nabocob me terminó decepcionando. Alberto Moravia me voló la cabeza. En los alrededores de las bandas under de rock, que en ese momento se llamaban independientes, había, siempre, lindas chicas. Que tomaban cerveza. Y yo les cocinaba. Mientras defendía, con ahínco, la desesperación incierta del Marqués de Sade. Su horror. El lugar de la literatura que hasta entonces, nadie había explorado. Error, me dijo una piba de tetas inmensas que merodeaba la pintura figurativa, ese horror, lo dice el mismo Sade, está en la biblia. Fue escrito antes. 
Tenía, tetotas, razón. 
Ya ateo, todavía adolescente, pero curtido, emprendí, con vigor, estudios bíblicos. No existía internet en mi mundo (aunque algo del tema entendía, por notas que habían aparecido, años antes, cuando yo iba a una escuela en las afueras de Paraná, en la revista La Maga) y yo no tenía un peso, así que esos estudios, paralelos, autodidactas, tenía que rebuscármelos. Pero siempre tuve talento para robar libros. Si esas noches bravas no me hubieran limado un 36,4% del cerebro hoy me acordaría, con mayor precisión, de la que fue mi verdadera carrera universitaria. Las calles, de madrugada, los amigos, los que murieron, los artistas, las chicas que me cogí, o mejor dicho, los esfuerzos que hice para seducirlas. Incluso, los esfuerzos en vano. Y los fracasos. 
A veces parece que constantemente quiero provocar. Puede ser. Pero en todo caso, no lo hago conscientemente. Vengo de lugares donde es un lugar común que no todos te quieran. Nada bueno se puede hacer en la vida buscando que todos te quieran. Entre arrebatado, con lapsus de sensibilidad, vivo y he vivido. No sé para qué cuento ésto. O qué tiene que ver. 
En los andariveles de la literatura, de lo escrito, de lo que, quizás, ni siquiera quede (qué me importa, total ya estaré muerto) y de lo que he leído. A contramano. 
Pero terminé de leer lo de Eduardo Perrone, volví a releer lo que escribió Manolo. Menciona una contradicción, ésa, que me perdura. Capaz, la base epistemológica sea el desarraigo. Que es independiente del suelo que se pisa. Marcel Proust decía que la patria es la infancia. El lugar que habito es la mujer que quiero. Diría, yo, que al citar, antes apenas, a Proust me pongo, sin que nadie se de cuenta, a su lado. Bah, yo me doy cuenta, después, apenas terminada de escribir la oración. Y me río. Y lo hago notar. Ese vacío, desarraigado, tiene su parte jocosa: uno se sospecha un banana. Sólo teme que lo descubran. Andando los años, te burlás, de vos mismo. Y de todos. Pequeño problema. Te trae amigos y enemigos. Pero, señora, burlarse de uno mismo, no tomarse tan dramáticamente en serio, te trae cierta paz espiritual. La que antes tenía con dios. Con la iglesia. O la que alguna vez tuve, también, con las pasiones revolucionarias. La vocación por la arrogancia.
Ando preocupado, pensando qué hacer, ahora que ya no tenemos las mismas potencias acá, en los blogs. Todavía, algunos, se pueden leer. Tienen cosas para decir. Pero, me parece, hay pocos caminos. Uno es, en mi caso, refugiarme en mi oficio. Ahora, además, me va mejor. Mal, pero más reconocido. Puedo trabajar en lugares a los que antes no llegaba. También puedo mudarme a las instituciones cristalizadas de la literatura. Cagarme de hambre y aburrirme. En las editoriales donde no me dejaba pasar el guardia de seguridad, ahora, tratan de dar conmigo. Ahora que, los mismos que antes no me atendían el timbre, me piden que les mencione su librito. Es previsible que sienta que se equivocan, antes y ahora, y que no da parar jugar a que soy serio. El problema es que me voy poniendo viejo. Y acá, en este blog autorreferencial, está todo bien, de algo tengo que vivir mientras tanto pero me las voy rebuscando. Cada vez hay más lectores. A contramano de lo esperable. Y me sigo divirtiendo. Y lo sigo queriendo, a mi blog. Como la parte del aire que me toca en esta vida. Donde puedo escribir lo que se me cante. Yo, que desafino y no sé cantar. Nada le importa a la gente todo esto. Y está bien. Pero, se lee. Sin grandes misterios técnicos. Se trata de ser lo más sincero que se pueda. Y escribir. Darle al teclado. Como si fuera un piano. Mordiendo las oraciones, poniendo comas, hablando, para nadie, sabiendo que pronto, o más tarde, el lector se encuentra. Que en los túneles digitales la cosa viaja. Y del otro lado del mundo alguien puede estar en su casa, también de madrugada, también en pleno silencio, leyendo, hasta acá, lo que escribo. Entretenido con el alma loca de alguien que no conoce. Más allá de filiaciones políticas. De sentidos estéticos. De personajes que hoy están y mañana no. Lo que queda es lo que escribiste. No importa si te leyeron, muchos, pocos, si te premiaron, si fue en un formato prestigioso o fue en un blog, si te cagaste de hambre mientras lo hacías, si te besaron, si te abrazaron, si te arrepentiste, si un amigo dejó de hablarte. Lo que queda es éste renglón. Podría, morirme, ya. Quedó ese renglón, puesto ahí. Ya no va a importarme, voy a ser huesos carcomidos por la humedad dentro de un cajón. O que me cremen, que es más barato. Pero en el momento de escribir esa oración final había un sentido de finitud. Había un sentido de pertenencia. De trascendencia. Había un misterio, que hoy se subjuga en el psicoanálisis, un misterio que te pega una patada en el alma para que te expreses, para que digas algo, para que escribas, lo que sea, ya. Esa desesperación tan sin nombre. Tratando de negarse que al resto de la gente le importa un carajo. Y está bien que así sea. A mí tampoco me importa la mayoría de las cosas que hace la mayoría de la gente. 
