lunes, febrero 27, 2012

Moco de Pavo


Sin perder su ciclotímica volatilidad, los llamados commodities siguen subiendo, impactando de lleno en nuestro país. Sí, corazones, la temible "crisis mundial" viene pegando fuerte en sudamérica: los metales, los minerales, las materias primas energéticas y los granos y carnes y derivados, suben de precio en la cotización de Chicago, provincia Argentina y federal que por esas cosas de la bondadosa oligarquía, se ha radicado en los Estados Unidos, desde donde dicta, además, la política económica al Partido Comunista Chino, gran esperanza blanca del mundo piola junto con los BIRCS, o sea, el complemento perfecto para la consolidación del imperialismo noteamericano, perdón por la desconfianza, camaradas, tan a contramano de los bien pensantes. A pesar de eso, el gobierno argentino logra esquivar los innumerables problemas -más pesados, dramáticos y concretos que los eventuales y fugaces beneficios- de lo que la derecha política llama "el viento de cola", apostando a un mercado interno creciente, que requiere, obvio, de superar la enfermedad holandesa. Asunto nada desdeñable que un pequeño estado en el culo del mundo, a 10 años de diciembre del 2001 (año de mayor diálogo y consenso entre las distintas fuerzas políticas, al punto que las nacionales y populares como el radicalismo y el peronismo, y las derechas neoliberales y antipolíticas respectivamente, de Acción por la República y Frepaso, se habían puesto todos de acuerdo en mantener las coordenadas que básicamente hicieron mierda el país) intente controlar las variables más sensibles de la globalización, ni más ni menos. Con resultados aún no consolidados. Con crecimiento de las capacidades estatales por encima de su eficiencia y por debajo de su narrativa. Si se lo piensa en perspectiva, mamita!
No es moco de pavo como no es moco de pavo explicar el origen de la expresión moco de pavo:

Cuando queremos ponderar la importancia de un asunto cualquiera,  con frecuencia nos valemos de una comparación negativa y destacamos que eso "no es moco de pavo". El diccionario define  moco de pavo como "apéndice carnoso eréctil que el pavo tiene sobre el pico". Pero el dicho  del título proviene de cuando se usaba reloj con cadena. Ésta asomaba como una provocación para los ladrones, quienes  aprovechaban las aglomeraciones para desprender el reloj y dejar la cadena que lo sujetaba. Dado el público del que salían los  incautos (llamados "pavos" en la jerga del  delito), esas cadenas eran de escaso valor, de modo que se quedaban colgando como cuelga el moco del ave. Hoy, se usan relojes de pulsera, la expresión ha perdido toda conexión con su origen. Pero basta  escuchar que algo "no es moco de pavo"  para que en seguida todos entendamos que no nos están hablando de ninguna p a v a d a.
La gran pregunta que se hacen las adolescentes que logran colarse en los VIP de los boliches de Puerto Madero es si la solución alemana a la inflación es aplicable, para atenuarla, claro está, a la Argentina. Y en ese enigma medio pavote -no en vano son las señoritas más pelotudas quienes se lo cuestionan- se cristaliza la discusión sobre el rumbo que finalmente adopte el patrón de acumulación que, todo indica, se sostendrá en el mediano plazo. Chau, pajeros, buenas noches, hasta mañana.

domingo, febrero 26, 2012

También, la demagogia, viaja en tren balín

Mariano, en Yendo a Menos

domingo 26 de febrero de 2012

"Tren para todos": Once y perspectivas para una red ferroviaria viable.


Las tragedias muchas veces sirven para despertar reflexiones.
Y acordarse de gurúes desoídos que al final tuvieron razón.

Yendo al punto: el caso de Once y Pino Solanas, con sus anuncios de catástrofe en el sistema y su novedoso plan "Tren para todos".

El problema de "Tren para todos" es que trabaja en el marco de la nostalgia. De un país y un mundo que ya no existen.
Mostrar como ideal el coche dormitorio a las sierras de Córdoba, por ejemplo, es un anacronismo imperdonable. Porque ese transporte no desapareció por desidia o decadencia, sino que fue víctima del juego de pinzas que le hicieron el avión y el transporte automotor.
Un sucedáneo de aquel, que sea viable, debería encararse como tren de alta velocidad (el denostado tren bala) competitivo con el avión. En la admirada red ferroviaria europea los pases de tren a determinados destinos son más caros que los boletos de avión. Lo cual insta a quienes explotan el ferrocarril a diferenciarse en calidad y confort.

Pensar el ferrocarril como un transporte popular es algo mucho más complejo.

Pero vayamos por partes.
El segundo escollo que le encuentro a la proyección ferroviaria solanista es la voluntad de recrear una red ferroviaria alguna vez existente, en un pasado de supuesta gloria.
Sí, una red ferroviaria encarada (como la red de transporte de la energía eléctrica o la organización de los vuelos de cabotaje, que tanto cuestan corregir) con el criterio conservador de la centralización en el puerto de Buenos Aires. Basado en el modelo inglés de transporte de carga que sacara las materias primas hacia el puerto y devolviera los bienes de capital necesarios hacia la zona núcleo pampeana.
No se puede pensar en un nuevo proyecto ferroviario sin abordar esta cuestión. Que yo estimo que lejos de ser algo deseable de recrear es más vale un problema a resolver que requiere de mucha imaginación y seriedad a la vez.

El ferrocarril a "reactivar" debería pensarse sobre la base de un modelo de negocios viable (tren bala con destino turístico y ejecutivo), que en un principio sirviera además como forma de incorporar tecnología de manera viable.
Por ejemplo, para poder producir rieles en Argentina, se necesitaría importar hierro, por lo menos. Suponiendo que convencemos a alguien (el mismo estado?) que la producción de rieles dejará algún fruto como para que merezca instalar capacidad de producción. ¿Es viable hacerlo sin dar una perspectiva de crecimiento y expansión a mediano plazo?

No se puede desligar la discusión sobre un modelo ferroviario sin tomar en cuenta estos temas.

Y el transporte urbano debería verse beneficiado en un plazo mediano del derrame del supuesto éxito de tal plan de negocios, en cuanto a adquisición de tecnologías, saber técnico y mejora de equipamiento.