A veces pienso que en los blogs la cosa se agotó. A veces creo que no. Pero en todo caso, acá vivió la cultura, que estaba fosilizada en los ambientes ajenos, durante los días ásperos del 2008, 2009. Fueron los blogs los que también contaron la historia. Los que mostraron, cada uno, desde su lugar, un enfoque radicalmente distinto. Los que escribíamos historias, los que contábamos lecturas, los que reservamos, en los días difíciles, un pedazo de nuestro ideario estético para tirárselo a la oligarquía, ya lo hicimos. Nada puede cambiar eso. 
No era la verdad, la denuncia, el dato, lo que faltaba en esos días de alucinación colectiva, donde las mayorías sociales nos abandonaron, donde los nuestros, mi vecina, mi tía, mi amigo, se confundían y pateaban para el lado de las oligarquías que siempre los despreciaron. Faltaba la cultura. Cuando contradecir el relato literario de la oligarquía era, para muchos, cosa de negros pagados, acá se discutía, en la sombra de los blogs, los policiales negros de la literatura argentina. Y esa gente, la gente que fuimos, se alineaba, sin titubear, con Cristina. Con Néstor Kirchner. Nosotros, desde los blogs, no teníamos prestigio académico, ni éramos importantes en el periodismo los que veníamos de ese palo, ni fotógrafos premiados, ni diseñadores de grandes corporaciones. Y, vaya metáfora en el mundo digital, nos hicimos de abajo. Contra el ninguneo. Contra las humillaciones. Contra las calumnias. Ahí está Manolo, está Gerardo, está Mendieta, está Franco, el Ingeniero, está Patucho, está Eva, está Catanpeist, Felipe Real, el Conu, está Artemio, Laura, Omix, Martín Rodríguez, Hank, Andres el Viejo, Diego F, Matías Castañeda, Paladino, la gente que quedó, la que no, la que se desperdigó, de la que me olvido sin querer, de la que me olvido adrede. 
En Entre Ríos, salvo excepciones, como Fernando Báez y Luciana Dalmagro y Marcelo Faure, siempre me ignoraron. Con astucia. En buena medida, no por que no me leían o no les interesaba, sino para no recordar, esos días turbios, cuando se intentó derrocar a Cristina, por el rol que cada uno jugó. Yo escribía acá cosas de la noche y de las chicas y algunas cosas sobre la actualidad nacional. Y el clima se enrareció tanto. Que pasé, como casi todos nosotros, a una rabia, ancestral, nosotros, señores, odiamos la oligarquía, con todas las letras, de distintas formas y con matices, pero con ellos, con la Sociedad Rural, ni a la esquina. Y la vida cotidiana, en Entre Ríos, se hizo insoportable. Y cada vez más violenta. Violenta y asfixiante. No quedaba otra que armar trincheras. Nosotros estábamos del lado de los organismos de derechos humanos, de la izquierda democrática, de lo mejor del peronismo, de los periodistas valientes de medios chicos, de los trabajadores, las centrales sindicales, los movimientos sociales, las barriadas, las villas. Lo que había del otro lado, conduciendo, daba, sencillamente, asco. Y había que provocar. Jugar duro. Romper los cercos. Salió bien. Visto a la distancia. Qué terquedad. Qué pelotas. No yo, sino tantos que desde sus lugares, pequeños, construyeron este presente. Había que seguir el día que perdimos. Que la oligarquía, qué imagen la puta madre, brindó, con champán, en la puerta de la Sociedad Rural. Los racistas. Los golpistas de siempre. La derecha más rancia y violenta. Se la seguimos. Persistimos. Ellos se aburrieron y volvieron a sus campos. Ganamos. Sin darnos cuenta. Después quise hacerme el prestigioso, el periodista serio. Me salió mal. Un día sentí algo muy hondo. Y triste. Yo venía con Marisol de un hotel, donde había dormido, del barrio de Constitución. El día anterior había sido mi segundo día en Duro de Domar, como panelista. Un señor, de un kiosco de diarios, me llamó. Me felicitó o algo así. Yo seguí de largo. Y sentí un inmenso y profundo vacío. No era, yo, eso. Qué tengo que hacer, pensé, acá. Rodeado de gente que cree que por acá pasa el mundo. Que se maquillan. Que se ven radiantes. Que pertenecen a un mundo donde soy ajeno. Ya no había colectivos ni solidaridades. Algunos me miraban raro: has triunfado, Carrasco, llegaste. Y más tarde me senté en un bar y prometí que sería mi última noche ahí. Lo supe, aunque yo mismo me lo negara, desde siempre. Eso no era para mí. Se va a desdibujar el esfuerzo que hice. Las batallas, pequeñas para La Gran Cosa, importantes para mí, que dí. Se van a desnaturalizar. Pero. En Entre Ríos no tenía más cabida en el periodismo. Había gastado cartuchos, amistades, discutí en las esquinas, encaré a los periodistas de a uno, escribí contra todos ellos, luché por lo que creía. ¿Y ahora? 
Buscaba un reconocimiento. Lo conseguí. Y también, a mi modo, ridículo, bien de perdedor, también logré que, en mi fuero íntimo, nada se desdibuje. Todas las páginas de internet y los diarios de Entre Ríos se burlaban de mí: fui completamente borracho a ese programa. En las radios se burlaban. En los comercios, a mi vieja, a mi hermana en la escuela. Lo había hecho, otra vez. Y me refugié en Santa Fe, en un departamento chiquito que alquilaba. Donde escribí cosas que me emocionaron. Que, por algún lado, en este mismo blog, están. Durante tres días nunca me sonó el teléfono. Nadie dijo nada, de quienes me querían. Nadie me preguntó algo. Los que no me querían no paraban de burlarse. Sujeto de la risa. Los había obligado a mencionarme, a tenerme en cuenta, periodistas que fueron de mi misma generación, mi misma facultad, que fuimos amigos, que supe hasta ser su referente. De pronto no existía. Hasta que tuvieron la oportunidad de reírse. Apostaron demasiado creyéndome acabado. Simplemente, quería recordar, recordarme, que nunca supe el resultado, que me resulta ajeno, completamente ajeno, ese mundo cruel de las luces. Y volví a mis pagos. Y a la computadora. A escribir. Desgarrado, como siempre. Y el mundo, indiferente, siguió girando. Sin importarle mis vacíos. Mis tristezas. Las penurias que, a veces, necesitaba gritar y estaba solo, por eso las escribía. En las sombras de la cocina no había nadie. En la calle iluminada con tristeza no estaban ni los gatos.
Ahora es de madrugada. Estoy en Buenos Aires. Escribo algo, ésto, que no tiene mucho sentido. Pero sigo creyendo que hay túneles mágicos, que administra dios, por donde tarde o temprano, las oraciones encuentran un lector que se conmueva. Aunque, quizás, nunca me entere.


Dólar Blue y factores culturales








Hay un mercado paralelo, ilegal, de venta de dólares. Que refleja las tendencias puras de mercado. Se trata de un mercado pequeñísimo. Lo siento, voy a volver a decirlo: en Jujuy, en Formosa, no se consigue. Peor aún, en donde hay divisas bajo el suelo como Santa Cruz o San Juan, o arriba del suelo a cielo abierto como Entre Ríos, el llamado "interior" de la provincia de Buenos Aires, muy poco en Córdoba ciudad y Rosario, no se consigue. Hay, claro que hay, pero no se vende abiertamente. Señora, en esos lugares es difícil poder comprar dólares del narcotráfico, como venden en la peatonal Florida, de la ciudad de Buenos Aires. La única peatonal, junto a la de Rosario, que no se llama San Martín. Adivine por qué. 
Sé que puedo aburrir. Sé que exagero. Pero, es una clave de interpretación que se deja, sistemáticamente, de lado. El rol del puerto en la economía. Y, en esa dirección, el rol de los comodities. Los legales y los ilegales. Se trata de pensar el puerto, señora. Y de no dar por descontado que la economía es lo que circula en los carriles legales, solamente. No. También, y en buena medida, es lo que circula en los carriles ilegales y en los carriles grises, o sea, lo ilegal con contadores y abogados. Los argentinos vivimos de la alucinación, que es como la elusión, pero en términos simbólicos, del imaginario cultural. La alucinación y la elusión son parientes cercanos. La ilusión es el pariente pobre, desprestigiado, de la familia del chamuyo. 
El mercado de dólares del narcotráfico es relativamente pequeño, no por que sea pequeño ese mercado de comodities, sino por que es muy fácil blanquear dinero. Por ejemplo, supongamos que el lumpenburguesariado no haya cometido más delito penal, en el caso Ciccone, que el de ser irremediablemente tilingos (pero eso no figura en el Código Penal). Hay algo, no desmentido, al contrario, ultraprobado que sin el escándalo, no sabríamos (qué linda es la diversidad de medios): la AFIP le dio una moratoria es una empresa quebrada, vaciada por los exdelincuentes de Ciccone (suponiendo, ya se dijo que en este caso no hay delito, no los exime de los delitos anteriores, de público conocimiento) y comprada por...dos fondos de inversión ignotos, insolventes, uno conformado en Holanda (cerrado por los holandeses apenas se denunció ésto) y el otro en el paraíso fiscal de los delincuentes, Uruguay. Supongamos que en la AFIP sean, solamente, ineptos para con el dinero público (el escándalo reveló que con el dinero propio son muy hábiles). Ok. La conclusión es que, si por alguna misteriosa razón, no vaya usted a creer que yo lo sospecho, existiera en Argentina dinero negro proveniente de diversas fuentes, y se lavase ese dinero, sería, convengamos, muy fácil hacerlo.  Por ejemplo, el dinero que recibieron los entonces legisladores y funcionarios para privatizar YPF.
La economía argentina es una economía de exportación. Diseñada para el mercado exterior. Lo mismo sucede con el dólar ilegal. Por ejemplo, en el caso de los comodities ilegales, como la droga. Cuyo tránsito, de los países productores a los mercados de consumo se hace con escalas acá en Argentina. LO que significa que no hay guerrillas ni se cortan 50 cabezas para arrojar frente a una intendencia. Cuando un país es, principalmente, de tránsito para las drogas, es mucho más pacífico pues los narcotraficantes son jueces y banqueros. Buena gente. Pacífica. Y a juzgar por los operativos, risueños, del ministerio de policías para ricos, jamás de los jamases se detecta a nadie que blanquee dinero. A Nilda Garré nadie quiere preguntarle sobre ésto. Yo, sí. Y lo pregunté. Al flamante secretario de narcotráfico. Fíjense en alguno de los videos de Café las Palabras, ahí está. En apenas toda la historia nacional no se ha detenido a un sólo banquero por narcotráfico.