Y queda por ver el tema de tren de carga, que tiene otras particularidades.
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Rafa, en El Lobo Estepario:

domingo, febrero 26, 2012

Decisiones


Uno esperaba que jamás ocurriera, pero intuía que algo como la tragedia ferroviaria de la estación Once podía pasar en cualquier momento (y si hay alguna duda, leer esto de hace exactamente un año). Había una bomba de tiempo que finalmente estalló en las manos de este Gobierno, que no es de los principales responsables (o culpables) del deterioro y desguace de los ferrocarriles pero tampoco llevó adelante un plan estratégico para revertirlo.

No creo en la necesidad de sacrificar chivos expiatorios, sea un Secretario de Transporte que ofrece explicaciones lamentables o cualquier otro, ni tampoco en la de tomar decisiones a las apuradas que sirvan solamente para "salvar la cara" sin resolver los problemas de fondo. Sí creo que es hora de terminar con un estado de cosas que así como esta semana provocó 51 víctimas fatales (y más de 1400 desde el inicio de la concesión a TBA) puede llevar a desastres todavía peores.

Por supuesto, no es solamente el servicio de trenes suburbanos el que está colapsado sino el sistema de transporte de todo el país. Pensemos que cada dos o tres días mueren en calles y rutas de la Argentina un número de personas similar al de las víctimas fatales de Once. Por eso es imprescindible y urgente una reconstrucción integral del sistema ferroviario, tanto el de transporte de pasajeros como el de carga. Algo de lo que me ocupé aquí, con cierto optimismo.

Pese a mi veneración por alguien como Raúl Scalabrini Ortiz, tampoco creo en soluciones mágicas del tipo "estatización ya". Este post de Antonio el Mayolero es ejemplar en su descripción del problema, tanto en el deterioro en infraestructura y material rodante como en la falta de personal capacitado, tanto en los aspectos técnicos como de dirección, así como las sumas enormes que requeriría volver a poner la red ferroviaria en condiciones aceptables. Tampoco se trata de volver a circunstancias que llevaron al deterioro que justificó para gran parte de la sociedad el desguace neoliberal.

Juan Carlos Cena ha sido ferroviario, militante de la Resistencia Peronista y autor del libro "El ferrocidio", muy recomendable para enterarse de la historia de la destrucción planificada de los trenes en la Argentina, empezando por el Plan Larkin-Acevedo de la época de Frondizi, siguiendo con la "racionalización" del Proceso, culminando con la liquidación de la década del '90 y llegando hasta los últimos años, en los que la política consistió a lo sumo en emparchar y tapar agujeros, sin que se encararan soluciones de fondo y con concesionarios que no ofrecen un servicio de acuerdo con los cuantiosos subsidios que reciben. Quizás lo que le falte al emotivo relato de Cena sea mencionar el apoyo explícito o la resignación con que gran parte de nuestra sociedad aceptó el desguace de los trenes y del Estado en general, bajo la influencia de hábiles comunicadores como el recordado Bernardo Neustadt o el todavía presente Mariano Grondona. Ayer escuchaba un audio de José Alfredo Martínez de Hoz que siendo ministro de Economía, exhibía como grandes logros los miles de kilómetros de ramales levantados, los cientos de estaciones cerradas, los miles de trabajadores del riel despedidos... Podrá argüirse que eso fue durante una dictadura genocida, pero acaso la mayoría de la sociedad reaccionó ante el
"ramal que para, ramal que cierra" de los '90?

Desde ya, nada puede eximir de responsabilidad a los funcionarios actuales, si se comprueba que faltaron a sus obligaciones de controlar el servicio y exigir a los concesionarios una prestación adecuada y segura. Y tarde o temprano, habrá que tomar decisiones que vayan al fondo de la cuestión. Aunque algunos intereses se vean perjudicados.

Es muy recomendable la columna de Carlos Leyba en la última edición de Debate. Pero no es la primera vez que el economista advierte sobre una de las características malsanas de la etapa actual. En 2009 escribió:

La característica central heredada de los noventa es que el Estado (por venta, desregulación, ausencia de programación, etcétera) fue reemplazado por sus concesionados. El patrón de nuestra economía está moldeado por la economía de los concesionarios. Esa “subclase” (¿se acuerdan de la Patria Contratista?) conforma una nueva oligarquía (parvenue y Miami Style) que, más allá del daño para el conjunto de la sociedad, era compatible con aquella economía mundial en expansión. Difícilmente lo sea con la economía mundial que viene. Y esto implica que su especial situación, que va a defender a capa y espada -esa sí que destituye al Estado cada día- nos va a costar más, porque las anteriores productividades excedentes van a ser menos holgadas para financiarla. Prueba de su habilidad y capacidad de penetración es que los nuevos oligarcas rodearon, en exclusiva, en una cena íntima a Bill Clinton junto al matrimonio Kirchner. Señalaron públicamente dónde se radicó el poder económico real y lo que están dispuestos a mover para mantenerlo. Es que la renta petrolera, minera, los servicios públicos (de las carreteras a los bancos), otrora en manos del Estado, representan hoy una masa de recursos que, aplicados a la transformación productiva, forjarían otro patrón de desarrollo de la economía nacional.

Claro que acompañar en una cena no implica subordinación política, y el Gobierno actual ha mostrado recientemente intenciones de intervenir por ejemplo en el área petrolera, lo que los medios opositores llaman "embestida contra las empresas". Espero que demuestre una voluntad similar o mayor en el tema ferroviario. Por mí, si es en favor del interés público, que embista todo lo que tenga que embestir.

La foto que abre el post recuerda el 1º de marzo de 1948, día en que el Presidente Juan Perón concretó la nacionalización de los trenes. No se trata de retroceder en el tiempo, sino del deseo de que los ferrocarriles vuelvan a darnos la ocasión de una fiesta popular, en vez de nuevas tragedias.


P.S.: También vale la pena leer la columna de hoy de Alfredo Zaiat en Página/12, donde entre otros temas trata sobre la experiencia británica de reversión de otra privatización fracasada.
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Viau y las grietas del odio

Del blog Nestornautas

domingo 26 de febrero de 2012

SOBREPONERSE A LA ENFERMEDAD


Por Raúl Degrossi

A esta altura  de las cosas y tragedia de Once (entre otras cosas) mediante, habrá que asumir definitivamente que los días tranquilos no existen para el kirchnerismo: sea por errores u omisiones propias, por los esfuerzos de sus adversarios (más lo medios que los partidos opositores), por el contexto nacional o internacional, no existe el sueño de la placidez que alguno podría esperar resultaría del 54 % de Cristina.