No todos los comodities ilegales parten a Europa y África con destino a Estados Unidos, algunos, quedan acá. Y algunos son comercializados por pymes familiares que aportan, además, remesas a sus familias de origen. Sumemos la evasión fiscal, el contrabando de comodities legales y tenemos la base del mercado del dólar paralelo. Por ejemplo, las obras de arte que se robó el funcionario del PRO, o los pagos que Cirigliano les hacía a Jaime y a Schiavi, además de con putas de la tele (que a su vez tiene que pagarles en dólares: las prostitutas de la tele adoran, naturalmente, Miami. Bueno, los políticos, también) o los contrabandos que hacía Mauricio Macri, ¿cómo se pagan, con qué dólares, a qué destino van esos pagos? Las casas que se compran los flamantes funcionarios antes de decir que ganaban más en la actividad privada, casas cuya valuación fiscal es un chiste, la mercadería robada en las rutas, los sobreprecios en las obras públicas, los pagos en negro que reciben los actores para esquivar argentores, las compras a través de testaferros, todo eso es lo que se llama "factores culturales" Pero es un mercado chico. Los delincuentes y los hipócritas financieros son pocos y, además, la mayoría de los argentinos son pobres. En Misiones hay precios estándar para robar un bebé; no sé a cuánto está ahora, hace mucho que no hablo con la gente de las municipalidades del norte, pero bueno, algún tabacalero se los puede decir. La coima, institucionalizada, que cobra la Gendarmería a los camiones, está, también, regulada institucionalmente (perdón las señora impresionables, pero es que estoy hablando de cultura) de acuerdo al tamaño del camión, la mercadería que lleva y la nacionalidad. Lo mismo en la extorsión que hace la Policía Federal a los asiáticos. O los jueces a los peruanos. O las viviendas que habitan los bolivianos en el sur porteño. Son, digamos, factores culturales. Que hacen al refugio del dólar. 
No tienen, estas hipocresías nacionales, cotizaciones públicas. Y dependen, aunque los delincuentes no lo sepan, de muchas tendencias mundiales. Y de mercados que son legales.  Pero, como el principal fundamento de la economía de divisas ilegales es, por lejos, el comoditie ilegal de la droga, las cotizaciones internacionales hacen oscilar la copa que se derrama y llega al menudeo con variables histéricas. Por ejemplo, la policía necesita mostrar, ya sea por que tiene a alguien secuestrado o por que mataron un pibe, un cargamento de droga. Lo cual hace oscilar vertiginosamente el precio del dólar narco hacia arriba. Pero, unos desocupados, cortan la ruta 14 al otro día. Con lo cual frenan los camiones que vienen de Brasil (los más caros en la cotización policial) y el precio del dólar narco cae estrepitosamente.
Como siempre se trata, en definitiva, de divisas, los negocios se hacen en el puerto. 
El dólar legal, el de los boludos, tiene flotación sucia en el Banco Central (ese lugar donde los funcionarios compran dólares para las reservas y desaconsejan comprarlos). Esa flotación administrada se despega y trata de manejar las variables de la economía. Tiene mayor relación con el mercado interno y el pago de la deuda externa. Administra, además, las deudas de las personas honestas que quedaron debiendo algunos billetes, que imprime Ciccone. Ah, los factores culturales, son tan bellos.
¿Y de dónde salen esos dólares que van al mercado narco?
No es mucho misterio, señora. Salen de los bancos. Vuelven a los bancos. Siempre estuvieron en los bancos. Son los famosos factores culturales que encajan, bah, tienen encajes, en el culturalismo. El dinero se lava, para el mercado de pequeños y medianos delincuentes (que son los que asesinan, los que roban, los que violan; los grandes delincuentes no se manchan las manos), comprando dólares narco. No importa si es o no negocio, eso es así. Siempre es negocio el lavado de dinero. 
Con lo cual, los actuales controles, pueden, en realidad, hacer poco y nada en la flotación libre del dólar narco, pero sí hacen más difícil el lavado de dinero de delitos. Hacen más difícil la corrupción. Hacen más difícil el narcotráfico. Decisiones tomadas, por supuesto, no entre los milicos o policías o los burócratas que los administran, sino donde se deben tomar, en el ministerio de economía. Ahí se combate el delito. Lo hacen, seguramente, por otras razones, pero bueno, bienvenidos a la profundización del modelo. Y se está yendo en la dirección correcta. A pesar de cierta prensa presumida que nos habla de los factores culturales. No me rompan las pelotas con los factores culturales, señores. Somos grandes, hemos vivido en el mismo país. Y si ustedes quieren engañarse, adelante. Conmigo no cuenten. 
Los controles al dólar narco son fundamentales, son correctos, van en la dirección correcta, hay que apoyarlos, profundizarlos. Tienen poco y nada que ver con la economía formal. Ahí el asunto es otro. Es la necesidad de hacer crecer el mercado interno. Para lo cual hay porciones geográficas enteras disponibles. Hay margen. Hay que apretar el acelerador de la igualdad social. Profundizar este rumbo. Incluso, que decante. Que siga fortaleciéndose la industria. Que siga aumentando el empleo legal. Que el país continúe la marcha de desendeudamiento. Que se siga priorizando la flotación sucia. La flotación cambiaria de los delincuentes...hay que seguir hablando de ésto. Acá no hay un ataque a la economía ni nada por el estilo. Acá hay un, ejem, factor cultural: los dólares que salen de los bancos a la especulación del mercado narco y después vuelven como si nada, constituyen un delito; y hay un factor cultural en nunca meter presos a los muy respetables banqueros. Ni a los jueces. Cuyas propiedades las compran con dinero negro. Qué lindo sería ver un par de banqueros y jueces presos...así sea por la batalla cultural.