Y si alguno piensa (sobre todo dentro del gobierno) que ese 54 % autoriza a hacer la plancha y relajarse, sería bueno que despierte y si es posible fuera del gobierno; porque la gente votó a Cristina en reconocimiento a lo hecho, pero fundamentalmente porque la creyó la más capacitada para encarar lo que falta, y vio en el kirchnerismo a la única fuerza política con aptitud de enfrentar las dificultades.

Esto último sigue siendo particularmente cierto y es importante recordarlo cuando hasta los propios parecen dudar: en el medio de la bronca (justificada) por la conferencia de prensa de Schiavi después del accidente, habría que pensar por un momento que podríamos haber esperado de otros en su lugar, si el resultado de las elecciones hubiera sido distinto.

Probablemente de allí surja el enojo de los oficialistas: el hombre lució demasiado parecido a un zopenco del PRO, o del gobierno de De La Rúa.      

Y en ese contexto y munidos del correspondiente antiácido, hay que pegarle una leída a  esta columna de Susana Viau en Clarín de hoy; porque condensa todo aquello a lo que se tiene que enfrentar el gobierno de Cristina por estos días.

Desde el 23 de octubre para acá, la receta de los grandes medios -después de su estrepitoso fracaso electoral- es sencilla: se sustraen de la realidad las elecciones, se marca agenda con temas que existen o se inventan si viene al caso (aunque esto último no sea imprescindible), se ponen todos en foco en clave catastrofista (cosa que se puede percibir comparativamente con una visión retrospectiva, cuando se compara los anteriores temas de tapa con una tragedia verdadera como la de Once) y se apunta a generar o agudizar un clima difuso de malestar social para horadar al gobierno.

Claro que la estrategia se puede ver favorecida  si desde la propia gestión del gobierno no se está a la altura de las circunstancias (como en el caso de los trenes), pero no hay que perder de vista el hecho central: hay una enorme ansiedad -cada vez más difícil de disimular, la nota de Viau es una prueba- por el retorno de los días de furia del 2001: protesta social generalizada y desbordada, sin cauce político y que se lleve puesto al gobierno: en río revuelto, siempre puede aparecer un símil de Duhalde dispuesto a cumplir con las demandas del Grupo y satisfacer sus intereses.

Hasta hay en el artículo el consabido reto a los opositores por no sumarse al festival: no cabe en la cabeza de Viau (que habla por los intereses de sus patrones) que los dirigentes opositores hayan decidido o pensado que no es de buen tono utilizar políticamente la tragedia ferroviaria (con las excepciones de los carroñeros profesionales, como Solanas o Carrió), o que hayan reflexionado acerca de que el seguidismo de la agenda de los medios no los condujo a ningún resultado, salvo la desaparición electoral.

Que la estrategia existe y no fue disparada por el accidente del Sarmiento está claro, en la medida que todos los tópicos trillados desde hace años contra el kirchnerismo están allí prolijamente alineados: la corrupción, Moreno, la Cámpora, el peronómetro, la impostura de Kirchner, la prostitución de la causa de los derechos humanos.

Y los hits del verano, claro. el ajuste, Ciccone, el Proyecto X: Viau hasta extrae de sus alforjas un curioso "duelómetro" para determinar cuantos días debe durar un duelo nacional, haciendo ver como si a Cristina le importasen más Facundo Cabral o Mercedes Sosa, que las 51 víctimas del accidente. 

Nada nuevo bajo el sol, pero ahora espera Viau que el rosario de lacras del kirchnerismo sea leído en clave de las 51 víctimas de la tragedia y cobre nueva dimensión en el imaginario social: ése es el rol que les ha asignado a los muertos, eso es lo que le importan; nada más.

Y en ese camino, ordena y apila los hechos como si todos ellos -los que existen, los que magnifica, los que inventa- fueron, en conjunto, los que causaron la tragedia, siguiendo una perversa operación mental: si el kirchnerismo no estuviese -parece decirnos Viau- estas cosas no sucedería, y si ya no estuviese Cristina en el gobierno, seguramente no pasarán jamás en el futuro.

Puesta en ese camino, poco le cuesta internarse en ese psicologismo berreta al que son tan afectos muchos periodistas, para pintarla a Cristina como una frívola preocupada porque el duelo por las víctimas dure poco, para no interrumpir los festejos del carnaval.

O alguien que rehúye las circunstancias difíciles o trágicas o el dolor, como si no hubiera tenido que soportar al carapintadismo agropecuario durante cuatro meses, a un vicepresidente opositor durante cuatro años, la muerte de su compañero de vida, o su propia enfermedad personal.

Alguien a quien compara con escasa sutileza con Isabelita, una imagen que seguramente aprendió de Lanata cuando trabajaba en Crítica.

Y que decir del retrato que hace Viau de nosotros, los kirchneristas, porque se saca los guantes y nos degrada por debajo de la categoría de boludos que compramos un discurso de impostores: ahora somos directamente unos frívolos fiesteros e insensibles, adoradores de la corrupción, prostituidores de cuanta causa noble exista, mentirosos seriales, incapaces de nada bueno, o de hacer algo por buenas razones.

Eso es lo que tenemos enfrente -porque Viau no habla sólo por ella misma, expresa lo que piensan muchos-, además de las dificultades concretas y reales que plantea la agenda política, social y económica del país: como golpeará la crisis internacional, como preservar el empleo y el nivel de actividad, como mejorar la salud o el transporte público, o resolver el problema de la vivienda o el del empleo informal.

Sería tan erróneo ignorar el canto de sirena de los medios y su discurso disolvente, como suponer que ése es todo el problema, o darle más importancia que a los problemas reales.

Porque allí está la complejidad del desafío para Cristina, para el gobierno, para los que adherimos al rumbo abierto en el país desde el 2003,  aun desde el llano o como simples militantes (y por cierto: va siendo hora que se mejoren los canales de comunicación y circulación del debate entre unos y otros): como hacer para no caer en la tentación de gastar todas las energías en confrontar y replicar ese discurso (hasta validando así en un punto implícitamente el rol político que estos personajes se atribuyen), en lugar de ver en que podemos aportar para construir lo que falta.