lunes, mayo 28, 2012

la Patria, la Matria y el Paria.









El Paria es un sujeto presente cuya razón de ser se fundamenta en ese presente pero cuya condición de posibilidad es la historia por venir. Sabe de sus imposibilidades. Sospecha de su trascendencia. O, acaso, la imagina. La busca. Como consuelo. Es el hombre que está solo y espera. A la Historia. Con mayúsculas. Pero persistir bajo el consuelo de que la historia se retractará tiene a la improbabilidad como miedo; en ese sentido, conecta con todas las religiones. Cuanto más imposible y lejano resulta el postulado, mayor es el grado de fanatismo, en el caso de la religión, que se pretende como requisito de ingreso. Incluso, en el caso de las religiones, la ansiedad por que todo sea mentira, conduce a un martirio, cuanto pronto, mejor. 
El Paria es errante, no busca, tampoco, la síntesis, en el sentido hegeliano del término, como superación de la negación. Como síntesis de una tesis y una antítesis. 
Humberto Constantini escribe De Dioses, Hombrecitos y Policías en medio del exilio y la persecusión política. Candidato a Paria por su espíritu estricto, burlón, por los odios y amores que consiguió, muchos de los cuales, le opacan hoy el brillo que la muerte, con piedad, trae a los escritores.  Como militante, primero, del Partido Comunista, y luego, ya lejos de la burocracia de los calendarios (eso es el partido comunista), en el PRT, el partido revolucionario de los trabajadores, es demasiado pariente de la Matria, en nuestra zaga. Pero burlarse de un país que ya no existe -el país que resistía el estado de bienestar vacilante, lo que Tulio Halperín Donghi llamó La Larga Agonía de la Argentina Peronista- tiene el encantador efecto pedagógico de contarnos cómo fue ese país.
Néstor Perlongher, el de Austria y Hungría, también. Por su devenir libertario, escéptico. Pero coincide con esa vocación anticipatoria, donde lo paria, en realidad, es una cuestión de almanaque. ¿Cuál necesidad de ubicarlo entre los paria, ahora, que vive -póstumamente- de homenajes consagratorios, acaso porque total ya está muerto, porque se impusieron la mayoría de sus causas ásperas, por que reina su estética neobarrosa (el barroco del barro del Río de La Plata) como estilo propio y en las borracheras de los poetas menores de 25 años, que en las capitales de provincia, lo recuerdan entre ediciones viejas y nuevas escuelas de trinchera? 
El Paria de Perlongher ya habita los arrabales, un poco en el límite finito, de la Patria. Sobre todo por que a la Patria no le gustan los arrabales, cosa de suburbios, pero de ciudad. La Patria, se ve, no entendió a su mejor exponente, Borges. 
Como Leopoldo Lugones, como Ezequiel Martínez Estrada, como Baldomero Fernández Moreno, Perlongher no es un conservador como la mayoría de los Patria, es patriotero, en el sentido de patotear al cura, al milico y al gaucho, la putísima trinidad de la Patria. Escandalizarlo. 30 años antes de que existan los programas de televisión que, de manera neoconservadora (menemista, pero con derechos humanos) hacen lo mismo. Pero es que su estética, finalmente, triunfo. Los folletines escandalosos, bordes de Manuel Puig, hoy guionan los realitys de la TV. Quizás y sólo quizás a Puig no le hubiera desencantado. Del folletín de valores universales pero formatos nacionales a la mundialización del pastiche al que lo llevó, paradójicamente, el destierro, a Perlongher, el que hizo poesía de la antropología, hay conexiones, estéticas, emocionales y temporales. La obra que lo trascendió hoy no puede escandalizar. No era ése su núcleo. Sino estaría enterrado en la pieza de arriba, donde iban, antes, los mogólicos. O en un presidiario de putos. O en un pabellón evangelista. Hoy hay nuevas fronteras. Ha triunfado, póstumamente, en la Argentina del matrimonio igualitario (institución burguesa y católica si las hay, y es que, en el tercer mundo, liberalismo y conservadurismo están casados) su prédica en el Frente de Liberación Homosexual. Y el programa, liberal, de Liberación, guía, en su espíritu de luz mala, los designios de la principal fuerza política del país que ya no es culturalmente conservadora. Quedó la literatura, Perlongher. De Perlongher. Lo otro quedó inscripto en el umbral de la Patria. Como corriente de izquierda. Liberal, claro. Como la Patria, cuando no está enojada.