Para lo que es imprescindible sobreponerse a la enfermedad que padecen las Susanas Viau: la enfermedad del odio.
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Monseñor Storni

¿Hay purgatorio para los abusadores de menores?

Por Juan Manuel Berlanga
La máxima autoridad de la Iglesia Católica Argentina, Monseñor José María Arancedo, rendirá honores especiales a quien fuera un fiel servidor de la jerarquía eclesiástica, el ex arzobispo de Santa Fe, Edgardo Gabriel Storni.
“Quien esté libre de pecado que arroje la primer piedra”. Storni podrá haber abusado de menores que pretendían ser sacerdotes, pero quién no ha tenido una flaqueza en su vida. El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina dará una misa especial en la catedral santafesina en su nombre.
Es probable que los trastornos que ocasionó con sus delitos hayan sido irreparables para algunos pibes. Pero un “desliz” lo comete cualquiera. Edgardo Gabriel ya había sido encubierto hasta por Juan Pablo II, cuando tuvo en sus manos las denuncias de aquellos adolescentes. ¿Cómo, entonces, no celebrar una misa en su nombre? Y ya que decidieron hacerla, se organizó en la catedral declarada patrimonio histórico de la provincia y de la cual Arancedo es custodio.
Lo verdaderamente importante, es que Storni cumplió con su misión. No permitió ninguna de esas menchadas de andar poniéndole onda a las canciones en las misas, alejó a esos curitas que se hacían los modernos y sobre todo a los zurdos tercermundistas. Hacerse frotar óleo, desnudo, por un pibito, ponele que estuvo mal. Ok. Pero siempre defendió a la familia y condenó la homosexualidad.
La Iglesia católica argentina despide con honores a quien fuera su fiel servidor, Monseñor Edgardo Gabriel Storni. Si Dios existe y si además de existir, es juez, lo juzgará. Los católicos que creen que las dos cosas son ciertas, no pueden digerir la realidad. Los que no tenemos fe, tampoco.
Vivimos tiempos nuevos y las actitudes del viejo mundo, se ven tan feas. Tan burdas. Tan asquerosas. Tan evidentes. Tan Mirtha Legrand. Tan Mariano Grondona. Tan Storni haciéndose besar el anillo por alcahuetes que se ponían de rodillas ante su presencia.
¿Quiénes van a ir a la misa en honor a un ex pedófilo poderoso? Hasta los propios familiares del abusador tuvieron la inteligencia de velar su cuerpo y enterrarlo en Córdoba. Allí, en donde la misma Iglesia que comanda Arancedo le había comprado una casa. Allí, donde cobrara una jubilación especial pagada por el Estado Nacional. Laico.
Arancedo es Arancedo porque sabe cumplir muy bien su tarea. “Todos tenemos derecho a que oren por nosotros”, dirá ante las cámaras. “Su condena no estaba firme”, ¿se animará a tanto?
Lo verdaderamente importante será el mensaje construido, especialmente, para todos los sacerdotes argentinos. El “modelo” Storni es el que va. Es el que sigue estando de moda. La Iglesia “prudente” de Videla. La “ortodoxa”. La que condena la homosexualidad y encubre a los pedófilos. La que clama por no al aborto, no a los forros, no al sexo fuera del matrimonio, no a la masturbación, no al divorcio, no a rehacer una vida, no a todo.
Arancedo (ergo, el poder de la Iglesia Católica Argentina) va a cometer una provocación al presente. Una bofetada al hoy. Pero esto no le preocupa. Porque la Iglesia (la de los Obispos, Cardenales, Primados, Purpurados), no está cómoda con el presente. Honores para Storni entonces. Es el mensaje para los religiosos vivos. Para el “adentro” de la Iglesia. Para los demás Obispos, para los curas, para los curitas y para quienes quieren serlo. Para los fieles, inexplicable.
Debe ser muy tranquilizador tener fe en Dios, creer en un paraíso para vivir una vida eterna. Y en el purgatorio para encarrilarse por pequeñas macanas terrenales. Pero debe ser complicado entender, entonces, cómo es que el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, le dedica una misa especial a uno que se fue directamente al infierno. ¿O para los abusadores de menores hay purgatorio?

Estado de Sitio


 

Estado de sitio (película)

De Wikipedia, la enciclopedia libre
État de Siège
TítuloEstado de Sitio
Ficha técnica
DirecciónCosta-Gavras
ProducciónJacques Henri Barratier
León Sanz
Jacques Perrin
GuionFranco Solinas
MúsicaMikis Theodorakis, interpretada por Los Calchakis
SonidoMichèle Boëhm
André Hervée
Jacques Maumont
MaquillajeMaud Begon
Sylvia Rossi
FotografíaPierre-William Glenn
MontajeFrançoise Bonnot
VestuarioLilly Stepes
Piet Bolscher
ProtagonistasYves Montand
Renato Salvatori
O.E. Hasse
Jacques Weber
Yvette Etiévant
Ver todos los créditos (IMDb)
Datos y cifras
País(es)Francia
Italia
Alemania Occidental
Año1972
GéneroDrama-thriller político
Duración115 min.
Idioma(s)Francés
Compañías
ProductoraDieter Geissler Filmproduktion
Reggane Films
Unidis
Cinema X
Euro International Film (EIA)
DistribuciónConstantin Film
Ficha en IMDb
Estado de sitio es una película franco-italiana de 1972, del género thriller político, dirigida por Costa-Gavras. Protagonizada por Yves Montand, Renato Salvatori, Enrique Heine, O.E. Hasse y Jacques Weber en los papeles principales.
Ganadora del Premio Louis Delluc 1972 (Costa-Gavras). Ganadora del premio Naciones Unidas otorgado por los premios BAFTA 1974. Nominada al premio Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa 1974.

Contenido

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[editar] Sinopsis

En Uruguay, en el año 1970, un funcionario ligado a la CIA perteneciente a una agencia gubernamental estadounidense orientada al entrenamiento de fuerzas policiales extranjeras, Philip Michael Santore (Yves Montand), es secuestrado por la guerrilla urbana uruguaya. Luego de interrogarlo, se condiciona su libertad ante el gobierno, a cambio de la liberación de 150 guerrilleros encarcelados. Esta situación desencadena una crisis política de trágicas consecuencias.

[editar] Comentarios

La película explora las consecuencias (a menudo brutales) de la lucha entre el gobierno de Uruguay, apoyado por el gobierno de Estados Unidos, y la guerrilla izquierdista Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, y expone las acciones de la intervención política estadounidense en América Latina, apoyando los golpes de estado y las dictaduras, y su papel central en la violación de los Derechos humanos.

[editar] Antecedentes reales

De 1960 a 1967, Dan Mitrione un agente de la FBI, incorporado a la Office of Public Safety (OPS), fundada en 1957, dependiente de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID), relacionada con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y especializada en métodos de Contrainsurgencia, trabajó con la policía brasileña, en un momento en el que los opositores políticos eran sistemáticamente torturados, encarcelados y asesinados sin juicio, como efecto del Golpe de Estado en Brasil en 1964. Mitrione también había colaborado en la formación de agentes de policía extranjeros, en el contexto de la Guerra Fría.
Mitrione regresó a los Estados Unidos en 1967 para compartir sus experiencias y conocimientos en Washington DC. En 1969, fue transferido a Uruguay, otra vez como funcionario de la AID, para supervisar la accion de la Office of Public Safety (OPS) en ese país. La OPS había apoyado a la policía local desde 1965, proveyendolos de armamento y entrenamiento. Se afirma que la tortura se practicaba en Uruguay ya desde comienzos de la década de 1960.
En este período, el gobierno uruguayo, encabezado por el conservador Jorge Pacheco Areco, del Partido Colorado, tuvo que enfrentar el colapso en la economía, una crisis de desempleo y huelgas estudiantiles, además de la acción de la guerrilla izquierdista Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Por otra parte, el gobierno de Estados Unidos temía una posible victoria en las próximas elecciones en 1972, del Frente Amplio, una coalición de izquierda, siguiendo el ejemplo del modelo del gobierno de la Unidad Popular en Chile, presidido por Salvador Allende, desde 1970.
Como el uso de la tortura aumentó las tensiones en Uruguay, Mitrione fue secuestrado el 31 de julio de 1970. Se procedió a interrogarlo acerca de su pasado y de la intervención ilegal del gobierno de Estados Unidos en asuntos latinoamericanos. Además, se exigió la liberación de 150 presos políticos. El gobierno uruguayo, con el apoyo Estados Unidos, se negó, y posteriormente Mitrione fue encontrado muerto en un coche, ejecutado por un comando tupamaro, con dos disparos en la cabeza y sin señales de maltrato (de hecho, durante el secuestro, Mitrione había recibido un disparo en un hombro y después había sido curado en la Cárcel del Pueblo, por "personal de la prisión").
Mitrione estaba casado y tenía 9 hijos. Su funeral fue ampliamente difundido por los medios de comunicación de Estados Unidos, y al que asistieron, entre otros, David Eisenhower (nieto del presidente) y William Rogers, secretario de Estado de Richard Nixon. Por su parte Frank Sinatra y Jerry Lewis celebraron un concierto benéfico para su familia, en Richmond, Indiana. Uno de sus hijos, Dan Mitrione Jr., también se incorporó al FBI y más tarde se involucró en un escándalo de sobornos en una investigación por tráfico de drogas de la FBI. Hoy , aunque recordado por algunos estadounidenses, Dan Mitrione sigue siendo un personaje controvertido de la Guerra Fría.

[editar] Estreno

[editar] Oficiales

PaísFecha
Bandera de Alemania Occidental Alemania Occidental30 de Diciembre, 1972
Bandera de Australia Australia
Bandera de Alemania República Democrática Alemana
Bandera de Finlandia Finlandia
Bandera de Suecia Suecia
Bandera de Francia Francia
Bandera de Grecia Grecia

[editar] Trivia

  • La película fue rodada en Chile el año 1971, entonces gobernada por Salvador Allende.
  • Participaron en la filmación numerosos actores, directores, cineastas y personal técnico chileno.
  • El actor que interpretó al Presidente de la República Oriental del Uruguay fue el pintor chileno Nemesio Antúnez.
  • El juez chileno Juan Guzmán Tapia, famoso por procesar al ex dictador Augusto Pinochet a partir de 1998, aparece brevemente en la película, junto a su esposa, interpretando a unos periodistas que interrogan a un ministro.

[editar] Lugares de filmación

[editar] Banda sonora

Para la composición de la banda sonora, Mikis Theodorakis utilizó parcialmente el material melódico que más tarde apareció en su oratorio Canto General. La música fue interpretada por el grupo argentino Los Calchakis,interpretando instrumentos tradicionales andinos. La música fue grabada en un disco long play por los mismos Los Calchakis.

[editar] Enlaces externos

Mi tren. El tren de todos

de Victoria Baratta, el Sábado, 25 de febrero de 2012 a la(s) 18:50 ·
Un vez me dijeron que en cierta época cercana a la que yo nací (a principios de los 80), los anarquistas le ponían a sus hijas como nombre Victoria. Mi historia fue mucho menos pretenciosa. Me llamo Victoria porque mi papá es fanático de Tigre. Pero en el fondo, en realidad, se lo debo a la estación de un tren.

Viajé en todos las líneas de trenes alguna vez, menos en el Sarmiento, mera casualidad. Nací y crecí junto al Mitre. Pensaba que en el Mitre, en sus vías literalmente se acababa el mundo. Miraba desde el andén de la estación Victoria hacia los talleres y atrás solo veía campo. Pero el mundo lejos de terminar en el tren, empezaba ahí.

Aprendí a leer con los carteles de las estaciones cuando viajaba con mi mamá para ir al jardín donde ella también laburaba en Belgrano. El jardín albergaba ricos y famosos y procuraba que leyéramos en preescolar con su método, pero a mi eso me lo dio el tren a los 4 años. Recitaba orgullosa las estaciones de memoria de Tigre a Retiro para entretenerme en ese viaje. Iba a upa de mamá o de la mano de mamá, me gustaba que me subiera hasta alcanzar esa manija circular color crema de los ochenta. Cada domingo esperaba que papá nos llevase a comer a una parrilla del bajo para jugar en la vía muerta de San Isidro con mis primos. Después iba a lo de mis abuelos a la tarde y miraba fascinada la maqueta tamaño habitación con trenes a control remoto de mi abuelo. Era una mesa para mi gigante, con una especie de campo enorme surcado por vías, lomadas, puentes y estaciones. Mi abuelo murió en el 93 y ese tren no lo ví nunca más. Mi abuela hoy tiene casi 90 años y completamente lúcida me responde que ese tren se perdió.