El vicio de la clasificación tiene que recaer en David Viñas. Por lo menos, a modo de homenaje. Pinta para candidato perfecto de Paria. Pero, no. Demasiado perfecto para paria. Hay una anécdota, que vaya uno a saber si es cierta, así que mejor obviarla, que puede hacer de puente con Enrique Medina. Nuestro Paria. Aunque sería mejor un puente literario. Desde Boquitas Pintadas, de Manuel Puig, a Transparente, novela de Enrique Medina, que escribe ahora, a veces, en las contratapas de Página 12, el último diario en papel. Que no fue Crítica de Aerolíneas, que tuvo, por ejemplo, en las contratapas, a Enrique Symns (otro que pinta para Paria; pero es demasiado rockero, y el rock es conservador, patriota, en cada país, por que después de todo es el folklore de la globalización. Al rock, estéticamente, sólo se lo puede salvar si deja de ser género y se hace polisémico. Como género es, hoy, acá, pura potencia conservadora). Transparente es una novela escrita con un lenguaje neobarroso. En la argentina que ahora se insiste en narrar como revolucionaria. Y se pone patéticamente nostálgica. Los años setenta. Prohibida, por que había que prohibir todas las novelas de Enrique Medina. Posterior a Las Tumbas, que encierra los dilemas (un problema tiene solución, un desafío varios caminos de salida, un dilema es un encierro, una imposibilidad con la cual convivir) del peronismo, quizás, sin proponérselo. No es sólo eso la novela Las Tumbas, pero sí es un puente para abordar la siguiente novela de Enrique Medina, cronológicamente, Sólo Angeles, que encierra los dilemas de la izquierda, armada, y de la izquierda cultural, con sus imposturas. No, imposturas, no. Su parte del aire. Solo Angeles se sitúa en Montevideo. Y narra de la mejor manera lo que sucede en ese Uruguay de periodismo militante y literatura militante. Gran Problema. No dilema, Problema, pero con mayúsculas. El dilema fue el de la izquierda armada en tándem con la izquierda cultural. Lo del periodismo militante y la literatura militante fue y es un problema, aunque hoy se insista en negarlo, en reducirlo a un asunto de mala fe. Sus novelas están prohibidas. Cuando viene la primaversa democrática y se le levanta la prohibición, lo siento, señor Medina, Uruguay ya tiene su rito literario autoconsagratorio. Sus Ernestos Sábatos. Pero, encima, los ritos literarios autoconsagratorios del Uruguay son militantes de verdad. No militantes del poder como Ernesto Sábato. Es Mario Benedetti, perdón por la comparación, es a los efectos, digamos, simbólicos. De clausura. Y tiene sus Borges. Y es Eduardo Galeano. Debería ser Onetti, y Galeano el Nicanor Parra, el de la antipoesía chilena, pero a los efectos...otra vez, simbólicos, clasificatorios, ilustrativos. Como una licencia poética escolarizada, cuando las malas maestras te decían "explicalo con tus palabras" No había lugar, para Solo Ángeles, en el imaginario de época, y encima, Enrique Medina, saca, después de Las Muecas del Miedo y otras novelas y cuentos que exploraban las zonas oscuras de la especie humana -en momentos donde se necesitaba, políticamente, que los malos sean muy malos y los buenos, muy buenos- publica Con el Trapo en la Boca; para joder la estudiantina, la juvenilla de Franja Morada que, en eso, se parece, a La Cámpora. Pero a los efectos...otra vez, simbólicos. Después de Las Tumbas, después de Sólo Angeles, una novela como Transparente que a Bioy Casares y Victoria Ocampo, sino hubiera escrito las otras dos, les hubiera gustado. Con desdén, por la falta de técnica académica. Por su factoría. Por su contexto. Por sus intersticios. Transparente es la novela paria. La que narra el destierro, el desgarro, de gente de a pie (otra vez, a los efectos simbólicos, como literatura de gente de quien nadie, en momentos de grandes luchas ideológicas, se ocupaba) Con las salvedades de que están todos vivos y pueden desmentirme con facilidad, hay algo en esa búsqueda de aquel Enrique Medina que hoy se puede leer en Washington Cucurto. 
El destino del paria es la trascendencia. Por eso puede morirse, suicida (aunque no alcanza, también puede morirse suicida Alejandra Pizarnik o Marta Linch, "polémica", para las oscuridades de la Patria, polémica como fue Silvina Bullrrich; aunque la literatura de ésta fue sensiblemente mejor, la vida de Lynch, en sí misma una gran empresa literaria, una vida de riesgos, fue, quizás, el último exponente del escritor, en el sentido cabal, del siglo anterior a su muerte, de nuestro país. Lo que quedó después es tierra arrasada por los refinamientos del lenguaje), joven como Milcíades Peña. Hoy "recuperado", como fábrica que no sabe producir símbolos, por el revisionismo (editorial Planeta hizo algo maravilloso: juntó, con una cuidadosa edición, toda su obra. Historia del Pueblo Argentino, altamente recomendable). La manía clasificatoria lo pone ahí. Pero sus tesis no aparecen en la producción del Instituto de Revisionismo Menemista, o Histórico. Decretado por presidencia de la nación. Me gusta burlarme de estos rebeldes institucionalizados. Cansados. Entregados. Alquilo un departamento frente a la Sociedad Rural, aunque siempre me voy cambiando. Se hacía la feria del libro. La Exposición Rural del Libro. Era un día, como hoy, que escribo ésto (25 de mayo del 2012, Día Nacional del Pastelito, el Instituto Revisor de Cuentas Históricas no dice, sobre ésto, ni una palabra. Son los Gordos de la historia, han comido muchos pastelitos) lluvioso, el Día Nacional del Pastelito original, hace 212 años también, dicen, llovía. Tenía, apenas, que cruzar. Para una charla, en el stand de presidencia de la nación, en la exposición rural con libros. Ese circo que escenifica todo lo que odio. Lo que odian muchos, que agachan, como yo (je), la cabeza. Y rinden pleitesía. La charla era una por día, organizada por esa verguenza nacional que es la secretaría de cultura, de recato y "rescate de próceres olvidados", bueno, sí, cualquier cosa. Sabía que el secretario de cultura no iba a estar. No va a los eventos donde no se habla de él. Y el "prócer" elegido, supuestamente por tener el mérito de ser olvidado, era Castelli. Como no habían conseguido ningún freaks que vaya gratis -el dinero lo ganan, en estos circos de la cultura, los empresarios y funcionarios, nunca los que hacen las cosas, los que les ponen los contenidos, no, esos mueren pobres- a hablar sobre Castelli, en su pequeño abanico de conocimiento sobre los freaks, pero reclutaron a uno que hizo un libro de Monteagudo, militante de esa causa, recopilador valioso de eso, bueno, ahí estaba. Y me metieron a mí (sin consultarme, lo difundieron) para ponerle onda. Cien minutos de ese entierro de la alegría, por que un amigo funcionario quedaba implicado en el papelón si yo no iba (aunque él tampoco fue, es gente ocupada) fui. Los próceres olvidados no eran tales, dije. Aunque sí eran olvidados por el funcionariado, que no estaba. La gente me miraba, aburrida. Dije lo que suelo decir acá de la revolución de mayo, de las luchas entre los caudillos y contra el puerto. Etcétera. Nada de mucho interés. Voy, a que todos caemos, un poco, en esas trampas institucionales. No es nada personal. La historia es un terreno de la lucha política. La literatura, también. Y la lucha política tiene que merodear, así sea conceptualmente, el estado. Es decir, estas cosas son, en cierto modo, inevitables. Y evitarlas, además, es en cierto sentido, una torpeza política. Quizás, de esas torpezas estéticas, trate el Paria. Está la Patria, está la Matria, está el Paria. Y están los que, como Arturo Jauretche, se negaron a firmar una solicitada para que el gobierno peronista levantara la prohibición de Solo Ángeles. Estaba, Jauretche, demasiado ocupado en pelearse con Victoria Ocampo, digamos. Bioy Casares -lo que probablemente le molestó a Jauretche- la firmó. Miserias que no opacan a Jauretche, pero que escenifican la ingrata presencia de los parias en la cultura.