Me sentí feliz cuando en los 90 dijeron que a la vía muerta la revivirían, pero me defraudó que fuera con un tren que parecía de juguete, era caro, se quedaba en la mitad del camino y estaba lleno de turistas. No se parecía al de mi abuelo, no se parecía al que tomaba con mamá y no me llevaba a ningún lado diferente, no abría nuevos mundos. Lo mejor de ese tren, era el no tren. Un shopping que para shopping era muy malo, pero era un lindo lugar de encuentro de amigos, estrenos cinematográficos y primeros amores adolescentes. Ese tren no tenía sentido.

La otra vía sí abría mundos, explotaba burbujas, te llevaba en forma directa a la capital, un lugar en donde todos parecían no estar cortados por la misma tijera. Un día llegó a esa otra vía TBA. Esos trenes vinieron con aire acondicionado, con pinta de nuevos, viaje al primer mundo. Pero poco tiempo después ví cómo esos trenes se llenaban de cartoneros en la estación Victoria en medio de la crisis, mientras yo estudiaba en la universidad pública con lo que podía. Ví como la "gente bien" de zona norte se aplastó con la "gente mal" de zona norte y sus carritos. Buena metáfora de la crisis. Ví cómo a esos cartoneros les hicieron un tren aparte con el peor de los trenes del mundo, luego se lo sacaron y más tarde directamente los echaron. Ví cómo TBA se fue viniendo abajo, sus plasmas cayeron, sus aires que goteaban, los molinetes que se rompían, boletos que ni se pedían, horarios que no se respetaban, trenes que se quemaban, que chocaban. Accidentes y demoras, accidentes y bajar por la ventana. Pero mi mundo estaba a por lo menos dos horas de casa, en Filo, y el único que podía llevarme en ese lapso era el tren.

Un día me fui de casa y me vine a vivir a ese Belgrano del jardín de infantes, pero al lado de otro tren, esta vez el Mitre Suárez, aunque también de TBA. Me subo y veo algo aún peor, trenes que parecen cabalgar sobre las vías, que se incendian más seguido, que están más rotos, más sucios, más colapsados. Pero otra vez, quien más rápido me lleva al instituto donde laburo o a visitar a la familia es el tren. Cuando estoy enferma, tengo fiebre, la estoy pasando mal no puedo dormir y la noche me da miedo, escucho el primer tren y es signo de la vida que vuelve a empezar. Y me duermo.

Pero desde el miércoles no pude dormir bien, recién anoche logré conciliar el sueño antes de las 4 de la mañana. Me muero del dolor cada vez que escucho y veo pasar el tren por la ventana. El tren es de todos. No puede pasar esto. El tren tiene que ser vida, sueños que se juntan, desarrollo, laburo. Gente que se despide, que se encuentra, alegría. Gente que duerme cuando va y vuelve. El tren del pueblo. Hijos de puta devuelvan el tren, nos pertenece.

A mi amigo Juan Pena



Yo no he sido humilde, qué va. A veces, admito que pocas veces, he tratado de lograrlo, y no pude. Pero si un consuelo -vanidoso- me queda, es esta testarudez de reírme de mí. De tomarme el pelo. Y quedar, no pelado -no soy tan autodestructivo, me tomo el pelo, pero hasta cierto punto- sino con estacionamientos. Entrada. Salida. Lugar para estacionar. Tonteras inmensas. Viejo zorro. Tomando del pico a carcajadas sentado en la banquina. Siempre sin un mango. Pero generoso hasta el colmo del pelotudo. Maravillas hacen los peces llegando hasta lugares que no podrán recordar. Giladas que digo. Señor de las apariencias. Igual, nunca abandona esa novia oculta, la patología, su egoísmo. Peligrosa la palabra ramera, nos queda tan poco para llegar a esa esquina, imposible, de la moral. Superadores todos de esa escueta mundanidad que somos. Carrasco está, otra vez, en la angustia de las copas. Tal vez, es sábado y de madrugada, tirado en el basural de un boliche con luces y chicas demasiado maquilladas que lo besan y le recitan pavadas que escribió y se olvió, si es que no está tirado en la barra imaginaria de una comisaría con los dedos pintados. Mentiroso largo. Creador de personajes. Creo que además tiene orgasmos con su egoísmo. Recibido con honores en la escuela de blogueros K. Y como te dice una cosa, mañana te dice otra, está loco. Perdió oportunidades. En realidad, hizo creer que perdió oportunidades. Que se desvió del camino. Que siguió para otra lado. Otros mares. Era grande cuando conocí el mar. Fue una furia enorme, un terremoto, adentro del pecho. Mirando el mar. Era de madrugada. Pero él sentía furia, contra sí, contra su miedo, tenía verguenza, él miraba con desdén el mar. Las olas que chocaban los muelles, las playas desiertas. Las chicas que paseaban sonriendo por la costanera. Muchacho de río. Le miraba las tetas rodar por la costanera, después miraba, perdedor, las estrellas. Un poeta es ese borracho que nunca coge. Se odiaba y no lo decía, le daba mucha furia, no poder contarle, a sus amigos, al lado, que miraban, asombrados, cautivos, el mar, no se animaba a contarles que él no conocía el mar. Que él era, apenas, muchacho de río. Muchacho pobre. Generoso. Jodido. Muy loco. Contrabandista de besos, amoroso delincuente, pequeño hijo de puta, gran animador, señora, de los corsos, esos festivales de la soledad, tan concurridos. Donde destacamos, tres noches al año, los payasos que llevamos la mueca indisimulable de la tristeza, la pena en las ojeras, la culpa en las cervicales; esas cosas definitivas que explican, señora, la carcajada hermosa que dedican a la madrugada, la ternura que despliegan con los más débiles, son resentidos politizados, son maravillosos, son mis amigos, soy, también, un poco de eso. Y después, mirando el mar, me quise un poco. Esa noche salimos por tantos bares. Con mi hermano mayor. El tipo que miraba el mar con desdén, que a veces, cuando una mujer me deja por brazos que abracen con mayor seguridad, soy yo, pero sólo y en esos momentos terribles que duran por suerte, apenas, toda una vida, le cuenta a su hermanita, en una noche donde bebió demasiado, que cuando era adolescente salía solo, nunca a boliches, que recorría los bares de viejos obreros, en las barriadas frente al río, entre los trabajadores y se sentaba, solo, a leer un libro´y a veces, a la tercera cerveza, sacaba un cuaderno y se quedaba, sin plata para consumir más nada, escribiendo horas enteras. Y después se sentaba en el muelle y miraba la noche. Cantautor de tristezas. Se inventó un personaje que lo llevó tan al límite que optó, un día, en medio de un centro de compras abarrotado de gente, optó, en secreto, con la plena conciencia dolorosa de que a nadie le importe, optó, simplemente, por creer su personaje. Vos sos poeta, yo laburo. En la inmensidad del río yo quería irme, camalote inadaptado, conocí países por los libros, me enamoré de mujeres que existían solamente en las palabras, y una vez, me acuerdo, quise querer de verdad y me fui de mambo. Y amé. Desesperadamente. Con mucha nobleza. Esa nobleza de barrio. La que nos quedó, Juan, de las derrotas y las siestas enormes que tienen las calles de Paraná. Las calles bajas de Paraná. Amé con pureza, amé cristianamente a una niña que despertaba conmigo la cantidad de preguntas que los etapistas llaman pubertad, bailamos lentos,  como el cristo de verdad, como el que era pobre y decidido, entregado y bueno, tonto hasta el límite de la duda, como el que vivió, Jesús, una vida épica. Te quise y sé que me quisiste y nos enamoramos soleados y llenos de futuro, Isabel, qué besos íbamos, torpes, aprendiéndonos a dar, escondidos, en las plazas, en la escuela, las promesas que nos hicimos y nunca nos cumplimos yo las guardo, como vos mis cartas, en un cajón de mudanzas que me acompaña, a todos lados, con la tenacidad de la culpa, a todos lados donde cada tanto se me muda mi corazón.
Yo amé con brillantina, con comparsa de novedades y guirnaldas viejas, con tangos tristes, con compromiso. Y me hicieron mierda el corazón. Chocaron todos los trenes de la tristeza. Los años con despropósito colapsaron. Mi formación política viene de superar lo mucho que te amé y cómo, todo, un día, con 13 años, se fue a la mierda. Mi formación política fue reaprender la alegría. Rehacer la esperanza. Aguantar. Soñar con no perder la capacidad de sueños que tuve a los trece años. Y cuando los años y las ilusiones pasaron, cuando tuve, mi amor, cuando tuvimos, te acordás, trece años, yo no tenía barba y vos no tenías tetas; ahora, a veces, cuando canto a los gritos, solo, en la bañera, o mientras me hago un bife en la soledad de una cocina de soltero, ahora, no sé, quiero decir muchas cosas, salen todas juntas, como corriéndome por la boca, como que se arremolinan, que quieren salir, desesperadas, mientras la garganta se me prende fuego y un cantante, de una provincia pobre, mientras tanto, triunfa en algún boliche careta del puerto y todos nosotros, los que ya no podemos pagar la entrada, desde afuera, miramos la cartelera y sentimos, corazón, ese triunfo, como propio. Como nuestro Maradona del barrio.
A pesar de que vamos, encanecidos, envejeciendo, arrastrando los recuerdos de lo que quisimos, con trece años y una novia, lo que quisimos ser.
Y fue en un recreo de la cárcel cuando me puse a charlar con los de pabellón de evangelistas, me acordé que había un chico que quería ser santo. Tenía 9 años. Vivía una vida, mística, convencida, quería ser santo. Se peinaba, solo, a la gomina. Y lo retaron cuando volvió con otras zapatillas. Sin marca. Por que había regalado sus zapatillas de marca. Pelotudo. Ese chico, a veces, escribe en este blog, otra veces escribe el que sabe manejar los tiempos, las discordias, los atropellos, el que alquila su pija al próximo escote de promesas, metáfora pelotuda, para no decir, sencillo, que siempre busco besar todas las bocas como si en alguna de las bocas pintadas de los boliches que ya no frecuento te vuelvo a besar, ahora con lengua y labia, experimentado, Isabel . A veces soy tanta gente que hago una asamblea para decidir si me baño ahora o después de que termine el partido de fútbol. Que escucho en la radio. No tengo televisor. Tampoco tengo radio. Pero mi vecino, en la pared de la cocina, es de mis pagos y del mismo equipo y pone la tele un poco alta, si me siento de espaldas en la cocina, puedo escuchar si gritan gol. Y mientras, borro y escribo la novela más vendida de promesas de la historia. Congelada en mi word. Ahora, que no tengo que golpear las puertas de las editoriales arrabaleras para que el de seguridad me devuelva los manuscritos. Ahora que me golpean mi puerta. Ahora, pueden irse todos a la mierda, ahora quiero que los pibes que duermen en la calle sean futbolistas, antropólogos, gendarmes, papás, que sean como la gente que pasa caminando y te pisa, sin querer, la frazada. Ahora que el portero de mi edificio se ríe, por que arranqué el timbre, porque le dejan a él, libros, cartas, propuestas, ahora me duermo en los laureles de mi word, de mis secretos, de mis oscuridades, me duermo entre los libros que puedo comprar, que no tengo que devolver a la biblioteca, que no tengo que robar en las librerías, que no tengo que convencer que me presten, me duermo al lado del balcón, en mi cama, donde tengo, una botella de agua, una de whiski, un vaso, los cigarrilos, mi escritorio, los pedazos de papeles donde, todavía, vieja costumbre, anoto a mano, montones de cosas, pilas de cuadernos que, año tras año, desde que tengo 12, el día de mi cumpleaños, quemo. Y los auriculares y el disco de Zambayonny. Quemo, cuando cumplo años, los cuadernos de ese año que se va. Ritual que por esas conductas locas que tiene la mente, me da sentido de existencia. De eso pomposo que suena como suena. De eso que estamos, misteriosamente, hechos. Yo no he sido humilde. Pero he tenido la capacidad de burlarme de mí. De doblar la esquina y cambiar de personaje. De aguantarme. De aguantármela, cuando la pudro, cuando me equivoco. He tenido la valentía de contar mis verguenzas. He llegado al fondo. He escrito y escrito. Soy esa torpeza de los sábados a la noche, cuando estoy tan solo, leyendo los diarios que empiezan a llegar, cuando todos tienen planes, fiestas, alegrías, compañeras, yo me tomo un té y me vuelvo a enamorar de todas mis novias, de las que me dejaron, de las que ya ni se acuerdan de mí. Yo fui esa tristeza. Yo soy este domingo, la plaza soleada, el otoño, el gordo que mandan de arquero, las veredas, los hombres que luchan mil días, el colectivo que llega a horario, el overol y el busca, la paradoja obvia, la suerte, y cuando me pongo triste, también, el hombre que miraba, conmovido, el mar. Sin animarse a contarlo. Sin decirlo. De callado. Y el tiempo pasa. Las calles, no, lo peor, las esquinas, cambian de dueños los locales, cambian de nombre, se llevan los recuerdos de los besos adolescentes, que en esa esquina te di, que nos dimos, esos besos me pertenecen en los absurdos de mi vida pero también te pertenecen corazón y si querés mientras regás las plantas y cuidás tus hijos y esperás en el palier que vuelva tu marido del trabajo si querés te regalo errante todos los recuerdos de los besos aprendices que nos dimos que total este viejo capataz del amor fugaz siempre te va a estafar y se va a quedar con los mejores recuerdos y sino se los inventa, para él, para su teclado,  besos y promesas, flotando en el viento, calmos, tranquilos, inmensamente calmos e inmensamente tranquilos. No me hagas caso. Yo vivo borracho. Acordándome de eso, cansadísimo, de todas las ceremonias del chupamedias, del monaguillo ateo, del señor progresista, del buen vecino de Palermo. Yo escribo para que me quieran. Para eso. Soñando que entienden mis razones más íntimas. Que les importa. Y sino lo consigo me siento en el balcón, miro la gente pasar, me muerdo los labios. Y me la aguanto.
Changarín buscando una promesa de amor en un lugar imposible, no disimulemos, no hemos cambiado nada.