La Matria y la Patria se necesitan. Se quieren. Se enemistan. Se odian. Se reconcilian. Es, el Paria, el que complejiza el cuadro. El que hace pensar todo de nuevo. Milcíades Peña es el Paria. Enrique Medina es el Paria. David Viñas es el Paria. Y Beatriz Sarlo es el Paria. Acá, ya sé, se pudrió todo. Qué me importa.
Horacio González, con su vocación de síntesis, es el Paria. Tomás Abraham, Jorge Asís, Elías Castelnuovo, Martín Caparrós, Roberto Arlt, bordeando los contornos de la izquierda de la Patria o de la Matria. Jorge Dorio, que por sus ganas de cagarse risa y tomarse la noche en joda, opaca su literatura, sus ganas de joder con las letras.
Estoy queriendo decir que la clasificación, que en momentos se torna densa, de dos campos de disputa, no acota el panorama de las letras, de la intelectualidad. Que hay mucho que queda afuera. Que la lucha política, con sus efectos de no dejar nada librado al azar, rompe las terceras posiciones pero que siempre, de algún modo, queda un lugar, solitario a veces, ultraconsagrado otras, para dejar, con más o menos matices, con más o menos pelotas, algo para decir. Escrito en algún lado. Como Hugo Chumbita, en los costados ocultos de la academia, esa cosa pesada y gris. Como Felipe Pigna militando el revisionismo dentro de los ritos autocelebratorios del show televisivo (y, previsiblemente, denostado, en los aparatajes del laboratorio de prestigio, por el impronunciable pecado venial de tener éxito). Las divisiones tajantes no funcionan. Son eficaces en las luchas políticas. Y luego, se desvanecen. Las manías de los suplementos culturales por llevar a su campo escritores "recuperados" es parte de la lucha política. 
Pero yo escribo desde este blog, asociado de manera mecánica -y correcta, aunque no exenta de conflictos- al kirchnerismo. Pero soy hijo cultural de esos parias que han poblado la historia, que han trajinado la literatura, que le han dado sentido, a un camino que permanentemente se reinventa.
Por suerte. 




Sigo creyendo, de todos modos, que merecen, los grandes parias, como Manauta y Juan L Ortíz, un espacio en las galerías de los descentrados. Pero esas galerías, donde también podrían estar los hermanos Lamborghini, no existen. Si existieran, reeditarían las obras de Enrique Medina. 
Pero, Manauta y Juan L Ortíz pertenecen, por derecho propio, a las Galerías Desnacionales. Otro carril por donde circula la literatura argentina y el drama político. La Patria, la Matria y el Paria concluyen acá, y quedan por desarrollar las Galerías Desnacionales. Las Galerías Desnacionales tienen, siempre en terna y trilogía, dos capítulos abordaje: los Funitarios y Unirales. 
Ricardo Guiraldes (el escritor de los tiempos de las diéresis, tiempo compartido con Horacio Quiroga, escritor de terror escolarizado), Manauta, Javier Villafañe, Héctor Tizón, Mempo Giardinelli, Andrés Rivera.
Había una economía integrada, articulada, que marcó la posibilidad de despliegue de estos escritores, hoy opacados, en la centralidad de la derrota.
Chau. 



Los títulos



Desde Estados Unidos, éste comentario a mi escrito sobre La Patria Infatuada:

Marmaduke/Eddie/Matt dijo...
LUCAS: Me conmovió mucho tu comentario, no te imaginás cuanto. Germán fue el mejor amigo que jamás tuve y hasta hoy atesoro recuerdos de nuestra amistad. Lo conocí en 1953 en el aula donde los dos cursábamos cuarto año del secundario y lo vi por última vez un día antes que se fuera a Mar del Plata, donde lo esperaba esa estúpida pérdida de gas que lo mató. A su regreso a Buenos Aires iba a ser mi padrino de casamiento. Si hasta me hizo chistes sobre eso en nuestra última conversación. Perdoname, Lucas. No puedo seguir. Eddie
Desde las zonas ricas de los campos santafesinos, donde no se cultiva el pensamiento (o no está bien visto) Carlos Boyle:


Charlie Boyle dijo...