sábado, febrero 25, 2012

Tren

 

traqueteo.


de Lucila Melendi, el Viernes, 24 de febrero de 2012 a la(s) 22:26 ·
Soy de victoria porque un día de 1920 un amigo llevó al nono a trabajar al ferrocarril donde fue aprendiz de pintor porque no había lugar para aprendiz de mecánico y entonces fue pintor para siempre y donde fue peronista porque perón le computó 2x1 los años para la jubilación por trabajo insalubre/ en el barrio se lo acuerdan andando en bicicleta con la escalera al hombro/ soy también de victoria porque algún día de principios del ’40 el pichi consiguió trabajo cavando los pozos de los palos de luz y conoció en un carnaval del club social a la hija del nono y apareció mi viejo que la pasó tan bien jugando a la pelota en la calle que no quiso hacer otra cosa en su vida y trabajó por todo el mundo pero no se fue de ahí hasta que se separó/ vive en tigre pero lo veo todos los jueves cuando viene al club belgrano a decepcionarse porque no conoce el nombre de los que juegan con él mientras sus amigos preparan el asado con el que siguen engordando/
En victoria somos todos hijos del ferrocarril aunque muchos no hayan hablado lo suficiente con sus abuelos como para saberlo/ victoria es victoria por la reina de los supervisores del nono, que abrieron ahí el taller ferroviario y sin querer queriendo fundaron un barrio-pueblo/ el paseo era ir con el nono a retiro a tomar licuado de banana y volver/ nos criamos a lo verano del ’98, a orillas del río pero también nos criaron para universitarios y por eso después del colegio cambié el río por los rieles/ en el tren tuve un amor cuyo nombre nunca supe y con el que nunca hablé pero que estoy segura me recuerda de la misma manera que yo a él en tren fui a mi primera marcha y de ahí me fui en tren a dormir con el que iba a ser un gran amor y en tren me fui de ahí para volver a trabajar a todos mis trabajos fui en tren y en tren iba a alfabetizar y en tren tejí grandes amistades y me volví a enamorar el tren es el único lugar en el que me encuentro con gente que no veo hace años me encuentro con amigos del colegio con compañeros de militancia con mis primos con mi tía y a veces hasta con mi hermano hay gente con la que viajo en el mismo tren todos los días un chico de rulos y una pareja que no para de chuponearse haciendo ruido mi prima se casó en octubre con un pampeano que conoció diez años antes en el tren cuando los dos iban a trabajar.
Tengo aproximadamente 4.500hs de traqueteo y aumentan todos los días las decisiones más importantes las ideas más brillantes y las más pedorras se me ocurrieron en el tren/ camino como ganado para salir de la estación por la única puerta habilitada tabicada por unos molinetes que nunca andan veo todos los días las salidas amputadas por rejas espantosas que te mandan al molinete y pienso que son las ruinas de una argentina que supo-quiso ser otra cosa desde el tren veo la argentina que duele veo los imperturbables edificios de barrio norte custodiar la expansión de la villa 31 cada vez más larga y más ancha y más alta aprendí a reconocer el olor de la gente que vive en la calle/ aprendí que siempre conviene esperarlo que irte a tomar un bondi sé que en el tren de las 7.30hs los pitucos se bajan en retiro, los obreros en olivos y las mucamas en martínez sé que en el de las 8.30hs son todos empleados que van a san isidro sé que si estoy antes del 14 en la fila voy sentada seguro sé que si estoy después del 18 no tengo chance sé que hay más posibilidades entrando por el medio que por las puntas sé que nunca tenés comprado el asiento ni aunque te hayas subido diez estaciones antes sé que las viejas pueden ser muy turras sé que el día que mate a alguien va a ser en situación de transporte público

SÉ que por lo menos desde que nací nunca hubo inversión ahí y estoy aprendiendo que hay mucha gente que no tiene ni la más puta idea del lugar que ocupa el tren en nuestras vidas/

lamentablemente toman decisiones y tienen demasiado acceso a los micrófonos.