Lucas, quiero decirle que lo quiero y que lo banco desde siempre, lo conozco hace más de 4 años, se de sus estados emocionales, sus rabietas y sus depresiones, las puteadas y la moderación de comentarios. Muchos años para que NO se le vea la tanga por acá. A partir de la autoridad que me confiere haberlo seguido durante tantos años, y como rascada de lomo, debo decirle que Ud es imprescindible por acá. Posts como estos son memorables, de esos que uno reconoce que le salieron redonditos pero que por alguna razón sus lectores no le llenan de comentarios (moderados) la casilla. Quiero contarle que esta mezcla de análisis político y literatura que hoy vuelve a traer acá es esencial par pensar lo que viene, tal vez sea el análisis literario la vía más fácil de comprender lo que se quiera decir. Recuerdo aquel memorable post suyo sobre Walsh, sobre el formato del policial y su discusión con Alejandro. Para mi he sido tan enriquecedora y ha gatillado tantos significados en mi que hoy podría decirle que este post me ha provocado el mismo efecto. Tal vez la Patria, con su aparato patriarcal sea mas eficiente a la hora de contar dividendos que la Matria que en la carrera larga, es mas chota corriendo, sea tal vez la que gane. Pero como bien dice no se trata de un estado binario entre Matria y PAtria como se supone nos han hecho creer. Si la red es el mensaje, a la red hipercentralizada de la Patria le será muy difícil y burocrático llegar hasta las últimas hojitas de sus ramas. Por el otro lado la Matria solo preocupada por ellas, no tendrá la capacidad de visulizar los avatares que necesitan de reacción rápida y de respuesta efectiva que solo la Patria está en condiciones de darle. No es que entre Patria y Matria no haya nada, en realidad vivimos en un mundo mixto y fractal, en donde la Patria no proyecta hacia adelante posibilitando adaptarnos a nuevas posibilidades y/o avatares, mientras que la matria siempre volverá la vista atrás, se fijará en la historia, relvalorizará el pasado y realimentará el sistema haciéndolo más efectivo. He escrito un libro sobre república, un libro si se quiere de pura tradición patriarcal, como resultado de ese análisis, necesité escribir otro sobre la Matria, dado que el peronismo es demasiado importante en este país como para no tomarlo necesariamente en cuenta. El tercer libro que he de parir es sobre Walsh, una novela, a los ensayos solo les lee Sarlo y Ezequiel Meler. (algunos también Ud). ¿Por qué novela? Porque la novela es una forma literaria como las que Ud. cita con el suficiente poder y la necesaria eficiencia como para engendrar una acción política. Si la red es el mensaje, esta no deberá ser ni totalmente centralizada ni totalmente distribuida, será un organismo vivo que late entre posiciones mas centralizadas que distribuidas y que llegado el momento pueda invertir esa ecuación dando una voltereta en el aire y una renovación necesaria. Ud comenta que tanto Cortázar como Rozenmacher no eran nativos del género a los que hace referencia, pero que de alguna forma sus relatos son eficaces para decir lo que quería decir, su discurso matriótico o patriótico según sea el caso. Walsh cuando lo rajan de Ancla luego de publicar los cables desencriptados de Guatemala queda sin laburo y le dice Pupé Blanchard ¿Qué hacemos ahora? y el le dice: Podemos ir a Paris, a escribir y leer libros (donde estaba Cortázar), pero mejor volvamos a Buenos Aires. El diálogo fue más o menos así. La historia luego es conocida, el vuelve y se pone a escribir sus mejores cuentos e investigaciones en la década del sesenta, pero no está en la tranquilidad de París escribiendo. está en el fragor del champán porteño, eso le da una oficio literario-militante distinto a todos los demás.
Charlie Boyle dijo...
Sigo: Fíjese que no se posiciona ni en la Patria, desde donde viene, ni en la Matria que le hace falta: Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra. La patria nos deja solos pero nos anima a seguir para adelante, la matria nos cobija y nos da la teta, pero nos adormece y nos hace posmodernos y naifvs. Veo posible un discurso que no se ajuste a esos moldes rígidos de la Patria y de la Matria, un discurso poroso que permita nutrirse desde ambas fuentes, que no rivalice que se preocupe por la vida que como dicía Patton El objetivo de la guerra no es morir por tu país, sino hacer que otro bastardo muera por el suyo. Creo que por esos andurriales anduvo Walsh, he descubierto que el tipo estaba compuesto por dos componentes muy fuertes, uno masculino Patrio, en dodne se jugaba su militarismo, sus largas amistades con sus camaradas, su compromiso político, el arte de la criptología, y el periodismo. El otro era totalmente lo contrario, Absolutamente Matrio, el tipo que se dejaba acunar por una puta de Cuba, el que estudiaba letras por una mandato de su madre, el que necesitaba de una compañera para poder ejecutar la acción (cualquiera). Esos mundos en Walsh Patrio y Matrio , aparentemente desunidos e inconexos sin embargo son a través de la literatura donde logran encontrarse. Allí el escritor les abrirá un puente´, no importa los resultados, los importante para él son los que se animan, por más que queden a mitad de camino, pero sabe que es la única forma de "avanzar" dentro de la propia estupidez. Primero hay que saber donde uno está parado dentro de su propia estupidez, que seguramente no será ni patriarcal ni Matriarcal será híbrida, timorata tal vez. El segundo movimiento será tratar de avanzar pese a esa estupidez. No comprarse el discurso ni de Cortázar ni de Rozenmacher. y tal vez allí, solo recién allí, y esto se lo digo a Ud. Lucas persona, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no nos sentiremos solos, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.

domingo, mayo 27, 2012

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